Un turista en Nueva York (I). Preparando el viaje

NUEVA YORK, 
mujer, estatua de mujer
que alza en una mano un harapo llamado libertad,
una hoja de papel que llamamos historia,
mientras con la otra estrangula a una niña
cuyo nombre es Tierra.

ADONIS (Ali Áhmed Saíd Ésber)

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.

FEDERICO GARCÍA LORCA (Poeta en Nueva York)

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Si hace unos años, no muchos, me hubieran preguntado qué país, lugar o ciudad me gustaría visitar, comenzaría seguramente por Bagdad,  Marrakech, Machu Pichu… o bien Borneo, Egipto, Nueva Zelanda o México, por ejemplo. Culturas muy diferentes, lugares exóticos o lejanos que desde siempre me han fascinado. Las circunstancias actuales han limitado mucho las posibilidades de viajar y, a no ser que uno sea muy intrépido o le gusten las emociones fuertes, los turistas normales y corrientes, como es mi caso, nos tenemos que conformar con ir a países y ciudades que nos ofrezcan cierta seguridad. París, Londres, Berlín, Roma, Estambul, la Toscana, la Selva Negra, Normandía son lugares que conozco en su mayor parte o pienso visitar dentro de poco.

Suelo viajar con la familia o con amigos, pero ni aquella ni estos tenemos espíritu aventurero, no nos gustan los lugares excesivamente solitarios o salvajes, tenemos cierto reparo a realizar turismo de naturaleza; nos atraen los museos, las catedrales, los restos arqueológicos, la arquitectura… Por eso, cuando nos planteamos realizar algún viaje, pensamos en zonas de España que no conocemos o ciudades o regiones europeas que ofrecen un rico patrimonio cultural. Unas veces con circuitos organizados o bien aprovechando las ventajas que actualmente ofrece Internet para buscar ofertas, hemos viajado por casi toda España y buena parte de Europa. Una de las últimas ciudades que nos habríamos planteado visitar era Nueva York. Quizás sea por el recelo a volar tantas horas, el poco dominio del idioma o la cierta aversión que en el fondo sentimos por el imperio americano, el caso es que era una las últimas opciones.

Pero cuando mi hijo Santiago nos dijo a Carmen, mi mujer, y a mí, que había pensado viajar a Nueva York en mayo, una pequeña luz se encendió en mi cerebro: ahora o nunca, pensé. Era una oportunidad que no podía dejar escapar. A Carmen le produce cierta aversión el viaje en avión, pero si iba su niño, seguro que ya no era un problema. Así que, tras una breve conversación con ella y con su consentimiento, se lo propuse a Santiago. Es un buen actor cuando quiere y esta era una buena ocasión para demostrarlo. Con la mejor de sus sonrisas nos dijo que no había ningún problema, que estaría encantado de viajar con nosotros, como había hecho muchas veces. El caso es que, sin consultárselo, también hablé con otras dos parejas de amigos con las que suelo viajar. Conocen a Santiago desde que nació, él se lleva muy bien con ellos y, total, donde viajan tres también pueden viajar siete, digo yo. Así que, antes de que Santi se diera cuenta, ya estaba yo empezando a informarme sobre vuelos, alojamiento, traslados de aeropuerto, excursiones y todo lo que conlleva un viaje de esas características. Estamos hablando de mediados de febrero y el viaje se iba a realizar a comienzos de mayo, así que había tiempo más que suficiente para organizarlo sin prisas.

PREPARANDO EL VIAJE

Preparando el viaje necesario qué embalar

Reconozco que disfruto preparando los viajes. Creo que eso le pasa a mucha gente, porque las expectativas suelen ser máximas y la imaginación juega un papel muy importante, sobre todo ahora que se pueden elegir con más libertad los medios de transporte o los hoteles (en el caso de los lugares la cosa se ha acotado bastante, sobre todo si queremos ir a determinados países de África o del Oriente Medio). Hace unos años había que limitarse a lo que te ofrecían las agencias de viajes, que solían organizar paquetes muy cerrados, con hoteles, tiempos e itinerarios excesivamente planificados y con poca capacidad de elección. Aunque no soy un viajero en el sentido habitual de la palabra, y casi nadie lo es en la actualidad, tampoco soy un turista típico (véanse las semejanzas y diferencias entre ambos en ¿Viajero o turista?). Me gusta planificar, organizar, prever en lo posible los problemas que me puedo encontrar, pero tampoco me desagradan las sorpresas, encontrar lugares y situaciones no previstas inicialmente. El viajero lo puede ser en la medida en que viaja solo o con muy pocas personas, que tengan similares perspectivas y objetivos y pueda disponer de mucho tiempo. Cuando un grupo de amigos planifica un viaje de diez o doce días o menos a un lugar que no conoce pero que es muy conocido por mucha gente, lo normal es basarse en las experiencias de los demás, dejarse aconsejar, evitar los problemas que otros han tenido y disfrutar de lo que han disfrutado. Así, que con estas premisas, comienza la preparación del viaje a Nueva York.

Una vez habíamos decidido que las fechas serían del 2 al 10 de mayo, empecé a buscar los vuelos, que es lo que más trabajo y problemas suele dar (ya veremos que así fue). Ahora es bastante fácil hacer la búsqueda ya que hay muchos portales que facilitan la labor: KAYAK, Scayscanner, Rumbo, lastminute, Atrapalo, Logitravel, etc. Al final me decidí por Rumbo porque ofrecía la mejor relación calidad/precio y los mejores horarios de vuelos (queríamos llegar relativamente temprano a Nueva York para aprovechar la primera tarde). La propuesta de Rumbo fue la siguiente: lunes día 2 de mayo Sevilla-Madrid en AVE por la mañana y vuelo Madrid-Nueva York que salía a las cinco de la tarde y llegaba al aeropuerto JFK a las siete de la tarde hora local, tras ocho horas de vuelo (primer escalofrío). El viaje de regreso se hacía el martes 10, saliendo del JFK a las 9,30 de la noche, llegada al aeropuerto de Londres-Heathrow a las 9,30 de la mañana del día 11 y salida del aeropuerto de Gatwick, tras una escala de 5,30 horas  a las 15,00 para llegar a Sevilla 18,45. Muchas horas de vuelo pero aprovechábamos muy bien tanto el día de llegada como el de salida. Rumbo nos confirmó todos estos detalles el 23 de febrero, es decir, quedaban más de dos meses para continuar organizando lo que faltaba.

Lo siguiente fue la búsqueda de alojamiento. Nuestra primera opción fue intentar encontrar un apartamento o piso con cuatro habitaciones y tres o cuatro cuartos de baño. Hay que tener en cuenta que íbamos tres matrimonios (de más de sesenta años, dato que es importante conocer para hacerse una idea de las necesidades) y un pico de 26 años, es decir, mi hijo Santiago. Santi tiene una versión diferente: que viajaba él, un chico joven, soltero y sin compromiso, con un pico o lastre de seis jubilados, dos de los cuales eran sus padres (la verdad es que dicho así y visto en perspectiva, no sé cómo tuvo valor para aceptar nuestra propuesta). Por cierto, si queréis tener otra versión de este viaje, no os perdáis su blog Kimochi.es. Os garantizo la diversión.

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Seguro que todos conocéis, sobre todo por los anuncios en televisión, portales con Trivago o Wimdu. También están airbnb, housetrip o homeaway, entre otros. Los primeros que vimos en Wimdu eran una auténtica maravilla: las fotos, la situación o el precio nos hacían pensar que alojarse en Nueva York, y concretamente en Manhattan, como queríamos, iba a ser una ganga. Por menos de 50 euros por persona y día nos ofrecían unos alojamientos de cine, habitaciones amplias y decoradas con un gusto exquisito, cuartos de baño de mármol y con jacuzzi algunos de ellos, buen emplazamiento… Después de consultarlo con mis compañeros de viaje, realicé la primera reserva. Pero cuando intenté confirmarla y hacer el pago, me encontré con la sorpresa de que el dueño del apartamento quería que lo hiciera no a través de Wimdu, sino de manera particular. Eso me hizo sospechar y me puse en contacto con la agencia, que me contestó rápidamente informándome de que ese piso no cumplía las condiciones que ellos exigían, es decir, que todo se realizara con su mediación. Así ocurrió varias veces hasta que, vistos los problemas, busqué en foros de viajes de Internet y comprobé que hay muchas estafas en el alquiler de apartamentos, sobre todo si se hace entre particulares, a no ser que se utilicen portales de intercambio de viviendas, como se informa en este artículo de El País: Intercambio mi casa para el verano (o para cualquier otra época del año).

Así que tras varios intentos fallidos, opté por buscar hoteles, también en Manhattan. Aunque los precios ya no eran los mismos, tampoco se disparaban demasiado. La búsqueda dio pronto resultados, a través del portal Venere, que tiene una gran variedad de alojamientos, es fácil de utilizar, muy intuitiva y me facilitó mucho las cosas. Al final encontré un hotel cuya relación calidad/precio/situación/amabilidad del personal/limpieza, etc. es difícilmente mejorable. Me refiero al Shoreham Hotel. Situado en la calle 55, entre la Quinta y la Sexta Avenida, está cerca de casi todo lo importante de Nueva York en Manhattan: Central Park, Times Square, Rockefeller Center, Catedral de San Patricio, MOMA (prácticamente al lado), MET…, cerca de estaciones de metro y de autobús. Puedes llegar andando a todos estos lugares. La primera impresión no es demasiado buena, ya que la entrada y la recepción son muy pequeñas, pero ese es el único, llamemos, inconveniente. Enfrente está el Peninsula Hotel, uno de los mejores de Nueva York y un poco más lejos el Plaza o el Hilton, así que si vuestro problema no es el dinero, ya sabéis, pero la situación no es mejor ni mucho menos. Y las habitaciones son amplias y cómodas, la limpieza es exquisita y la amabilidad tanto en la recepción como en el resto de las instalaciones es perfecta. Un auténtico descubrimiento. Para que os hagáis una idea, el precio por habitación y noche nos salió por 225 euros. Seguro que habrá hoteles y apartamentos más baratos, pero difícilmente reunirán todas las condiciones que he descrito. La confirmación del hotel me llegó el 19 de marzo, o sea, que mes y medio antes de salir ya teníamos prácticamente reservado lo más importante: vuelos y alojamiento.

Random hotel area

Ahora nos quedaba tiempo para que, de forma tranquila y relajada, nos informáramos de otros aspectos que, si los pasábamos por alto, podían estropearnos el viaje. Así que comencé a entrar en blogs de viajes, y aproveché la selección que cada año realiza el periódico El País: 25 blogs de viajes en español para 2016, y más en concreto, la entrada titulada 20 cosas que nunca haría en Nueva York. Otro blogs que me sirvieron, muy amenos y que contienen una gran cantidad de lugares para visitar, fotos, comentarios y, sobre todo, una serie de consejos prácticos sobre el viaje son Diario de un mentiroso y ¿Tienes planes hoy?

Por supuesto, también es imprescindible la Guía de Nueva York, excelente forma de conocer la ciudad, consejos, visitas, planificador personal para organizar las rutas favoritas y descargarlas en PDF, etc. y la página NuevaYork.net.

Después de todas estas lecturas caí en la cuenta de que todavía me quedaba mucho que hacer, así que paso a enumerar casi todo lo que debemos preparar:

Nuevo pasaporte

  • Tener el pasaporte en vigor y solicitar con antelación el ESTA , que es una autorización obligatoria para viajar a Estados Unidos. Hace unos años se necesitaba un visado, pero actualmente, tal y como se informa en la Embajada de los Estados Unidos, sólo se precisa la citada autorización.
  • Hacerse un seguro de viaje que cuesta, dependiendo de los días que se vaya a estar allí, entre 20 y 50 dólares. Hay que recordar que, fuera de la Unión Europea, la Seguridad Social no cubre los gastos médicos, y que en Estados Unidos la sanidad es muy cara. Es importante tener un seguro de cancelación del viaje, que se puede hacer cuando se reservan los billetes de avión, por si surge algún problema de última hora. Iati Seguros es uno de los más baratos.
  • Traslado del aeropuerto al hotel. Después de analizar varias opciones me decidí por Shuttlefare y no me arrepentí, pues el servicio fue muy bueno y relativamente económico, ya que siete personas con diez maletas en un monovolumen que nos llevó desde el JFK hasta el centro de Manhattan nos costó 130 dólares, lo que al cambio actual son unos 114 euros (o sea, 16 euros por persona). La salida de Nueva York camino del aeropuerto la contratamos en el mismo hotel y, para nuestra sorpresa, la hicimos en una limusina que nos costó todavía menos, 110 dólares (pero de esto hablaré más adelante). El traslado entre el aeropuerto de Heathrow y el de Gatwick lo contratamos con Great Britain Cars, que nos costó 103 euros, también en un monovolumen muy cómodo.

  • Comprar adaptadores para los enchufes. En Estados Unidos tanto la corriente eléctrica como los enchufes son diferentes a los europeos en general y a los españoles en particular. La corriente eléctrica es de 110-120 voltios y las clavijas son planas, así que es preciso comprarse un o varios adaptadores y, como consejo práctico y por si acaso, un ladrón o enchufe múltiple, ya que seguro que tendréis que recargar al mismo tiempo varios aparatos: móviles, tablets, batería de la cámara, etc.

  • Si vuestras maletas no tienen un candado TSA (que pueden ser abiertos con una llave maestra y que se identifican por un pequeño rombo rojo) podéis tener problemas si las facturáis. Si en la aduana de EEUU quieren revisar el equipaje y se encuentran con un candado diferente al TSA, no tienen ningún problema en romperlo y abrir la maleta, dejándote un cartel informándote de que fueron ellos. Así que, o bien le ponéis una brida de plástico o compráis ese modelo de candado. Se pueden encontrar por menos de 3 euros en IKEA o en Amazon.

  • Comprar la City Pass, una tarjeta que por 116 dólares (unos 100 euros) os permite acceder a 6 lugares que son muy conocidos y habitualmente visitados por los turistas, por un precio bastante inferior a si se compraran por separado. Si se va a estar una semana o diez días merece la pena:

Experiencia Empire State Building

Museo Americano de Historia Natural

Museo Metropolitano de Arte

Observatorio del Top of the Rock  O   Museo Guggenheim

Estatua de la Libertad e isla Ellis  O   Cruceros Circle Line

Memorial y Museo del 11S  O   Museo Intrepid del Mar, Aire y Espacio

  • Hay que tener en cuenta la diferencia de moneda y los tipos de cambio, que pueden incrementar considerablemente los gastos. Aconsejo hacerse con una tarjeta para sacar dinero de los cajeros sin que te cobren. La mayor parte de los bancos, tanto en España como fuera de ella, suelen cobrar comisiones tanto por retirar dinero en efectivo como por pagar con una tarjeta de crédito. Después de indagar y de entrar en numerosas páginas de Internet, como por ejemplo esta de Mejores tarjetas para usar en el extranjero sin comisiones, me decidí por la de EVO Banco. Como íbamos en grupo y la mayor parte de los gastos (comidas, transporte, excursiones, etc.), eran comunes, calculamos una cantidad por persona y me hicieron un ingreso. Y realmente no tuvimos ningún problema ni nos cobraron comisiones cuando pagamos y retiramos dinero en Nueva York.

En este punto hago mención a las propinas. En Nueva York es prácticamente obligatorio dejar propina en cafeterías, restaurantes, bares, taxis…, que según los casos está entre el 10% y el 20% del total. En muchos sitios nos encontramos que, al entrar en grupo, ya marcan la propina en la cuenta total, casi siempre del 18%. Si no, al entregarte la cuenta dejan un espacio para que tú indiques la cantidad. Si pagas con tarjeta la incluyen en el total. También puedes pagar con tarjeta el coste indicado y dejar la propina en efectivo, como quieras. Si queréis saber más sobre el tema pinchad en el enlace Las propinas en Nueva York.

También nos  planteamos sacar la tarjeta MetroCard, una tarjeta para usar con los transportes públicos, pero como  no estábamos seguros de si  íbamos a utilizarla con frecuencia, no la compramos.

Estando ya en Nueva York, y haciendo caso de lo que se contaba en los foros, reservamos el tour Contrastes de Nueva York (con Nueva York Metro Contrastes) y el viaje a Washington con Civitatis. Los dos fueron un completo éxito, aunque el segundo te deja con la miel en los labios, ya que son quince horas (te recogen a las seis de la mañana en el hotel y llegas a las nueve de la noche, con algo más de cuatro horas de viaje en cada sentido) y da poco tiempo para ver esta ciudad. Es importante que los guías sean amenos y estén preparados y ambos lo estaban.

Por último, nunca está de más consultar las Recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cómo evitar timos en Nueva York, que también me sirvieron para que evitar situaciones desagradables.

Con todo esto, más la experiencia de Clara, la hija de Juan Esteban y Manoli, una de las parejas que forman parte del grupo, que nos proporcionó un planning detallado día a día de lo que podíamos hacer, a falta de dos semanas para salir ya estaba casi todo hecho. Sólo faltaban pequeños detalles: qué ropa, siempre cómoda y adaptada al tiempo previsto (entrar en la página de Accuweather para ver el pronóstico del tiempo con antelación) y qué maletas llevar, hacerse con algún plano o guía de la ciudad, comprobar cámara de fotos y batería de repuesto y poco más. Todo estaba previsto y controlado, o eso parecía.

Pero comenzaron a surgir los problemas…

(continuará)

 

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