Relato XIII: La historia más corta

Resultado de imagen de cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí

Hoy el escritor podría demostrar su ingenio y su originalidad escribiendo la historia más corta, como aquella en la que alguien se despierta y comprueba que el dinosaurio todavía estaba allí o la del hombre que era invisible pero nadie se percató de ello o la que me hace más gracia, cuando la pantera dice te devoraré y la espada contesta peor para ti. Hay días en que la brevedad del tiempo y la claridad de ideas van de la mano y permiten que el folio blanco o la pantalla del ordenador se vayan llenando de microrrelatos, de palabras que adquieren más sentido cuanta menos cantidad y menos sonidos tengan. Veamos algunos ejemplos que se le ocurren un jueves por la mañana:

  • El átomo te tomó de la mano y te timó.
  • El ciego alzó la mirada y no pudo ver el cielo color ceniza.
  • Él la besó y ella le dijo: -No abuses de los besos si no son bálsamos de amor.
  • La historia se repite cuando repites la misma historia que se repite.

Así podría continuar varias líneas más, alineando palabras y frases que demuestran el ingenio y que satisfacen su deseo de originalidad. Pero un inoportuno ataque  de tos le hace derramar el vaso de agua que tiene siempre sobre la mesa y que cae sobre el teclado del ordenador, creando un caos de lápices y bolígrafos que vuelan descontrolados, sillas arrastradas de golpe, carreras para ir rápidamente en busca de trapos que empapen las superficies e impidan que el desastre sea mayor, hojas y libros mojados, maldiciones e improperios por la torpeza, gritos de la mujer desde la cocina preguntando sobre el desastre. Las musas corren despavoridas y asustadas y dejan al pobre aprendiz de escritor mascullando insultos y deseando que el dinosaurio se coma al hombre invisible, a la pantera o a su mujer, que sigue gritando en la cocina.