Cutrez (II): Educación cutre

Me duele utilizar el sustantivo educación, palabra que amo y respeto profundamente pues ha sido y seguirá siendo un faro que ha guiado prácticamente toda mi vida, añadiéndole un adjetivo tan desagradable, que contamina y degrada al nombre que acompaña. Pero no me queda más remedio que hacerlo al analizar la actual situación de la educación en nuestro país, que puede considerarse cercana al colapso. No por falta de medios materiales que, aunque no abundantes, podrían considerarse suficientes, pero sí por escasez de recursos humanos, de voluntad política y de conciencia de la sociedad. Analicemos brevemente los hechos que me llevan a utilizar el titular de esta entrada.

La crisis económica, provocada de manera seguramente premeditada desde poderes fácticos sin escrúpulos, llámense bancos, agencias de calificación, monopolios de medios de comunicación, empresarios, Banco Mundial, grupo Bildelberg, etc., sólo atentos a obtener más poder y riqueza apelando a nuestros miedos y eliminando derechos y libertades, ha sido la excusa perfecta para reducir las inversiones en educación y convertir a ésta en una máquina de hacer ciudadanos sumisos y obedientes con el poder (ya estoy escuchando al fondo gritos de ¡rojo! ¡perroflauta! ¡podemita! y otras similares).

No es que sea excesivamente partidario de teorías conspiratorias, pero da la casualidad de que los únicos que no hemos tenido ni arte ni parte en el descalabro económico, los ciudadanos de a pie, también somos los únicos que estamos pagando el pato, nos hemos empobrecido desde que comenzó la crisis mientras que los ricos se han hecho todavía más ricos y poderosos. Hasta dónde llegará la situación que nuestro país está entre las 10 economías más miserables del mundo, según la agencia Bloomberg, es decir, entre las 10 economías más cutres. Hasta Turquía o Kazajstán están mejor situados que nosotros. Indignado es poco. Los políticos han preferido recortar en sanidad, educación o servicios sociales para poder salvar a los bancos, a los que han inyectado miles de millones de euros para que puedan seguir aprovechándose de sus usuarios, incrementando las comisiones y el acceso a créditos personales o hipotecarios. Y así, la educación pública tiene menos profesores, más alumnos por aula, menos dinero para becas, menos profesorado de apoyo: el gasto público en educación cayó el año pasado a niveles de 2006. Nos hemos gastado auténticas millonadas en puentes, aeropuertos, edificios o estadios que no se utilizan, a mayor gloria de alcaldes, concejales, ministros o similares que sabían que eso daba votos y no en colegios, institutos, becas, más profesores, más formación…¡dónde va a parar!

Y no digamos nada en cuanto a las leyes educativas de nuestro país. En democracia, desde el año 1976 hemos tenido siete leyes: LOCE, LODE, LOGSE, LOPEG, LCE, LOE y para rematar la faena la impresentable LOMCE. Como ya he hablado muchas veces sobre ella, dejo aquí un enlace en el que se habla del españolísimo cachondeo normativo en relación con la educación.

El desánimo, el desencanto, la falta de ilusión, han calado entre un elevado porcentaje de profesores porque, además de todo lo expuesto anteriormente, la falta de interés (en general, aunque con honrosísimas excepciones) de la sociedad sobre la educación es bien patente. Aquí podemos salir a la calle, hacer una revolución o movilizar a miles de personas para defender la vigencia de tradiciones tan “cultas” como el toro de Tordesillas, el lanzamiento de la pava de Cazalilla, los correfous o toros de fuego en Cataluña, el descenso de un equipo de fútbol en los despachos, la permanencia de un figurín en un concurso de televisión o cualquier otra actividad de similar categoría. Es verdad que alguna vez se ha protestado porque han suprimido algún aula o porque no han comenzado las clases a tiempo en algún colegio o instituto (con lo que eso supone, claro, para padres trabajadores que no tienen con quien dejar a sus hijos, no porque hayan dejado de aprender algo, que ya tendrán tiempo de recuperarlo), pero se podrían contar con los dedos de las manos.

Colegios que tienen caracolas en lugar de aulas, sustituciones de profesorado que tardan semanas en cubrirse o nombramientos que se hacen tarde y mal, estudiantes que no pueden realizar la carrera de sus sueños porque no tienen ni medios ni becas… Y no digamos nada de la burocracia que se ha instalado en los centros por mor de la necesidad de “controlar” a un profesorado que debe ser incompetente o sin profesionalidad demostrada: es más importante rellenar bien un papel que dar una clase o preparar una asignatura en condiciones. Lo importante es la apariencia de eficiencia, no la eficiencia en sí. Así que, aunque me duela, he llegado a la conclusión de que, pese al esfuerzo de nuestro profesorado, la educación en España es, actualmente, cutre, muy cutre.

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