Viaje a Rusia (I): Introducción

¿No avanzas tú, Rusia, como una troika a la que nadie puede dar alcance? Se alzan nubes de polvo por donde tú pasas, retiemblan los puentes y todo lo dejas atrás. El espectador se detiene pasmado por ese milagro de Dios. ¿No es un rayo que cayó del cielo? ¿Qué significa ese terrorífico movimiento? ¿Qué ignorada fuerza encierran para el mundo esos desconocidos corceles? Ah, corcelas, corceles. ¿Lleváis un torbellino en vuestras crines? ¿Lleváis un sensible oído en cada una de vuestras fibras? Oyen la familiar canción que les llega de arriba, ponen en tensión al unísono los pechos de bronce y, casi sin rozar el suelo en los cascos, convertidos en una alargada línea, vuelan por el aire y avanza la troika impulsada por el hálito divino… ¿Adónde vas, Rusia? Responde. No contesta. Se oye el portentoso son de la campanilla. Resuena y se convierte en viento el aire rasgado a su paso. Pasa de largo todo cuanto hay en la tierra, miran, se apartan y le ceden el camino otros pueblos y naciones.

Almas muertas. Nicolai Gogol

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Antes de emprender un viaje suelo informarme bien sobre los países y las ciudades que visito. No sólo el clima, los monumentos, los transportes, los museos, los horarios, las calles o los restaurantes, sino también cómo son las costumbres habituales: si se saluda dando la mano, dando uno o dos besos, sonriendo o con una reverencia; de qué se puede y no se puede hablar, qué está prohibido o se considera de mal gusto, qué está bien visto… Es una costumbre que todos los turistas o los viajeros deberían tener porque así se evitan sorpresas y situaciones desagradables y facilitan el contacto con los ciudadanos nativos; nunca se sabe cuándo y cómo los necesitaremos; no hay cosa que más me moleste que los que nos visitan me miren como a un bicho raro, como si fuera un espécimen a estudiar con una lupa o bajo un microscopio.

Las tradiciones, la historia y la cultura conforman una malla en la personalidad de los ciudadanos de un país que suele diferenciarlos de cualquier otro. Aunque se habla mucho de globalización, y es verdad que cada vez nos parecemos más gracias o por desgracia, depende, a Internet y a todas las tecnologías que nos permiten reconocernos en el metro de París o en una aldea de la Patagonia, cada pueblo tiene una idiosincrasia que proviene de siglos de educación, de repetición de usos y costumbres, de ver en nuestra familia y a nuestro alrededor gestos o frases que nos han ido moldeando. Hablar a gritos o en susurros, comer o andar de una determinada manera, pedir las cosas por favor o mediante órdenes, querer destacar o pasar desapercibido, preferir la soledad o la compañía, etc., son características que suelen explicar la procedencia de unos y otros. Siempre hay excepciones, siempre nos podemos equivocar, a veces se han creado imágenes falsas de determinados países y de sus habitantes. Por eso es bueno, yo diría que imprescindible, viajar para comprobar si es cierto lo que se cuenta y para relativizar los conceptos. Y también para comparar, para saber si lo nuestro es tan bueno o mejorable y si las típicas frases “en España se vive mejor que en ningún lado” o “la mejor comida es la española” o al revés, “los españoles no tenemos ni educación ni cultura” tienen algún sentido.

Además de las recomendaciones que realiza el Ministerio de Asuntos Exteriores, suelo leer diferentes guías de viaje como la de Civitatis o Lonelyplanet , opiniones en blogs de viajeros y blogs de nativos del país que voy a visitar para conocer de manera más precisa aquello que nos vamos a encontrar, como por ejemplo el blog del bloguero ruso Raymond Saint que dice, entre otras cosas en Rusia resulta peligroso sonreír a personas desconocidas en la calle. La ‘sonrisa americana’ se considera falsa y da rabia a los rusos. Una cara sombría provoca más confianza porque revela los apuros cotidianos que sufre todo el mundo o también en Rusia no es peligroso pasear por las calles y la idea generalizada de que es un país inseguro no es más que un mito. O sea, hay que ir siempre serio por la calle, no vaya a ser que los rusos se enfaden, y podemos dar un paseo por los alrededores del hotel si no tenemos sueño, aunque sean las tres de la madrugada. Preguntaremos allí a los guías y en el hotel, no sea que el bloguero ruso se haya reído de todo el mundo y a ver quién le pide responsabilidades después.

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Una vez leído todo lo anterior, de haber releído a Tolstoi y Dostoievsk  y después de hablar con algunos amigos que ya visitaron Moscú y San Petersburgo, puedo hacerme una idea bastante aproximada de lo que me voy a encontrar. Pero sé que todo es muy subjetivo, que las opiniones varían en función de las experiencias previas, de la agencia de viajes contratada, de los hoteles elegidos, de las excursiones realizadas, de la época del año, de si los que visitaron y te hablan del país lo hicieron hace mucho o hace poco tiempo. Total que, aunque ya sé mucho, temo que tampoco sé demasiado.

Carmen, mi mujer, y yo tenemos un grave hándicap: apenas sabemos hablar inglés. Cuando yo estudiaba bachillerato el idioma que ofrecían casi exclusivamente en los institutos era el francés y sólo unos pocos años después de terminar esos estudios fue cuando comenzó a generalizarse el inglés. Reconozco que he empezado algunos cursos, que fui un año a la escuela de idiomas en La Coruña, que me gusta la música en inglés, que me he propuesto muchas veces aprender ese idioma que es casi imprescindible para viajar…, pero es inútil. Me pasa lo mismo que con la bicicleta, no aprendí a montar de pequeño, fue pasando el tiempo y ahora me da vergüenza y algo de reparo aprender. Sé que si me lo propongo puedo adquirir un nivel que me permita defenderme, por lo menos para lo más básico, pero lo voy dejando por pereza o porque surgen nuevas actividades que me ilusionan más. Y así estamos a día de hoy (como diría mi hijo Santiago: Nota mental, aprender inglés ¡¡¡YA!!!)

Total, que como no tenemos ni idea de inglés y menos de ruso, nos dio miedo organizar el viaje por nuestra cuenta como hemos hecho otras veces y nos dirigimos a una agencia de viajes. Resultado: todo es más cómodo, más caro, menos flexible y mucho menos divertido. Aunque no me gusta dejar demasiado a la improvisación, siempre es conveniente dar algo de margen a las pequeñas aventuras, esas que, al final, suelen ser el aderezo imprescindible de cualquier viaje. Así que, después de pedir varios presupuestos y analizar diferentes propuestas, elegimos una agencia que está muy cerca de casa y que al final, era la que ofrecía la mejor relación calidad-precio.

Primero decidimos las fechas, del 12 al 19 de septiembre. Este mes es uno de los mejores para viajar a casi cualquier país en general y a Rusia en particular, sobre todo por el clima. Por cierto, en Rusia, según nos comentaron las guías, el otoño comienza el 1 de septiembre; además de los caracteres cirílicos y de otras costumbres curiosas que iremos explicando, a los rusos les encanta, por lo que se ve, diferenciarse de los demás. Y sobre todo, decir continuamente que son los mejores, los más fuertes, los más orgullosos de su historia, de sus victorias. En ese sentido tenemos mucho que aprender, porque pocos pueblos habrá tan acomplejados por la historia propia que los españoles, continuamente estamos despotricando contra hechos que en la mayor parte de los países serían fuente de orgullo, de conmemoraciones. A lo largo de todo el viaje nos encontramos estatuas y monumentos que recordaban, por ejemplo, las victorias contra Napoleón o contra los nazis alemanes. Las dos guías que nos acompañaron durante el viaje ensalzaban continuamente esos hechos históricos. Y los españoles que íbamos en el grupo nos mirábamos y comentábamos entre nosotros la necesidad de ese pueblo por demostrar su fortaleza ante los demás y el silencio de los españoles, que solemos pasar de puntillas por nuestra historia.

Y, sin embargo, el pueblo ruso y el español no son tan diferentes como dijo en su día Miguel de Unamuno: “Me interesa mucho en Rusia todo lo ruso, todo lo tradicional, lo menos cosmopolita. Yo siempre estuve convencido de que existen analogías indudables entre los caracteres español y ruso: la misma actitud hacia la vida, la religiosidad de las masas y los impulsos místicos de los elegidos. Incluso la doctrina de León Tolstoi nos es mucho más cercana que a Francia o Italia, países latinizados y demasiado paganos”. Eso se nota, entre otras cosas, por la enorme admiración y el conocimiento que los rusos tienen de D. Quijote. Me atrevería a decir que ellos lo conocen mejor que nosotros y que lo quieren más. D. Quijote y Sancho son dos personajes con los que se sienten identificados, les fascina su actitud, su desprendimiento, su gallardía, su búsqueda de la libertad. Lo leen en las escuelas y luego en sus casas. Y nosotros, pues ya se sabe, me temo que hay un porcentaje muy grande de la población que sólo lo conoce por los dibujos animados.

Termino esta introducción con consejos más prácticos y que pueden ayudar a facilitar el viaje:

  • Tramitad con mucha antelación el visado para entrar en Rusia, que ya sabéis que es absolutamente obligatorio. Es muy pesado el papeleo y tarda alrededor de un mes, como mínimo. Y, sobre todo, comprobad que los datos sean totalmente correctos; cualquier error en el nombre puede conllevar que no os dejen entrar. Son muy estrictos en ese aspecto.
  • Elegir un buen seguro médico. Además de que no puedes entrar en Rusia sin él, te puede evitar disgustos.
  • Aunque nosotros estuvimos tres días completos en cada ciudad, es recomendable estar como mínimo cuatro días en cada una. Aún así, os quedarán muchas cosas por ver.
  • En cualquier época del año, sobre todo si no es en verano, llévate ropa de abrigo, ya que hace bastante más frío que en España, especialmente por la noche.
  • No es preciso llevarse dinero ruso, rublos, ya que casi todo se puede pagar con tarjeta de crédito. Además, en casi todos los hoteles hay máquinas que cambian dólares o euros a rublos. Yo saqué dinero en un cajero automático sin problemas y el cambio es prácticamente igual al oficial. De todas formas, en la siguiente entrada hallaréis consejos sobre dónde es mejor realizar el cambio: ¿Dónde es mejor cambiar moneda extranjera?

Y encontraréis más consejos en el siguiente enlace:

Consejos para viajar a Rusia, especialmente a Moscú y San Petersburgo.

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