Unos somos más contingentes que otros

Me dan ganas de dar un pequeño repaso a la filosofía. ¿Os acordáis cuando estudiábamos a Aristóteles y a Santo Tomás de Aquino? No hace años de eso. Todavía no se había inventado Internet, ni los móviles. Ni siquiera la democracia existía, era una quimera, una entelequia, una sombra en las paredes de la caverna. Pues resulta, si mal no recuerdo, que me costó gran trabajo entender el concepto de contingencia, que se oponía al de necesidad. Éste si se entendía bastante bien; por ejemplo, era necesario aprobar para poder salir los fines de semana o para no dar un palo al agua en la vacaciones, o bien, era necesario darle una leche al hermano pequeño para que te respetara un poco. Hasta ahí, todo perfecto, porque se podían encontrar una gran cantidad de situaciones que explicaban el concepto de necesidad.

Pero, ¿y el de contingencia? Ay, ese era otra cosa. Porque, vamos a ver. Algo que puede ser o no ser, existir o no existir, y que depende de otro algo para su esencia o su existencia, tiene su miga. Menos mal que el profe de filosofía, en lugar de hacernos leer la Summa Teológica de Santo Tomás, nos ponía ejemplos muy sencillos y así llegamos a comprender incluso a Kant. En esto de la contingencia, nos decía: imaginaos que un alumno no estudia mi asignatura, se dedica a jugar, a pasear, a escucharme de vez en cuando y el día del examen, lee las preguntas y no tiene ni pajolera idea de las respuestas. Sin embargo, el alumno piensa: ¿y si escribo lo que se me ocurra, de una manera original, razonadamente, sin decir grandes barbaridades, un sí pero no o quizás, que en eso consiste casi siempre la filosofía, y resulta que, sin yo quererlo, me sale un pensamiento filosófico original y digno de aparecer en los manuales? Puede ocurrir que apruebe o que no apruebe. Es decir, el aprobado es una contingencia que no depende necesariamente del estudio. Eso creímos entender y algunos lo aplicamos de manera rigurosa. Lo malo es que, tras varias pruebas fallidas, llegamos a la conclusión de que el estudio era necesario y el aprobado era contingente (pues había veces que, aún estudiando, se producía la contingencia de no aprobar). Cuando intentábamos explicarle los suspensos de esta manera a nuestros padres, me temo que no entendían mucho de filosofía y aplicaban el concepto arriba indicado de necesidad: no has estudiado, ergo no has aprobado ERGO no hay fin de semana o vacaciones. Así de claro.

En política, la necesidad y la contingencia se establecen habitualmente en las jerarquías de los partidos: los jefes se consideran necesarios y los afiliados y los votantes son considerados contingentes por los primeros. O sea, que el presidente o el secretario general de un partido, sea el que sea, se dice: con el trabajito que me ha costado llegar hasta aquí, las zancadillas que he tenido que poner, los navajazos, puntapiés, mentiras, promesas, etc. (estilo Frank Underwwod en House of Cards, serie que recomiendo encarecidamente), ahora voy y dejo que otro cualquiera ocupe mi lugar así, sin más ni más, y hago lo que me piden los votantes o los simpatizantes para que otros, más avispados, se lleven el gato al agua. Pues no señor, no hago eso. Si alguien quiere ser contingente, es decir, ser o no ser presidente o secretario, ganar o no ganar las elecciones, ser o no ser honrado, tener o no tener dignidad o cualquier otra que se les ocurra, pues que lo hagan. Pero yo no, dice el mencionado personaje. Yo quiero ser necesario. O mejor dicho, quiero necesariamente ser presidente, cueste lo que cueste.

Y en esa estamos. Hoy, 10 de abril de 2016, cautivo y desarmado el ejército de ciudadanos, con minúscula, los partidos políticos que han logrado escaños en el Congreso han alcanzado sus últimos objetivos (es decir, se han terminado riendo de todos nosotros). La paciencia se está terminando (iba a decir se ha terminado pero todavía nos queda una poquita).

Y para finalizar, recordar las mejores frases sobre la contingencia y la necesidad. La primera es de una película de culto, Amanece que no es poco, cuando uno de los vecinos le grita al alcalde en su recibimiento: Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario.

Y si queréis, escuchad también a Pablo Iglesias, que utiliza esta frase aplicada a Hugo Chávez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s