Viaje a La Manga (y IV)

Sexto día. 5 de abril

Hoy nos hemos dado una paliza de autobús. La Manga está muy bien aunque aburrida en esta época, el hotel es bueno, las comidas abundantes, variadas y de calidad, pero la situación para poder recorrer Murcia no es la más adecuada ya que está en un extremo de la provincia y las ciudades y pueblos más importantes están muy alejados. Si uno quiere descansar y desconectar, pues bueno, puede elegir La Manga, pero como quiera conocer la Comunidad mejor que elija otro lugar.

La segunda excursión que hemos programado con Mundiplan es a Caravaca de la Cruz y al Santuario de la Virgen de la Esperanza en Calasparra. Hasta Caravaca hay una hora y media de viaje en autobús, unos 135 kilómetros. Como salimos sobre las nueve de la mañana llegamos allí a las diez y media aproximadamente. Aunque las carreteras son buenas, no deja de ser un viaje pesado. El autobús nos deja en el restaurante donde comeremos a mediodía. Desde allí vamos dando un paseo por el pueblo hasta llegar al Museo de los caballos del vino, situado en una casa-palacio del siglo XVIII. En diferentes salas, mediante una visita guiada, se puede ver todo lo relativo a esta fiesta que se celebra el 2 de mayo y que gira en torno a la importancia del caballo y que culmina con la carrera en la que diferentes peñas rivalizan para recorrer en el menor tiempo posible la cuesta del castillo. Los caballos están cubiertos con mantos bordados durante el año y cuatro mozos se agarran a los lados y corren a la par. El caballo queda eliminado si alguno de los mozos se suelta. Aunque no he visto la celebración en directo las imágenes de la carrera son realmente espectaculares.

Después nos dirigimos por el mismo camino por el que discurre la carrera al Santuario de la Vera Cruz, una cuesta bastante empinada. Mucha gente, no sólo los que vamos de excursión se acerca a la Basílica en peregrinación para besar la pequeña cruz en la que se encuentra el Lignum Crucis, es decir, un fragmento de la cruz en la que Jesucristo fue crucificado. Tanto el interior de la Basílica, sobre todo el presbiterio, como la portada, que asemeja a un retablo barroco, son dignos de resaltar. A continuación visitamos el Museo de la Vera Cruz, adosado al Santuario, donde se encuentra la Custodia de la Cruz, una pieza de gran valor ornamental.

Después del almuerzo volvemos al autobús y, por una carretera estrecha y con muchas curvas nos acercamos al Santuario de la Virgen de la Esperanza, en Calasparra. El Santuario está situado en una gruta excavada en la Roca y en él se encuentran dos imágenes de la Virgen: La Pequeñica y La Grande. Subimos hasta el camerino de La Grande y podemos contemplar las joyas y los mantos de la Virgen. El río Segura, que en este lugar lleva bastante caudal, corre a pocos metros, entre una abundante vegetación que contrasta con la sequedad con la que nos encontramos generalmente en Murcia. La verdad es que tanto el Santuario como el entorno merecen la pena visitarse. Regresamos por una carretera diferente, pero el paisaje sigue siendo casi el mismo: tierras calizas y arcillosas, escasa vegetación, muy poca agua, y la poca que hay es la que vemos en el trasvase del Tajo-Segura y muchas huertas. Es admirable la capacidad de estas gentes de cultivar la tierra sin apenas agua. No me puedo imaginar lo que harían si lloviera un poco más lo que, por cierto, no ocurrió ni una sola vez en los diez días que estuvimos por aquí mientras que en el resto de España las borrascas regaban prácticamente a todas las provincias.

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Séptimo día. 6 de abril

Hoy visitamos Lorca, tercera ciudad en importancia de la región, tras Murcia y Cartagena. Si ayer llegamos bastante cansados de la excursión a Caravaca de la Cruz y Calasparra hoy no nos podemos quejar, pues tanto el viaje en autobús como el recorrido por la ciudad y el castillo han sido bastante más tranquilos. José Luis y Magdalena no han venido porque ellos ya habían parado en Lorca cuando vinieron a La Manga y, además, habían dormido en el Parador, que se encuentra dentro del recinto del castillo.

El autobús nos deja muy cerca del Centro de Atención al Visitante de Lorca, donde nos dejan un plano de la ciudad, nos explican que es el segundo término municipal más extenso, tras Cáceres, y comenzamos la visita. Primero nos detenemos en una de las puertas de la antigua muralla que cerraba la ciudad medieval y que bajaba desde el castillo. Callejeando, entre numerosos edificios en los que se observan todavía los estragos del terremoto de 2011, llegamos hasta la Plaza de España, donde se encuentran el Ayuntamiento y la iglesia ex-colegiata de San Patricio, en la que entramos y deambulamos por ella mientras la guía nos explica los puntos de mayor interés. Al salir nos detenemos delante del Imafronte, la fachada principal y uno de los elementos más destacados de la iglesia. En una esquina de la plaza nos encontramos también el Palacio del Corregidor y las Salas Capitulares, lo que hace que el conjunto de la plaza sea realmente extraordinario y una de las plazas más bonitas que conozco.

Como la guía nos deja un poco de tiempo libre, mientras Carmen y Manoli se quedan comprando en los alrededores de la plaza, Juan Esteban y yo andamos un poco y nos dirigimos a la Calle Mayor, una de las principales vías de la ciudad. Allí preguntamos a varias personas donde podemos comprar los dulces más famosos de Lorca, las yemas. Nos recomiendan una pastelería en esa calle y compramos de dos tipos: las tradicionales de caramelo y unas de ron que nos dan a probar y, por supuesto, caemos en la tentación.

Regresamos al punto de encuentro, el Museo de Bordados del Paso Blanco (MUBBLA). Aquí debo mencionar una de las tradiciones más famosas de Lorca, las procesiones de Semana Santa, que se realizan el Viernes de Dolores, el Domingo de Ramos, el Jueves Santo y el Viernes Santo. Aunque hay procesiones exclusivamente religiosas, las más conocidas son los desfiles bíblico-pasionales en los que se contemplan, a modo de los desfiles de moros y cristianos, diferentes representaciones de la Biblia y algunos personajes históricos. El pueblo hebreo, Cleopatra, cuadrigas de caballos, romanos, egipcios o etíopes se entremezclan con imágenes religiosas. Había visto algunos reportajes en la televisión, pero ver los bordados y las imágenes en el MUBBLA, ubicado en el antiguo convento de Santo Domingo, realmente es espectacular. El trabajo artesano de las bordadoras o la riqueza de las imágenes es de las cosas que más nos han gustado. Después de una hora de visita callejeamos un poco por Lorca, comprobando que es una ciudad monumental, con grandes palacios e iglesias.

Después de comer subimos al Castillo de Lorca por una carretera sinuosa y estrecha. En el interior del castillo está el Parador de Lorca. Recorremos los diversos espacios, subimos a las almenas y a una de las torres, concretamente la Torre del Homenaje, desde donde podemos observar no sólo la ciudad de Lorca, sino los valles y montañas que la rodean. También entramos en la sinagoga que se encuentra dentro del castillo, quizás la mejor conservada de España. Si uno lo piensa bien, prácticamente todos los monumentos que se admiran en los viajes y a nuestro alrededor tienen que ver con la religión y con la guerra; en definitiva, con el poder y con el miedo. O sea, con el poder.

Y regreso a La Manga.

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Días octavo, noveno y décimo. 7, 8 y 9 de abril

Voy a condensar estos tres días en unas pocas líneas porque apenas nos movimos. El sábado dimos un paseo andando hasta el Zoco, una zona comercial que está a un par de kilómetros del hotel. Mientras Juan Esteban, José Luis y yo nos quedamos tomando un café en un mesón que tenía unas mesas en un patio exterior, Carmen, Manoli y Magdalena se dedicaron a recorrer las tiendas y comprar algunos regalos. Después de casi dos horas regresamos en autobús al hotel. Por la tarde, paseo tranquilo entre los dos mares.

El domingo fuimos andando hasta el mercadillo de Cabo de Gata, más por curiosidad y por matar el tiempo que por ganas de comprar algo porque, efectivamente, nada compramos. Pero pudimos comprobar el éxito de estos mercadillos porque cientos de nacionales y extranjeros deambulaban entre los puestos entre la curiosidad y la esperanza de encontrar alguna ganga.

Y el lunes, regreso en avión, aunque José Luis y Magdalena, que llegaron un par de días más tarde, se quedaron hasta el miércoles. La verdad es que nos sobraron dos o tres días de estancia porque con seis o siete sobra para descansar y ver lo más importante. Tomamos nota para otra ocasión.

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