Yo no sé leer ni escribir

Cuando yo nací, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, tres de cada diez personas de la edad que yo tengo actualmente eran analfabetas. En Galicia, país de emigrantes por excelencia, era frecuente que, cuando alguien quería comunicarse con un familiar que trabajaba allende los mares o más allá de los Pirineos, tuviera que acudir al cura o al maestro para que le escribiera las últimas novedades de la aldea: el parto de una vaca, la muerte de algún vecino, la compra o la venta de una leira, el viaje a la capital… Eran cartas sencillas, como sencillas eran las personas y las ideas. En muchas ocasiones, el cura o el maestro tenían que inventarse las frases, porque los vecinos apenas sabían comunicar lo que pensaban o sentían, entre otras cosas porque su lengua era el gallego y no podían expresarse en castellano, el idioma de los poderosos.

Han pasado más de sesenta años y yo me siento como aquellos aldeanos, porque me doy cuenta de que aunque leo mucho y escribo algo, no soy buen lector ni alcanzo a expresar con mediana claridad lo que pienso. Ahora que tengo mucho tiempo libre, una de mis ilusiones era la de dedicarme a escribir pequeños relatos, cuentos, historias basadas en experiencias personales o inventadas. Comencé con entusiasmo, pero me temo que en lugar de haber ido mejorando, los resultados son cada vez más flojos. Leo y releo las líneas que con trabajo fui capaz de pergeñar y no me dicen nada, como si las hubiera escrito alguien ajeno a mí, alejado de lo que pienso, de lo que siento, de lo que veo, de lo que imagino.

Y lo sé sin que nadie me haya escrito una crítica en algún suplemento cultural que apenas leen unos pocos. No hace falta ser un perspicaz o avieso buscador de gazapos, un frustrado cazador de recompensas o un manirroto embaucador de avecillas incautas que gorgotean felices ante cualquier pretendida originalidad en panfletos, artículos o discursos. No sé escribir. Repaso las pocas líneas que, con excesivo entusiasmo, me he atrevido a publicar en las redes sociales. Y no encuentro una sola frase, ni una, que merezca la pena. Como casi siempre ocurre en casos similares, la causa está en una deficiente selección de las lecturas que he realizado a lo largo de los años. En realidad, nunca he seleccionado los libros. Todo aquello que caía en mis manos lo leía con fruición. Y ahí está el error, porque ahora me gusta cualquier libro, cualquiera. Apenas sé distinguir un clásico de un best seller. Y  aquí surgen un montón de dudas y me hago muchas preguntas:

¿Qué es un clásico? ¿Todos los clásicos tienen calidad? ¿Lo que es clásico ahora será clásico dentro de unos siglos o lo fue en siglos pasados? ¿Todos los libros de éxito actuales son malos? ¿Se escribe demasiado o se publica demasiado a la ligera? ¿Ganar mucho dinero escribiendo es sinónimo de falta de calidad literaria?

Como no hay nadie que me conteste y yo no tengo una respuesta clara, aunque alguna sí podría dar, seguramente equivocada, continúo con mi lamento. No sé escribir, y bien que me pesa. Lo he intentado todo. En primer lugar, apuntarme a cursos de escritura creativa y poco más me han enseñado que lo que en su momento utilicé en las aulas: la Gramática de la Fantasía o los Cuentos para jugar, de Gianni Rodari. Puedo saber todo sobre el ritmo del discurso, la composición, el tratamiento del tema, el punto de vista del narrador, los personajes, los géneros… Mucha teoría, pero cuando me siento delante de una página en blanco, cuando creo que tengo un argumento que me gusta, lo desarrollo, describo las diferentes escenas y capítulos, los personajes que van a aparecer o cualquier otro material que se necesita en una novela, un relato o una obra de teatro (de la poesía ni hablo, porque está en un ámbito en el que ni siquiera me atrevo a pensar), todo se difumina.

Y me pregunto: ¿cuando Cervantes comenzó a escribir el Quijote, de verdad que ya tenía todo eso en su cabeza? ¿Pensó a grandes rasgos cómo quería que se desarrollaran las aventuras de un loco y de un analfabeto o comenzó a escribir sin más, dejando que su enorme imaginación, sus experiencias y su dominio del lenguaje hicieran todo lo demás, improvisando sobre la marcha? Supongo que habrá eruditos estudios que lo expliquen, pero no tengo ganas de leerlos.

Así que no es preciso que calléis ante mí, que miréis para otro lado. Seguiré leyendo, a veces a Tirso de Molina, a Delibes o a Bécquer y otras a Stephen King, a Dolores Redondo o a Carlos Ruiz Zafón, por ejemplo. No hace mucho fui a la consulta de un conocido médico sevillano y me llamó la atención la cantidad de diferentes ediciones que tenía del Quijote. Comenzamos a hablar de literatura y comentamos las últimas lecturas que habíamos hecho cada uno. Él me confesó que ya sólo se dedicaba a releer a los grandes escritores griegos y latinos y a los clásicos españoles, comenzando, claro está, por Cervantes, porque, según me dijo “lo que se escribe ahora es como la comida basura: entra por los ojos, tiene un agradable sabor y es barata, pero se digiera muy mal y, a largo plazo, sus efectos son perniciosos”. Apenas me atreví a balbucear que mis últimas lecturas eran de Pérez-Reverte y Dolores Redondo. Me miró con conmiseración y tuve que bajar los ojos, avergonzado.

Pero después, pasado el tiempo, me rebelé contra esas opiniones que, en el fondo, creo que ocultan una cierta envidia y frustración de escritores poco reconocidos y conocidos. Así que ya paso de críticas sesudas sobre la poca calidad de los escritores actuales, de su falta de profundidad en argumentos y personajes, en su escaso dominio del lenguaje, entre otras cosas, porque no me lo creo. Ahora hay mucha más cantidad de escritores, es cierto, se publica como nunca se ha publicado y entre tanto libro es lógico que haya mucha paja y poco trigo. Pero sigo disfrutando con los libros de éxito, con los que se venden a cientos de miles.

Y perdonad si, de vez en cuando, os castigo con alguna de esas tonterías que se me ocurre escribir y me atrevo a publicar. Ya sabéis que la ignorancia es muy osada.

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Carta a los Reyes Magos

Desde hace muchos años, quizás desde que mis dos hijos estaban todavía en la adolescencia, por estas fechas tenemos la costumbre en casa de escribir una carta dirigida a los Reyes Magos y pegarla en la puerta del frigorífico para que todos podamos leerla, una tradición que espero que se mantenga durante muchos años más, porque eso significaría que todavía conservamos intacta una ilusión que, como muchas otras, tiende a desaparecer. La verdad es que eso nos ha facilitado las cosas a la hora de seleccionar los regalos, ya que así se evitan errores que, con anterioridad, se producían con cierta frecuencia. Como aquella vez que alguien recibió un disco CD que ya tenía o un libro que ya había leído. Así que ahora es más difícil que sus majestades metan la pata.

Voy a transcribir mi carta de este año, para que os hagáis una idea del tono que suelen tener y que no se limitan a una simple enumeración de regalos y a lo bien que nos hemos portado, como es habitual en este tipo de misivas, sino que suelen hacer referencia a sucesos de actualidad o a deseos menos materiales.

“Queridos Reyes Magos.

Cada vez lo tenéis más difícil. Primero porque venís de una zona que hace unos cuantos milenios tenía su aquel y era la admiración del mundo y lo dominaba (Persia, Mesopotamia, Babilonia…) pero ahora está hecha unos zorros y si no, fijaos cómo están Irán, Irak o Afganistán, por poner sólo un ejemplo de los modernos países que sustituyeron a aquellos imperios. Así que podíais dedicaros a arreglar primero aquello, evitar que la gente se mate por unos dioses o unas ideas que no difieren tanto y no tengan que atravesar desiertos, pagar a mafias o atravesar el mar en pateras. Pero, claro, como vosotros venís en camellos y sois magos, no tenéis ese problema.

Pero es que, además, os han salido unos competidores tremendos: que si el Black Friday, que si Papá Noel, que si las rebajas de Zara  y El Corte Inglés. No sé ni cómo os atrevéis a venir por estos lares. Por cierto, ya que, a pesar de todo, vais a hacer el viaje, a ver si podéis hacer algo con lo de Cataluña, que estamos ya un poco hartos.

Como sabéis de años anteriores, soy poco ambicioso. Con algo de salud y de dinero para toda la familia y un buen trabajo y autonomía para Carmen y Santiago, voy que chuto. Pero si queréis tener un detalle, con un par de libros me conformo: el último de Paul Auster, el último de Almudena Grandes o los dos últimos de Pérez-Reverte, por ejemplo. Pero sólo un par, repito, que después vendrán las rebajas y os evito que carguéis con tanto peso u os gastéis un dineral.

Y ya de paso, si podéis hacer algo con Putin, Trump y el Kin Jong Un ese, tampoco estaría mal. A Puigdemón, Junqueras, Rajoy, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y compañía, dadles un toque, aunque sea pequeño, a ver si espabilan.

Y nada más. Salud, compañeros. Un saludo

Vuestro fiel seguidor,

José Manuel”

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Sobre la lectura

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No hay tiempo mejor utilizado que el dedicado a la lectura. Sumergirse en un libro, dejar volar la imaginación, penetrar en la mente de héroes y villanos, recorrer mundos reales o imposibles, conocer otros pueblos y culturas, presentes, pasadas o futuras, amar u odiar a los personajes y a los autores, abrir las mentes. Son tantas las emociones que pueden provocar la lectura de una poesía, de un cuento o de una novela, que nunca podremos agradecer lo suficiente a aquellos primeros hombres que necesitaron comunicar o expresar algo y se les ocurrió utilizar pieles de animales, pergaminos, papiros, paredes de cuevas o tablillas y plasmar mediante signos y símbolos lo que pensaban para que otros pudieran leerlo. A este primer gran invento, unos miles de años más tarde, se le añadió otro del que sí sabemos su autor, Gutemberg: la imprenta de tipos móviles, que permitió extender la lectura a niveles desconocidos hasta entonces. Y aquí cambió la historia del pensamiento y de la cultura. Los libros pasaron de los monasterios y de los palacios de reyes y nobles, es decir, del ámbito religioso y político, a otros diferentes, como el del entretenimiento y el de la divulgación científica, que la pujante clase media, más culta y preparada, demandaba cada vez más.

Y en esa estamos. Cientos de años después de la aparición de la imprenta, se ha conseguido que un porcentaje muy alto de la humanidad disfrute con la lectura, aunque siempre ha tenido enemigos muy poderosos. Los más importantes, aquellos que querían evitar que las clases más desfavorecidas y humildes accedieran a la educación (y, por tanto, a saber leer y escribir) o que ésta fuera muy restrictiva y sólo destinada a preparar mejores trabajadores que después fueran convenientemente explotados. Porque la lectura, la cultura en general, abre las mentes, ayuda a ser críticos, despierta la imaginación y eso es demasiado peligroso. Y también han ido surgiendo enemigos, o más bien contrincantes, de otro tipo: la televisión, el ordenador, los videojuegos, el móvil…, pero no porque compitan con el libro, sino por el excesivo tiempo, si no se sabe controlar, que se dedica a ellos. Pero en este sentido, como en otros ámbitos, hay que ser inteligentes y utilizar la máxima de Sun Tzu (El arte de la guerra): si no puedes con tu enemigo, únete a él. Es decir, siempre se pueden utilizar las mencionadas herramientas para hacer más atractiva la lectura, como se puede comprobar en los siguientes enlaces:

Actividades TIC de animación a la lectura

Informe de la UNESCO: La lectura en la era móvil

Fomento de la lectura a través de los videojuegos

Pues bien, cuando os digan que el mejor amigo del hombre es el perro podéis decirle que, sintiéndolo mucho, no estáis de acuerdo, y que el mejor amigo del hombre es un libro. Y, además, tiene muchas más ventajas: no hay que sacarlo de paseo dos o tres veces al día, llueva, ventee o haga un frío que obligue a los grajos a volar bajo, no hay que llevarlo al veterinario, no se te rompe el corazón cuando se muere… Aunque, espera, sí da mucha pena leer la palabra Fin si el libro nos ha fascinado.

Por último, tres enlaces cuyos títulos nos resumen su contenido. Aconsejo, como no podía ser de otro modo dado el tema que estamos tratando, que los leáis.

¿Cómo conseguir que tus hijos odien la lectura?

El poder del libro para cambiar la vida

Consejos para la lectura

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El Caminito del Rey y Abengoa

Si hace algún tiempo me hubieran propuesto establecer una conexión entre el Caminito del Rey y la empresa Abengoa, lo único que se me habría ocurrido es que esta última hubiera participado en la rehabilitación de este camino mediante alguna empresa subcontratada. El pasado viernes 3 de noviembre tuve la oportunidad de recorrer esa senda peatonal construida en las paredes del Desfiladero de los Gaitanes, una garganta de unos tres kilómetros de longitud abierta por el río Guadalhorce en el lugar conocido por el Chorro. Ese paseo es una experiencia extraordinaria porque se puede contemplar de una manera fehaciente cómo el ser humano ha sido capaz de aprovechar los recursos que ofrece la naturaleza respetándola. El paisaje es realmente espectacular, en momentos llega a sobrecoger, como también es espectacular el esfuerzo que ha supuesto la construcción de las presas, el ferrocarril que recorre el desfiladero y, en último término, la pasarela que nos permite contemplar sin apenas sensación de peligro ese lugar único.

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Hay que tener en cuenta que, aunque el recorrido por las pasarelas son unos tres kilómetros, el total supone casi ocho kilómetros, ya que como el camino es lineal y no se puede volver atrás, hay que sumar la distancia entre el aparcamiento donde se deja el coche y el control de entrada y los más de dos kilómetros de tramo final hasta la estación de tren de El Chorro, donde hay que tomar un autobús que te devolverá al lugar donde se aparcó el coche.

Pero volvamos a la relación entre el Caminito del Rey y Abengoa. Cuando llegamos a la zona de recepción de visitantes, nos entregaron un intercomunicador para escuchar las explicaciones de la guía y un casco que es obligatorio colocarse, como en las obras. Antes de comenzar el recorrido la guía nos puso en antecedentes, explicándonos el entorno natural y paisajístico, las grandes obras de construcción de presas y ferrocarril y la historia de la pasarela conocida como Caminito del Rey. No me voy a extender en estas explicaciones que se pueden encontrar en los enlaces que he ido colocando a largo del texto, aunque sí comentaré que la pasarela primitiva se construyó entre 1901 y 1905 fundamentalmente por marineros reconvertidos en albañiles, ya que estaban acostumbrados a subir y bajar por las cuerdas de los barcos y para poder realizar las obras era imprescindible colgarse de las paredes del desfiladero.

El caso es que el responsable de la construcción del Caminito del Rey, así como de la central hidroeléctrica del Guadalhorce y del Pantano del Chorro fue el ingeniero Rafael Benjumea y Burínque aunque nació en Sevilla, desarrolló su vida profesional en Málaga. Como ingeniero se ganó el reconocimiento de sus paisanos y también del rey Alfonso XIII, que le nombró ministro de Fomento. Tuvo también una destacada carrera política, llevando a cabo numerosos proyectos como el trazado, reparación y mantenimiento de las carreteras españolas y la creación de las Confederaciones Hidrográficas. Se exilió en Argentina durante la Segunda República y regresó a España en el año 1947, siendo nombrado por Franco presidente del consejo de administración de RENFE. Falleció en Málaga en 1952.

Rafael Benjumea Burín. Foto::Commons

Un sobrino de Rafael Benjumea, el ingeniero Javier Benjumea Puigcerver (hijo de Javier Benjumea Burín) fundó en Sevilla, en el año 1941, junto con otro ingeniero, José Manuel Abaurre, la empresa Abengoa.

x Javier Benjumea Puigcerver

Ya tenemos explicada la relación entre el Caminito del Rey y Abengoa, pero es preciso añadir algunos detalles relevantes. En primer lugar, la gran influencia política de los Benjumea, una familia de la alta burguesía sevillana, que desde comienzos del siglo XX ocuparon puestos relevantes en tres regímenes diferentes a lo largo de toda la mitad de ese siglo, la monarquía de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera y la dictadura del General Franco: Rafael Benjumea Burín y Joaquín Benjumea Burín fueron ministros con Primo de Rivera y con Franco, respectivamente.

En segundo lugar, la gran labor del ingeniero Javier Benjumea Puigcerver al frente de Abengoa que, en sesenta años se convirtió en una de las mayores y mejores empresas andaluzas y españolas, hasta tal punto que, en 2001 controlaba más de sesenta sociedades en España y cuarenta en el extranjero repartidas en cuatro continentes. En el año 1991 le sucedió su hijo Felipe Benjumea Llorente y la empresa siguió creciendo y diversificándose, dedicando gran parte de su negocio empresarial a las energías renovables. Pero en los últimos años, la mala gestión la llevó a anunciar en el año 2015 preconcurso de acreedores y en la actualidad las perspectivas no son muy favorables.

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Para concluir, un detalle curioso. La caída de Abengoa en el año 2015 coincide con la inauguración ese mismo año del rehabilitado Caminito del Rey, que es visitado diariamente por cientos de personas y que se ha convertido en un núcleo de atracción turística y un ejemplo de conservación del medio ambiente. ¿Casualidad? ¿Se cierra el círculo de los Benjumea?

Os rumorosos poden calar para sempre

Cuando Eduardo Pondal escribió allá por 1890 su poema Os Pinos (al que le puso música Pascual Veiga y se convirtió después en el himno gallego), poco podía imaginarse que “os rumorosos”, los pinos que representan al pueblo gallego, gritarían desesperados, desgarrados por lo que ha sucedido estos días en Galicia, en Portugal, en Asturias.

A la sequía, las altas temperaturas, el fuerte viento o la falta de humedad, que son las condiciones necesarias, pero no suficientes, para provocar los incendios, se han unido y conjurado las otras circunstancias por todos sabidas desde hace mucho tiempo pero que nunca se abordan debido, entre otras cosas a la desidia de unos políticos a los que se paga para planificar y prevenir y que sólo saben lamentarse y acusar a pirómanos o a “terroristas ambientales”.

Se sabe que el 95% de los incendios está provocado por la mano humana, bien por negligencia o descuido o por intereses económicos (madereras, asociaciones de caza, recalificaciones de terrenos, disputas o conflictos vecinales).

Y los políticos no es sólo que no sepan o no quieran planificar; es que tampoco quieren poner los medios suficientes para casos extremos como los que se han vivido estos días en Galicia: el despido de brigadistas (436 que se encargaban de labores de vigilancia y conducción de vehículos y otros 500 que se ocupaban de tareas de extinción) cuando todavía las condiciones climatológicas eran desfavorables, demuestran escasa sensibilidad y preocupación, porque podía haberse previsto que hasta que no llegaran las lluvias el desastre podía ocurrir en cualquier momento. ¿Tanto había que ahorrar? ¿Mereció la pena?

A todo lo anterior se puede añadir la mala planificación forestal y la prevención que no se están adaptando al calentamiento global y al cambio climático, que exigen un análisis de cómo actuar en cada ocasión. O la Ley de la Xunta sobre iniciativas empresariales, que justifica las expropiaciones de suelo para las eléctricas, que facilita los trámites a las empresas mineras para explorar el subsuelo gallego o que favorece la expansión de plantaciones de eucalipto, que propaga con mucha facilidad las llamas.

Para colmo, hay una investigación judicial que revela que en España y Portugal existe una mafia empresarial que ha conseguido 250 millones de euros públicos amañando concursos de extinción. Lo que faltaba, la corrupción también se ceba en el desastre medioambiental, quemando dinero público en España y Portugal. Recomiendo que se lean los dos reportajes siguientes para hacerse una idea de hasta dónde puede llegar la ambición y el fraude.

El cártel del fuego (I)

El cártel del fuego (y II)

En el himno gallego se quiere expresar que Galicia debe despertar de un sueño y emprender el camino de la libertad. En eso estamos pero esos rumorosos pinos que nos interpelan quieren ser acallados, calcinados por el fuego, y como no pongamos todo el empeño quizás algún día callen para siempre. Y el hogar de Breogán puede convertirse, más pronto que tarde, en un erial.

Himno de Galicia (en gallego)

Que din os rumorosos
na costa verdescente,
ao raio transparente
do prácido luar?

Que din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?

Do teu verdor cinguido
e de benignos astros,
confín dos verdes castros
e valeroso chan,

non des a esquecemento
da inxuria o rudo encono;
esperta do teu sono
Fogar de Breogán.

 

Himno de Galicia (en castellano)

¿Qué dicen los rumorosos,
en la costa verdeante
al rayo transparente
de la plácida luz de luna?


¿Qué dicen las altas copas
de oscuro follaje arpado
con su bien acompasado
monótono zumbar?

De tu verdor ceñido
y de benignos astros
confín de los verdes castros
y valeroso suelo.

No des al olvido
de la injuria el rudo encono;
despierta de tu sueño
Hogar de Breogán.

 

 

Autoridad y sensatez

¿Por qué hoy me acuerdo de un artículo que escribí en el blog de orientación hace unos años, por qué será? Aunque ejercer la docencia no es lo mismo que ejercer la política (menos mal), hay una serie de principios que son similares y hay que recordar que aplicar el sentido común casi siempre es mejor que aplicar leyes y normas, porque muchas veces el legislador atiende a otros intereses. La negociación y el diálogo con el otro son siempre imprescindibles.
Aplíquese.

Autoridad y sensatez (entrada publicada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado el 3 de febrero de 2014)

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Imposible permanecer impasible

Es imposible permanecer impasible. Perdonad el juego de palabras, pero el momento o la encrucijada en la que estamos creo que merece una pequeña reflexión. No sé cuál sería mi postura y mi pensamiento si hubiera nacido, vivido y educado en Cataluña. O si mi familia y mis amigos fueran independentistas, si continuamente me estuvieran bombardeando con mensajes sobre la actuación mafiosa del Estado, su corrupción, la opresión sobre el pueblo catalán, la actuación conjunta de jueces, fiscales y policía y guardia civil que ocupan de manera ominosa las calles y ciudades catalanas. Seguramente sería independentista. Pero tengo la suerte, sí, la suerte, de poder observar lo que allí pasa con cierto desapasionamiento. Porque la pasión y la emoción son malas consejeras cuando hay que tomar decisiones. Todavía recuerdo los negros años en que ETA atentaba día sí y día también y muchos salían a la calle gritando y exigiendo que se volviera a implantar la pena de muerte. Se recogieron firmas, se realizaron manifestaciones, muchos tertulianos se postularon a favor de la pena máxima. Emocionalmente estábamos tocados y muchos se alegraban cuando la policía y la guardia civil mataba a un etarra. Si el gobierno (en aquella época UCD y después PSOE) se hubiera dejado guiar por lo que parecía la mayoría del pueblo español, se hubiera realizado un referéndum sobre la pena de muerte, quizás hubiera salido el sí. Pero los políticos deben permanecer en la sensatez, contar hasta diez o hasta un millón, aplacar ánimos, y eso fue lo que hicieron.

Lo que ocurre en Cataluña no viene de ahora aunque en estos últimos años los acontecimientos se han precipitado. En el año 2012, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo en un artículo titulado La movilización de las masas, analizaba la situación en Cataluña y ya advertía del peligro  de movilización de las masas y terminaba con una frase que resultó premonitoria: en política el inmovilismo origina muchos más problemas que la toma de contacto con la realidad. Espero que no caigan en la tentación de movilizar a las masas. Y en esas estamos.

Como dice Joan Tardá en el vídeo que pondré al final, ni los más optimistas de los independentistas podían pensar que este momento pudiera llegar tan pronto. Porque nadie podía creerse tampoco que el gobierno actual fuera tan torpe, tan rígido y con menos sensibilidad. Y no hablo solo del gobierno español, es que el gobierno catalán tampoco lo ha hecho mucho mejor. Rectifico, lo ha hecho muy bien para sus intereses, aunque habrá que ver si al final, y no lo digo pensando en lo que ocurra el 1-O, no le pasa factura. Porque se han utilizado los sentimientos y las emociones de las personas para alcanzar objetivos políticos. Y eso es lo que suelen hacer las dictaduras. Es curioso que una publicación como Cuba Debate, órgano de difusión en la, según parece dictadura cubana, define diez estrategias de manipulación mediática que en Cataluña se han utilizado de manera sistemática. Voy a referirme sólo a algunas que se pueden reconocer en lo que ocurre actualmente:

  1. La estrategia de la distracción: consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones, mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
  3.  Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
  4. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.

Y así hasta completar las diez estrategias. Eso es lo que se hace habitualmente, no sólo en las dictaduras, sino en otras sociedades democráticas que han permitido que los poderes fácticos intervengan y en ocasiones sustituyan a los representantes de los ciudadanos en las Cortes.

Sé que hay muchos que creen que el domingo será un día festivo más, que como el 9-N o las últimas Diadas la gente saldrá a la calle a manifestar sus deseos de independencia. Por cierto, aviados están si lo consiguen pues ya veremos cómo Esquerra y CiU son capaces de convivir con la CUP, adherirse a Europa, crear una moneda nueva, pagar la deuda, mantener en calma a los no independentistas que ahora están callados pero que quizás más adelante se movilicen y ya veremos de qué manera, vender sus productos en el resto de España (si ahora ya hay muchos que no compran productos catalanes, con la independencia no digamos), controlar sus fronteras, crear un ejército propio (no vaya a ser que España los invada). Y sobre todo, ¿cómo sobrellevarán una liga sin el Real Madrid o el Atlético? Porque me temo que las aficiones de esos equipos, si ya le pitan a Piqué sólo por sus manifestaciones, cuando se hagan independientes ni querrán ver al Barça y la Federación Española no creo que permita que un equipo de otro país juegue la liga española (el ejemplo del Mónaco no vale, y si no véase el siguiente artículo: ¿Por qué juega el Mónaco en la liga francesa?)

Es una pena que se haya producido tal hispanofobia en Cataluña y catalanofobia entre muchos españoles. Os puedo asegurar que no soy anticatalán, aunque me duelen muchas opiniones de catalanes, no sólo de políticos sino de ciudadanos de a pie, que por exaltar sus virtudes y sus valores, que los tienen y son muchos, se han dedicado a mentir y a insultar a andaluces, extremeños o gallegos. Y por la otra parte, igual, que da vergüenza escuchar a muchos de mis compatriotas.

No quiero que Cataluña se haga independiente. Incluso creo que podría y debería llegarse a un acuerdo para que se realice una consulta, después de que pase toda esta tormenta, se hayan calmado los ánimos y se debata en el Congreso y en el Senado, para ver cuál es el encaje de Cataluña en España. Ni eso va contra la soberanía española ni significa que el Estado se rompa.

Un ejemplo de cómo se puede debatir, cómo se pueden utilizar argumentos a favor de una o de otra postura se puede ver en el siguiente vídeo de TV3. Javier Nart, de Ciudadanos y Joan Tardá de Esquerra, exponen sus opiniones de manera civilizada. Aunque el Sr. Tardá habla en catalán creo que se entiende bastante bien. Podrán gustar más o menos los argumentos de uno o de otro, pero eso es lo que falta en estos momentos, debate y cordura.

Que el 1-O se desarrolle con tranquilidad y que no se le vaya de las manos a unos o a otros. Crucemos los dedos.

Viaje a Croacia (y VII). Epílogo

“El viaje no acaba nunca. Solo los viajeros acaban. E incluso estos pueden prolongarse en memoria, en recuerdo, en relatos. Cuando el viajero se sentó en la arena de la playa y dijo: “no hay nada más que ver”, sabía que no era así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Hay que ver lo que no se ha visto, ver otra vez lo que ya se vio, ver en primavera lo que se había visto en verano, ver de día lo que se vio de noche, con el sol lo que antes se vio bajo la lluvia, ver la siembra verdeante, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino.”
“Viaje a Portugal”. José Saramago

Los viajes de regreso después de unas vacaciones suelen albergar dos sentimientos contradictorios. Por un lado, pena por tener que volver a la rutina diaria, a los horarios estrictos cuando uno se incorpora al trabajo o, como es nuestro caso de tres parejas de jubilados, a los quehaceres propios de nuestra situación: finaliza el verano, los días más cortos, la luz mortecina de las tardes de otoño, los paseos, las lecturas, el deporte, la escritura, planificación de pequeños viajes durante los próximos meses (ahora que lo pienso, no es tan duro el regreso). Y por otro lado,  volver a terrenos conocidos, olores, sabores, sonidos y paisajes que, aunque es bueno dejar durante un tiempo, permanecen en la trastienda y sabemos que están ahí agazapados y nos reclaman, la alegría de volver a ver a la familia y a los amigos que dejamos en nuestro país, las costumbres conocidas y deseadas, las comidas caseras y las que hacemos cuando nos reunimos de vez en cuando, descargar y organizar los cientos de fotografías que hemos hecho durante estos días. Supongo que habrá personas que no pueden arraigarse y que no les importa ir de un sitio para otro continuamente. Pero nosotros necesitamos regresar a terrenos conocidos. Somos así y así nos han educado, qué se le va a hacer.

Día 28. El regreso a Madrid

El avión sale del aeropuerto de Dubrovnik, que está a una media hora del hotel, a las once menos cinco de la mañana. El autobús debe salir, para llegar con tiempo, a las 8,30, pero se retrasa porque alguien ha puesto un coche de tal forma que impide la salida. Después de un cuarto de hora de espera, logramos arrancar. Hay bastante tráfico y tardamos más de lo previsto, pero todavía hay tiempo de sobra, o eso creemos. Lo malo es que la facturación se demoró mucho, pero aún así, a las 10,20 ya estábamos listos para embarcar. Como nos sobraban algunas kunas, comenzamos a mirar por las tiendas del aeropuerto para gastarlas y llevar algún recuerdo. Pero antes de poder comprar algo, por los altavoces se escuchó, en inglés, la última llamada para los pasajeros de nuestro vuelo. Nos miramos sin entender bien lo que pasaba, porque todavía quedaba más de media hora, así que me acerco hasta el mostrador y, efectivamente, me confirman que tenemos tres minutos para embarcar, que es un vuelo charter y que han decidido adelantar la salida. Como no queremos discutir, y además es la primera vez que un vuelo se adelanta en lugar de retrasarse, hay que vivir esa experiencia. Así que en lugar de despegar a las 10,55 lo hicimos a las 10,45. Lo que no sé es qué habría pasado si alguno se hubiera despistado o hubiera llegado a la hora que figuraba en el billete, ¿lo habrían dejado en tierra?

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Llegamos a Madrid a las dos de la tarde en medio del diluvio. Hacía tiempo que no veía llover tanto. Ni nos planteamos realizar el viaje como a la ida, en el cercanías hasta Atocha, entre otras cosas porque no quiero imaginarme ir con las maletas bajo la lluvia desde la estación hasta el cercano hotel que hemos reservado para esta noche. Nos quedamos un día más porque queremos ver a mi hijo Santiago, que trabaja en Madrid desde hace unos meses y aprovechar para ver alguna exposición temporal de las que suele haber en los museos madrileños. El taxi nos acercó hasta casi el vestíbulo del hotel, entrando el coche en la acera para evitar que nos mojáramos, todo un detalle.

En el hotel Paseo del Arte casi nos conocen, porque hemos estado allí varias veces. Está muy bien situado si vienes en el Ave o si te apetece ir andando hasta el centro, porque por la calle Atoche se tardan quince o veinte minutos y, además, tiene un precio muy asequible en relación con la calidad que ofrece. Comemos al lado del Museo Reina Sofía y después nos vamos a hotel a dormir un poco de siesta, que falta nos hace.

Santiago llega sobre las siete y nos vamos dando un paseo hasta la Plaza Mayor, porque allí cerca ha reservado la cena en el restaurante Metro Bistro. Echábamos de menos este tipo de comida, bien elaborada y con un trato exquisito por parte de los camareros. ¿Es chovinismo decir que en España se come mejor que en casi cualquier país del mundo? Nos despedimos de Santiago, que coge el metro en Sol y nosotros regresamos bajando por Atocha hasta el hotel. Hay que bajar la cena.

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Día 29 de agosto.

Me levanto temprano, para no perder la costumbre. Antes de desayunar me doy un paseo solo, los demás ni se han levantado, por la Cuesta Moyano y llego hasta el Retiro. Muchos operarios están echando tierra sobre los charcos que dejaron los aguaceros de ayer. El aire es limpio y la temperatura invita a recrearse y perderse por los caminos del parque. Pero me llaman al móvil y me dicen que van a bajar a desayunar. Miro el reloj y son las 9 y media. Regreso por el Paseo del Prado, demorándome un poco y recordando los paseos que daba con mis padres cuando, durante un año, vivimos en Madrid, allá por el año 1965 (quizás lo cuente alguna vez).

Después del desayuno en el hotel, Jesús e Isabel se van a ver a su hija, a su yerno y a sus nietos que viven en San Martín de la Vega y nosotros subimos hasta la entrada del Museo del Prado. Visitamos la exposición temporal “Tesoros de la Hispanic Society of America. Visiones del mundo hispánico”, una auténtica maravilla y descubro la labor de un personaje del que había oído hablar pero que a partir de ahora admiraré y respetaré mucho más: Archer Milton Huntington, un coleccionista e hispanista americano que creó una institución que, a través de una biblioteca y unas colecciones de arte elegidas de manera erudita y sistemática, fomenta la apreciación de la cultura española y profundizara en el estudio de la literatura y el arte de España, Portugal y América Latina.

Tesoros de la Hispanic Society of America

Nos demoramos unas dos horas en el museo y cuando salimos nos dirigimos al museo Thyssen, para ver la exposición El Renacimiento en Venecia.

Carmen, Juan Esteban y Manoli salieron camino de la Puerta del Sol para buscar un sitio donde comer por los alrededores y comprar lotería en Doña Manolita, como es tradición, y yo me quedé un poco más en el museo para ver las colecciones permanentes. Hacía mucho tiempo que no entraba en el Thyssen y me apetecía.

Y después de comer, poco más, ya que el Ave salía a las 7 de la tarde y nos daba tiempo a tomarnos un café, recoger las maletas en el hotel y llegar a la estación. Todo había salido casi a la perfección. Y digo casi porque la perfección no existe y porque las imperfecciones son las que hacen la vida más interesante, si no, menudo aburrimiento.

Terminaré con una frase de San Agustín que oí o leí no sé cuándo ni dónde pero que resume muy bien lo que pienso sobre nuestra pasión por viajar y que esperamos seguir fomentando y repitiendo:

“El mundo es un libro y aquellos que no viajan solo leen una página”.

Viaje a Croacia (VI). Dubrovnik en dos días

 

Será que Dubrovnik es una de las ciudades europeas de moda porque pocas veces he visto tanta gente en tan poco espacio. Mira que se lo dije a mis compañeros: viajar a finales de agosto es una temeridad, porque medio mundo va de un lado para otro y el otro medio no va porque no puede, que si no… Pero salvando este inconveniente, grande o pequeño según se mire, la antigua Ragusa, capital de la República del mismo nombre y cuyo lema era la libertad no se vende ni por todo el oro del mundo (en latín, “Non bene pro toto libertas venditur auro”), no decepciona, No me extraña que Lord Byron la definiera como “la perla del Adriático” y que Bernard Show la calificara como “el paraíso en la Tierra”. Y quizás por eso la agencia de viajes, al planificar el recorrido por Croacia, dedicara dos días completos a esta ciudad. En la anterior entrada describí un paseo nocturno en el que pudimos deleitarnos con un ambiente que, a pesar de la gran cantidad de turistas que como nosotros disfrutaban de la ciudad, no resultaba agobiante. Pero la mañana siguiente fue diferente.

26 de agosto. Dubrovnik e isla de Lopud

Por la mañana el autobús nos dejó frente a la puerta de Pile, donde suelen parar los autobuses turísticos y descargar a cientos de personas que se dedican a realizar fotos que apenas mirarán cuando regresen a sus casas. Si os fijáis, un porcentaje bastante alto de turistas apenas escuchan a los guías,profesionales generalmente muy bien preparados, y se dedican a hacerse selfies, fotografiar con móviles o cámaras, detenerse a comprar recuerdos o interrumpirlos con preguntas absurdas. Menos mal que suelen estar acostumbrados y responden con una agradable sonrisa, porque la educación y la paciencia entran en el sueldo. Nos recibe una guía local, una colombiana que llegó a Croacia hace muchos años y aquí se quedó. Se nota que es una enamorada de este país y de esta ciudad en concreto.

La vista desde la plaza que se encuentra frente a la puerta de Pile nos retrotrae a cinco o seis siglos atrás. No puedo evitar acordarme otra vez de Juego de Tronos y de aquellas escenas que se rodaron aquí. He encontrado un enlace donde se recrean los diferentes escenarios: Escenarios de Juego de Tronos en Dubrovnik.

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Entramos en el caso antiguo y una de los primeros lugares que vemos es la Gran Fuente de Onofrio, donde nos detenemos un momento antes de entrar en el primer edificio que visitamos, el Monasterio Franciscano, en cuyo interior se encuentra una de las farmacias mas antiguas de Europa y un museo en el que se conservan restos del bombardeo que sufrió la ciudad el 6 de diciembre de 1991, durante la guerra yugoslava. DSC_0368

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Continuamos la visita caminando por la calle principal, Stradun, hasta desembocar en la plaza Luza donde se encuentran la Columna de Orlando, la Torre de la Campana y la Pequeña Fuente de Onofrio. Entramos en el Palacio del Rector, edificio que combina los estilos gótico y renacentista. Según nuestra guía, era la sede del electo Rector regente de la República de Ragusa y la sede de la administración del Estado. Durante el período de gobierno (solamente de un mes), el rector no podía salir del edificio sin el permiso del Senado. Hoy en día este palacio se ha convertido en el Museo de Historia de la República de Ragusa. Entramos y nos encontramos con un patio central de bellas arcadas y unas escaleras que llevan a las estancias superiores, donde se encuentran valiosas piezas que dan muestra de la riqueza de la República.

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Una vez finalizada la visita entramos en la Catedral de Dubrovnik, también conocida como Iglesia de la Asunción, un edificio que fue primero una basílica bizantina, después un templo románico y por último, después de un terrible terremoto en 1667, la edificación que se construyó fue de estilo barroco. En él se conservan reliquias de San Blas, un santo cuya imagen se repite en toda la ciudad.

San Blas

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Por la tarde hacemos un recorrido en barco por las Islas Elafiti, situadas frente a Dubrovnik y desembarcamos en una de ellas, Lopud. El viaje, de unos 40 minutos, nos permitió admirar la costa dálmata, que desde el mar ofrece unas vistas preciosas. Entran ganas de alquilar un barco. Carmen y yo aprovechamos para darnos un baño en el Adriático. El agua estaba deliciosa, una pena que estuviéramos apenas una hora en la isla y no pudimos recorrerla, como nos hubiera gustado.

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Por la noche bajamos a la piscina del hotel donde hay también un bar y un escenario con actuaciones. Nos quedamos un rato tomándonos unas copas y comentando las inevitables anécdotas del día. Además, como mañana tenemos día libre no habrá que madrugar así que aprovechamos para relajarnos, que llevamos un ritmo…

Día 27 de agosto.

Hoy tenemos día libre, por fin, así que no tenemos que madrugar. Por la mañana compramos en el hotel la Dubrovnik Card de un día, una tarjeta que te permite visitar muchos de los monumentos más importantes de la ciudad y utilizar el transporte público gratis durante un día. Nos costó unos 20 euros al cambio y vale la pena, ya que con que subas a las murallas y utilices una vez el transporte prácticamente se amortiza.

Cogemos el autobús que nos acerca hasta la conocida puerta de Pile y atravesamos toda la calle Stradun hasta llegar a la plaza Luza, ya que nos recomendó la guía que cerca estaba la mejor entrada para recorrer las murallas. Es mejor hacerlo temprano porque el calor aprieta a mediodía y hay muchas cuestas y escaleras. Si visitas Dubrovnik, tienes que recorrer sí o sí, como diría el expresidente de un equipo sevillano, las murallas que rodean la ciudad vieja, pero sin prisas, deteniéndote a cada momento para ver las estrechas calles que cruzan transversalmente la ciudad hasta desembocar en la arteria principal, la calle Stradun, los tejados de las casas, un noventa por ciento de los cuales tuvieron que restaurarse debido al bombardeo del año 1991, los palacios, las iglesias, las plazas… Aunque dicen que se pueden recorrer en menos de una hora (tienen casi dos kilómetros de longitud), si queremos detenernos a contemplar la ciudad, subir a alguna de sus torres, sacar fotos, etc., se tarda casi dos horas. Por eso es mejor hacer lo que hicimos nosotros, comenzar a recorrerlas antes de las diez de la mañana.

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Antes de comer nos separamos porque había diferentes pareceres sobre qué hacer antes de comer. Así que nos dividimos en tres grupos. Juan Esteban, Jaime y yo visitamos el museo naval y después nos sentamos a tomarnos unas cervezas frente al puerto. Un buen plan, sí señor.

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Comimos, también frente al puerto, en el Restaurante Arsenal, muy elegante y con unas vistas magníficas. La relación calidad-precio, bastante buena.

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Antes de salir otra vez por la puerta de Pile me llamó la atención un hombre sentado al lado del Convento de Santa Clara, delante de una mesita redonda con un tablero de ajedrez y algunos libros, con un cartel en inglés que decía: “Gordan Markotic, juega y aprende ajedrez con un maestro internacional”. Porque no quería dejar solos a mis amigos y a mi mujer, y desconozco el inglés, pero me hubiera encantado sentarme con él un rato y echar alguna partida. Me apenó que alguien que llegó a ser un conocido jugador a nivel internacional tuviera que ganarse la vida así. ¿Será también otro daño colateral de la guerra?

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Y por la tarde, descanso, aunque yo aproveché para darme otro baño en la playa que está debajo del hotel y en la piscina. Después, Carmen y yo nos dimos un paseo por los alrededores. Teníamos que relajarnos pues el viaje llegaba casi a su fin y la semana había sido muy, muy intensa. Y todavía teníamos que hacer las maletas. Pero una tarde da para mucho.

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Viaje a Croacia (V). Split y Dubrovnik

Estuve tentado de escribir un poco de historia antes de continuar con el relato de nuestro viaje a Croacia. Hubiera sido una muestra de seriedad que demostraría bien a las claras el amor de nuestro grupo por la cultura, además de por la gastronomía, que algunos se creen que solo pensamos en comer. Pero no quiero agobiaros con la biografía de Diocleciano. Así que si acudís a cualquier enciclopedia o página web de Historia, como esta de Mundohistoria, podréis encontrar mucha información sobre este emperador romano, con luces y sombras como cualquier personaje histórico que se precie, pero que tuvo una excelente ocurrencia: además de ser el primero de todos los emperadores en abdicar voluntariamente (jubilación anticipada lo llamaríamos hoy) se construyó un palacio-ciudad en Spalato, la actual Split, para cuando llegara el momento de decir ahí os quedáis. A algunos nos hubiera encantado hacer lo mismo, pero Montoro y los que lo precedieron no nos dejaron. Así que ahora, a viajar con el Imserso y, de vez en cuando, alguna ruta como la que aquí se describe. Y no nos podemos quejar, claro que no.

Día 25 de agosto

“Esta mañana, muy tempranito, salí del pueblo con el hatico…”

Realmente no es eso, pero todos estos días me he levantado con esta canción de La rosa del azafrán en mi cabeza, una zarzuela que mi madre cantaba y sigue cantando a menudo, que a mí se me ha quedado grabada. Es que no es normal pegarse estos madrugones cuando uno está de vacaciones, pero qué se le va a hacer: el que algo quiere algo le cuesta. Además, salir de un hotel tan malo, según mi humilde opinión, aunque experta en hoteles, como el Katarina, fue más bien un alivio. Otra vez las maletas al autobús, en donde nos montamos para recorrer los quince kilómetros que nos separan de Split. Nos dejó al comienzo del paseo marítimo y muy cerca de una de las puertas del edificio más importante de la Dalmacia, al que le hemos dedicado toda la mañana: el Palacio de Diocleciano. Y puedo asegurar que merece la pena. Aunque sólo sea por pasar un día ahí, el viaje a Croacia es totalmente recomendable.

Han pasado dieciocho siglos, y sin embargo el esplendor y la opulencia todavía se pueden contemplar en las ruinas de un palacio que, según muchos entendidos, son las mejor conservadas no sólo en Croacia sino en todo el mundo. Durante varias horas recorrimos el peristilo, entramos y salimos por varias puertas de las murallas que lo rodeaban, descendimos a los sótanos, nos hicimos cientos de fotos y, cómo no decirlo, este palacio sirvió para el rodaje de la cuarta temporada de Juego de Tronos, del que me confieso un fan incondicional. ¿Qué podríamos destacar del palacio? Es complicado, porque allí nos encontramos el mausoleo de Diocleciano, convertido hoy en la Catedral de Split, en cuyo acceso, antes de subir al campanario que como ya habréis adivinado también  visité, se encuentran varias esfinges procedentes del yacimiento del faraón egipcio Tutmosis III, un baptisterio que antiguamente era el templo de Júpiter, y los subterráneos. Estos últimos me recordaron en algún momento al Gran Bazar de Estambul, pues hay muchas tiendas similares. Un recorrido realmente magnífico.

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Después de otra caminata por el resto de la ciudad, regresamos por el paseo marítimo, donde anoche nos sentamos para tomarnos algo y disfrutar del ambiente .

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Salimos de Split, comimos por el camino y comenzó un viaje de unos 225 kilómetros por la costa dálmata que nos llevó hasta Dubrovnik. La carretera es una auténtica maravilla y los paisajes son únicos. El color del mar pasa del azul turquesa al verde esmeralda sin solución de continuidad y las islas cercanas invitan a detenerse y contemplar con tranquilidad una costa escarpada que tiene pocas playas de arena pero muchas calas rocosas de aguas limpias y transparentes. Nos preguntamos cómo pueden bajar los bañistas hasta esas calas, porque la carretera se desliza la mayor parte del tiempo por acantilados en los que apenas se descubren caminos de tierra. De vez en cuando el autobús desciende y pasa por pueblecitos con puertos coquetos y dársenas y muelles en los que conviven chiquillos bañándose y pequeños barcos de pesca o de recreo.

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Cuando llevábamos unas dos horas de viaje nos detuvimos en la frontera de Bosnia-Herzagovina, donde se encuentra la ciudad de Neum, la única parte de Bosnia con salida al mar. La guía nos advirtió de que no hiciéramos fotos para evitar problemas ya que a veces los guardias se molestan. Después de unos minutos, nos autorizaron a continuar y nos detuvimos, aún en Bosnia, para tomar café y hacer pequeñas compras.

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Continuamos un viaje que, a pesar de durar cerca de cuatro horas, se hace corto, por lo menos en autobús. Quizás en coche, por una carretera tan sinuosa y bordeada de acantilados, sea más pesado pero más emocionante. Reconozco que a mí me gustaría hacerlo con un coche de alquiler y pararme donde me apeteciera porque hay muchos lugares que merecen la pena.

Y llegamos a Dubrovnik, la perla del Adriático, la antigua Ragusa. Bueno, en realidad llegamos a la península de Babin kuk en donde se encuentra un complejo turístico llamado Valamar (nuestro hotel era el Valamar Club), que fue donde nos alojamos, y que está situado a unos veinte minutos en autobús de la ciudad vieja de Dubrovnik. Esto es otra cosa, tanto el hotel y sus instalaciones como los alrededores. Tenía incluso una playa casi privada.

A pesar del cansancio, Katia nos ofreció la posibilidad de hacer una salida nocturna después de cenar para conocer la ciudad. Y todos nos apuntamos. Mereció la pena porque Dubrovnik de noche es tanto o más bonita que de día y con menos aglomeraciones. Música, pasacalles, placitas, calles estrechas y concurridas, aunque no tanto como por el día. Nada más entrar por la Puerta de Pile y traspasar las murallas, accedimos a una plaza donde se encuentra la gran Fuente de Onofrio y a partir de ahí comenzamos a callejear. El ambiente era muy tranquilo, con mucha gente pero sin agobios. Nos sentamos en una terraza, en la calle principal, Stradum o Placa, que conecta la Puerta de Pile con la Plaza Luza. Todos estos lugares los describiré más extensamente en el próximo artículo.

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