La radio de mi infancia

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Cuando yo era más joven, en los años sesenta pongamos por caso, se escuchaba mucho la radio, música, concursos y seriales sobre todo. Mi madre y mi abuela la tenían casi todo el tiempo encendida. La primera radio fue una de Marca Telefunken, pero se estropeó. Recuerdo que mi padre, que siempre fue un manitas y una persona muy hábil y curiosa, había hecho un curso de electrónica a distancia y otro de delineación. Todas las semanas recibía por correo apuntes y algún material y poco a poco fue tomando forma una radio de válvulas que alegró las mañanas y las tardes en la cocina de casa. El aparato que había construido mi padre, una caja rectangular de madera, tenía delante los altavoces tapados por una rejilla de tela o de plástico, no recuerdo, dos botones, uno para encenderla y aumentar o bajar el volumen y otro botón para sintonizar la frecuencia, que casi siempre era la onda media. Creo que en casa, durante mi infancia, apenas se utilizó la frecuencia modulada. En aquellos tiempos, la vida en mi casa se regía por los horarios de la radio: el ángelus a medio día, el parte de las dos y media, los seriales y el rosario. El resto de mi tiempo estaba ocupado por el colegio y los juegos de las tardes, la compra y la comida que hacían mi madre y mi abuela, la llegada de mi padre del trabajo, casi siempre al anochecer, y sentarse alrededor de la mesa de comedor por las noches, cuando se contaban historias del pueblo, recuerdos de su infancia y las peleas y juegos que yo había tenido durante el día. También les solía contar lo que había aprendido en el colegio, aunque eso era lo menos frecuente.

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Había varios programas que se me quedaron grabados. Uno era el de las canciones dedicadas, que podía empezar así: “Mamá le dedica a Juanito, por su cumpleaños, para que disfrute del día y siga siendo tan bueno como hasta ahora,  el cuento “Garbancito” (tachín, tachán, tachón, mucho cuidado con lo que hacéis; tachín, tachán, tachón, a Garbancito no piséis;  la letra, la música, la voz del narrador y la de Garbancito nunca se me han olvidado); o bien, “De María Jesús a su novio Pepe con motivo de su santo, la canción Luna de miel, de Gloria Laso“. Aunque los más famosos cantantes y los que más éxito tenían para las dedicatorias eran Rosa Mary y José Guardiola con la canción Di papáAntonio Molina con Soy minero. Sin embargo, cuando se acercaba el mes de mayo arrasaban Juanito Valderrama y Su primera comunión o Antonio Machín con Madrecita. De vez en cuando acudo a Youtube y regreso a mi infancia poniendo estas canciones. Quizás no lo creáis, pero algo se remueve dentro de mí y aparecen imágenes, olores y sensaciones que parecían haberse perdido. Si  habéis nacido en los cincuenta y pincháis en los enlaces anteriores y en los que están a lo largo de todo este artículo, quizás entendáis lo que os digo. Y si sois más jóvenes, también deberíais escuchar esas grabaciones, porque formaron y forman parte de nuestra historia.

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Otro programa que estaba deseando escuchar era el de “Matilde, Perico y Periquín“, una serie de historietas cómicas, en las que Periquín, un niño muy travieso, estaba siempre metiendo la pata y recibiendo una torta, generalmente de su padre Perico (“nene pupa no” era la frase con la que casi siempre terminaba la historia; lo del maltrato a la infancia todavía no se había inventado). Matilde Conesa, Pedro Pablo Ayuso, Matilde Vilariño, Juana Ginzo o Teófilo Martínez ponían voz a ese programa y a las radionovelas que causaron furor y que madre y abuela escuchaban y comentaban diariamente. Terminábamos de comer, se fregaban los platos y las dos se sentaba junto a la radio, que estaba en una repisa de la cocina.  En esos momentos, mi hermano y yo teníamos que irnos al comedor y dejarlas tranquilas para que no se perdieran una palabra. La que más les gustaba era Ama Rosa, de Guillermo Gautier Casaseca, una celebridad radiofónica en su época. Ama Rosa era un auténtico folletín que duró varios años y un dramón: una viuda que creyendo inminente su muerte, da su hijo en adopción a una familia adinerada. Esta familia contrata a Rosa como “ama” de la casa para que pueda estar cerca de su hijo con la condición de que nunca desvele que ella es la madre. El hijo, a medida que va creciendo, la desprecia y sólo al final, en el lecho de muerte de la madre, descubre la verdad. Nudos en la garganta, lágrimas a raudales y exclamaciones de protesta y de rabia contenida eran provocadas por unos actores cuyas voces me acompañaron durante la infancia. Después llegaron Simplemente María y Lucecita, todas ellas muchachas humildes e ingenuas que eran engañadas y mancilladas por hombres sin escrúpulos, que solían tener un final feliz, pero que ya no fueron seguidas con tanta dedicación en mi casa porque la televisión fue sustituyendo poco a poco a la radio.

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Había otros programas que tuvieron mucho éxito y que también se escuchaban a lo largo del día y de la noche (como máximo hasta las diez, que era la hora oficial de acostar a los niños): Ustedes son formidables, de Alberto Oliveras, Operación Plus Ultra, de Joaquín Peláez, Cabalgata fin de semana con Bobby Deglané y, por supuesto, el Carrusel deportivo de los domingos, dirigido en sus primeros tiempos por Vicente Marco y en el que trabajaron Juan de Toro y Joaquín Prat. Y, cómo no, no puedo dejar de mencionar dos programas que eran diarios, obligatorios e imprescindibles. Uno era el “parte” de Radio Nacional, el programa informativo que todas las radios tenían la obligación de transmitir. Las radios comerciales, como la SER o Radio Popular tenían la obligación de conectarse a las dos o dos y media de la tarde para retransmitir las noticias que ofrecía Radio Nacional, ya que no se podían dar informaciones que previamente no hubieran pasado la censura y la mejor manera era esa, reproducir lo que decía la radio oficial. La conexión se iniciaba con una música muy característica, la Generala, que jamás se me olvidará.  Muy poca política nacional, a excepción de las inauguraciones de pantanos del Generalísimo, las leyes aprobadas en la Cortes franquistas, deportes, sucesos, notas de sociedad y poco más. También se hacía referencia a las noticias internacionales, aunque con pocas referencias a las decisiones democráticas que se hubieran podido tomar. Sí recuerdo, como si fuera hoy, la noticia del asesinato de Kennedy, que mis padres, mi abuela y yo escuchamos con asombro y con pena. “Esto en España no podría suceder”, dijo alguien. Cualquiera le pegaba un tiro a Franco. Creo que hubo algunos intentos, pero no tuvieron éxito, como se puede colegir de cómo ocurrió la muerte del General.

El otro programa diario que escuchaban mi madre y mi abuela cuando ya había anochecido, supongo que sería alrededor de las ocho, era el rosario. No sé si se conectaba diariamente con alguna iglesia, si estaba grabado o se hacía en algún estudio de la radio. Lo que sí me acuerdo es de la sintonía, la Tocata y fuga de Bach, y de alguna de las letanías en latín que se rezaban al final: Sancta María, ora pro nobis; Sancta Dei Génetrix, ora pro nobis; Sancta Virgo Vírginum, ora pro nobis; Mater Christi, ora pro nobis; Mater Ecclesiae, ora pro nobis…

Yo tenía un transistor Toshiba que me había traído de Brasil mi tío Arcadio y ya en el Instituto, un poco más tarde, a mediados y finales de los sesenta, escuchaba fundamentalmente programas musicales de los que recuerdo, sobre todo, Caravana Musical y Vuelo 605, los dos de Ángel Álvarez, un locutor con una voz inconfundible, intimista y cálida. Este locutor era también un radiotelegrafista de Iberia y gracias a eso podía traer de Nueva York y de otras ciudades americanas una gran cantidad de discos y canciones que apenas se podían encontrar en España y que eran muy adelantadas en su tiempo. Mi compañero de instituto Casanova y yo, dos seguidores incondicionales de Ángel Álvarez, comentábamos las últimas novedades y los demás nos miraban como bichos raros, porque nuestros amigos sólo escuchaban a Los Brincos, Fórmula V o, como mucho, a Los Bravos o a Los Módulos. Bob Dylan, la música folk o el jazz les sonaba a chino. Nosotros los mirábamos con cierta conmiseración, dándonos pena por su incultura musical y su desconocimiento de la música que se hacía fuera de nuestras fronteras.

Los nostálgicos de aquella época y los jóvenes curiosos de ahora pueden hacerse una idea de lo que escuchábamos pinchando en el enlace al blog de Rafael Castillejo Aquella radio en casa de nuestros padres. Ahí podrán oír fragmentos de programas, sintonías, anuncios o canciones que os transportarán a un tiempo ya perdido y demasiado lejano.

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Venganza de sangre

Quizás no lo sepáis, pero hasta hace no demasiado tiempo, concretamente hasta 1963, existía en el código penal español lo que se conocía como “privilegio de la venganza de la sangre”, que otorgaba al cabeza de familia (el hombre, por supuesto), el derecho de matar a su esposa en caso de infidelidad manifiesta. Tómate esa.

Esa “figura legal”, que se había introducido en el Código Penal de 1870, se eliminó durante la República y el franquismo, a tono con la sociedad machista, católica y defensora de los valores familiares tradicionales surgida de la guerra civil, volvió a introducirlo. Durante 25 años estuvo vigente y no conozco estadísticas, pero seguramente fueron muchas las mujeres que sufrieron en sus propias carnes esa “legalidad”. Recuerdo los titulares de El Caso, el semanario de mayor tirada en los años cincuenta y sesenta: “crimen pasional en…”. Raro el día que no aparecía una noticia en la que se reflejaba, con toda clase de detalles macabros y morbosos, los asesinatos que muchos hombres, celosos vigilantes de la posesión sobre la mujer y del honor mancillado, cometían con casi total impunidad e inmunidad. La maté porque era mía, solían decir los perpetradores del crimen. Celos, sospechas, infidelidades reales o supuestas, desobediencia, cualquier cosa era un atenuante o una eximente que rebajaba o incluso liberaba al criminal. Era el pan nuestro de cada día y la sociedad asistía impasible a esas crónicas de sucesos, dando por hecho que el hombre tenía siempre la razón.

Hoy nos rasgamos las vestiduras cuando escuchamos las barbaridades que en muchos países, mayoritariamente musulmanes, se cometen contra las mujeres, basándose, fundamentalmente, en conceptos religiosos. Pero echando un poco la vista atrás nosotros no éramos tan diferentes. Y lo malo es que todavía existen individuos que, como el juez en excedencia Francisco Serrano, líder de Vox, se rasgan las vestiduras por la sentencia del Supremo sobre las violaciones de La Manada. Según Serrano, “la turba feminista supremacista” es la que ha dictado la resolución del Alto Tribunal (por cierto, tribunal franquista, según algunas opiniones, sobre todo de aquellos que defienden el “procés”).

Hoy la sociedad respira aliviada. No sé si esto servirá de escarmiento, de prevención. Por lo menos evitará, supongo, que determinados jueces califiquen como “jolgorio” lo que tuvo que sufrir la mujer violada en Pamplona durante los Sanfermines. En la justicia, como en todas los ámbitos, hay ovejas negras, personas que denigran y desprestigian a profesiones que tienen una enorme responsabilidad y repercusión social. En la enseñanza, en la sanidad, en la justicia tienen que estar no sólo los mejores y los más preparados, sino también los más sensibles y predispuestos a ayudar a las personas. Si no, estaremos perdidos y viviremos en una sociedad enferma.

Pongo un enlace a un buen artículo sobre la venganza de sangre. Siempre es bueno conocer la historia, a ver si así aprendemos algo sobre nosotros.

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La caseta del jubilata. Romería de San Mamés 2019

El año pasado escribí un relato relativamente extenso sobre la Romería de San Mamés. Era la primera vez que mi mujer y yo nos íbamos unos días antes a Aroche para ayudar a montar la caseta y pudimos comprobar en nuestras propias carnes la dificultad y el trabajo que supone. Ha pasado un año y esta vez la cosa ha sido bastante más trabajosa. Partiendo de la premisa de que somos sólo cuatro socios, con sus respectivas mujeres, que uno de ellos está algo “perjudicado” por un problema de salud que esperemos se solucione pronto y que el otro tiene últimamente problemas de agenda ya que se ha convertido en un próspero empresario del arándano (y, para más inri, su hijo se graduaba en Sevilla), resulta que sólo Manolo y yo pudimos dedicarnos a la tarea de montar la caseta. Menos mal que un sobrino de Mari Loli bajó a ayudarnos un rato para colocar el toldo y que Antonio “Colete” y su hermano vinieron para cargar y descargar todo el material, que tampoco es demasiado, porque si no, hubiera sido una tarea imposible para nosotros dos.

A todos los inconvenientes de la escasez de mano de obra se unieron este año dos dificultades más: la primera, un trabajo al que ya no estoy acostumbrado. Como acabo de vender el chalet de mi madre, he tenido que vaciarlo en poco tiempo, tirando todo lo inservible que se ha ido acumulando a lo largo de casi cuarenta años. Armarios repletos de objetos de los que ya ni me acordaba, ropa antigua, zapatos viejos, trabajos míos y de mis hijos en el colegio, juguetes, etc. Además, había que guardar las cosas en cajas y bolsas y llevarlas a casa de Carmen o bajarlas al garaje, mover muebles, descolgar lámparas y cuadros… (Aquí hago un paréntesis: si no es estrictamente necesario, no os cambiéis de casa, ni hagáis reformas ni mudanzas ni redecoréis la vivienda; es totalmente agotador y no merece la pena tanto trabajo, sobre todo si ya peináis canas).

La segunda dificultad, el calor, un calor impropio de estas fechas. No recordaba una romería tan calurosa. Ni tampoco recordaba un ambiente tan tranquilo el sábado y el domingo en los Llanos de la Belleza. Mucha gente la noche del viernes en la plaza; para encontrar una mesa había que jugar a la lotería y que, además, te tocara. Nosotros jugamos, tuvimos suerte y nos tocó una mesa en medio de todas las demás, por lo que era casi imposible moverse de allí.Los camareros tenían que hacer verdaderos equilibrios y una gymkana para llegar hasta nosotros. Supongo que habrán pasado la prueba de salto de obstáculos en diversos campeonatos.

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Lo mejor de esa noche, el espectacular atardecer desde la Pepa.

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El sábado por la mañana muchos caballos acompañando al Santo en su carreta tirada por dos bueyes. Yo no soy quién, ni mucho menos, para hacer una crítica a la organización de la Romería, a la Hermandad de San Mamés. A lo largo del año tienen que dedicar muchas horas, planificar, recaudar dinero, animar a la participación, muchas reuniones… Sólo aquellos que están dispuestos a emplear su tiempo para que todo salga bien, para que no falte ningún detalle, para prever y arreglar cualquier incidente, etc., tienen el derecho de analizar los fallos y realizar propuestas, es decir, sólo la directiva de la Hermandad. No me gusta que aquellos que vemos los toros desde la barrera y que sólo dedicamos el tiempo a disfrutar, realicemos críticas negativas. Todo salió a la perfección. Yo quizás le pondría un pero: creo que se hacen paradas demasiado largas en el camino y se llega muy tarde a la ermita. En un día de temperaturas suaves esto apenas se nota, pero en días calurosos se debería acortar el tiempo de llegada a la ermita de San Pedro de la Zarza, lugar de la peregrinación. Este año el calor fue agobiante y algunas personas que acompañaron al Santo andando sufrieron bajadas de tensión y desmayos.

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Todo lo demás fue realmente espectacular. La llegada del Santo a la ermita, abarrotada de gente; los vivas a San Mamés, la entrada de los jugadores del Aroche C.F., que ofrecieron y dedicaron al Santo el recién conseguido ascenso a la División de Honor Andaluza y, como colofón, el canto de la nana a San Mamés.

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Sin embargo, el calor retrajo a mucha gente. Este año he visto pocos caballos en la Belleza y pocas personas yendo de caseta en caseta. De hecho, nosotros sólo nos movimos para descansar en la hora de la siesta en nuestras casas. Por la noche, con la temperatura mucho más suavizada, incluso con algo de frío, se estaba mucho mejor.

Y el domingo, todavía más calor. Sólo apetecía beber y estar debajo de una encina, porque dentro de la caseta, por lo menos en la nuestra, la sensación era agobiante. Así que, después de la misa y de comer algo, otra vez nos fuimos a pasar la siesta al pueblo.

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Y poco más. Se me olvidaba decir que este año, después de mucho tiempo sin venir, nos acompañó Angelita Carlos “la Navera”, que disfrutó como pocos de su Romería, así como Máximo, un maestro canario, también fotógrafo, del que se exponen unas excelentes fotografías que realizó a finales de los años sesenta, cuando estaba destinado en Aroche.

Otra Romería más y que se repita.