Os rumorosos poden calar para sempre

Cuando Eduardo Pondal escribió allá por 1890 su poema Os Pinos (al que le puso música Pascual Veiga y se convirtió después en el himno gallego), poco podía imaginarse que “os rumorosos”, los pinos que representan al pueblo gallego, gritarían desesperados, desgarrados por lo que ha sucedido estos días en Galicia, en Portugal, en Asturias.

A la sequía, las altas temperaturas, el fuerte viento o la falta de humedad, que son las condiciones necesarias, pero no suficientes, para provocar los incendios, se han unido y conjurado las otras circunstancias por todos sabidas desde hace mucho tiempo pero que nunca se abordan debido, entre otras cosas a la desidia de unos políticos a los que se paga para planificar y prevenir y que sólo saben lamentarse y acusar a pirómanos o a “terroristas ambientales”.

Se sabe que el 95% de los incendios está provocado por la mano humana, bien por negligencia o descuido o por intereses económicos (madereras, asociaciones de caza, recalificaciones de terrenos, disputas o conflictos vecinales).

Y los políticos no es sólo que no sepan o no quieran planificar; es que tampoco quieren poner los medios suficientes para casos extremos como los que se han vivido estos días en Galicia: el despido de brigadistas (436 que se encargaban de labores de vigilancia y conducción de vehículos y otros 500 que se ocupaban de tareas de extinción) cuando todavía las condiciones climatológicas eran desfavorables, demuestran escasa sensibilidad y preocupación, porque podía haberse previsto que hasta que no llegaran las lluvias el desastre podía ocurrir en cualquier momento. ¿Tanto había que ahorrar? ¿Mereció la pena?

A todo lo anterior se puede añadir la mala planificación forestal y la prevención que no se están adaptando al calentamiento global y al cambio climático, que exigen un análisis de cómo actuar en cada ocasión. O la Ley de la Xunta sobre iniciativas empresariales, que justifica las expropiaciones de suelo para las eléctricas, que facilita los trámites a las empresas mineras para explorar el subsuelo gallego o que favorece la expansión de plantaciones de eucalipto, que propaga con mucha facilidad las llamas.

Para colmo, hay una investigación judicial que revela que en España y Portugal existe una mafia empresarial que ha conseguido 250 millones de euros públicos amañando concursos de extinción. Lo que faltaba, la corrupción también se ceba en el desastre medioambiental, quemando dinero público en España y Portugal. Recomiendo que se lean los dos reportajes siguientes para hacerse una idea de hasta dónde puede llegar la ambición y el fraude.

El cártel del fuego (I)

El cártel del fuego (y II)

En el himno gallego se quiere expresar que Galicia debe despertar de un sueño y emprender el camino de la libertad. En eso estamos pero esos rumorosos pinos que nos interpelan quieren ser acallados, calcinados por el fuego, y como no pongamos todo el empeño quizás algún día callen para siempre. Y el hogar de Breogán puede convertirse, más pronto que tarde, en un erial.

Himno de Galicia (en gallego)

Que din os rumorosos
na costa verdescente,
ao raio transparente
do prácido luar?

Que din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?

Do teu verdor cinguido
e de benignos astros,
confín dos verdes castros
e valeroso chan,

non des a esquecemento
da inxuria o rudo encono;
esperta do teu sono
Fogar de Breogán.

 

Himno de Galicia (en castellano)

¿Qué dicen los rumorosos,
en la costa verdeante
al rayo transparente
de la plácida luz de luna?


¿Qué dicen las altas copas
de oscuro follaje arpado
con su bien acompasado
monótono zumbar?

De tu verdor ceñido
y de benignos astros
confín de los verdes castros
y valeroso suelo.

No des al olvido
de la injuria el rudo encono;
despierta de tu sueño
Hogar de Breogán.

 

 

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Autoridad y sensatez

¿Por qué hoy me acuerdo de un artículo que escribí en el blog de orientación hace unos años, por qué será? Aunque ejercer la docencia no es lo mismo que ejercer la política (menos mal), hay una serie de principios que son similares y hay que recordar que aplicar el sentido común casi siempre es mejor que aplicar leyes y normas, porque muchas veces el legislador atiende a otros intereses. La negociación y el diálogo con el otro son siempre imprescindibles.
Aplíquese.

Autoridad y sensatez (entrada publicada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado el 3 de febrero de 2014)

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Imposible permanecer impasible

Es imposible permanecer impasible. Perdonad el juego de palabras, pero el momento o la encrucijada en la que estamos creo que merece una pequeña reflexión. No sé cuál sería mi postura y mi pensamiento si hubiera nacido, vivido y educado en Cataluña. O si mi familia y mis amigos fueran independentistas, si continuamente me estuvieran bombardeando con mensajes sobre la actuación mafiosa del Estado, su corrupción, la opresión sobre el pueblo catalán, la actuación conjunta de jueces, fiscales y policía y guardia civil que ocupan de manera ominosa las calles y ciudades catalanas. Seguramente sería independentista. Pero tengo la suerte, sí, la suerte, de poder observar lo que allí pasa con cierto desapasionamiento. Porque la pasión y la emoción son malas consejeras cuando hay que tomar decisiones. Todavía recuerdo los negros años en que ETA atentaba día sí y día también y muchos salían a la calle gritando y exigiendo que se volviera a implantar la pena de muerte. Se recogieron firmas, se realizaron manifestaciones, muchos tertulianos se postularon a favor de la pena máxima. Emocionalmente estábamos tocados y muchos se alegraban cuando la policía y la guardia civil mataba a un etarra. Si el gobierno (en aquella época UCD y después PSOE) se hubiera dejado guiar por lo que parecía la mayoría del pueblo español, se hubiera realizado un referéndum sobre la pena de muerte, quizás hubiera salido el sí. Pero los políticos deben permanecer en la sensatez, contar hasta diez o hasta un millón, aplacar ánimos, y eso fue lo que hicieron.

Lo que ocurre en Cataluña no viene de ahora aunque en estos últimos años los acontecimientos se han precipitado. En el año 2012, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo en un artículo titulado La movilización de las masas, analizaba la situación en Cataluña y ya advertía del peligro  de movilización de las masas y terminaba con una frase que resultó premonitoria: en política el inmovilismo origina muchos más problemas que la toma de contacto con la realidad. Espero que no caigan en la tentación de movilizar a las masas. Y en esas estamos.

Como dice Joan Tardá en el vídeo que pondré al final, ni los más optimistas de los independentistas podían pensar que este momento pudiera llegar tan pronto. Porque nadie podía creerse tampoco que el gobierno actual fuera tan torpe, tan rígido y con menos sensibilidad. Y no hablo solo del gobierno español, es que el gobierno catalán tampoco lo ha hecho mucho mejor. Rectifico, lo ha hecho muy bien para sus intereses, aunque habrá que ver si al final, y no lo digo pensando en lo que ocurra el 1-O, no le pasa factura. Porque se han utilizado los sentimientos y las emociones de las personas para alcanzar objetivos políticos. Y eso es lo que suelen hacer las dictaduras. Es curioso que una publicación como Cuba Debate, órgano de difusión en la, según parece dictadura cubana, define diez estrategias de manipulación mediática que en Cataluña se han utilizado de manera sistemática. Voy a referirme sólo a algunas que se pueden reconocer en lo que ocurre actualmente:

  1. La estrategia de la distracción: consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones, mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
  3.  Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
  4. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.

Y así hasta completar las diez estrategias. Eso es lo que se hace habitualmente, no sólo en las dictaduras, sino en otras sociedades democráticas que han permitido que los poderes fácticos intervengan y en ocasiones sustituyan a los representantes de los ciudadanos en las Cortes.

Sé que hay muchos que creen que el domingo será un día festivo más, que como el 9-N o las últimas Diadas la gente saldrá a la calle a manifestar sus deseos de independencia. Por cierto, aviados están si lo consiguen pues ya veremos cómo Esquerra y CiU son capaces de convivir con la CUP, adherirse a Europa, crear una moneda nueva, pagar la deuda, mantener en calma a los no independentistas que ahora están callados pero que quizás más adelante se movilicen y ya veremos de qué manera, vender sus productos en el resto de España (si ahora ya hay muchos que no compran productos catalanes, con la independencia no digamos), controlar sus fronteras, crear un ejército propio (no vaya a ser que España los invada). Y sobre todo, ¿cómo sobrellevarán una liga sin el Real Madrid o el Atlético? Porque me temo que las aficiones de esos equipos, si ya le pitan a Piqué sólo por sus manifestaciones, cuando se hagan independientes ni querrán ver al Barça y la Federación Española no creo que permita que un equipo de otro país juegue la liga española (el ejemplo del Mónaco no vale, y si no véase el siguiente artículo: ¿Por qué juega el Mónaco en la liga francesa?)

Es una pena que se haya producido tal hispanofobia en Cataluña y catalanofobia entre muchos españoles. Os puedo asegurar que no soy anticatalán, aunque me duelen muchas opiniones de catalanes, no sólo de políticos sino de ciudadanos de a pie, que por exaltar sus virtudes y sus valores, que los tienen y son muchos, se han dedicado a mentir y a insultar a andaluces, extremeños o gallegos. Y por la otra parte, igual, que da vergüenza escuchar a muchos de mis compatriotas.

No quiero que Cataluña se haga independiente. Incluso creo que podría y debería llegarse a un acuerdo para que se realice una consulta, después de que pase toda esta tormenta, se hayan calmado los ánimos y se debata en el Congreso y en el Senado, para ver cuál es el encaje de Cataluña en España. Ni eso va contra la soberanía española ni significa que el Estado se rompa.

Un ejemplo de cómo se puede debatir, cómo se pueden utilizar argumentos a favor de una o de otra postura se puede ver en el siguiente vídeo de TV3. Javier Nart, de Ciudadanos y Joan Tardá de Esquerra, exponen sus opiniones de manera civilizada. Aunque el Sr. Tardá habla en catalán creo que se entiende bastante bien. Podrán gustar más o menos los argumentos de uno o de otro, pero eso es lo que falta en estos momentos, debate y cordura.

Que el 1-O se desarrolle con tranquilidad y que no se le vaya de las manos a unos o a otros. Crucemos los dedos.

Viaje a Croacia (y VII). Epílogo

“El viaje no acaba nunca. Solo los viajeros acaban. E incluso estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: “no hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.”
“Viaje a Portugal”. José Saramago

Los viajes de regreso después de unas vacaciones suelen albergar dos sentimientos contradictorios. Por un lado, pena por tener que volver a la rutina diaria, a los horarios estrictos cuando uno se incorpora al trabajo o, como es nuestro caso de tres parejas de jubilados, a los quehaceres propios de nuestra situación: finaliza el verano, los días más cortos, la luz mortecina de las tardes de otoño, los paseos, las lecturas, el deporte, la escritura, planificación de pequeños viajes durante los próximos meses (ahora que lo pienso, no es tan duro el regreso). Y por otro lado,  volver a terrenos conocidos, olores, sabores, sonidos y paisajes que, aunque es bueno dejar durante un tiempo, permanecen en la trastienda y sabemos que están ahí agazapados y nos reclaman, la alegría de volver a ver a la familia y a los amigos que dejamos en nuestro país, las costumbres conocidas y deseadas, las comidas caseras y las que hacemos cuando nos reunimos de vez en cuando, descargar y organizar los cientos de fotografías que hemos hecho durante estos días. Supongo que habrá personas que no pueden arraigarse y que no les importa ir de un sitio para otro continuamente. Pero nosotros necesitamos regresar a terrenos conocidos. Somos así y así nos han educado, qué se le va a hacer.

Día 28. El regreso a Madrid

El avión sale del aeropuerto de Dubrovnik, que está a una media hora del hotel, a las once menos cinco de la mañana. El autobús debe salir, para llegar con tiempo, a las 8,30, pero se retrasa porque alguien ha puesto un coche de tal forma que impide la salida. Después de un cuarto de hora de espera, logramos arrancar. Hay bastante tráfico y tardamos más de lo previsto, pero todavía hay tiempo de sobra, o eso creemos. Lo malo es que la facturación se demoró mucho, pero aún así, a las 10,20 ya estábamos listos para embarcar. Como nos sobraban algunas kunas, comenzamos a mirar por las tiendas del aeropuerto para gastarlas y llevar algún recuerdo. Pero antes de poder comprar algo, por los altavoces se escuchó, en inglés, la última llamada para los pasajeros de nuestro vuelo. Nos miramos sin entender bien lo que pasaba, porque todavía quedaba más de media hora, así que me acerco hasta el mostrador y, efectivamente, me confirman que tenemos tres minutos para embarcar, que es un vuelo charter y que han decidido adelantar la salida. Como no queremos discutir, y además es la primera vez que un vuelo se adelanta en lugar de retrasarse, hay que vivir esa experiencia. Así que en lugar de despegar a las 10,55 lo hicimos a las 10,45. Lo que no sé es qué habría pasado si alguno se hubiera despistado o hubiera llegado a la hora que figuraba en el billete, ¿lo habrían dejado en tierra?

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Llegamos a Madrid a las dos de la tarde en medio del diluvio. Hacía tiempo que no veía llover tanto. Ni nos planteamos realizar el viaje como a la ida, en el cercanías hasta Atocha, entre otras cosas porque no quiero imaginarme ir con las maletas bajo la lluvia desde la estación hasta el cercano hotel que hemos reservado para esta noche. Nos quedamos un día más porque queremos ver a mi hijo Santiago, que trabaja en Madrid desde hace unos meses y aprovechar para ver alguna exposición temporal de las que suele haber en los museos madrileños. El taxi nos acercó hasta casi el vestíbulo del hotel, entrando el coche en la acera para evitar que nos mojáramos, todo un detalle.

En el hotel Paseo del Arte casi nos conocen, porque hemos estado allí varias veces. Está muy bien situado si vienes en el Ave o si te apetece ir andando hasta el centro, porque por la calle Atoche se tardan quince o veinte minutos y, además, tiene un precio muy asequible en relación con la calidad que ofrece. Comemos al lado del Museo Reina Sofía y después nos vamos a hotel a dormir un poco de siesta, que falta nos hace.

Santiago llega sobre las siete y nos vamos dando un paseo hasta la Plaza Mayor, porque allí cerca ha reservado la cena en el restaurante Metro Bistro. Echábamos de menos este tipo de comida, bien elaborada y con un trato exquisito por parte de los camareros. ¿Es chovinismo decir que en España se come mejor que en casi cualquier país del mundo? Nos despedimos de Santiago, que coge el metro en Sol y nosotros regresamos bajando por Atocha hasta el hotel. Hay que bajar la cena.

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Día 29 de agosto.

Me levanto temprano, para no perder la costumbre. Antes de desayunar me doy un paseo solo, los demás ni se han levantado, por la Cuesta Moyano y llego hasta el Retiro. Muchos operarios están echando tierra sobre los charcos que dejaron los aguaceros de ayer. El aire es limpio y la temperatura invita a recrearse y perderse por los caminos del parque. Pero me llaman al móvil y me dicen que van a bajar a desayunar. Miro el reloj y son las 9 y media. Regreso por el Paseo del Prado, demorándome un poco y recordando los paseos que daba con mis padres cuando, durante un año, vivimos en Madrid, allá por el año 1965 (quizás lo cuente alguna vez).

Después del desayuno en el hotel, Jesús e Isabel se van a ver a su hija, a su yerno y a sus nietos que viven en San Martín de la Vega y nosotros subimos hasta la entrada del Museo del Prado. Visitamos la exposición temporal “Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico”, una auténtica maravilla y descubro la labor de un personaje del que había oído hablar pero que a partir de ahora admiraré y respetaré mucho más: Archer Milton Huntington, un coleccionista e hispanista americano que creó una institución que, a través de una biblioteca y unas colecciones de arte elegidas de manera erudita y sistemática, fomenta la apreciación de la cultura española y profundizara en el estudio de la literatura y el arte de España, Portugal y América Latina.

Tesoros de la Hispanic Society of America

Nos demoramos unas dos horas en el museo y cuando salimos nos dirigimos al museo Thyssen, para ver la exposición El Renacimiento en Venecia.

Carmen, Juan Esteban y Manoli salieron camino de la Puerta del Sol para buscar un sitio donde comer por los alrededores y comprar lotería en Doña Manolita, como es tradición, y yo me quedé un poco más en el museo para ver las colecciones permanentes. Hacía mucho tiempo que no entraba en el Thyssen y me apetecía.

Y después de comer, poco más, ya que el Ave salía a las 7 de la tarde y nos daba tiempo a tomarnos un café, recoger las maletas en el hotel y llegar a la estación. Todo había salido casi a la perfección. Y digo casi porque la perfección no existe y porque las imperfecciones son las que hacen la vida más interesante, si no, menudo aburrimiento.

Terminaré con una frase de San Agustín que oí o leí no sé cuándo ni dónde pero que resume muy bien lo que pienso sobre nuestra pasión por viajar y que esperamos seguir fomentando y repitiendo:

“El mundo es un libro y aquellos que no viajan solo leen una página”.

Viaje a Croacia (VI). Dubrovnik en dos días

 

Será que Dubrovnik es una de las ciudades europeas de moda porque pocas veces he visto tanta gente en tan poco espacio. Mira que se lo dije a mis compañeros: viajar a finales de agosto es una temeridad, porque medio mundo va de un lado para otro y el otro medio no va porque no puede, que si no… Pero salvando este inconveniente, grande o pequeño según se mire, la antigua Ragusa, capital de la República del mismo nombre y cuyo lema era la libertad no se vende ni por todo el oro del mundo (en latín, “Non bene pro toto libertas venditur auro”), no decepciona, No me extraña que Lord Byron la definiera como “la perla del Adriático” y que Bernard Show la calificara como “el paraíso en la Tierra”. Y quizás por eso la agencia de viajes, al planificar el recorrido por Croacia, dedicara dos días completos a esta ciudad. En la anterior entrada describí un paseo nocturno en el que pudimos deleitarnos con un ambiente que, a pesar de la gran cantidad de turistas que como nosotros disfrutaban de la ciudad, no resultaba agobiante. Pero la mañana siguiente fue diferente.

26 de agosto. Dubrovnik e isla de Lopud

Por la mañana el autobús nos dejó frente a la puerta de Pile, donde suelen parar los autobuses turísticos y descargar a cientos de personas que se dedican a realizar fotos que apenas mirarán cuando regresen a sus casas. Si os fijáis, un porcentaje bastante alto de turistas apenas escuchan a los guías,profesionales generalmente muy bien preparados, y se dedican a hacerse selfies, fotografiar con móviles o cámaras, detenerse a comprar recuerdos o interrumpirlos con preguntas absurdas. Menos mal que suelen estar acostumbrados y responden con una agradable sonrisa, porque la educación y la paciencia entran en el sueldo. Nos recibe una guía local, una colombiana que llegó a Croacia hace muchos años y aquí se quedó. Se nota que es una enamorada de este país y de esta ciudad en concreto.

La vista desde la plaza que se encuentra frente a la puerta de Pile nos retrotrae a cinco o seis siglos atrás. No puedo evitar acordarme otra vez de Juego de Tronos y de aquellas escenas que se rodaron aquí. He encontrado un enlace donde se recrean los diferentes escenarios: Escenarios de Juego de Tronos en Dubrovnik.

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Entramos en el caso antiguo y una de los primeros lugares que vemos es la Gran Fuente de Onofrio, donde nos detenemos un momento antes de entrar en el primer edificio que visitamos, el Monasterio Franciscano, en cuyo interior se encuentra una de las farmacias mas antiguas de Europa y un museo en el que se conservan restos del bombardeo que sufrió la ciudad el 6 de diciembre de 1991, durante la guerra yugoslava. DSC_0368

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Continuamos la visita caminando por la calle principal, Stradun, hasta desembocar en la plaza Luza donde se encuentran la Columna de Orlando, la Torre de la Campana y la Pequeña Fuente de Onofrio. Entramos en el Palacio del Rector, edificio que combina los estilos gótico y renacentista. Según nuestra guía, era la sede del electo Rector regente de la República de Ragusa y la sede de la administración del Estado. Durante el período de gobierno (solamente de un mes), el rector no podía salir del edificio sin el permiso del Senado. Hoy en día este palacio se ha convertido en el Museo de Historia de la República de Ragusa. Entramos y nos encontramos con un patio central de bellas arcadas y unas escaleras que llevan a las estancias superiores, donde se encuentran valiosas piezas que dan muestra de la riqueza de la República.

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Una vez finalizada la visita entramos en la Catedral de Dubrovnik, también conocida como Iglesia de la Asunción, un edificio que fue primero una basílica bizantina, después un templo románico y por último, después de un terrible terremoto en 1667, la edificación que se construyó fue de estilo barroco. En él se conservan reliquias de San Blas, un santo cuya imagen se repite en toda la ciudad.

San Blas

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Por la tarde hacemos un recorrido en barco por las Islas Elafiti, situadas frente a Dubrovnik y desembarcamos en una de ellas, Lopud. El viaje, de unos 40 minutos, nos permitió admirar la costa dálmata, que desde el mar ofrece unas vistas preciosas. Entran ganas de alquilar un barco. Carmen y yo aprovechamos para darnos un baño en el Adriático. El agua estaba deliciosa, una pena que estuviéramos apenas una hora en la isla y no pudimos recorrerla, como nos hubiera gustado.

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Por la noche bajamos a la piscina del hotel donde hay también un bar y un escenario con actuaciones. Nos quedamos un rato tomándonos unas copas y comentando las inevitables anécdotas del día. Además, como mañana tenemos día libre no habrá que madrugar así que aprovechamos para relajarnos, que llevamos un ritmo…

Día 27 de agosto.

Hoy tenemos día libre, por fin, así que no tenemos que madrugar. Por la mañana compramos en el hotel la Dubrovnik Card de un día, una tarjeta que te permite visitar muchos de los monumentos más importantes de la ciudad y utilizar el transporte público gratis durante un día. Nos costó unos 20 euros al cambio y vale la pena, ya que con que subas a las murallas y utilices una vez el transporte prácticamente se amortiza.

Cogemos el autobús que nos acerca hasta la conocida puerta de Pile y atravesamos toda la calle Stradun hasta llegar a la plaza Luza, ya que nos recomendó la guía que cerca estaba la mejor entrada para recorrer las murallas. Es mejor hacerlo temprano porque el calor aprieta a mediodía y hay muchas cuestas y escaleras. Si visitas Dubrovnik, tienes que recorrer sí o sí, como diría el expresidente de un equipo sevillano, las murallas que rodean la ciudad vieja, pero sin prisas, deteniéndote a cada momento para ver las estrechas calles que cruzan transversalmente la ciudad hasta desembocar en la arteria principal, la calle Stradun, los tejados de las casas, un noventa por ciento de los cuales tuvieron que restaurarse debido al bombardeo del año 1991, los palacios, las iglesias, las plazas… Aunque dicen que se pueden recorrer en menos de una hora (tienen casi dos kilómetros de longitud), si queremos detenernos a contemplar la ciudad, subir a alguna de sus torres, sacar fotos, etc., se tarda casi dos horas. Por eso es mejor hacer lo que hicimos nosotros, comenzar a recorrerlas antes de las diez de la mañana.

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Antes de comer nos separamos porque había diferentes pareceres sobre qué hacer antes de comer. Así que nos dividimos en tres grupos. Juan Esteban, Jaime y yo visitamos el museo naval y después nos sentamos a tomarnos unas cervezas frente al puerto. Un buen plan, sí señor.

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Comimos, también frente al puerto, en el Restaurante Arsenal, muy elegante y con unas vistas magníficas. La relación calidad-precio, bastante buena.

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Antes de salir otra vez por la puerta de Pile me llamó la atención un hombre sentado al lado del Convento de Santa Clara, delante de una mesita redonda con un tablero de ajedrez y algunos libros, con un cartel en inglés que decía: “Gordan Markotic, juega y aprende ajedrez con un maestro internacional”. Porque no quería dejar solos a mis amigos y a mi mujer, y desconozco el inglés, pero me hubiera encantado sentarme con él un rato y echar alguna partida. Me apenó que alguien que llegó a ser un conocido jugador a nivel internacional tuviera que ganarse la vida así. ¿Será también otro daño colateral de la guerra?

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Y por la tarde, descanso, aunque yo aproveché para darme otro baño en la playa que está debajo del hotel y en la piscina. Después, Carmen y yo nos dimos un paseo por los alrededores. Teníamos que relajarnos pues el viaje llegaba casi a su fin y la semana había sido muy, muy intensa. Y todavía teníamos que hacer las maletas. Pero una tarde da para mucho.

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Viaje a Croacia (V). Split y Dubrovnik

Estuve tentado de escribir un poco de historia antes de continuar con el relato de nuestro viaje a Croacia. Hubiera sido una muestra de seriedad que demostraría bien a las claras el amor de nuestro grupo por la cultura, además de por la gastronomía, que algunos se creen que solo pensamos en comer. Pero no quiero agobiaros con la biografía de Diocleciano. Así que si acudís a cualquier enciclopedia o página web de Historia, como esta de Mundohistoria, podréis encontrar mucha información sobre este emperador romano, con luces y sombras como cualquier personaje histórico que se precie, pero que tuvo una excelente ocurrencia: además de ser el primero de todos los emperadores en abdicar voluntariamente (jubilación anticipada lo llamaríamos hoy) se construyó un palacio-ciudad en Spalato, la actual Split, para cuando llegara el momento de decir ahí os quedáis. A algunos nos hubiera encantado hacer lo mismo, pero Montoro y los que lo precedieron no nos dejaron. Así que ahora, a viajar con el Imserso y, de vez en cuando, alguna ruta como la que aquí se describe. Y no nos podemos quejar, claro que no.

Día 25 de agosto

“Esta mañana, muy tempranito, salí del pueblo con el hatico…”

Realmente no es eso, pero todos estos días me he levantado con esta canción de La rosa del azafrán en mi cabeza, una zarzuela que mi madre cantaba y sigue cantando a menudo, que a mí se me ha quedado grabada. Es que no es normal pegarse estos madrugones cuando uno está de vacaciones, pero qué se le va a hacer: el que algo quiere algo le cuesta. Además, salir de un hotel tan malo, según mi humilde opinión, aunque experta en hoteles, como el Katarina, fue más bien un alivio. Otra vez las maletas al autobús, en donde nos montamos para recorrer los quince kilómetros que nos separan de Split. Nos dejó al comienzo del paseo marítimo y muy cerca de una de las puertas del edificio más importante de la Dalmacia, al que le hemos dedicado toda la mañana: el Palacio de Diocleciano. Y puedo asegurar que merece la pena. Aunque sólo sea por pasar un día ahí, el viaje a Croacia es totalmente recomendable.

Han pasado dieciocho siglos, y sin embargo el esplendor y la opulencia todavía se pueden contemplar en las ruinas de un palacio que, según muchos entendidos, son las mejor conservadas no sólo en Croacia sino en todo el mundo. Durante varias horas recorrimos el peristilo, entramos y salimos por varias puertas de las murallas que lo rodeaban, descendimos a los sótanos, nos hicimos cientos de fotos y, cómo no decirlo, este palacio sirvió para el rodaje de la cuarta temporada de Juego de Tronos, del que me confieso un fan incondicional. ¿Qué podríamos destacar del palacio? Es complicado, porque allí nos encontramos el mausoleo de Diocleciano, convertido hoy en la Catedral de Split, en cuyo acceso, antes de subir al campanario que como ya habréis adivinado también  visité, se encuentran varias esfinges procedentes del yacimiento del faraón egipcio Tutmosis III, un baptisterio que antiguamente era el templo de Júpiter, y los subterráneos. Estos últimos me recordaron en algún momento al Gran Bazar de Estambul, pues hay muchas tiendas similares. Un recorrido realmente magnífico.

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Después de otra caminata por el resto de la ciudad, regresamos por el paseo marítimo, donde anoche nos sentamos para tomarnos algo y disfrutar del ambiente .

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Salimos de Split, comimos por el camino y comenzó un viaje de unos 225 kilómetros por la costa dálmata que nos llevó hasta Dubrovnik. La carretera es una auténtica maravilla y los paisajes son únicos. El color del mar pasa del azul turquesa al verde esmeralda sin solución de continuidad y las islas cercanas invitan a detenerse y contemplar con tranquilidad una costa escarpada que tiene pocas playas de arena pero muchas calas rocosas de aguas limpias y transparentes. Nos preguntamos cómo pueden bajar los bañistas hasta esas calas, porque la carretera se desliza la mayor parte del tiempo por acantilados en los que apenas se descubren caminos de tierra. De vez en cuando el autobús desciende y pasa por pueblecitos con puertos coquetos y dársenas y muelles en los que conviven chiquillos bañándose y pequeños barcos de pesca o de recreo.

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Cuando llevábamos unas dos horas de viaje nos detuvimos en la frontera de Bosnia-Herzagovina, donde se encuentra la ciudad de Neum, la única parte de Bosnia con salida al mar. La guía nos advirtió de que no hiciéramos fotos para evitar problemas ya que a veces los guardias se molestan. Después de unos minutos, nos autorizaron a continuar y nos detuvimos, aún en Bosnia, para tomar café y hacer pequeñas compras.

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Continuamos un viaje que, a pesar de durar cerca de cuatro horas, se hace corto, por lo menos en autobús. Quizás en coche, por una carretera tan sinuosa y bordeada de acantilados, sea más pesado pero más emocionante. Reconozco que a mí me gustaría hacerlo con un coche de alquiler y pararme donde me apeteciera porque hay muchos lugares que merecen la pena.

Y llegamos a Dubrovnik, la perla del Adriático, la antigua Ragusa. Bueno, en realidad llegamos a la península de Babin kuk en donde se encuentra un complejo turístico llamado Valamar (nuestro hotel era el Valamar Club), que fue donde nos alojamos, y que está situado a unos veinte minutos en autobús de la ciudad vieja de Dubrovnik. Esto es otra cosa, tanto el hotel y sus instalaciones como los alrededores. Tenía incluso una playa casi privada.

A pesar del cansancio, Katia nos ofreció la posibilidad de hacer una salida nocturna después de cenar para conocer la ciudad. Y todos nos apuntamos. Mereció la pena porque Dubrovnik de noche es tanto o más bonita que de día y con menos aglomeraciones. Música, pasacalles, placitas, calles estrechas y concurridas, aunque no tanto como por el día. Nada más entrar por la Puerta de Pile y traspasar las murallas, accedimos a una plaza donde se encuentra la gran Fuente de Onofrio y a partir de ahí comenzamos a callejear. El ambiente era muy tranquilo, con mucha gente pero sin agobios. Nos sentamos en una terraza, en la calle principal, Stradum o Placa, que conecta la Puerta de Pile con la Plaza Luza. Todos estos lugares los describiré más extensamente en el próximo artículo.

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Viaje a Croacia (IV). Zadar, Sibenik, Trogir y Split.

De locos, hoy ha sido un día de locos. No recomiendo a nadie que quiera conocer, aunque sea superficialmente, alguna zona de cualquier país, incluso el propio, que se recorra cuatro ciudades en un solo día. Porque al final lo único que va a conseguir es que en su cabeza se forme un caos que le impida recordar si la plaza que vio era de Trogir o de Zadar, si aquella calle tan bonita era de Split o Sibenik o si el café que se tomó sentado en una terraza era de Burgos o de León. Y eso es lo que me está pasando a mí cuando repaso las fotografías (y menos mal que ahora con las cámaras digitales es más fácil saberlo porque te informan del día y la hora en que sacaste la foto).

Estamos a mitad de viaje y volvemos a cambiar de hotel, así que otra vez a hacer maletas y llevarlas todo el día en el autobús. En cuatro días, tres hoteles, no está mal.

24 de agosto.

Volvemos a madrugar, cómo no. Nos despedimos del Hotel Kolovare  y, para aquellos que lo visiten, recomiendo que se sienten en los sillones que están frente a recepción y hurguen en ellos, porque se pueden encontrar con la sorpresa de que aparezcan como por arte de magia monedas varias, como le pasó a nuestro amigo Juan Esteban, que hurgando, hurgando recogió hasta 17 kunas, que no es mucho pero da para una cerveza. Una típica anécdota que suele suceder en los viajes y que sirve para comentar cuando nos reunamos dentro de un tiempo.

Cargamos las maletas en el autobús, que nos lleva hasta la pequeña península que conforma el centro de Zadar, y nos deja cerca de un parque rodeado por un muro y próximo también al puerto. Tomamos referencias porque luego tendremos que regresar solos. La guía inicia el recorrido por el casco antiguo, deteniéndonos en la Plaza del Pueblo (Narodni Trg, en croata), donde se encuentra el edificio City Sentinel, de 1562, con un hermoso reloj.

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Seguimos andando por la Kalelarga hasta desembocar en la zona principal de la ciudad, el Foro Romano, donde se encuentran la iglesia de San Donato (siglo IX), de planta circular y la catedral de Santa Anastasia (siglo XIII), con un campanario al que también subí, como a casi todos los que me fuimos encontrando durante el viaje. El conjunto impresiona, ya que nos encontramos en un espacio reducido con tres monumentos que aglutinan diez siglos de historia.

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(Carmen y Manoli escuchando atentamente las explicaciones de la guía delante de la iglesia de San Donato y de la Catedral de Santa Anastasia)

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(Isabel y Jesús, con la guía, cuyo nombre no recuerdo, andando hacia la Columna de la Vergüenza, donde se encadenaba a gente que había cometido delitos menores).

Después nos dirigimos hacia el Órgano del mar y el Saludo al sol, que están muy cerca. El primero es un conjunto de tubos que se activan con las olas que rompen en unas escaleras que dan al mar; el segundo es un círculo de 22 metros de diámetro realizado a bases de placas de vidrio que representa el Sistema Solar y que se ilumina por la noche. Descansamos un poco porque llevamos un buen ritmo.

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20170824_095422El grupo se divide, cada uno a su bola, unos a comprar, otros a callejear. Yo me dirijo hacia el mercado (no sé por qué, pero siempre me ha gustado el ambiente que se vive en cualquier mercado, mucho más natural y menos contaminado por el turismo) y me fijo en los productos que se venden y en la gente que deambula, comprando o curioseando. Más tarde me voy a la plaza y me encuentro con Jesús y Juan Esteban, con los que me tomo un café. Como se acerca la hora de salir, esperamos que lleguen los demás y nos vamos hacia el autobús.

Después de comer nos dirigimos a Sibenik, en la desembocadura del río Krka, que forma un parque natural. En esta ciudad se rodó Juego de Tronos y aquí le saben sacar mucho partido.

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Es una delicia pasear por sus calles. Parece que hemos hecho un viaje en el tiempo y aterrizado en la Edad Media o en el Renacimiento. La Catedral de Santiago y la Plaza del Ayuntamiento son dos auténticas joyas. Pero el tiempo apremia y estamos poco más de hora y media en esta bonita ciudad.

Catedral de Santiago en Sibenik, Croacia

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Ahora nos dirigimos, por una carretera con vistas extraordinarias, a Trogir. Es una ciudad pequeña, de callejas y plazas con mucho encanto, situada sobre una isla a la que se accede por un puente que nos permite entrar en la parte antigua. Después de andar por algunas calles estrechas y cuidadas, llegamos a la catedral de San Lorenzo, que tiene una preciosa portada y un campanario al que, como es lógico subí y desde el que pude contemplar unas vistas que impresionan. Después de deambular por calles y plazas, salimos al puerto y llegamos hasta el Castillo del Camarlengo, un edificio situado en el extremo del paseo marítimo que bordea al puerto y destinado por los venecianos, que lo construyeron en el siglo XV, a residencia del gobernador y a puesto de vigilancia. Nos demoramos todo lo que pudimos, ya que el paseo, con la luz de media tarde, el mar, una temperatura muy agradable y la cantidad de rincones que invitaban al descanso, fue de las cosas más bonitas que realizamos en todo el viaje.

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Con pesar, nos alejamos de Trogir camino de Split, que está a unos 20 kilómetros. Llegamos casi anocheciendo y la entrada a la ciudad fue más lenta de lo normal ya que esa noche se jugaba un partido entre el Hajduk Split y un equipo inglés. El autobús bordeó la ciudad pues el hotel Katarina se encontraba a unos quince kilómetros. No quiero hacer una propaganda excesivamente negativa, pero ese hotel no debería estar en los circuitos turísticos de cierta calidad. Creemos que para evitar muchas quejas, Katia nos dijo que después de cenar haríamos una visita nocturna al Palacio de Diocleciano y a la Plaza de la República, que aunque los veríamos con calma y en profundidad por la mañana, merecía la pena visitarlos de noche. Y eso hicimos. Y claro que mereció la pena, pues sobre todo el palacio, del que hablaré en la siguiente entrada, es una ciudad en sí misma. El ambiente nocturno de esas dos zonas no tiene nada que envidiar a ninguno de los grandes lugares que he visitado hasta ahora. Conciertos, iluminación cuidada, terrazas al aire libre, ambiente festivo. Todo invitaba a quedarnos hasta altas horas de la madrugada. Pero sólo pudimos estar hora y media, pues mañana, cómo no, teníamos que visitar la ciudad por la mañana y después un viaje de muchas horas hasta Dubrovnik.

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Viaje a Croacia (III). Parque nacional y lagos de Plitvice

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Aquello parecía la portada de la Feria de Sevilla el día de la inauguración del alumbrado, o la Gran vía de Madrid en el puente de la Inmaculada. O las Ramblas en la fiesta de San Jordi. No recordaba tanta gente haciendo cola desde la Expo del 92. ¿Cómo se puede consentir que en un parque natural dejen entrar en el mismo día varias decenas de miles de personas? Supongo que será por la pela, que diría un catalán ahora que están tan de moda.

Día 23 de agosto.

Hoy es nuestro último día en el hotel Jadrán porque esta noche dormiremos en Zadar, así que la tarde anterior dejamos las maletas listas. Después del madrugón de turno y un buen desayuno para comenzar el día, nos subimos al autobús y Katia, nuestra guía, nos explica el plan para hoy, que consistirá en recorrer una parte del Parque nacional y los lagos de Plitvice, zona forestal situada a 500 metros sobre el nivel del mar y Reserva Natural de la UNESCO desde 1979. Nos advierte, para que no nos coja por sorpresa, que suele haber mucha gente y que quizás tengamos que esperar “algo” para poder entrar al parque. A medio camino hacemos una parada en el paralelo 45, cerca de la ciudad de Senj, frente a la gran isla de Krk, con carteles que indicaban que estábamos a 5.000 kilómetros del polo norte y a otros 5.000 kilómetros del ecuador. Fotos de rigor porque no siempre se tiene la oportunidad de estar en un lugar tan señalado.

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Seguimos camino y volvemos a detenernos en un puesto en el que se venden productos típicos de la zona: miel, queso, conservas, cerámica… Al lado hay una serie de viviendas en las que se pueden observar todavía impactos de proyectiles de la guerra. Supongo que los conservarán (ya que se nota que las casas han sido restauradas) como recordatorio de la barbarie que se vivió en la antigua Yugoslavia durante cinco largos años. Aunque de vez en cuando Katia hace mención al conflicto, hemos comprobado que, salvo raras excepciones, prefieren pasar de puntillas sobre este tema, todavía demasiado reciente y que ha dejado muchas grietas y mucho dolor en los pueblos que sufrieron esta terrible experiencia.

En este pequeño vídeo se resume el conflicto. Nunca deberíamos perder de vista la historia cuando visitamos un país, pues nos dice mucho de sus gentes, de su organización, de sus costumbres, de la construcción de sus ciudades… Y nos parece mentira que a finales del siglo XX, en una Europa moderna y modelo para muchas otras zonas del mundo, se pudiera haber vivido un odio tan intenso.

Bosnia, Serbia y Croacia: la guerra de Yugoslavia en 6 minutos.

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Llegamos al parque y comemos en un restaurante cerca de la entrada. Podemos observar los cientos de personas que ya están entrando. Pero no podíamos imaginarnos lo que nos íbamos a encontrar cuando, sobre las cuatro de la tarde, nos bajamos del autobús.

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Sólo diré que no disfruté demasiado de esta experiencia. El calor, las pasarelas atestadas de gente, las colas para esperar el barco que nos trasladó de un extremo a otro de uno de los lagos, las esperas hasta conseguir que se hiciera un pequeño vacío a tu alrededor para hacer una foto decente… Todo eso hizo que no nos sintiéramos cómodos. Además, y según nos comentó la guía, este año había sido muy seco y no había tanta agua como en los anteriores. De todas formas, merece la pena acercarse, ya que, a pesar de todo, el paisaje, el agua, las cascadas, el verdor, son únicos, pero recomiendo que se haga en otra época del año. Y el paseo en barco por el lago no merece la pena, es preferible bordearlo andando, que se hace en menos de media hora, mientras que en la cola estuvimos cerca de una hora y el paseo dura poco más de quince minutos.

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Logramos salir del parque a duras penas, luchando con el gentío y con las cuestas. Y al atardecer llegamos al hotel Kolovare, en Zadar, donde nos alojaremos esta noche. La guía nos dice que podríamos visitar el centro de la ciudad, que está a unos veinte minutos, y ver  el curioso Saludo al Sol, un gigantesco círculo de 22 metros de diámetro realizado a base de placas de vidrio que representa el Sistema Solar (por la noche se ilumina). Como estamos cansados, lo dejaremos para el día siguiente, aunque no lo podremos ver iluminado.

Por cierto, aprovecho para recomendar una página que visité días antes de viajar a Croacia y que me dio muchos consejos y muchas pistas para recorrer lugares que, aunque al hacerlo en grupo con guías y con horarios muy estrictos no pudimos ver, sí podría serviros para aquellos que hagáis turismo por vuestra cuenta. Se llama Los apuntes del viajero y aquí os dejo el enlace a Croacia:

http://www.losapuntesdelviajero.com/europa/croacia/

Viaje a Croacia (II). La Península de Istria

El día 21 de agosto, lunes, el despertador sonó a las seis de la mañana. Hacía dos días que estábamos en Sevilla, donde el calor apretaba de lo lindo y que, después de pasar las semanas anteriores en Galicia y Rota, parecía la antesala del infierno. Apenas había pegado ojo por el bochorno y el nerviosismo. Repaso a los últimos detalles: sobre todo la documentación (incluido el pasaporte, por si acaso) , confirmación del tiempo que va a hacer en Croacia, tomar algo de fruta, cerrar las maletas y la puerta de casa… Salimos a la avenida y, confiando en que por ella suelen pasar taxis con frecuencia, esperamos casi diez minutos. No cunde el pánico porque tenemos mucho margen y la estación del ave está cerca. Cuando llegamos ya están allí los Anarte y poco después llegan los “Marines”. Esta vez no ha habido percances de última hora, así que llegamos a Madrid a las 10,15 y como el vuelo sale de Barajas a las 13,45, nos atrevemos a coger el cercanías de la misma estación. Es muy cómodo y, además, gratuito si el vuelo y el tren se hacen en el mismo día. Mis compañeros de viaje, acostumbrados a desplazarse como señores en taxis y limusinas (véanse las entradas anteriores tituladas Un turista en Nueva York) eran un poco reticentes pero los convencí y allí nos mezclamos con otra muchedumbre que, como nosotros, salía de viaje. Hay que tener en cuenta que el cercanías deja en la terminal 4, por lo que si el vuelo sale de otra terminal hay que tomar una lanzadera, que es lo que tuvimos que hacer nosotros. Carmen dice que ella no vuelve a hacer esto, que donde se ponga un taxi que se quiten estas complicaciones, que subir y bajar maletas de trenes y autobuses es un atraso… Y los demás secundan la idea. Menos mal que todos somos de izquierda y apostamos por los servicios públicos y gratuitos. Me callo.

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Como no hubo incidencias en el vuelo, comentaré que llegamos a Pula a las 16,20. Resulta que la hora española y la croata es la misma por los misterios de unos gobernantes que desde hace décadas (exactamente desde que Franco lo decidió en 1940) nos mantienen en el uso horario de Berlín. ¿A nadie se le ha ocurrido cambiarlo desde entonces? Porque resulta que en Croacia amanece y anochece dos horas antes que en nuestro país, pero tenemos el mismo horario. Menos mal que nos habíamos comido unos bocadillos en el aeropuerto porque si no habríamos llegado muertos de hambre, ya que en el avión nos dieron agua y un pequeño sobre con patatas fritas o algo parecido. Ténganlo en cuenta aquellos turistas que hagan el viaje a la misma hora y en la misma compañía aérea SmartWings. Y encima no pudimos pararnos a merendar algo porque en al aeropuerto nos recogió un autobús que nos llevó hasta Rijeka (la antigua Fiume italiana), nuestro primer destino y en donde pasaríamos dos noches. El viaje de casi dos horas nos permitió contemplar un paisaje, el de la Península de Istria, que en cierto modo se parece al de mi tierra, Galicia, muy verde, con suaves colinas y muchos bosques. Empezamos bien. Como el hotel Jadran estaba bastante alejado del centro y ya era algo tarde, decidimos cenar temprano y andar un poco por los alrededores. Lo mejor del hotel, las vistas al Adriático, con unos grandes ventanales que nos permitían contemplar el puerto y la bahía de Carnaro, así como la isla de Krk (pronúnciese Kirk, como el capitán de la nave Enterprise o el actor apellidado Douglas).

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En la cena nos sentamos en una mesa de ocho, donde ya se encontraba un matrimonio de Burgos que nos acompañó a lo largo de todo el viaje por Croacia. Jaime y María Teresa estaban celebrando sus bodas de oro y la verdad es que no lo parecía porque se conservan bastante bien. En esa primera cena ya empezamos a pagar las bebidas: seis cervezas, 124 kunas, es decir, unos 18 euros. Y así durante todas las comidas y cenas del viaje. Parece que no, pero al final se nota. Por eso es importante que ese tipo de detalles se conozcan antes de contratar el viaje o que, por lo menos, se informe convenientemente.

Como nos habíamos levantado muy temprano, decidimos acostarnos pronto porque a la mañana siguiente, como ocurriría todos los días, tendríamos otro madrugón. Menos mal que la habitación era muy buena, la televisión panorámica y la cama, mejor.

Día 22 de agosto. Región de Opatija, Porec y Rovinj

Suena el despertador del móvil a las 6,30, hora croata y española. Si estuviera en Rota a estas horas estaría dormido. O no, porque últimamente duermo menos, será cosa de la edad. En otras circunstancias me tomaría media pastilla para dormir, pero tengo miedo de quedarme dormido. El desayuno es a las siete. Aprovechamos que el autobús no sale hasta las ocho y podemos contemplar nuestras primeras horas de la mañana en el Adriático. Ya hay gente bañándose y la tibia luz del sol se refleja en unas aguas cristalinas que invitan a sumergirse en ellas. No tenemos tiempo y la verdad es que los envidio. En la terraza del comedor unas gaviotas se posan en las mesas, esperando que algún incauto se acerque y puedan birlarle la comida. Me acuerdo de Alfred Hitchcock.

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El autobús nos lleva a Opatija, a la que llegamos en poco más de media hora. Es una ciudad muy turística, aunque todavía no llega a alcanzar el esplendor que adquirió durante la dominación del imperio austro-húngaro, con un paseo marítimo en el que se encuentra una zona similar al paseo de las estrellas de Hollywood, pero con nombres de personajes croatas. Allí podemos ver a Nikola Tesla y a Drazen Petrovic, inventor y jugador de baloncesto, respectivamente, muy admirados en su país, donde se los nombra frecuentemente. Los croatas, como es lógico, se indignan con aquellos inventores como Edison y Marconi, que se llevaron los méritos y la fama (véase este artículo para comprobarlo) en lugar de su compatriota, que realmente fue el inventor de la corriente alterna y de la radio. Después de un paseo de una hora regresamos al autobús para seguir camino hacia Porec, en la costa occidental de la península de Istria.

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El autobús nos llevó hasta una estación desde la que nos dirigimos al centro de la ciudad, de unos veinte mil habitantes. Tiene un casco antiguo en el que todavía se puede observar la influencia romana y bizantina y en la que destaca sobre todo la Basílica de San Eufrasio, del siglo VI, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Recorrer la basílica, detenerse en las diferentes salas y en la capilla y subir a la torre-campanario, es una experiencia que nadie que visite Croacia debería perderse. El recorrido nos llevó una hora, aunque podríamos haber estado mucho más tiempo. Ese es uno de los problemas que más me molestan de los viajes en grupo, que los horarios son excesivamente estrictos y te impiden disfrutar de aquello que realmente te gusta. Ya lo dice el refrán: el que mucho abarca, poco aprieta.

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Después de comer en una especie de venta a las afueras de Porec, salimos hacia Rovinj. Reconozco que nunca había oído hablar de esta ciudad, como me ocurre con la mayor parte de las ciudades croatas, exceptuando la capital Zagreb, Zadar (por el equipo de baloncesto), Split (por el equipo de fútbol), Dubrovnik y pare usted de contar. Y luego dirán que el deporte no es cultura. Tendré que repasar geografía.

En Rovinj nos esperaba Fortunato, un guía que resultó todo un personaje. Nos contó que había aprendido español navegando por todo el mundo con marineros españoles, estuvo viajando por España y vivió un mes en Cádiz, donde, además de perfeccionar el idioma con los gaditanos, también practicaba (el idioma) con una marroquí que limpiaba en su en su casa y que dominaba muy bien el castellano ya que había servido durante años en la casa de un militar en Ceuta. La manera de explicarnos la historia y la cultura croatas habría servido para escribir una novela. Antes de recorrer la ciudad nos dio una visión histórico-cultural de Rovinj que hubiera dejado boquiabierto a cualquier profesor de universidad. Después de pasar por el mercado, donde nos explicó que allí la fruta era casi toda importada (un ejemplo: un kilo de uvas valía 7 euros), nos detuvimos en una pequeña plaza frente al puerto, en donde nos comentó que ese lugar era un canal que separaba la península de la isla, la antigua Ruvigno, y que fue rellenado a mediados del siglo XVIII. Comenzamos a subir por una calle (Ulica Carera) hasta la Basílica de Santa Eufemia, en lo alto de la colina que domina la ciudad vieja. Las vistas del Adriático y de las islas cercanas son de las más bonitas que se pueden contemplar en la península de Istria. Lo más notable de la iglesia, que no es de las más bonitas que se pueden encontrar en el país, es la gran torre de 60 metros de alto imita al campanile de San Marcos y el sepulcro de la santa que se encuentra en el interior.

No voy a explicar aquí la controversia sobre los restos de la santa, una de cuyas reliquias se encuentra en Antequera, de la que es su patrona, ni el milagro del sepulcro de siete toneladas que flotaba en el mar, ni otros hechos extraordinarios que nos relató Fortunato, porque me extendería demasiado. Descendimos de la colina por otro camino, contemplando la costa y fotografiando un precioso mar azul salpicado de pequeñas islas que reverberaban con la luz de la tarde. Nos detuvimos a tomar un café en una cafetería cercana al puerto y regresamos al hotel cuando ya estaba anocheciendo. Día intenso, como todos los que nos esperaban en lo que restaba de semana.

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Viaje a Croacia (I). Preparación

Según leí no hace mucho, uno de los primeros turistas fue Mark Twain, el creador de dos personajes inolvidables, Tom Sawyer y Huckleberry Finn y calificado por Faulkner como el padre de la literatura norteamericana. En un artículo de Luis Martínez, Turistas de nosotros, se mencionaba el primer tour organizado que ha conocido el mundo moderno, en 1861, y que fue descrito con su habitual humor por el escritor norteamericano en su libro Guía para viajeros inocentes. Ahí ya se decía una verdad que después se ha ido confirmando sin remisión: hacer turismo es y será la más gozosa de las pesadillas. Lamentablemente ya no hay viajeros, por mucho que algunos se nieguen a reconocerlo. Esos personajes, reales o imaginarios, que recorrían un mundo casi virgen, inexplorado en muchas ocasiones y que después lo contaban a sus coetáneos, plagados de aventuras y anécdotas (¿dónde están los Willy Fogg que daban la vuelta a mundo en 80 días o los Washington Irving que recorrían una Andalucía casi primigenia) han desaparecido. Desde 1841 con Thomas Cook o 1861 con Mark Twain, todos somos turistas.

La auténtica verdad de los viajes en verano, aquella que nadie quiere reconocer pero que todos sabemos, es que son insufribles. Aunque ya he dicho que casi nadie es viajero en el mundo actual, muchos quieren creer que todavía pertenecen o permanecen en un mundo ya perdido en que el asombro, la inocencia, la aventura o la novedad se encuentran en cada recodo del camino. Pero ya hemos perdido la capacidad de asombrarnos y la mayor aventura se esconde, seguramente, a la vuelta de la esquina.

Se dice que el turista viaja siempre en grupo y el viajero es un lobo solitario, que los primeros viajan para conocer nuevas culturas y paisajes diferentes en los que prefieren dedicar el tiempo a realizar cientos de fotos que luego comentarán con sus amigos (a los que les importa un bledo lo bien que te lo has pasado y las anécdotas que te han ocurrido y que a ti te hacen mucha gracia pero que a ellos lo único que les provoca es aburrimiento), en lugar de pasear despacio por las calles, salirse de las rutas trilladas, hablar con la gente, aspirar los olores que son característicos de cada lugar y apreciar sus diferentes colores, acentos, miradas y silencios. El turista quiere cambiar la monotonía de su vida diaria por la monotonía de las estaciones de autobús, de los aeropuertos, de las multitudes que pasean por los mismos lugares, visitan los mismos monumentos y comen los mismos platos preparados en restaurantes que tanto podrían estar en Estambul como en un pueblo de la Patagonia. El viajero prefiere buscar y encontrar su propio camino, el turista aprecia la seguridad que le proporciona el grupo, la experiencia de los demás, la tranquilidad de lo ya vivido y experimentado por otros, la comodidad. El viajero nunca se acomodará. Y por eso ya casi nadie es viajero, porque ya todo está vivido y contado y experimentado. Ya no hay caminos ni paisajes desconocidos o por descubrir. Y en la actualidad todos los viajes son cómodos y seguros (no me refiero, claro, a los que huyen de las guerras o del hambre) aunque se hagan andando y con mochila.

Ya es hora de entrar en materia. Quiero aclarar que yo he sido siempre un turista y no un viajero, a mucha honra. Aunque muchos de mis viajes no han sido en grupo ni organizados por agencias, he buscado siempre lugares conocidos, con gente, ciudades y también paisajes, puestas de sol, playas o pueblos recónditos, naturaleza pero civilizada. No me busquéis en el desierto ni en el Amazonas. Me dan miedo los animales salvajes y los insectos y soy alérgico a las picaduras de mosquitos. Así que si sois aventureros seguramente este artículo sobre mi experiencia en Croacia os aburrirá, por lo que os recomiendo que no sigáis leyendo y cambiéis de página.

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Preparación del viaje.

Por esta vez, y sin que sirva de precedente, el viaje no lo organicé yo, sino mis amigos Jesús y Juan Esteban (yo estaba de viaje en Galicia y, después, pasando unos días en Rota por lo que no podía dedicarme a esos menesteres). El primero se dirigió a una agencia de viajes, pidió información sobre circuitos para conocer Croacia y, después de un par de reuniones, se decidió contratar uno denominado Gran Tour de Croacia, 8 días y 7 noches visitando de norte a sur cuatro zonas del país: Región de Opatija, región de Zadar, región de Split y Dubrovnik (es decir, península de Istria y Dalmacia). El segundo se encargó de los viajes en tren de Sevilla a Madrid ida y vuelta y del hotel donde nos alojamos el día de regreso. Lo que menos me gustó fueron los días elegidos: del 21 al 28 de agosto, pues me temía, como así ocurrió, que nos íbamos a encontrar con millones de turistas como nosotros. En régimen de todo incluido (menos la cerveza o el vino, como se comentará más adelante), lo primero que hicimos, como corresponde a personas que les gusta preparar los viajes, fue buscar información sobre el país. Google y la Wikipedia no tienen precio para estas cosas. La primera curiosidad, si se observa el mapa, es su forma: unos dicen que se parece a un dragón y otros a un caballito de mar, cada uno que se apunte a lo que quiera. En cuanto a tamaño es más pequeño que Andalucía y un poco más grande que Aragón; en concreto tiene una extensión de 56 594 km², incluidas las más de mil islas que se ubican frente a la costa en el Mar Adriático. Esa es una de las cosas que más me llamó la atención; cuando recorrimos el país en autobús, casi siempre junto al mar, en pocas ocasiones se podía ver el horizonte marino ya que era tapado por las islas y dando la impresión de que era un continuo, enorme y alargado estrecho que separara dos continentes.

Croacia es miembro de la Unión Europea desde el 1 de julio de 2013 pero no se encuentra dentro del espacio común europeo de régimen Schengen. Sin embargo, los ciudadanos españoles podemos entrar en Croacia con pasaporte o con un DNI vigente para estancias inferiores a 90 días. La validez del pasaporte o del documento nacional de identidad debe cubrir toda la duración de la estancia prevista en Croacia.

La moneda local es la kuna que se cambia, dependiendo de las zonas, a 0,14 euros. Eso en el mejor de los casos. Como nosotros utilizamos la tarjeta EVO, cuando retirábamos en un cajero 1000 kunas, al cambio eran 140,11 euros. Pero si cambiáis euros en hoteles o establecimientos de cambio, lo habitual es que por 100 euros os den 680 kunas, por lo que recomiendo que, siempre que se pueda, se pague con tarjeta en la moneda local.

En cuanto a la comida, como la mayor parte de las veces era ya contratada por la agencia, sólo diré que comimos mucho pollo, ensaladas y poco pescado. La cerveza es muy buena, o por lo menos a mi me gustó. La más conocida es la Ozujsko. Los precios no son baratos, pensando que el nivel de vida es bastante inferior al español. Para que os hagáis una idea, en el enlace siguiente podéis encontrar los precios de los artículos más comunes: precios en Croacia 2017.

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No voy a recordar aquí las vicisitudes de la guerra de independencia croata, que ocurrió no hace demasiado tiempo (realmente terminó en 1995), pero sí advertiré de que a lo largo del viaje tanto Katja, la guía que nos acompañó desde el primer momento, como el resto de guías locales, la mencionaron con frecuencia. Y en algunas zonas todavía se dejan ver las consecuencias.

Si vais a visitar este precioso país os recomiendo, entre otras páginas y foros la Guía de Turismo de Croacia, la guía de Lonely Planet y el foro de losviajeros.com. Otra guía que me gusta bastante es la de turistaloserastu.es.

Seguiré en próximas entregas.