Medio pan y un libro

Nueva entrada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado. Como llevo un poco de tiempo alejado de la suerte y del destino y estoy cruzando los dedos esperando el desenlace de mañana en las elecciones yankis, pues nada, a repetir lo que dije en mi otro blog. Si los que piensan votar a Trump leyeran algo más, vieran un poco menos la televisión y se dedicaran al bonito deporte de andar y contemplar la naturaleza mientras piensan qué hacen en el mundo hartándose de hamburguesas y de Coca-Cola mientras su cuerpo adquiere dimensiones pantagruélicas, seguramente a ellos y probablemente a nosotros nos iría un poco mejor.

Lo malo es que no sabemos que lo está ocurriendo allí puede pasar aquí dentro de poco. La gente ya está cansada, muy cansada, de escuchar siempre lo mismo a los mismos y lo mismo a los nuevos mientras el común de los mortales sigue pasándolas canutas para llegar a fin de mes, carece de oportunidades, comprueba que los viejos y los nuevos partidos dedican la mayor parte de los esfuerzos a luchas de poder, a hacernos comer con ruedas de molino, a justificar a los suyos hagan lo que hagan. Así no hay manera. Luego nos quejaremos de por qué hay cada vez más jóvenes desencantados y alejados de la política, crean lo que crean unos y otros. Por eso, vuelvo a gritar con Lorca, ¡libros! ¡más libros! La cultura y la educación es lo único, repito, lo único, que nos puede salvar. Todavía no es demasiado tarde.

Medio pan y un libro: discurso pronunciado por Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, en 1931

Hace poco más de 85 años, concretamente en septiembre de 1931, Federico García Lorca dirigía un discurso a sus paisanos de Fuente Vaqueros con motivo de la inauguración de la biblioteca pública de su pueblo natal. La República dedicó un enorme esfuerzo para llevar la cultura a los más desfavorecidos invirtiendo en bibliotecas, escuelas, maestros, materiales… Tuvo demasiado poco tiempo para que este esfuerzo obtuviera recompensa pero en la memoria de todos, y a pesar del obligado silencio y de la pesada losa de la dictadura, han llegado hasta nuestros días muchos de sus logros (os lo dice con orgullo un nieto de maestro republicano).

Ahora que se habla mucho de invertir en tecnologías, en materiales digitales, en introducir los móviles en las aulas, creo que no debemos perder de vista que sin la lectura, sea en libros de papel o electrónicos, no existiría educación, seríamos más incultos, careceríamos de perspectiva, perderíamos uno de los más bellos placeres que podemos encontrar en la vida. Vivir la vida de los otros, imaginarnos mundos diferentes, revivir épocas pasadas, quedar absorbidos en historias que nos fascinan, no tiene precio. Me da pena que muchos de nuestros estudiantes no sean capaces de sentir el placer de la lectura, de buscar cualquier momento posible para dedicarse a leer aunque sea unas pocas páginas.

Tampoco es que tengamos que flagelarnos los docentes porque no toda la culpa es nuestra. A mí me inculcaron ese placer mis padres, que leían en casa y tenían una biblioteca razonable para la situación económica que vivían. Y yo he intentando inculcárselo a mis hijos, en los que creo que he inoculado ese dulce veneno que, seguro, les acompañará toda la vida, porque cuando se mete muy adentro ya no hay antídoto posible. Las familias son fundamentales para que los hijos adquieran estos hábitos desde pequeños. Se comienza contándoles cuentos, leyendo con ellos tebeos, regalándoles libros adaptados a las diferentes edades, leyendo delante de ellos en casa… Pero esto daría para un artículo mucho más largo. Así que os dejo con ese precioso discurso, resumido a continuación y que se puede leer íntegro en el enlace final.

Discurso pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, en 1931

“Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.”

Federico García Lorca

‎”Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.”

Discurso íntegro pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre del año 1931.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s