Hoy es el 1-O, el Día Internacional de la Música

Pues sí, hoy es 1 de octubre. Miro el calendario y me doy cuenta de que sus hojas vuelan, de que julio, agosto y septiembre se han pasado en un suspiro. Hace calor. He dormido con la ventana abierta de par en par, lo que era impensable hace unos años en estas fechas. De madrugada refresca algo pero la temperatura en la habitación sigue siendo demasiado alta. Llevo una temporada que me despierto muchas veces durante la noche, no sé si por el calor o porque ya necesito dormir menos, así que aprovecho para escuchar la radio de bolsillo que tengo en la mesilla. En casi todas las emisoras se habla de lo mismo, de la conmemoración del 1-O en Cataluña, de que si habrá manifestaciones, de que si lo que ocurrió hace dos años fue un ataque o un golpe de Estado, una desobediencia alentada desde las instituciones catalanas, de la torpeza del gobierno de Rajoy, sobre todo de Sáez de Santamaría y Zoido, que no supieron prever lo que iba a ocurrir, que no pudieron evitar que aparecieran urnas y papeletas a pesar de que alardearon reiteradas veces de que nunca se iba a celebrar un referéndum, de la innecesaria violencia policial, del posterior victimismo de los independentistas…

Cambio de emisora pero es igual, es un monotema. Pero, ¡oh sorpresa!, en Radio Clásica me recuerdan que hoy se celebra el Día Internacional de la Música, que fue establecido por la UNESCO en 1975. Para justificar esta conmemoración, el mencionado organismo declaró ese día “en un intento de unir a todos los pueblos a través de sus diversas manifestaciones artísticas, específicamente la música, como símbolo de igualdad, ya que todos pueden identificarse con ella”. Lo de la unidad de los pueblos es una quimera, visto lo visto en nuestro país y en el mundo actual, donde patriotismos exacerbados y excluyentes se están imponiendo a ideas de unidad, de cooperación, de respeto.

No sé si la música amansa a las fieras, ayuda a que las vacas den más y mejor leche o a que las plantas crezcan más lozanas y hermosas. Pero hoy escucharé con más placer si cabe los cuartetos de cuerda de Mozart, un concierto de Sibelius, el Moldau de Smetana o alguna canción de Queen o de Sabina. El caso es disfrutar de una de las creaciones humanas que deberían servir para, de una vez por todas, acabar con las miserias en las que nos quieren embarcar determinados políticos.

Así que os dejo, me dirijo al equipo de música del salón, escojo alguno de los discos que os he mencionado, me olvido de la radio, de la televisión, del móvil y de Internet y comienzo a sumergirme en las notas musicales que elevarán mi espíritu. Os recomiendo que hagáis lo mismo, que recuperéis fuerzas para las semanas que se nos avecinan, que pueden ser de aúpa.

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