DIARIO DE UN APRENDIZ DE ESCRITOR (y IV)

17 de noviembre de 2021. Esto no es una carta a los Reyes Magos

Terque es un pequeño pueblo de la alpujarra almeriense de menos de 500 habitantes, pero que sorprende por la cantidad de museos, cuatro, por su teatro, por su jardín botánico, por sus casas señoriales y por su gastronomía. Increíble que en un pueblo tan pequeño pueda haber tantas cosas. En uno de sus museos, el de Escritura Popular, se conserva la primera carta a los Reyes Magos de la que se tiene noticia. Pertenece a una niña almeriense, Amalia Yebra, y es de 1899. En ella pedía una muñeca de China, una caja de dulces  y un cabás, una maleta pequeña en la que llevar los libros u otros utensilios al colegio. Peticiones modestas de una niña rica. Los pobres poco podían pedir y apenas tenían para escribir, si es que sabían hacerlo. Quizás se habrían escrito otras cartas a los Reyes con anterioridad, pero no se conservan. Lo que sí sabemos es que esa tradición de mediados del siglo XIX, nació como un intento de competir con San Nicolás, obispo turco que es el antecedente directo de Papá Noel. San Nicolás tenía fama de benefactor y eso dio pie a la leyenda e hizo que desde el siglo XIII más o menos empezase a dejar regalos a los niños de varios países europeos el 6 de diciembre, que en España se cambió por el 6 de enero, día de la Epifanía, también conocida por festividad de los Reyes Magos. Aquí termina este párrafo de cultura histórica y legendaria, no os quejaréis, y paso al siguiente.

Por estas fechas nuestra familia suele escribir su carta a los Reyes y no quiero que se pierda esta costumbre. Pero he releído las que escribí en años anteriores (esa es la ventaja de hacerlo en el ordenador y publicarlo en el blog) y me he dado cuenta de que estos señores me hacen caso sólo en los regalos materiales, y no siempre, que si libros, que si ropa, que si algún juguete electrónico… o sea, lo fácil. Para eso no necesito a los Reyes, me lo compro yo y punto. También se han portado con el tema de la salud de la familia, no nos podemos quejar, aunque la salud en general está hecha unos zorros, con la pandemia. Pero en otros temas han patinado y no me han hecho ni puñetero caso. Así que este año, paso de pedir cosas materiales. Que se rompan la cabeza adivinando, que me sorprendan, porque eso de saber qué es lo que te vas a encontrar el 6 de enero por la mañana, más que sorpresa es hipocresía, o desilusión, en el caso de que alguna de las cosas que habías señalado y subrayado con rotulador rojo y grueso, no aparece. Sólo pido una cosa, eso sí, que reitero, a ver si alguna vez alguno de esos llamados magos, que vaya usted a saber lo que serían en realidad, quizás ricos comerciantes, porque regalarle oro, incienso y mirra a un recién nacido, tiene miga. Regálese una buena manta, una cuna, ropita de abrigo, pañales, colonias, algún sonajero…, algo práctico para que los padres no tengan que gastarse el dinero, que no creo que fueran ricos, que un carpintero no debería nadar en la abundancia. Repito, a ver si se dignan regalar un buen trabajo para mi hija, que mi hijo ya lo tiene, que unos tanto y otros tampoco, que hay que compensar la cosa, que ya está bien, que no hay derecho. O en su defecto, como alternativa que tampoco habría que desdeñar, o ahora que lo pienso, mejor que el trabajo, es que nos tocara una buena primitiva o un buen euromillones, de esos que te permiten no dar un palo al agua ni a ti ni a tu familia ni a varias generaciones de Castro Vázquez.

Con esto termino lo que no es una carta a los Reyes Magos, que a San Nicolás, Santa Claus, Papá Noel y a la bruja Befana ya les escribí otros años y tampoco me hicieron demasiado caso. El único que acertó fue San Black Friday, maldito invento yanqui, que nos ha abducido, hipnotizado e idiotizado. Este año tampoco pienso escribirle, que se fastidie, pienso gastarme el dinero, a ver si la cosa pandémica mejora, en viajes, gastronomía y enología y lo demás en rebajas, que también habrá que elevarlas a la categoría de Santas.

Por cierto, ya sabía que me iba a pasar, me conozco lo suficiente. Ya me he cansado de escribir el Diario de un aprendiz de escritor, porque esto no es ni un diario, ni yo soy escritor ni nada que se le parezca. Seguiré escribiendo cuando me pete, de las chorradas que se me ocurran cuando se me ocurran si es que tengo ganas de que se me ocurra algo. Ahora voy a ir a full, como dicen los modernos, con la historia de la familia. Todavía me queda mucho por hacer, así que quizás no me veáis por aquí en algún tiempo. O sí, depende.

Un comentario en “DIARIO DE UN APRENDIZ DE ESCRITOR (y IV)

  1. Pingback: Mis cartas a los Reyes Magos – trecegatosnegros

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