Los libros que he leído en 2018

“Eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa”
Don Quijote a Sancho. Capítulo 25

Pocas frases expresan tan bien la idea de la relatividad de la Verdad, con mayúsculas, de la interpretación subjetiva de los hechos, de la realidad tal y como creemos observarla. Por eso este pasaje tan conocido de la novela de Cervantes es considerado un magnífico ejemplo y un homenaje a la tolerancia, al respeto a las opiniones de los demás. Cada persona tiene su verdad y nada me autoriza a descalificar a quien no opine o piense como yo.

Una vez escrito esto para solicitar la comprensión de aquellos que tienen muy claros los conceptos sobre qué se debe y no se debe leer, paso a enumerar y describir brevemente los libros que he leído a lo largo de 2018, costumbre que inicié el año pasado con el artículo Algunas lecturas de 2017 y que me sirve para recordar y anotar las lecturas realizadas. Debo haber perdido mucho tiempo, dedicado a menesteres menos provechosos, porque me parecen muy pocos, solo veinte libros completos y capítulos y poemas de algunos otros a los que vuelvo una y otra vez, como las aves migratorias regresan todos los años para anidar y criar a sus polluelos. Admiro a aquellos que leen cuarenta, cincuenta o más libros al año. Más que leer, devoran. Esa es la única manera de poder llegar a cifras, a lo largo de toda una vida, de varios miles de libros. Yo me conformaré con alcanzar, a este paso, el millar o poco más.

He tenido la precaución de ir apuntando en las notas del móvil el título de los libros, porque el año pasado me dejé guiar por la memoria y esta, por suerte o por desgracia, está empezando, mejor dicho, lleva ya algún tiempo, fallando. No sé cuántas neuronas de mi cerebro habrán fenecido en los últimos trescientos sesenta y cinco días, pero habrán sido un montón. Así que, sin más demora, aquí va la lista.

  • Las legiones malditas y La traición de Roma, de Santiago Posteguillo, el ganador del último Premio Planeta, libros con los que completa la Trilogía de Roma sobre Escipión, el Africano. El año pasado comencé la lectura de dicha Trilogía con Africanus, libro que me había gustado mucho por explicar la Historia con un lenguaje ágil y que permite entender de forma amena a los personajes y los hechos históricos de los que son protagonistas.
  • Berta Isla, de Javier Marías. Aunque las críticas sobre este libro son muy positivas y llenas de alabanzas, no me parece la mejor obra de Marías. Excesivamente premioso, no llego a sumergirme realmente en la trama.
  • Falcó, de Javier Pérez-Reverte. Falcó, personaje sin escrúpulos, se mueve, como en su día Alatriste, en un país y en un tiempo lleno de luces y sombras, de intrigas, de traiciones, de intereses contrapuestos. Me gustan esos personajes que nunca son buenos o malos totalmente, sino seres de carne y hueso, llenos de contradicciones.
  • Eva, de Javier Pérez-Reverte. El complemento perfecto de Falcó, una espía que puede moverse por ideales o por intereses de cualquier tipo. Ambas novelas reflejan la turbulencia de un tiempo que todavía no ha sido estudiado ni descrito en profundidad, pero al que Pérez-Reverte se acerca con mano firme y con un profundo estudio y respeto.

No voy a explicar los siguientes libros, sino solo mencionar títulos y autores. Yo no soy crítico y me cuesta trabajo describir o desmenuzar tanto los argumentos como los valores literarios de las obras. Sí podréis comprobar que tanto Almudena Grandes, como Pérez-Reverte o también Julio Muñoz Gijón, este último por la gracia que rezuman sus libros, son autores que me gustan y de los que suelo leer los libros que publican. Pocas veces me han decepcionado. Por último reseñar que suelo releer aquellos libros a los que me acerqué en la adolescencia o en la primera juventud, para comprobar si la fama y la huella que habían dejado en mí era realmente merecida o no. Ninguno me ha decepcionado.

  • Los pacientes del doctor García, de Almudena Grandes.
  • Siempre fuimos más jóvenes que hoy, de Magalena Gómez Amores.
  • Los besos en el pan, de Almudena Grandes.
  • Operación chotis en adobo, de Julio Muñoz Gijón.
  • Juliano, el Apóstata, de Gore Vidal.
  • El rumor del oleaje, de Yukio Mishima.
  • Son de mar, de Manuel Vicent.
  • Un hombre-lobo en el Rocío, de Julio Muñoz Gijón.
  • Los aires difíciles, de Almudena Grandes.
  • El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle.
  • Historia de dos ciudades, de Charles Dickens.
  • 4 3 2 1, de Paul Auster.
  • Crimen y castigo, de Fedor Dostoyevski.
  • Moby Dyck, de Herman Melville.
  • Un otoño romano, de Javier Reverte.

Y, además, tres o cuatro capítulos sueltos de D. Quijote, imprescindible, algunos poemas de San Juan de la Cruz,  Miguel Hernández, Antonio Machado y Rosalía de Castro, mi paisana. Tendré que dedicar más tiempo a la lectura de poemas, porque los he abandonado un poco. Como habréis podido comprobar, el eclecticismo y la falta de criterio en la selección es lo que mejor me definen en este ámbito.

Ahora estoy esperando a ver qué traen los Reyes Magos, que siempre suelen acordarse de mi amor por los libros. Espero que sean generosos.

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