Viaje a Croacia (V). Split y Dubrovnik

Estuve tentado de escribir un poco de historia antes de continuar con el relato de nuestro viaje a Croacia. Hubiera sido una muestra de seriedad que demostraría bien a las claras el amor de nuestro grupo por la cultura, además de por la gastronomía, que algunos se creen que solo pensamos en comer. Pero no quiero agobiaros con la biografía de Diocleciano. Así que si acudís a cualquier enciclopedia o página web de Historia, como esta de Mundohistoria, podréis encontrar mucha información sobre este emperador romano, con luces y sombras como cualquier personaje histórico que se precie, pero que tuvo una excelente ocurrencia: además de ser el primero de todos los emperadores en abdicar voluntariamente (jubilación anticipada lo llamaríamos hoy) se construyó un palacio-ciudad en Spalato, la actual Split, para cuando llegara el momento de decir ahí os quedáis. A algunos nos hubiera encantado hacer lo mismo, pero Montoro y los que lo precedieron no nos dejaron. Así que ahora, a viajar con el Imserso y, de vez en cuando, alguna ruta como la que aquí se describe. Y no nos podemos quejar, claro que no.

Día 25 de agosto

“Esta mañana, muy tempranito, salí del pueblo con el hatico…”

Realmente no es eso, pero todos estos días me he levantado con esta canción de La rosa del azafrán en mi cabeza, una zarzuela que mi madre cantaba y sigue cantando a menudo, que a mí se me ha quedado grabada. Es que no es normal pegarse estos madrugones cuando uno está de vacaciones, pero qué se le va a hacer: el que algo quiere algo le cuesta. Además, salir de un hotel tan malo, según mi humilde opinión, aunque experta en hoteles, como el Katarina, fue más bien un alivio. Otra vez las maletas al autobús, en donde nos montamos para recorrer los quince kilómetros que nos separan de Split. Nos dejó al comienzo del paseo marítimo y muy cerca de una de las puertas del edificio más importante de la Dalmacia, al que le hemos dedicado toda la mañana: el Palacio de Diocleciano. Y puedo asegurar que merece la pena. Aunque sólo sea por pasar un día ahí, el viaje a Croacia es totalmente recomendable.

Han pasado dieciocho siglos, y sin embargo el esplendor y la opulencia todavía se pueden contemplar en las ruinas de un palacio que, según muchos entendidos, son las mejor conservadas no sólo en Croacia sino en todo el mundo. Durante varias horas recorrimos el peristilo, entramos y salimos por varias puertas de las murallas que lo rodeaban, descendimos a los sótanos, nos hicimos cientos de fotos y, cómo no decirlo, este palacio sirvió para el rodaje de la cuarta temporada de Juego de Tronos, del que me confieso un fan incondicional. ¿Qué podríamos destacar del palacio? Es complicado, porque allí nos encontramos el mausoleo de Diocleciano, convertido hoy en la Catedral de Split, en cuyo acceso, antes de subir al campanario que como ya habréis adivinado también  visité, se encuentran varias esfinges procedentes del yacimiento del faraón egipcio Tutmosis III, un baptisterio que antiguamente era el templo de Júpiter, y los subterráneos. Estos últimos me recordaron en algún momento al Gran Bazar de Estambul, pues hay muchas tiendas similares. Un recorrido realmente magnífico.

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Después de otra caminata por el resto de la ciudad, regresamos por el paseo marítimo, donde anoche nos sentamos para tomarnos algo y disfrutar del ambiente .

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Salimos de Split, comimos por el camino y comenzó un viaje de unos 225 kilómetros por la costa dálmata que nos llevó hasta Dubrovnik. La carretera es una auténtica maravilla y los paisajes son únicos. El color del mar pasa del azul turquesa al verde esmeralda sin solución de continuidad y las islas cercanas invitan a detenerse y contemplar con tranquilidad una costa escarpada que tiene pocas playas de arena pero muchas calas rocosas de aguas limpias y transparentes. Nos preguntamos cómo pueden bajar los bañistas hasta esas calas, porque la carretera se desliza la mayor parte del tiempo por acantilados en los que apenas se descubren caminos de tierra. De vez en cuando el autobús desciende y pasa por pueblecitos con puertos coquetos y dársenas y muelles en los que conviven chiquillos bañándose y pequeños barcos de pesca o de recreo.

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Cuando llevábamos unas dos horas de viaje nos detuvimos en la frontera de Bosnia-Herzagovina, donde se encuentra la ciudad de Neum, la única parte de Bosnia con salida al mar. La guía nos advirtió de que no hiciéramos fotos para evitar problemas ya que a veces los guardias se molestan. Después de unos minutos, nos autorizaron a continuar y nos detuvimos, aún en Bosnia, para tomar café y hacer pequeñas compras.

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Continuamos un viaje que, a pesar de durar cerca de cuatro horas, se hace corto, por lo menos en autobús. Quizás en coche, por una carretera tan sinuosa y bordeada de acantilados, sea más pesado pero más emocionante. Reconozco que a mí me gustaría hacerlo con un coche de alquiler y pararme donde me apeteciera porque hay muchos lugares que merecen la pena.

Y llegamos a Dubrovnik, la perla del Adriático, la antigua Ragusa. Bueno, en realidad llegamos a la península de Babin kuk en donde se encuentra un complejo turístico llamado Valamar (nuestro hotel era el Valamar Club), que fue donde nos alojamos, y que está situado a unos veinte minutos en autobús de la ciudad vieja de Dubrovnik. Esto es otra cosa, tanto el hotel y sus instalaciones como los alrededores. Tenía incluso una playa casi privada.

A pesar del cansancio, Katia nos ofreció la posibilidad de hacer una salida nocturna después de cenar para conocer la ciudad. Y todos nos apuntamos. Mereció la pena porque Dubrovnik de noche es tanto o más bonita que de día y con menos aglomeraciones. Música, pasacalles, placitas, calles estrechas y concurridas, aunque no tanto como por el día. Nada más entrar por la Puerta de Pile y traspasar las murallas, accedimos a una plaza donde se encuentra la gran Fuente de Onofrio y a partir de ahí comenzamos a callejear. El ambiente era muy tranquilo, con mucha gente pero sin agobios. Nos sentamos en una terraza, en la calle principal, Stradum o Placa, que conecta la Puerta de Pile con la Plaza Luza. Todos estos lugares los describiré más extensamente en el próximo artículo.

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