La caseta del jubilata. Romería de San Mamés 2019

El año pasado escribí un relato relativamente extenso sobre la Romería de San Mamés. Era la primera vez que mi mujer y yo nos íbamos unos días antes a Aroche para ayudar a montar la caseta y pudimos comprobar en nuestras propias carnes la dificultad y el trabajo que supone. Ha pasado un año y esta vez la cosa ha sido bastante más trabajosa. Partiendo de la premisa de que somos sólo cuatro socios, con sus respectivas mujeres, que uno de ellos está algo “perjudicado” por un problema de salud que esperemos se solucione pronto y que el otro tiene últimamente problemas de agenda ya que se ha convertido en un próspero empresario del arándano (y, para más inri, su hijo se graduaba en Sevilla), resulta que sólo Manolo y yo pudimos dedicarnos a la tarea de montar la caseta. Menos mal que un sobrino de Mari Loli bajó a ayudarnos un rato para colocar el toldo y que Antonio “Colete” y su hermano vinieron para cargar y descargar todo el material, que tampoco es demasiado, porque si no, hubiera sido una tarea imposible para nosotros dos.

A todos los inconvenientes de la escasez de mano de obra se unieron este año dos dificultades más: la primera, un trabajo al que ya no estoy acostumbrado. Como acabo de vender el chalet de mi madre, he tenido que vaciarlo en poco tiempo, tirando todo lo inservible que se ha ido acumulando a lo largo de casi cuarenta años. Armarios repletos de objetos de los que ya ni me acordaba, ropa antigua, zapatos viejos, trabajos míos y de mis hijos en el colegio, juguetes, etc. Además, había que guardar las cosas en cajas y bolsas y llevarlas a casa de Carmen o bajarlas al garaje, mover muebles, descolgar lámparas y cuadros… (Aquí hago un paréntesis: si no es estrictamente necesario, no os cambiéis de casa, ni hagáis reformas ni mudanzas ni redecoréis la vivienda; es totalmente agotador y no merece la pena tanto trabajo, sobre todo si ya peináis canas).

La segunda dificultad, el calor, un calor impropio de estas fechas. No recordaba una romería tan calurosa. Ni tampoco recordaba un ambiente tan tranquilo el sábado y el domingo en los Llanos de la Belleza. Mucha gente la noche del viernes en la plaza; para encontrar una mesa había que jugar a la lotería y que, además, te tocara. Nosotros jugamos, tuvimos suerte y nos tocó una mesa en medio de todas las demás, por lo que era casi imposible moverse de allí.Los camareros tenían que hacer verdaderos equilibrios y una gymkana para llegar hasta nosotros. Supongo que habrán pasado la prueba de salto de obstáculos en diversos campeonatos.

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Lo mejor de esa noche, el espectacular atardecer desde la Pepa.

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El sábado por la mañana muchos caballos acompañando al Santo en su carreta tirada por dos bueyes. Yo no soy quién, ni mucho menos, para hacer una crítica a la organización de la Romería, a la Hermandad de San Mamés. A lo largo del año tienen que dedicar muchas horas, planificar, recaudar dinero, animar a la participación, muchas reuniones… Sólo aquellos que están dispuestos a emplear su tiempo para que todo salga bien, para que no falte ningún detalle, para prever y arreglar cualquier incidente, etc., tienen el derecho de analizar los fallos y realizar propuestas, es decir, sólo la directiva de la Hermandad. No me gusta que aquellos que vemos los toros desde la barrera y que sólo dedicamos el tiempo a disfrutar, realicemos críticas negativas. Todo salió a la perfección. Yo quizás le pondría un pero: creo que se hacen paradas demasiado largas en el camino y se llega muy tarde a la ermita. En un día de temperaturas suaves esto apenas se nota, pero en días calurosos se debería acortar el tiempo de llegada a la ermita de San Pedro de la Zarza, lugar de la peregrinación. Este año el calor fue agobiante y algunas personas que acompañaron al Santo andando sufrieron bajadas de tensión y desmayos.

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Todo lo demás fue realmente espectacular. La llegada del Santo a la ermita, abarrotada de gente; los vivas a San Mamés, la entrada de los jugadores del Aroche C.F., que ofrecieron y dedicaron al Santo el recién conseguido ascenso a la División de Honor Andaluza y, como colofón, el canto de la nana a San Mamés.

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Sin embargo, el calor retrajo a mucha gente. Este año he visto pocos caballos en la Belleza y pocas personas yendo de caseta en caseta. De hecho, nosotros sólo nos movimos para descansar en la hora de la siesta en nuestras casas. Por la noche, con la temperatura mucho más suavizada, incluso con algo de frío, se estaba mucho mejor.

Y el domingo, todavía más calor. Sólo apetecía beber y estar debajo de una encina, porque dentro de la caseta, por lo menos en la nuestra, la sensación era agobiante. Así que, después de la misa y de comer algo, otra vez nos fuimos a pasar la siesta al pueblo.

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Y poco más. Se me olvidaba decir que este año, después de mucho tiempo sin venir, nos acompañó Angelita Carlos “la Navera”, que disfrutó como pocos de su Romería, así como Máximo, un maestro canario, también fotógrafo, del que se exponen unas excelentes fotografías que realizó a finales de los años sesenta, cuando estaba destinado en Aroche.

Otra Romería más y que se repita.

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