Os rumorosos poden calar para sempre

Cuando Eduardo Pondal escribió allá por 1890 su poema Os Pinos (al que le puso música Pascual Veiga y se convirtió después en el himno gallego), poco podía imaginarse que “os rumorosos”, los pinos que representan al pueblo gallego, gritarían desesperados, desgarrados por lo que ha sucedido estos días en Galicia, en Portugal, en Asturias.

A la sequía, las altas temperaturas, el fuerte viento o la falta de humedad, que son las condiciones necesarias, pero no suficientes, para provocar los incendios, se han unido y conjurado las otras circunstancias por todos sabidas desde hace mucho tiempo pero que nunca se abordan debido, entre otras cosas a la desidia de unos políticos a los que se paga para planificar y prevenir y que sólo saben lamentarse y acusar a pirómanos o a “terroristas ambientales”.

Se sabe que el 95% de los incendios está provocado por la mano humana, bien por negligencia o descuido o por intereses económicos (madereras, asociaciones de caza, recalificaciones de terrenos, disputas o conflictos vecinales).

Y los políticos no es sólo que no sepan o no quieran planificar; es que tampoco quieren poner los medios suficientes para casos extremos como los que se han vivido estos días en Galicia: el despido de brigadistas (436 que se encargaban de labores de vigilancia y conducción de vehículos y otros 500 que se ocupaban de tareas de extinción) cuando todavía las condiciones climatológicas eran desfavorables, demuestran escasa sensibilidad y preocupación, porque podía haberse previsto que hasta que no llegaran las lluvias el desastre podía ocurrir en cualquier momento. ¿Tanto había que ahorrar? ¿Mereció la pena?

A todo lo anterior se puede añadir la mala planificación forestal y la prevención que no se están adaptando al calentamiento global y al cambio climático, que exigen un análisis de cómo actuar en cada ocasión. O la Ley de la Xunta sobre iniciativas empresariales, que justifica las expropiaciones de suelo para las eléctricas, que facilita los trámites a las empresas mineras para explorar el subsuelo gallego o que favorece la expansión de plantaciones de eucalipto, que propaga con mucha facilidad las llamas.

Para colmo, hay una investigación judicial que revela que en España y Portugal existe una mafia empresarial que ha conseguido 250 millones de euros públicos amañando concursos de extinción. Lo que faltaba, la corrupción también se ceba en el desastre medioambiental, quemando dinero público en España y Portugal. Recomiendo que se lean los dos reportajes siguientes para hacerse una idea de hasta dónde puede llegar la ambición y el fraude.

El cártel del fuego (I)

El cártel del fuego (y II)

En el himno gallego se quiere expresar que Galicia debe despertar de un sueño y emprender el camino de la libertad. En eso estamos pero esos rumorosos pinos que nos interpelan quieren ser acallados, calcinados por el fuego, y como no pongamos todo el empeño quizás algún día callen para siempre. Y el hogar de Breogán puede convertirse, más pronto que tarde, en un erial.

Himno de Galicia (en gallego)

Que din os rumorosos
na costa verdescente,
ao raio transparente
do prácido luar?

Que din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?

Do teu verdor cinguido
e de benignos astros,
confín dos verdes castros
e valeroso chan,

non des a esquecemento
da inxuria o rudo encono;
esperta do teu sono
Fogar de Breogán.

 

Himno de Galicia (en castellano)

¿Qué dicen los rumorosos,
en la costa verdeante
al rayo transparente
de la plácida luz de luna?


¿Qué dicen las altas copas
de oscuro follaje arpado
con su bien acompasado
monótono zumbar?

De tu verdor ceñido
y de benignos astros
confín de los verdes castros
y valeroso suelo.

No des al olvido
de la injuria el rudo encono;
despierta de tu sueño
Hogar de Breogán.

 

 

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Autoridad y sensatez

¿Por qué hoy me acuerdo de un artículo que escribí en el blog de orientación hace unos años, por qué será? Aunque ejercer la docencia no es lo mismo que ejercer la política (menos mal), hay una serie de principios que son similares y hay que recordar que aplicar el sentido común casi siempre es mejor que aplicar leyes y normas, porque muchas veces el legislador atiende a otros intereses. La negociación y el diálogo con el otro son siempre imprescindibles.
Aplíquese.

Autoridad y sensatez (entrada publicada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado el 3 de febrero de 2014)

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