Atrapado en el tiempo. Y ahora, la Ley Celáa

¡Qué pereza! Esta exclamación, lanzada de vez en cuando por uno de los personajes de una conocida serie española, la repito varias veces al día últimamente. Cuando leo las noticias sobre el coronavirus, sobre las elecciones americanas, sobre las disputas en el seno del gobierno, sobre las negociaciones de los presupuestos, suspiro intentando rebajar la opresión que en el pecho tengo desde hace semanas y me digo ¡qué pereza! Otra vez lo mismo de ayer y de anteayer y de la semana pasada y del mes pasado.

No me entra bien el aire en los pulmones y tengo que tomarlo con fuerza y expulsarlo haciendo un esfuerzo. Inhalación, espiración, inhalación, espiración. Cierro los ojos e intento dejar la mente en blanco, me centro en los latidos del corazón y en la respiración. Inhalación, espiración, inhalación, espiración. Recuerdo la época en la que practicaba yoga y que me habituó a centrarme en la respiración, en el control de la mente. Era capaz de rebajar de manera notable el número de latidos del corazón. Tendré que volver a practicar yoga, porque los tiempos que vivimos requieren mucho control de las emociones para evitar salir a las terrazas o a la calle lanzando gritos desesperados de auxilio, de rabia, de frustración. Estamos cerca del colapso y parece que no hay nadie dispuesto a evitarlo. Si caigo yo, que caigan todos conmigo, parecen decirse unos y otros.

Si no teníamos bastante con los problemas mencionados, ahora añadimos otro que se viene repitiendo cada cinco o seis años: el debate sobre la reforma educativa, sobre cambiar la actual Ley de Educación. Somos el país europeo y seguramente mundial que más veces ha modificado sus leyes educativas. Cada vez que cambia un gobierno, cambia la ley, porque ya se sabe que el gobierno anterior no apeló al consenso y, claro, ahora hay que aprovechar que tengo la sartén por el mango, hago de mi capa un sayo y cambio la ley. Por cierto, es curiosa la importancia que en este país le damos a los ministros y ministras de educación, que últimamente suelen ser más conocidos porque las leyes educativas llevan su nombre: Ley Wert (LOMCE) y Ley Celáa (LOMLOE), sin ir más lejos.

Cuando me dedicaba a administrar mi antiguo blog (Blog de Orientación del IES Hermanos Machado) que, aunque parezca mentira y después de dos años que me despedí de él, sigue recibiendo visitas diariamente, escribí muchos artículos sobre el desánimo, la frustración, el desencanto o el enfado que producía este desbarajuste en los docentes que, se quiera o no, son los que tienen que llevar a cabo y poner en práctica lo que los políticos aprueban en las Cortes en materia educativa, aunque esos políticos se pasen por la piedra lo que propongan o protesten maestros y profesores de instituto. Uno de los últimos artículos que escribí se titulaba El imposible consenso sobre la educación. Si lo leéis, podréis comprobar que, punto por punto, se puede aplicar al actual momento. Si antes los obstáculos eran la religión, la educación para la ciudadanía, el apoyo a la enseñanza concertada o la inclusión del castellano como lengua vehicular, por ejemplo, ahora esos obstáculos son, precisamente, según los partidos de la oposición, la supresión del castellano como lengua vehicular, el menor peso de la religión y un supuesto ataque a la enseñanza concertada, entre otros cambios, lo que provoca el rechazo de dichos partidos.

He tenido la tentación de hacer una tabla comparativa entre las diferentes leyes educativas, ocho en cuarenta años contando esta última que se aprobará en poco tiempo (LOECE 1980, LODE 1985, LOGSE 1990, LOPEGCE 1995, LOCE 2002, LOE 2006, LOMCE 2013 y LOMLOE 2020) pero ¡qué pereza!, me he vuelto a repetir. Y, además, para qué, de qué serviría ese esfuerzo. Que lo hagan otros, como dijo más o menos el filósofo. Como veo los toros desde la barrera y estoy algo desentrenado, habrá seguramente muchos que lo harán en mi lugar. Cuando cambien las tornas, que cambiarán y si no, al tiempo, volveremos a la carga con este tema. Así que esta tarde, si puedo, veré la película Atrapado en el tiempo, para hacerme a la idea del eterno retorno en la política y en la educación. Nos volveremos a encontrar.

Forges on Twitter: "¿Leyes Educativas Consensuadas...? ¿Aquí ? ¡  Imposeibol..!.- #forges http://t.co/1KQkqp8Sie"

Cartas a los Reyes Magos

A pesar de estar sentados, se puede adivinar que el primer hombre, el que está de espaldas al ventanal que ocupa todo el lateral de la gran nave, es el más alto. Tiene la espalda encorvada, como si soportara un enorme peso que le obligara a mirar constantemente al suelo. Respira con dificultad y se frota las manos para espantar el frío, un gesto que sus dos compañeros repiten con frecuencia. El primer hombre viste con un traje marrón de tres piezas, pasado de moda, con hombreras, grandes solapas en la chaqueta y pantalones anchos. La ropa está arrugada pero limpia. Cuando mira al compañero que está a su izquierda sonríe con tristeza, apenas un pequeño movimiento de la comisura de sus labios, entrecerrando sus ojos azules, rodeados de arrugas, como la frente y el dorso de las manos. Apenas se le ve el rostro, pues tiene el pelo cano y una barba blanca que le llega casi hasta el pecho. Sin embargo, todo en él refleja amargura, desolación, cansancio. Con un movimiento lento, desganado, ha cogido una carta del saco que tiene a sus pies y comienza a leerla. Nada más echar un vistazo al encabezado, parece que quiere entregársela al tercer hombre, el que está sentado frente a él, un hombre de pelo cano y tez oscura, zamarra de lana y camisa estridente, llena de colorido, que mira sonriendo a su alrededor. Sin embargo, el primer hombre detiene el gesto y en lugar de entregar la carta, sigue leyendo, parece que algo le ha llamado la atención. Después de unos segundos, su rostro se ilumina, la sonrisa se convierte en una risa franca, casi una carcajada. Esos instantes han bastado para cambiar su fisonomía. Tarda unos minutos en leer todo el texto y riendo como hacía mucho tiempo que no reía, entrega la hoja a su compañero. Toma, es para ti, seguro que te va a gustar. La escribe un tal Santiago. Me temo que no está muy contento con nosotros con todo lo que ha pasado este año, como si tuviéramos la culpa de que la gente sea tan descerebrada. Seguro que es un republicano y vota a Podemos.

El hombre que está sentado a su izquierda parece un poco más joven, quizás un par de cientos de años menos que los otros dos. Lo único destacado en su figura es una especie de corona que lleva sobre su cabeza, así como una barba de color castaño, como su pelo, con algunas hebras blancas o grises. Esta barba es más corta y está más cuidada que la de su compañero. Él también está leyendo una carta que le ha llamado la atención porque casi toda está ocupada por dos grandes palabras: SALUD y TRABAJO. En el resto de la carta las peticiones son muy humildes y fáciles de realizar. El hombre murmura en voz baja, se intentará, pero cada vez está más complicado, Carmen; como siga esto de la pandemia, aviados estamos todos, empezando por nosotros, que cada vez tenemos más riesgo por mor de la edad; entre la Covid-19, los políticos y los científicos, cada uno por su lado y sin ponerse de acuerdo, los que ponen muros y barreras, los negacionistas, los que no atienden a las normas, etc., esto va para largo.

Los tres hombres llevan varios días leyendo cartas, unas cartas que les entregan en enormes sacos varios personajes que van vestidos de manera muy curiosa, al estilo oriental, con turbantes, chaquetillas sin mangas y amplias camisolas, pantalones abombados y babuchas. Los sacos se van acumulando al fondo de la gran sala y los tres hombres cada vez están más agobiados. El único que parece más tranquilo y risueño es el negro, mejor dicho, la persona de color, no vaya a ofenderse alguien. De todas formas, seamos políticamente correctos o no, hay que ser sinceros, ese personaje tiene el color de la piel negro, muy negro. Ahora se está riendo a carcajada limpia, dándose golpes en la rodilla con las manos. Ha dejado la carta a un lado, sobre la enorme mesa que ocupa todo el centro de la nave, junto a otras dos o tres más que ha seleccionado. Eso puede significar dos cosas: que son cartas que hay que tener en cuenta para intentar que se cumplan todos los deseos que en ella figuran o, por el contrario, que serán quemadas en la inmensa chimenea que ocupa uno de los laterales, pero que en este momento está apagada.

El primer hombre, el de la barba blanca, vuelve a meter la mano en el saco y saca una pequeña hoja manuscrita que contiene apenas diez o doce líneas. Las primeras palabras dicen así: “Queridos Reyes Magos, a ver si sois capaces de arreglar este desaguisado, que la cosa está muy mal”. Lo de siempre, piensa el hombre, la gente no se da cuenta de que nosotros no somos la Virgen de Lourdes, diríjanse a otro departamento. Y sigue leyendo “El coronavirus lo ha estropeado todo este año y creo que de esto no tenéis la culpa. Yo no es que me queje, tengo salud, una buena pensión y una familia unida y, dentro de lo que cabe, feliz, aunque podría mejorar en algunos aspectos (el trabajo de mi hija, algún nieto que otro, que no hay equilibrio, unos tantos y otros tan pocos…). Ya se sabe que nunca estamos satisfechos del todo. Así que os voy a pedir sólo un par de cosas: que se termine la pandemia, que mi hija apruebe las oposiciones o encuentre un buen trabajo (esto lo llevo diciendo hace un par de años y no hay manera) y que la familia siga estando unida y feliz. Para qué pedir más. Bueno sí, que no se me siga cayendo el pelo, que voy a ser una vergüenza para la familia y algo más material, para que no os rompáis demasiado la cabeza, tres libros, que ahora tengo mucho tiempo para leer: La ciudad de vapor, de Carlos Ruiz Zafón, Emocionarte, la doble vida de los cuadros, de Carlos del Amor y Mientras escribo, de Stephen King. Y si pudiera ser, también un bolso, de esos de hombre, no de los otros, no os vayáis a confundir. Lo demás ya me lo compraré yo cuando pueda salir sin impedimentos”. Se hará lo que se pueda, aunque lo del pelo está complicado, usa Minoxidil todos los días, Xosé Manoel, qué nombre tan raro, pensó. Esta hoja también fue apartada y puesta encima de un pequeño montón que se había ido formando a lo largo de las últimas semanas.

NOTA: Los tres hombres continuaron leyendo hasta que llegó el día 5 de enero de 2021. Esa vez no hubo cabalgatas, ni caramelos, ni caras de sorpresa y de ilusión en niños y mayores. Fue una noche de Reyes especial, pero, por una vez, gran parte de los deseos de esas personas se cumplieron en 2021.

Todo ser humano que se precie…

Todo ser humano que se precie, cuando llegue a la periferia de su vida, o sea, cuando está más cerca del omega que del alfa y vea en el horizonte lo que algunos llaman el final de este valle de lágrimas, debe arrepentirse de algo y redimirse. No cabe duda de que se sentirá más orgulloso, pleno y feliz con el bien que haya podido realizar, pero, al mismo tiempo, cuantas más sean las cosas de las que deba avergonzarse, mejor. Esto significa, con toda seguridad, que ha vivido plenamente. No me refiero, como se podrá suponer, a hechos delictivos, violentos o que vayan en contra de la dignidad de los otros. No soy tan retorcido ni tan villano. Pero esas mentiras que nos han permitido salir de situaciones embarazosas, algunas copas de más con los amigos provocando altercados en la vía pública, comidas pantagruélicas, engaños a Hacienda, discusiones sabiendo que uno no llevaba razón pero mantenía hasta el final su razonamiento sólo para molestar y fastidiar o no dar el brazo a torcer, a eso me refiero. No son grandes maldades pero seguramente salpimientan la vulgaridad de nuestras vidas y alumbran las tardes de tedio que acompañan estos aburridos meses de pandemia. Alguno se dirá, “menuda tontería, lo que de verdad me hubiera gustado era robar un banco y darme la gran vida en las playas del Caribe, haber engañado a mi mujer (o a mi marido) con alguna rubia despampanante (o algún negro bien dotado) o cargarme al jefe habiéndolo torturado antes; eso sí que serían cosas de las que arrepentirse o alegrarse al final de la vida, pero lo otro, de eso no merece la pena ni acordarse”. Puede que lleven razón, pero uno es así de modesto, pacato, aburrido o poco imaginativo, qué se le va a hacer.

Cuando era niño, quizás a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del pasado siglo, en el aire se escuchaban continuamente dos palabras: culpa y pecado. Desde los púlpitos, fueran los de las iglesias o los de los poderes del estado, los sacerdotes religiosos y los otros lanzaban amenazas y pintaban con gruesos trazos un infierno al que íbamos a caer (puesto que el infierno siempre estaba debajo y el cielo en las alturas) debido a nuestro comportamiento o, y eso era lo peor, a nuestros pensamientos. El infierno podía estar en la tierra, que era lo más frecuente y por eso a uno lo podían meter en la cárcel en cuanto se desviara lo más mínimo, o en el más allá. Era cruel aterrorizar a inocentes criaturas con torturas espantosas si uno cometía un pecado mortal y justo en ese instante, vaya usted a saber por qué, se le ocurría a ese mismo uno morirse sin haberle dado tiempo al arrepentimiento. De cabeza al infierno donde Satanás y sus adláteres nos esperaban con sus cuernos, su cola y su tridente, echando fuego por los ojos y conduciéndonos a empujones hacia las calderas ardientes donde nos abrasaríamos durante toda la eternidad.

La de noches que me habré despertado con auténticas pesadillas y llorando porque me acordaba de alguna pequeña trastada que yo consideraba el más horrible de los pecados. Estaba deseando salir del colegio y acercarme a la parroquia para irme a confesar y quitarme ese enorme peso de encima. Lo que más temía era morirme en pecado mortal. Porque si sólo era un pecado venial, tenías que pasar un poco de tiempo en el purgatorio, quemarte algo, no demasiado, y después de unos meses o años, que eso no lo teníamos claro y los curas no lo explicaban, ya podías subir al cielo y gozar con las almas buenas, los ángeles y todos los coros celestiales. Lo del cielo no lo entendía muy bien porque suponía que llegaría un momento que sería algo aburrido, pero lo del infierno, eso sí que era terrible, sobre todo porque los curas tenían armas excesivamente persuasivas: “Seguramente os habréis quemado alguna vez y os acordaréis del dolor que eso produce. ¡Pues imaginaos toda una eternidad con ese terrible sufrimiento!”. Como para no tener pesadillas. Y luego venía la explicación sobre lo que era la eternidad, que para unas mentes infantiles e inocentes era un concepto casi incomprensible. Recuerdo que una vez alguien, no recuerdo quién, si fue el profesor de religión o un cura en la iglesia, puso el siguiente ejemplo: “Si un pájaro se posa cada cien años en una bola de acero del tamaño de la Tierra, se produce un leve desgaste en la bola; pues cuando toda la bola se haya desgastado, el tiempo transcurrido podría asemejarse a la eternidad”. Más sudores y más taquicardias en mi pequeño corazón. Todavía no me explico cómo fui capaz de sobrevivir a semejantes torturas.

Vamos a dejarnos de estos temas escatológicos y centrémonos en lo que ocurre estos días, que en el fondo tienen que ver con lo anterior. A pesar de la invasión americana en forma de disfraces halloweninianos que llenan escaparates, academias de inglés y tiendas de chinos, persiste la tradición, de las pocas que todavía no han sido abducidas por el enemigo americano, del culto a los muertos, que aunque no llega al nivel de cómo lo celebran en México, aquí tampoco nos quedamos cortos. No digo lo de enemigo americano en el sentido bélico de la palabra porque, a pesar de los pesares, los yanquis no me caen mal, Trump y algunos otros aparte. Y mira que muchos presidentes americanos han sido nefastos, desde Washington hasta el actual, pero reconozco que su democracia y su forma de ser tienen muchas cosas positivas.

Veo por las calle personas que han comprado calabazas con ojos y bocas dentadas, arañas y telarañas, disfraces de brujas, murciélagos, velas negras, máscaras terroríficas. Algunos de estos objetos sólo se veían en carnavales, pero ahora llenan los últimos días de octubre y los primeros de noviembre. Este año con menos parafernalia debido al confinamiento, al cierre de bares y restaurantes a horas tempranas, a la prohibición de reuniones de más de seis personas y otras normas que pretender que se termine esta pesadilla. Esto sí es terror y no Halloween.

Ya se ha perdido la costumbre de representar el Tenorio en los teatros o en la televisión en estas fechas. En el Estudio 1, el mítico programa de televisión española, se reponía casi todos los años. Grandes actores y actrices pugnaban por hacer de Don Juan o de Doña Inés. Las jóvenes generaciones quizás desconozcan esta costumbre y, me temo, tampoco conozcan la obra de Zorrilla y de Tirso de Molina. Los jóvenes, por lo menos en las grandes ciudades, tampoco suelen visitar los cementerios. Yo tampoco solía hacerlo, aunque de vez en cuando acompañaba a mi madre al cementerio de San Amaro en Coruña y, últimamente, a Carmen al pequeño cementerio de Aroche. No es que sea muy dado a este tipo de celebraciones, pero tienen cierta ternura y entiendo que muchas personas necesiten visitar a sus seres queridos ya desaparecidos. El olvido es la muerte real y por eso, para evitar la desaparición definitiva, en muchos países se mantiene la costumbre de, por lo menos una vez al año, acudir al cementerio, llevar flores, limpiar las tumbas, quizás hablar en voz alta o en susurro para contar lo que nos ha sucedido, para tener la impresión de que nos escuchan, de que siguen ahí esperándonos para compartir el tiempo en compañía. Los cementerios no me parecen lugares lúgubres, bien al contrario, suelen estar cuidados, limpios, diáfanos. Y en muchos de ellos se pueden encontrar verdaderas obras de arte, desde la más sencilla lápida hasta esculturas y mausoleos barrocos y exagerados. Y frases que conmueven o que nos arrancan una sonrisa. No me resisto a reproducir algunas: “¿Veis cómo era verdad que me dolía?”, “Ya decía yo que ese médico no valía mucho”, “Un amigo y yo apostamos quién aguantaba más debajo del agua. Gané” “Que conste que yo no quería”, “Aquí yace mi mujer, fría como siempre”, “Recuerdo de todos tus hijos (menos Ricardo, que no dio nada)”.

Y como todos, aunque no pensemos mucho en ello, vamos a terminar haciéndonos compañía en una necrópolis, mejor irse haciendo a la idea poco a poco. Por eso, todo ser humano que se precie debe mirar de vez en cuando su interior, rebuscar en el pasado, alegrarse y sentirse orgulloso con la felicidad que haya podido provocar, lamentar y arrepentirse del daño causado y, por supuesto, reivindicar y recrearse en los placeres disfrutados. Todo esto pienso mientras la luminosa mañana del Día de los Difuntos en Sevilla invita al paseo y a dejar de pensar en cosas profundas y tristes. La vida sigue y hay que gozarla con toda plenitud.

Sevilla recuerda a sus difuntos

No lo entiendo

Los años no pasan en balde. Todos sabemos que a medida que transcurre el tiempo la mayor parte de los materiales van perdiendo flexibilidad y se vuelven más rígidos, llegando un punto en que pueden resquebrajarse y romperse. Los efectos de la erosión, la oxidación, la humedad, la temperatura, el envejecimiento de los materiales… Son muchos los factores que influyen en el deterioro de los cuerpos. A los humanos nos sucede lo mismo y en mucha mayor medida porque, lo queramos o no, somos mucho más frágiles. Si una bolsa de plástico puede permanecer varios cientos de años sin degradarse, nuestros cuerpos y mentes se estropean mucho antes.

Será por eso que mi deterioro físico y mental, propio de la edad provecta en la que ya me encuentro, y no me puedo quejar, provoca una rigidez e inflexibilidad en los huesos, en los músculos y, sobre todo en mi pensamiento que, seguramente, hace unos años no tenía. Ya hay muchas cosas que me resbalan, paso de ellas, me importan un bledo, carecen de importancia, cuando hasta hace unos pocos años me enervaban, y ahora me cuesta cada vez más cambiar de ideas, someterme a las ideas de los demás, entender determinadas actitudes y situaciones (sin embargo, dicen que los abuelos, a pesar de la edad, son mucho más permisivos con los nietos que lo fueron con sus hijos, pero como yo no tengo nietos no puedo opinar).

La presente situación de pandemia de virus y de ideas estrafalarias, de colapso económico y político, quizás haya sido el detonante de todo lo que me está ocurriendo. ¿Cómo soportar de manera estoica los debates del Estado de la Nación, las cifras de contagios y muertos por el Covid-19, los discursos inanes de Sánchez, Iglesias, Casado, Ayuso, Torra, Puigdemón o Abascal, el caso Dina, la Gürtel, la falta de empatía de los políticos con los ciudadanos, la soberbia de casi todos, la incapacidad de ponerse de acuerdo en una situación tan crítica, la ignorancia que flota en el aire, la escasa conciencia y el egoísmo de muchas personas que son incapaces de mantener una mínima disciplina…? Noto que cada vez me cuesta más ver y escuchar las noticias de radio y televisión, que ya no me enganchan los debates, que me estoy apartando de la actualidad y de la realidad y cada vez me refugio más en la ficción de novelas, poesía, música, arte en general. Me limito a ver los titulares de la prensa o de los noticiarios para no encerrarme del todo y conocer lo que pasa en nuestro país y en el mundo, pero de ahí no paso. Es tan decepcionante y desalentador ver y escuchar a los políticos, a los pretendidamente expertos virólogos, que apenas se ponen de acuerdo en unas pocas premisas, a los gurús y visionarios que pronostican catástrofes o remedios inmediatos pero que apenas aciertan, a los comunicadores que vociferan en las ondas, insultando a unos y halagando a otros, tergiversando torticeramente la realidad, que ya me he hartado. Pero antes de tirar la toalla definitivamente y confinarme en cuerpo y alma de manera voluntaria y no salir en mucho tiempo, quizás alguien me pueda ayudar y explicarme lo que me pasa y lo que está pasando. Pondré algunos ejemplos.

1. Es obligatorio andar por la calle con mascarilla. Pero cuando haces deporte y pasas junto a la gente o te sientas con un grupo de amigos en una terraza, te la puedes quitar. No lo entiendo.

2. En muchos lugares cierran parques y jardines pero permiten sentarse en lugares cerrados como restaurantes o cafeterías, aunque sea con distancia y medidas higiénicas. No lo entiendo.

3. Cierran perimetralmente ciudades pero permiten que las personas se muevan libremente dentro de ellas sin apenas restricciones. No lo entiendo.

4. Si viajas en metro, en tren, en avión o en Bla bla car apenas hay restricciones. No lo entiendo.

5. Cada vez entiendo menos a los políticos. Ayer dicen blanco y hoy dicen negro y no se les cae la cara de vergüenza. Son tantos los ejemplos que podrían llenar páginas y páginas. Si buscáis en las hemerotecas encontraréis mucha información y quizás alguna vez dedique un poco de tiempo a hacerlo. Esto no quiere decir que todos los políticos sean iguales. La mayor parte son honrados y trabajan por lo que ellos creen justo. Pero no prometas aquello que no puedas cumplir ni digas algo de lo que después te tengas que arrepentir. Por eso yo no me he hecho político y cada vez entiendo menos la política.

6. Apenas somos críticos con los partidos políticos a los que solemos votar y denostamos cualquier cosa de los adversarios. Somos como los radicales en el fútbol, con la diferencia de que el fútbol es juego y diversión y la política determina gran parte de nuestra vida diaria. No lo entiendo.

7. Sin haber educado ni haber responsabilizado antes a las personas ahora no se les puede pedir educación ni responsabilidad. Eso sí lo entiendo.

8. No entiendo que grupos de amigos o familiares se enfaden por culpa de la política. Si uno lee Patria, analiza lo que ocurre en Cataluña o lo que pasa en Madrid, se dará cuenta de cuántas amistades se han roto.

9. Acabo de terminar de leer El guardián entre el centeno. Lo había leído cuando era apenas un adolescente y no me gustó y ahora tampoco me gusta. No entiendo cómo ese libro es un icono para mucha gente y la crítica lo ponga por las nubes.

10. Hay programas de televisión tan deleznables que tendrían que ser eliminados ipso facto y sin anestesia. Que se emitan bodrios como Sálvame, First dates o La isla de las tentaciones, entre otros, es un síntoma de lo bajo que caen algunas cadenas y lo poco que les importa la salud mental de los teleespectadores. No entiendo que la fiscalía no actúe de oficio.

Podría seguir con muchos más ejemplos que no tienen nada que ver con la política ni con la pandemia y sí con la vida cotidiana de ciudadanos normales y corrientes, pero con esto me llega por hoy, y si alguien puede ayudarme a entender algo, ruego que me lo explique porque cada vez estoy más desorientado y perdido.

Fatigas

Piel de toro. En el enorme ruedo estamos todos. Somos muchos millones. La mayor parte de nosotros está charlando, mirando los móviles, escuchando la radio o viendo la televisión; una minoría lee el periódico y se dice que algunos también trabajan. En las gradas, a la sombra, unos pocos, la mayor parte hombres, aunque también se puede ver alguna mujer, asisten como espectadores y lanzan miradas aburridas al espectáculo que se presenta ante sus ojos. Visten ropas elegantes, zapatos caros y relojes y joyas de alta gama. Charlan entre ellos, ríen y, a veces, se separan del resto y susurran palabras ininteligibles que los demás no pueden escuchar.

Abajo, en el ruedo, que no está relleno de albero, sino de cemento, de campos cultivados y sin cultivar, montañas, ríos, desiertos, carreteras… hay unos miles de personas que visten trajes de luces. La mayoría están en el centro de la plaza y el resto se distribuye a todo lo largo y ancho en pueblos, ciudades y aldeas. A una señal de uno de los espectadores, un grupo de toreros se destaca del resto y, dirigiéndose a todos los ángulos, mueven lentamente la capa. Se nota que dominan el arte, que no es la primera vez que lo hacen. Muy quietos, el rostro impasible, serio, circunspecto, lanzan algún grito para que los millones de personas dejen de charlar o de hacer lo que quiera que hagan. Prestan atención al movimiento de las capas. Cada uno elige la que más le gusta y acude de manera hipnótica al engaño. Apenas prestan atención a las manos, a los gritos de los toreros, al cuerpo que se esconde a sus miradas. Solo esperan el momento oportuno para embestir, para golpear el trapo y destrozarlo. Cada vez avanzan con mas rapidez, con más furia. Parece que van a tocar, y finalmente lo hacen, la capa. Pero desconocen que alguien la está moviendo, que los está llevando a su terreno, que se envuelven en el engaño. Codiciosos, embisten una y otra vez, pero los toreros son muy profesionales y saben hurtar el peligro. En toda la piel de toro está ocurriendo lo mismo. Se han hecho muchos grupos. De vez en cuando, uno de los toreros es arrollado, pero rápidamente es sustituido por otro. En ese caso los espectadores parecen salir de su letargo y cuchichean entre ellos. Algunos aplauden y otros silban descontentos.

Ya sé, ya sé que es una metáfora muy burda, que ya os habéis dado cuenta de que estoy hablando de los ciudadanos, de los políticos, de los problemas que nos agobian, de los poderes fácticos. Los ciudadanos, por desgracia, somos muy fáciles de llevar al huerto. Nos presentan el engaño, problemas menores que se pueden despachar con facilidad y con buena voluntad, para desviar la atención de lo que realmente importa: la sanidad, la educación, la economía, la pandemia, en definitiva, el bienestar y la prosperidad de los españoles. Dilapidamos las energías, ahora que son tan necesarias, insultando, mintiendo, mirando para otro lado, metiendo la cabeza en el agujero o cerrando los ojos ante una realidad que nos está, esta vez sí, corneando con brutalidad. Pero no tenemos políticos de altura. Ya no se puede decir eso de que se pueden contar con los dedos de mi mano, a no ser que el que lo dice sea manco. O la cita bíblica sobre Sodoma y Gomorra: no se encuentran ni diez, ni cinco justos, por tanto, seremos destruidos si un milagro no lo impide.

Cada vez asisto con más estupor, unido a desengaño, decepción, cabreo y otras emociones negativas, al espectáculo bochornoso de políticos ineptos e ineficaces, de adláteres y corifeos que viven de ellos, de figuras televisivas y radiofónicas que son la voz de su amo, de presuntos especialistas tertulianos que se dedican a echar más leña al fuego. ¡Más madera!, gritaría Groucho Marx. No hace falta, nos bastamos y sobramos para inmolarnos, como ya hemos hecho demasiadas veces. Me temo que somos incorregibles.

Al sur de Despeñaperros la palabra fatiga no se suele emplear, aunque también, en el sentido de cansancio, de ahogo, de agotamiento. Cuando un andaluz dice “tengo fatiga”, puede significar, entre otras cosas, que le da apuro o reparo (me da fatiga pedirle ese favor), que tiene náuseas (he comido demasiado, me están entrando unas fatigas…) y también puede implicar pasar malos momentos (estoy pasando unas fatiguitas…). Hay más significados, pero con estos tres me llega.

Pues a mí que soy medio andaluz y medio gallego, me entran todo tipo de fatigas. Me dan náuseas, me da fatiga, ver las sesiones de control al gobierno, los insultos en las televisiones y en el Congreso, la falta de preparación y de decencia, la desfachatez con la que se dirigen a nosotros, creyendo que somos ignorantes o que todo nos da igual y que los seguiremos votando hagan lo que hagan (me temo que en esto no se equivocan demasiado).

También me fatiga, me cansa, me agota, además del lenguaje, cada vez más soez y barriobajero, este continuo sinvivir de noticias negativas. Apenas una pequeña anécdota, como una flor en el desierto, atisbamos de vez en cuando, pero seguimos instalados en un páramo de ideas, de hechos. La realidad se impone con toda su crudeza. Y según algunos, esto es sólo la punta del iceberg. Aviados estamos.

Y qué fatiguitas estoy pasando con esta maldita pandemia y con estos ineptos y descarados políticos. Quizás pretendan que nos desenganchemos, que sólo se queden aquellos incondicionales, como los radicales en el fútbol, para que puedan hacer y deshacer lo que les venga en gana. Aunque todavía no lo han conseguido, les falta poco. Últimamente sólo me interesa la familia, los amigos, la buena música, los libros, hacer deporte y algunas series de televisión. Pero a una de mis pasiones, la política, le puede pasar como a otra de mis aficiones de la que ya me he alejado, el fútbol. Sería una lástima, pero es así.

Dibujo Pase de capa. | Toros y toreros, Arte taurino, Galeria de arte

Un resfriado y Tristeza de amor

Hace tiempo que no escribo y ahora lo hago en el móvil, tendido sobre la cama. En estos casos no echo de menos mi Olivetti Lettera que guardo en el trastero y que no sé si todavía funcionará. Tengo que descansar durante unos días. He pillado un buen resfriado (maldito aire acondicionado) y hay que cuidarse, que no está el horno para bollos. Así que me quedaré en casa, leeré como si no hubiera un mañana y escucharé música en el salón. Lo del aire acondicionado en Rota es raro, porque aquí apenas se necesita, pero hay días en que el caluroso levante recalienta el aire y no hay más remedio que encenderlo. Pero a mí me pilló desprevenido el frío artificial durmiendo la siesta y cuando desperté ya no había remedio: Frenadol y mucha agua, algo de tos, moqueo, ojos cargados y mal cuerpo. Mínimo cuatro o cinco días sin poder bajar a la playa ni a la piscina. Cosas de la edad, hace treinta años sólo me resfriaba en invierno, como debe ser.

Carmen anda por la casa con la mascarilla puesta, como si yo fuera un apestado. “Por si no es un resfriado y tienes el coronavirus. Mira que te advertí que no salieras a correr sin mascarilla, que eres un insensato”. Eso dice ella, que puso el aire acondicionado cuando sabía que yo estaría durmiendo la siesta, sin avisar, sin esperar por lo menos a que me despertara, que cuando me di cuenta estaba tiritando. Lo del coronavirus lo lleva muy mal. Su natural hipocondría se ha acentuado hasta límites insospechados. Esto es un sinvivir de higiene, las manos desolladas de estar todo el día con el hidrogel, varios pantalones y camisetas hechos polvo por la lejía… Como no inventen pronto la vacuna o el milagroso fármaco que cure el Covid-19, esto termina mal.

Como ya no tengo que montar el número con las sillas de la playa, la sombrilla, las toallas, los bañadores, el protector solar, la caminata cargado hasta La Costilla, los veinte minutos de natación y la hora de paseo, etc., y como tampoco podré salir a correr durante unos días, dedico el tiempo a otros menesteres, sentado en la terraza, viendo cómo el personal se baña en la piscina, leyendo a Pérez Galdós y a mi paisana Pardo Bazán, y de fondo, la música del grupo californiano de folk-rock I’ts a beautiful day, del que casi nadie ha oído hablar. Como que tiene más de cincuenta años y creo que sólo publicó un disco de relativo éxito. Pero su canción White bird me sigue asombrando. Lo conocí, cómo no, gracias a Ángel Álvarez y a su mítico programa de radio Vuelo 605, que nos dio a conocer a la gente de mi generación la música que se hacía en Estados Unidos. Yo no había cumplido ni quince años.

A todo esto, yo quería escribir sobre Hilario Camacho y la serie Tristeza de amor, así que no sé qué demonios he hecho escribiendo todo lo anterior, que no tiene nada que ver.

Navegando por el proceloso océano de la web me encuentro, como suele ocurrir cuando uno busca en Google cosas como “curar un resfriado con métodos naturales”, “deshacerse de la esposa sin dejar rastro”, “ligar a partir de los 60” o “por qué vuelan los pájaros”, se adivina que estoy aburrido, me encuentro con la canción Volar es para pájaros, compuesta y cantada por Hilario Camacho.

Y aquí se desencadena el furibundo baile de las neuronas, que estaban medio dormidas y se despiertan a base de fogonazos en las sinapsis: de Hilario Camacho a su canción Tristeza de amor, cabecera de la serie del mismo nombre protagonizada por Alfredo Landa. En milisegundos, decenas de imágenes y recuerdos. Maravilloso y sorprendente el funcionamiento de la mente. Todo un misterio.

Hilario Camacho fue uno de mis cantautores preferidos en los setenta, ochenta y noventa. Su música y sus letras están dotadas de gran belleza y sensibilidad y me recuerdan en ocasiones a Sabina y a Aute, quizás más a este ultimo, con los que cantó y colaboró. Nunca fue un cantante de grandes masas, aunque sí contaba con miles de seguidores y admiradores, entre los que me encuentro. En mi 127 tenía dos o tres cassettes suyos, que escuchaba continuamente, hasta que una noche me los robaron, junto con el reproductor y muchas otras cintas de Pink Floyd, Beatles, Miguel Ríos y otros. Me dio mucha pena y mucha rabia, además del dinero que me costó arreglar el cristal y comprar otra radio. Si Hilario Camacho viviera -se suicidó en 2006- tendría ahora la edad de Sabina, más o menos. Y seguramente seguiría deleitándonos con sus canciones.

Tristeza de amor fue una serie de mediados de los ochenta a la que Carmen y yo nos enganchamos desde el primer capítulo y que podíamos ver una vez que acostábamos a nuestra hija, agotados de un día duro de trabajo y de cuidados de una niña de tres años.  La música de cabecera era de Hilario Camacho y recogía toda la melancolía y la nostalgia que Alfredo Landa representaba en su personaje. Alguien desencantado, de vuelta de todo, amargado. La mirada y los gestos de un gran actor que ya nos había cautivado en El crack, en Los santos inocentes y en muchas películas de los años sesenta y setenta que ahora vemos con otros ojos, pero siempre con cariño y admiración.

Estoy sudando debido al  resfriado, al Frenadol y al calor que desprende el colchón. Echo de menos el baño en la playa, pero no tengo más remedio que aguantarme. Bastante tiempo pasé confinado para que ahora no pueda soportar estar sin salir unos días. Ahora buscaré en Youtube las canciones de Hilario Camacho o los capítulos de Tristeza de  amor y descansaré de la lectura de Galdós. Hay que repartir bien el tiempo.

(Nota: menos mal que ya estoy jubilado, porque en caso contrario estaría a punto del suicidio o de la depresión viendo la que se avecina con el comienzo de curso en los centros. Tengo a mis antiguos compañeros y a todos los docentes en el pensamiento y sólo puedo desearles mucho ánimo, mucha fuerza y mucha suerte).

Cambio de planes

Soledad - La piedra de Sísifo

Hace tiempo tuve que cambiar de planes. Antes me gustaba asomarme a la terraza de nuestro pequeño piso. Contemplar la calle vacía, apoyarme en la baranda, intentar adivinar, cosa rara en mí que nunca adivino nada y mi imaginación es escasa, lo que sucede tras los visillos del piso de enfrente. También me gusta adivinar, vaya usted a saber por qué, lo que piensa el buscador de oro sentado a la puerta de su humilde cabaña, mirando la puesta de sol, fumando en pipa y no encontrando sentido al futuro. O el astronauta que vaga perdido por el espacio sin poder regresar a la Tierra. La mente es así de compleja.

Todo empezó hace unos años, creo que era invierno, o por lo menos, hacía frío y había poca luz. Al principio era una sospecha, una noticia perdida en una página suelta del periódico. Apenas seis o siete líneas mal redactadas, como con desgana y para rellenar el hueco de un anuncio que no se publicó porque el anunciante no pudo pagarlo a tiempo.

Lo supe desde antes de entrar en la habitación que está al fondo del pasillo, la de la puerta marrón, la que tiene una mirilla como si fuera la puerta de la calle. No sé por qué puse la mirilla. Ella me preguntó entonces “¿Es que piensas encerrarte y no dejar entrar a nadie?”. Aunque, pensándolo bien, yo ya sabía, sin saberlo todavía, lo que iba a ocurrir. Y también, en esa misma época, coloqué el cerrojo. Ella me observaba sin decir nada mientras yo, con parsimonia y canturreando por lo bajo una copla de Antonio Mairena, medía y calculaba y horadaba el marco y el batiente y comprobaba que todo estaba en su sitio y encajaba perfectamente.

Esa habitación es la única interior. Da a un patio cuadrado, mal iluminado por una claraboya que tiene un cristal roto, por el que los días de lluvia entra el agua que forma pequeños charcos en las baldosas del suelo, que se secan lentamente y en invierno se llenan de verdín. Mi hermana y yo vivimos en la misma casa donde nacimos, donde crecimos junto a nuestros padres y a la abuela. Ellos ya no están, fueron desapareciendo poco a poco, casi en silencio, para que nos fuéramos acostumbrando, como decía mi hermana cuando hablábamos. Ahora ya no hablamos. No hablamos tampoco de la otra hermana, la que se fue cuando era casi una niña, la que desapareció sin dejar rastro, sólo una escueta nota de despedida “Me voy, ahí os quedáis con vuestra amargura y vuestra tristeza”. Por más que mis padres intentaron encontrarla, que la policía investigó, que se pegaron carteles por toda la ciudad, nunca más supimos de ella. Han pasado más de cuarenta años de eso. Ellos nunca llegaron a recuperarse del todo. A mí me da igual. Que cada uno haga con su vida lo que quiera.

Estaba diciendo que la abuela y mis padres fueron desapareciendo. Primero fue la abuela, siempre sentada en su mecedora, cosiendo cuando todavía la vista se lo permitía. Un día se quedó quieta, muy quieta, cuando veía un programa en la televisión. Derrame cerebral masivo, diagnosticó el médico. No se enteró, es la mejor forma de morir, según decretaron familia y amigos y según dicta la experiencia. Porque la muerte de mis padres fue un poco más dramática, aunque no demasiado. Mi padre de una cirrosis producida por un virus. Duró tres meses. Mi madre, un par de años después, quizás murió de pena porque, a pesar de que no llegaba a los setenta años, fue apagando poco a poco su mirada, se fue perdiendo en un mutismo del que no fuimos capaces de sacarla. Una gripe, una simple gripe, fue su final.

Ahora me hubiera gustado que el patio fuera descubierto, sin claraboya, para que el agua de lluvia, con su sonido, aplacara mis temores. Pero la claraboya está muy alta y no escucho el ruido de la lluvia. Ni siquiera eso me está permitido y, aunque lo estuviera, yo quizás tampoco lo permitiría. Como tampoco permito que nadie me interrumpa. Al principio si lo permitía, pero ya no se atreven.  Cuando se atrevían, al principio, empecé a gritar, a aullar, a golpear con fuerza las paredes y la puerta. Y también el suelo. Arrastraba la silla, la mesilla, la cama, la mesa en la que escribo. Golpeaba la puerta del armario empotrado. Hasta que dejaron de importunarme.

Convertimos la habitación de mis padres en un estudio y la de la abuela, que era más pequeña, en una salita para ver la televisión en invierno. Allí se está más recogido, con una mesa camilla y un televisor que apenas encendemos porque preferimos escuchar la radio, una radio antigua pero que se escucha muy bien. Ahora sólo escucho música en el pequeño transistor que tengo en la mesilla, al lado de la cama. Como tengo un cargador y pilas recargables, no necesito pedir pilas de repuesto. Pero si las hubiera necesitado, tampoco tendría problema. Ella me las traería, por la cuenta que le tiene. No me niega nada de lo que le pido. Porque, además, necesita mi firma para poder cobrar la pensión. Depende de mí, como antes dependía de mis padres.

Mi hermana prefirió desde el primer momento la habitación que da a la calle, pero a mí me agobiaba el ruido del tráfico, de los niños gritando, de la vida que late. Nunca fui amigo de los sonidos estridentes, de las voces altas, de los gritos. A mi hermana le pasa lo mismo, pero ella no es tan radical y por eso no le importó quedarse con la habitación que está al principio del pasillo, la del amplio ventanal por el que entra el sol a raudales y se desparrama por los objetos y los recuerdos. A mí siempre me ha molestado la excesiva claridad. No quiero ruidos ni claridad. Tampoco me gustaba hablar con personas desconocidas. Me sería imposible establecer una conversación en la consulta del médico. Procuraba llevarme un libro y leer o hacer que leía, siempre con la intención de que nadie me molestara. Por eso me ponía de los nervios cuando mi hermana se ponía a hablar de cualquier cosa, casi siempre de enfermedades, como es lógico, cuando íbamos al ambulatorio. Se sentaba, miraba alrededor, comenzaba a hablar del tiempo con la persona que estaba al lado y no paraba hasta que nos tocaba entrar en la consulta. Menos mal que tengo buena salud y pocas veces he tenido que ir al médico. Ahora ya no voy al médico, ni siquiera consiento que el médico venga a casa. Nadie puede entrar en la habitación y yo no quiero salir de ella. Si enfermo, mala suerte. O me curo con aspirina, ibuprofeno o infusiones o me voy para el otro barrio. Allí seguro que no notaré demasiados cambios.

Se me está terminando el lápiz y tendré que pedirle otro. Antes, mi hermana me castigaba sin comer ni beber, para forzarme a salir, para doblegar mi voluntad. Parece mentira que no me conociera, después de tantos años viviendo juntos en la misma casa. Se dio cuenta de que con esa actitud no conseguía nada y, en el fondo, tenía miedo porque no quería matarme de hambre ni de sed. Sabía demasiado de ella. Me tenía miedo porque sabía que yo sabía. Y podía darle una sorpresa desagradable. Por eso me traía comida y bebida dos veces al día. Y ropa limpia. Y las cosas de aseo. No puedo vivir sin la limpieza, me obsesioné con ella desde los primeros días. Cuando todo comenzó me traía más comida, pero le dije que no quería que me interrumpiera tanto. No me concentraba, no podía leer ni escribir ni escuchar música ni pensar. Ahora ya no necesito comer tanto. Mi cuerpo apenas gasta energía y no quiero engordar.

La habitación es amplia. Nada más entrar, a la derecha, está el cuarto de baño, con un plato de ducha, el lavabo y el inodoro. Al lado de la ducha hay un armario para guardar toallas, botes de gel y de champú, los útiles de afeitar, esponjas de baño y otras menudencias. Ahí también guardo el papel higiénico, del que siempre tengo, como mínimo, diez rollos. Cuando baja de esa cantidad, paso el papel debajo de la puerta y le pido más. Lo mismo ocurre con las otras cosas: libros, ropa, cuadernos y bolígrafos o lápiz para escribir. Una vez a la semana, de madrugada, miro por la mirilla panorámica y compruebo que mi hermana no está acechando en el pasillo, como hacía los primeros días. Abría lentamente la puerta y dejaba la bolsa con la ropa sucia. Dos días después, ella llamaba a la puerta y me dejaba la ropa limpia y planchada en un cesto. Ahora se ha convertido en un ritual.

Enfrente del cuarto de baño, en la pared de la izquierda, hay un armario empotrado con un espejo en la puerta corredera. En ese armario guardo la poca ropa que necesito: un par de camisas y de pantalones, un jersey para cuando hace frío y mucha ropa de deporte, que es la que suelo ponerme habitualmente: cuatro chándales, doce camisetas, cinco pantalones largos y otros cinco cortos, calcetines y tres pares de zapatillas deportivas. Además, también guardo, cuidadosamente doblada en cajones, sábanas y fundas de almohada. La ropa interior la guardo en los cajones de las mesillas. El armario tiene un altillo donde almaceno las mantas y un par de edredones. La cama es grande, de uno cincuenta por dos metros y a ambos lados hay un par de mesillas, sobre las que están las lámparas de noche y una radio pequeña que está casi siempre encendida y emitiendo música clásica. De vez en cuando interrumpen la música y dan las últimas noticias, pero yo nunca los escucho, apago la radio. No tengo televisor. A continuación del armario está la ventana que da al patio, con una cortina que está casi siempre echada para que los vecinos no puedan verme o intenten hablar conmigo. No quiero hablar ni quiero que me vean. Yo tampoco quiero verlos a ellos. Si apenas nos hablábamos cuando hacíamos vida normal, ahora tengo menos ganas. Para no perder la costumbre y sepan que todavía estoy en este mundo, hablo muchas veces en voz alta, recito poesías, leo lo que he escrito o lo que han escrito otros a lo largo de los siglos. En eso me parezco a mi madre, que conversaba con los locutores o increpaba a los políticos o maldecía a los canallas de las radionovelas o aconsejaba a las pobres muchachas que caían en manos de seres depravados que las dejaban embarazadas. Pero ella dialogaba y yo no, esa es la diferencia.

Lo más valioso de la habitación ocupa un testero completo de la pared: una estantería repleta de libros y una mesa en la que paso la mayor parte del tiempo. La silla es muy cómoda, con un asiento rígido pero confortable y un respaldo anatómico que se ajusta perfectamente a la espalda. Desde que empezó todo, hará ya unos cinco años, la rutina diaria, de la que apenas me aparto, además de las horas que dedico a dormir, asearme y comer, consiste en leer durante unas cinco horas, escribir otras cinco, hacer ejercicio y dedicarme a pensar, a reflexionar sobre lo que está pasando. Le doy mil vueltas a la cabeza. Si sólo hay una vida, lo que yo estoy haciendo ahora, alejado de todos y de todo, ¿merece la pena? Así han vivido muchos eremitas, muchos hombres que quisieron vivir aislados, que no soportaban el contacto con sus semejantes. Ahora los comprendo. Olvidarme de lo superfluo y rehuir a los demás me ha hecho más humano, aunque parezca contradictorio. Mi vida anterior había sido superficial, vacía, llena de momentos absurdos. Nunca conocí el amor, porque el amor, en realidad, no existe, aunque los poetas y muchos hombres y mujeres digan lo contrario. El amor no es más que dependencia y necesidad. No necesito amor para ayudar a los demás, no necesito amor para respetar, para luchar por lo que creo justo. El amor ha llenado demasiadas páginas vacías y demasiadas vidas sin sentido. Y ha provocado demasiadas muertes. Lo he visto claro en este tiempo. Mejor llamarlo cariño o ternura o comprensión o entrega. O pasión.

Pero cinco años son muchos, son casi dos mil días encerrado en una habitación que no mide ni veinte metros cuadrados. Casi dos mil días haciendo ejercicio en solitario, hablando solo, escuchando a una mujer que apenas dice nada más que reproches y unas pocas palabras que se resumen en comida, salud y familia. Yo le contesto con monosílabos. A veces es agradable escuchar las palabras en la boca de otras personas, recordar el sonido, pero nada más. En demasiadas ocasiones las palabras son huecas, sin sentido ni oportunidad.

Tendré que afilar las tijeras para cortarme mejor el pelo y recortarme la barba. He reconocido nuevas arrugas en la frente y los ojos, pero me encuentro bien. Me he acostumbrado a la rutina, a la seguridad de las horas planificadas, previstas. Es bueno tener hábitos que impidan la monotonía y el aburrimiento. En cinco años nunca me he aburrido, bien al contrario, me he sentido más pleno, más consciente de mi vida, de la vida de los demás, aunque no los vea. Los demás están ahí fuera y aquí dentro, con mis recuerdos. De eso escribo, de plasmar en el papel todos los pequeños instantes que he vivido, de lo que ha vivido mi familia a mi lado y de lo que me han contado. Es bueno dejar constancia de lo que ha pasado delante de los ojos y en la cabeza, de lo que han dicho y lo que han vivido los que me rodean, aunque ahora ya no estén o no quiera verlos, porque no quiero que me vean, para qué me van a ver.

Hace dos días que mi hermana no me trae la comida ni la ropa limpia y planchada, ni los rollos de papel higiénico que le pedí. Tengo hambre. No veo nada por la mirilla, todo está en silencio, un silencio espeso que se puede respirar, que se puede tocar, que entra por los ojos y por la piel. Descorro la cerradura, que está muy bien engrasada, sin ruido, y abro con mucho cuidado la puerta. Me asomo y miro sin ver nada más que los cuadros colgados en las paredes del pasillo. Me muevo muy despacio. Espero que en cualquier momento aparezca mi hermana con algún objeto para golpearme, pero no ocurre nada. Llego hasta la salita. La televisión está encendida, sin voz. Mi hermana, sentada en un sillón, parece dormida y sin darse cuenta de mi presencia. Espero unos minutos. Nada. La llamo con voz queda y le doy un par de golpecitos en los hombros. No responde. Le tomo una mano, que está fría, y compruebo en la muñeca que no tiene pulso. Apago la televisión y me siento junto a ella, acariciándole el brazo. Le hablo en voz baja, como para no despertarla, aunque sé que lleva muchas horas muerta. Tendré que llamar al 112, si es que ese teléfono todavía existe. Me dirijo al salón y abro, por primera vez en muchos años, la puerta corredera. En la terraza, las plantas y las flores dan color a un paisaje de viviendas y árboles que apenas recordaba. Pocas personas en la calle, todas jóvenes. Y muchos niños que corren y juegan en medio de la avenida, sin miedo. No se ven coches, sólo alguna bicicleta que, perezosamente, baja hacia el centro de la ciudad.

Salgo a la terraza y me acodo en la barandilla. Dejo pasar el tiempo sin pensar en nada, mirando distraído el latir de una ciudad y de una vida que ya apenas recordaba. Algunos peatones, al verme asomado, se detienen y comienzan a señalarme. En sus rostros se percibe asombro y también miedo. Al poco rato se ha formado una pequeña multitud que no deja de contemplarme. Yo los saludo con la mano, pero ellos comienzan a agitar los brazos con los puños cerrados y gritan amenazadoramente hacia mí. A lo lejos se oyen las sirenas de ambulancias y de coches de la policía y de bomberos. No entiendo nada.

Salgo de la terraza, cierro la puerta corredera y me dirijo a la salita. En la televisión aparece la imagen de una reportera que está hablando frente a mi casa. Subo el volumen y escucho a la periodista.

–Hace unos minutos nos comunicaron que se había visto a una persona mayor asomada a la terraza de una vivienda y nos hemos dirigido con un equipo móvil para comprobar la veracidad de la noticia. En estos momentos no vemos a nadie, pero varios coches de la policía, una ambulancia y un camión de bomberos se han estacionado frente a la vivienda. Ahora vemos cómo un grupo de Geos, perfectamente preparados con trajes aislantes, entra en el portal. Como todos ustedes saben, desde que hace tres años se descubrió que la causa de la pandemia era debida al envejecimiento neuronal y que esto produce una serie de modificaciones en el organismo que se transmiten por el simple contacto con la piel o por el aire, todos los países llegaron al acuerdo de confinar a las personas mayores de sesenta y cinco años en Groenlandia. Los pocos habitantes de la enorme isla fueron reubicados en Noruega y en otros países del norte de Europa. Mientras no se descubra un tratamiento eficaz o una vacuna que evite la propagación de la enfermedad, las personas que vayan a cumplir esa edad deben presentarse voluntariamente en los lugares asignados un mes antes de su cumpleaños para ser trasladadas con todas las garantías. Hasta el momento parecía que se había logrado confinar a todas las personas de esas características de nuestro país. Teníamos conocimiento de algunos casos aislados en Japón, en Italia y en Brasil, pero nunca se había dado un caso en España.

Dejé de escuchar la noticia y apagué la televisión. Por primera vez en mucho tiempo, miré con cariño a mi hermana. Ella era unos seis años más joven que yo, por lo que ahora tendría unos sesenta años, pero yo había cumplido sesenta y cinco hacia casi un año. Nunca me dijo nada y dejó que continuara con mi vida de encierro, viviendo feliz en la ignorancia. Me senté a su lado y le cogí la mano. En su rostro había una expresión de tranquilidad que me recordaba a la que había visto en la abuela cuando la encontramos sin vida. Comencé a escuchar gritos y golpes en la puerta. Cerré los ojos y esperé.

Diario del coronavirus (y X). Doce primeros días de junio

Fernando Simón - Wikipedia, la enciclopedia libre

“Tal vez en el futuro España sea un país que viva de la ciencia pero ahora España es un país que vive del turismo.” Fernando Simón

Ya me estoy pareciendo al Ministerio de Sanidad: cambio de criterio cada poco tiempo. Empecé este Diario hace ya un par meses, creo recordar que a principios de abril, entre otras cosas porque tenía que dedicar mi tiempo no sólo a limpiar, a leer, a ver películas y series, a hacer deporte en casa porque no se podía salir, a leer y escribir en los grupos de WhatsApp o a escribir relatos (cosa que, por cierto, la tengo muy abandonada), así que decidí comenzar una especie de diario para recordar cómo había surgido el Covid-19, a revisar lo que decía la prensa y los políticos a medida que pasaba el tiempo, la evolución de la pandemia, cómo se podría salir de la situación, etc. Empecé el mes de abril con una entrada, Hibernación y mala suerte, en la que mostraba la angustia por los primeros días de confinamiento, yo más bien diría que cautividad porque nadie salía a la calle. Después ya sí empecé el auténtico diario, revisando la hemeroteca, comprobando lo que publicaba la Organización Mundial de la Salud y lo que pronosticaban los expertos en epidemias. Lo que comenzó siendo una manera de pasar el tiempo se ha convertido en una forma de reflexionar sobre la volubilidad de la condición humana, sobre todo de los políticos. Y tampoco yo me escapo de esa variabilidad. Primero me dediqué a reflejar los titulares de la prensa de papel y digital de aquellos periódicos con más tirada o más seguidores, comprobando que nadie mencionaba la enfermedad. Más adelante me cansé de tener que copiar los titulares y comentar cómo cada periódico tiraba sin pizca de pudor para su lado, obviando las incongruencias en las que caían aquellos que consideraban sus paladines. ¡Ay!, ¿dónde queda la presumida o presumible objetividad? Ya sé que eso no existe, sobre todo en los últimos tiempos, en los que las grandes empresas de comunicación pretenden convertirse, no ya en el cuarto poder, sino, a poder ser, en los tres primeros directamente.

Tras esas primeras semanas, decidí dejar de dedicarme a repetir titulares y a realizar un resumen de todos ellos, intentando, yo sí, ser lo más ecuánime posible. Cada semana o, como mucho, cada diez días, publicaba en el blog el día a día de nuestros políticos, de la evolución de la pandemia, de la situación de la economía. Pero ahora vuelvo a cambiar de criterio. Nos queda una semana en Andalucía para finalizar la Fase 2 y entrar en la 3. En esa fase, al parecer, Juanma, o sea, Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, pero Juanma para los amigos y para el resto de los mortales también, casi nos ha asegurado que podremos movernos entre las provincias andaluzas. Y eso va a suponer que saldremos de estampida para Rota, donde tenemos un piso que compramos hace una docena de años y donde solemos pasar los meses de verano. Lo estamos deseando: caminar por la playa, por los pinares, por el paseo marítimo, tomarnos una cerveza en cualquier terraza, refrescarnos con la brisa de poniente … una delicia, vamos. Quizás me encuentre con Almudena Grandes, Luis García Montero, Sabina o Benjamín Prado. Veremos si puedo cumplir estos deseos. E, igual que tenemos la esperanza de entrar en la denominada “nueva normalidad” dentro de pocas semanas, cuando llegue a Rota dejaré este diario en suspenso, esperando que no vuelva a tener que retomarlo nunca.

(Confirmado: ya podemos movernos libremente por las provincias andaluzas y ya podré retirarme a descansar a Rota. Así que, queridos lectores, dejo este Diario y me dedicaré a seguir perdiendo y ganando tiempo, aunque el tiempo siempre nos gana; es un tramposo).

1 de junio de 2020

Por primera vez desde hace muchos meses, Sanidad no registra ningún fallecido con coronavirus en las últimas 24 horas y sólo registra 71 nuevos contagios. En total, 239.638 contagios, 27.127 muertos y 150.376 recuperados. Si esto sigue así, y los descerebrados que se saltan las normas, celebran botellones, fiestas con el doble o triple de personas permitidas y otras barbaridades, no lo estropean, quizás se adelante la movilidad entre CCAA a partir del 8 de junio, siempre que se encuentren en la misma fase. Casi se da por hecho que la movilidad entre provincias de la misma Comunidad Autónoma se podrá realizar en esa fecha. En el mundo ya hay más de seis millones de casos y más de 372.000 muertos.

El ingreso mínimo divide a la oposición: el PP no aclara su postura, Vox ahora dice que no y Ciudadanos se apunta al sí.

Sigue la violencia en muchas ciudades de EEUU, protestando por la muerte absurda de un negro a manos (en este caso a rodilla) de un policía. La comunidad negra ya está harta de la impunidad de la policía. Trump, en su línea, sigue echando leña al fuego y critica a los gobernadores por no utilizar mano dura para sofocar las revueltas. Muchos analistas consideras que esta situación es beneficiosa para él de cara a las elecciones de noviembre.

2 de junio de 2020

Esa vez sí que parece que vamos en el buen camino, ahora que estamos a punto de cambiar de fase y poder movernos libremente entre provincias de la misma Comunidad Autónoma. Por segundo día consecutivo, Sanidad no notifica ningún muerto en las últimas 24 horas, aunque el número de contagios repunta: 137, así que el número de fallecidos se mantiene en 27.127 y el de contagiados asciende a 239.932.

En el Ministerio del Interior y en el Gobierno hay marejada. Se ha conocido una nota reservada que pone en entredicho la versión mantenida por el Ministerio de que no se interesó por el informe de la marcha del 8-M: Interior destituyó a Pérez de los Cobos por “no informar de investigaciones” de la Guardia Civil. A ver en qué queda todo esto, pero en cualquier otro país de nuestro entorno, el ministro ya hubiera dimitido.

Ciudadanos ha llegado a un acuerdo con el Gobierno para votar sí a la prórroga del Estado de alarma, lo que unido al voto favorable de PNV y la abstención de ERC, dan una mayoría holgada a Sánchez.

El empleo vuelve a crecer con 100.000 afiliados más, aunque el paro también subió 26.563 personas. De todas formas, España ha perdido 760.000 empleos desde que comenzó la crisis.

Siguen los disturbios, cada vez más violentos, en EEUU. Trump impone el toque de queda y amenaza con desplegar al Ejército en las calles.

3 de junio de 2020

Pedro Sánchez logra la última prórroga del Estado de Alarma. El presidente apela a la unidad de los partidos, pero la derecha sigue con sus ataques y su acoso: ver y oír los plenos del Congreso es ya un acto de masoquismo y nuestros representantes siguen dando una imagen lamentable.

Me doy por vencido, no soy capaz de enterarme de las cifras que da el Ministerio de Sanidad sobre el Covid-19: que si muertos semanales, que si muertos según fecha de fallecimiento o de notificación, que si las Comunidades no envían los datos tal y como solicita el Ministerio. Mientras que el Ministerio no reportó ningún dato, desde Castilla y León y Cataluña informan de que sí notificaron 4 y 35 muertos, respectivamente. Tendré que hacer un curso acelerado a distancia, a ver si entiendo algo. Resumiendo: alrededor de 240.000 contagios y unos 27.130 muertos.

En América la pandemia sigue avanzando de manera incontrolada y en EEUU continúan las manifestaciones, cada vez más numerosas, pero menos violentas.

4 de junio de 2020

Otro informe de la Guardia Civil señala que Fernando Simón ocultó a las Comunidades Autónomas el informe de la UE sobre manifestaciones como la del 8-M. También utiliza el vídeo “off the record” de Irene Montero para cargar contra las manifestaciones. ¿Metedura de pata? La Ministra de Comercio y Turismo informa de que las fronteras con Francia y Portugal se abrirían el 22 de junio, pero horas después se desmiente la noticia y se indica que dichas fronteras se abrirán a partir del 1 de julio. Seguimos con los fallos de coordinación y comunicación.

Últimos datos en España sobre el Covid-19: 240.660 positivos, 27.133 fallecidos y 150.336 recuperados, aunque la OMS añade 2.700 muertes más a las notificadas por Sanidad. El Instituto Nacional de Estadística, por su parte, recoge 44.000 muertes más de las esperadas en los primeros meses de 2020, un 24% más que el año pasado.

Una noticia que no tendría que haberse producido, sobre todo por los implicados: Un almuerzo de despedida celebrado en el Gregorio Marañón causa un brote de coronavirus en el hospital; cinco neumólogos han dado positivo y 16 trabajadores están aislados tras la fiesta celebrada en honor de dos residentes. No es un buen ejemplo para el resto de los mortales.

El BCE aumenta en 600.000 millones de euros su programa de compra de deuda, un alivio para los países más castigados por la pandemia, sobre todo España.

5 de junio de 2020

El Ministerio de Sanidad informa de que la mayoría de España, un 52%, entra en la Fase 3 a partir del lunes, mientras que Madrid y Barcelona pasan a la Fase 2. Se contabilizan 52 nuevos muertos en la última semana y 177 nuevos casos en las últimas 24 horas, hasta alcanzar los 240.978 positivos. Sin embargo, los datos de Madrid se contradicen con los del Ministerio: 105 contagios y 8 fallecidos. Pese a algunos brotes, la epidemia de coronavirus en España parece que está controlada y la atención primaria, preparada, según los expertos. El miedo, sin embargo, se traslada a la llegada de turistas en julio. El coronavirus se dispara en Brasil y México ante la pasividad de sus líderes.

Fernando Simón, en su rueda de prensa diaria, reconoció que desde el principio se subestimó la gravedad de la crisis, pero siempre teniendo en cuenta los datos de los que se disponía en aquel momento: “al comienzo de la epidemia se produjo una entrada de casos mayor de los que el sistema detectó”. La segunda oleada del estudio de seroprevalencia que lleva a cabo el Instituto de Salud Carlos III ha confirmado los dos principales resultados obtenidos en la primera oleada, que el 5,2% (antes el 5%) de la población española ha estado en contacto con el coronavirus y que un tercio de los infectados son asintomáticos, es decir, pese a estar contagiados es muy poco probable que acudan a un centro de salud.

El Ibex 35 cierra la quinta mejor semana de su historia tras subir casi un 11%.

6 de junio de 2020

El Gobierno tutelará a las Comunidades Autónomas, mantendrá muchas restricciones y fija multas por no llevar mascarilla tras la alarma. Las CCAA que entran en la Fase 3 permitirán viajar entre las provincias de su comunidad, excepto Extremadura, debido a varios brotes en algunas localidades. Finaliza el luto oficial por las víctimas.

7 de junio de 2020

Según el Ministro de Sanidad “visto lo visto, todos hemos llegado tarde a esto”. En muchos países y ciudades del mundo se alzan voces con manifestaciones multitudinarias contra el racismo, recordando la muerte de George Floyd en Minneapolis.

Sigue el baile de cifras de muertes, lo que dificulta el análisis de la evolución de la pandemia en nuestro país. El número de contagiados es de 241.550 y el de fallecidos 27.136, 72 en los últimos siete días.

8 de junio de 2020

Hacía tiempo que no salía el tema del Rey emérito. Ahora, la Fiscalía del Supremo investiga al Rey Juan Carlos por fraude fiscal y blanqueo por las comisiones del AVE a la Meca. Creo que este caso va a traer cola y no es ninguna ayuda para la Monarquía en España. Además, hay muchas voces críticas sobre el papel de Felipe VI durante la pandemia. Algunos ya se están frotando las manos y esperando tiempos mejores para retomar el debate monarquía versus república. También hacía tiempo que no salía la cuestión catalana: la Fiscalía rebaja la petición para Trapero a 10 años por sedición y abre la puerta a una condena sin cárcel por desobediencia. Ambos temas sirven para que la extrema derecha y la derecha extrema extremen sus críticas al Gobierno (como ejemplo, el titular de ABC: Delgado impone a la fiscalía del estado servir al Gobierno). Ya se dijo en su momento que el nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado iba a traer cola: ya está aquí.

El Banco de España prevé una caída de hasta el 15% del PIB este año y un paro que puede alcanzar el 23,6%.

Sanidad no registra ningún muerto por coronavirus en las últimas 24 horas, Madrid concentra 31 de los 56 fallecidos en una semana y el número de contagios diarios por coronavirus se reduce hasta 48 (frente a los 102 del domingo y los 164 del sábado). Fernando Simón advirtió, sin embargo, que las cifras que ofrecen las Comunidades Autónomas son diferentes, notificando algunas muertes, pero la cifra global se actualizará cuando todas las comunidades se pongan al día con el nuevo sistema de datos que empezó a funcionar el 11 de mayo. Además, ha destacado la buena evolución de los casos que derivan en enfermedad, ya que, “en el último mes, entre un tercio y el 40% de los casos que se han ido notificado eran asintomáticos”.

España sigue ocupando la tercera posición en la lista de países con mayor número de casos confirmados (241.717), por detrás de Rusia (476.658) y Reino Unido (286.194). En cuarto lugar figura Italia (234.998) y en quinto, Alemania (184.193).

9 de junio de 2020

Parece que Sánchez consolida una nueva mayoría con PNV y Cs en el Congreso pactando el decreto de la nueva normalidad, aunque el presidente busca que el PP también apoye ese decreto. Entre otras cosas, la nueva normalidad establecerá la obligatoriedad de las mascarillas hasta que haya una vacuna, a partir del día 21 será posible circular con libertad por todo el país, la distancia mínima de seguridad se acorta a metro y medio, los centros de salud deberán hacer pruebas PCR a todos los casos sospechosos, etc.

La ministra de economía, Calviño, se perfila como favorita para presidir el Eurogrupo. Pedro Sánchez ya debería ir buscando sustituta o sustituto.

La juez del 8-M acusa al Gobierno de entorpecer las investigaciones, mientras Fiscalía y Abogacía del Estado quieren que se dé carpetazo la denuncia.

Muere Pau Donés, después de cinco años de lucha contra el cáncer, dejándonos un buen puñado de canciones llenas de alegría y esperanza, sobre todo las últimas, cuando ya sabia que no le quedaba mucho tiempo de vida. Un ejemplo a seguir. Entierro multitudinario de George Floyd en Houston.

Los periódicos cada vez hablan menos del número de muertos y fallecidos por el coronavirus, lo que es buena señal. Sin embargo, estamos a la espera de que el Ministerio de Sanidad actualice los datos que lleguen de las Comunidades Autónomas.

10 de junio de 2020

Por primera vez en mucho tiempo, casi no lo recuerdo, el Congreso aprueba una propuesta del Gobierno sin ningún voto en contra: el ingreso mínimo vital. Vox fue el único partido que no votó a favor, sino que se abstuvo.

El delegado del gobierno declara ante la juez del 8M que “no había ningún elemento para prohibir un derecho fundamental”.

Sanidad notifica 167 contagios en la últimas 24 horas y 40 fallecidos en la ultima semana, pero hubo un brote de Covid-19 en el hospital de Basurto, que deja un fallecido y 25 contagiados.

La vuelta al colegio en septiembre, si no hay cambios en la evolución de la pandemia: 20 alumnos por aula y sin mascarilla y sin distancias hasta 4º de Primaria. Esa será una de las propuestas que Isabel Celáa intentará pactar con las Comunidades Autónomas.

Feijoo quiere dejar sin efecto el estado de alarma el próximo lunes. Propondrá adelantar el final de la fase 3 en Galicia. Queda en el aire qué pasaría con la movilidad entre comunidades.

11 de junio de 2020

Corpus Christi en Sevilla, se espera desbandada de Sevillanos camino de las playas. Lo único que puede impedirlo es el tiempo, que ha refrescado bastante. Nosotros hemos decidido no viajar a Rota hasta la semana que viene.

Da la impresión de que las noticias sobre el número de contagios y de fallecidos por el coronavirus está pasando a un segundo plano en nuestro país. Ahora son ya los estragos económicos debidos a la pandemia y las broncas disputas políticas lo que reclama la atención en los medios de comunicación. O sea, vuelta a la normalidad. Y esta no es la “nueva normalidad”, sino la antigua, la rancia, la triste normalidad. Aunque ya la echábamos de menos, también queremos que se baje el nivel de crispación.

Los periódicos, dependiendo del color político con el que se identifican, destacan noticias diversas: desde que el PP europeo exige duros controles a España por las ayudas de la UE, pasando por la agonía del turismo en nuestro país mientras la UE abre sus fronteras o que Iglesias redacta un plan para nacionalizar las residencias.

El número semanal de muertos sigue bajando, aunque el Ministerio de Sanidad no informa de la cifra total hasta que las Comunidades Autónomas terminen de revisar los datos, lo que todavía puede tardar algún tiempo.

Otra muerte de un personaje conocido más que añadir a las que se han producido estas últimas semanas; ahora ha sido Rosa María Sardá, a los 78 años, una de las actrices que más nos ha hecho reír en los últimos tiempos, con una gran personalidad y fuerza.

Primer partido de la Liga desde hace meses: el derbi sevillano. Gana el Sevilla por 2-0.

12 de junio de 2020

El Ministerio de Sanidad ha dado a conocer cómo quedará el mapa de la desescalada a partir del próximo lunes. Galicia será la primera comunidad de España que quedará fuera del Estado de Alarma y será la Xunta quien decidirá los detalles de las medidas que regirán en la nueva normalidad. Además, el resto de España, excepto siete territorios en Cataluña, Madrid y Castilla y León, estarán el lunes en fase 3. La movilidad será libre a partir del próximo 22 de junio, cuando finalice el Estado de Alarma.

La jueza del 8M archiva la causa contra el delegado del Gobierno en Madrid al no ver indicio de delito; concluye que José Manuel Franco “no tuvo un conocimiento cierto, objetivo y técnico del riesgo”.

El número de fallecimientos sigue estancado en 27.136, con más de 243.000 contagiados, 155 en las últimas 24 horas, mientras que en la última semana se han notificado 25 fallecidos. Fernando Simón se ha convertido en un personaje que, aunque con algunos detractores, ha generado muchas simpatías. Por eso pide que se done a una ONG “un pequeño porcentaje” de las ganancias de las camisetas con su imagen. Gran personaje y gran persona.

Y aquí termina, por ahora, este Diario. Espero que no tenga que retomarlo debido a un empeoramiento de la pandemia. Si somos responsables, podemos conseguirlo.


Vale

Diario del coronavirus (IX). Diez últimos días de mayo

El final de mayo parece una película de terror o de arte y ensayo, no puedo definirme. Aunque parece que estamos siendo capaces de controlar la pandemia (a pesar de los saltos adelante y atrás, de los bailes en las cifras debido a los continuos cambios de criterio en la contabilización de muertes y de contagios), la política y la economía van por otro lado. Los políticos deben de ser una raza especial (esto no es políticamente correcto, ya que sólo hay una raza, pero es para que se pueda entender) puesto que no les afecta la realidad, el enorme sufrimiento que padece la ciudadanía. En lugar de dedicar el cien por cien de su tiempo y de su esfuerzo en encontrar soluciones y remedios para salir lo mejor posible de esta situación, ellos se dedican a insultar, a lanzar exabruptos, a poner zancadillas, a mentir o a decir medias verdades, a ocultar su ineptitud que es, en definitiva, lo que están demostrando. Los ciudadanos estamos esperando de los partidos que critican al Gobierno que expliquen a las claras qué y cuándo habrían hecho ellos en su lugar y cuáles son las propuestas, las alternativas que tienen de cara al futuro. Pero a lo único que se dedican es a realizar una crítica vacía de contenido, porque, casi con toda seguridad, no saben qué hacer. No nos merecemos esto. Y luego querrán que los ciudadanos actuemos con responsabilidad. A final de mes Pedro Sánchez logra convencer a PNV y a ERC de que se abstengan o voten a favor de la prórroga del Estado de Alarma. A este hombre hay que reconocerle una gran capacidad para salir de situaciones difíciles.

En cuanto a la crónica de lo sucedido estos días, primero fue el pacto entre PSOE, Podemos y Bildu, sin decir nada a otros partidos que apoyan al Gobierno (PNV, por ejemplo, ahora que Euskadi está a las puertas de unas elecciones); después a Marlaska se le ocurre montar un pollo con la destitución o la dimisión por simpatía de la cúpula de la Guardia Civil, dando explicaciones no demasiado convincentes. Más adelante la sesión de control del Gobierno que pasará por ser una de las más bochornosas y lamentables de nuestra democracia. Item más, la cascada de cierres totales o parciales de empresas que llevan al paro a miles de trabajadores (Alcoa, Nissan, Ryanair). Pero los políticos, a lo suyo. Menos mal que el Gobierno ha puesto un poco de cordura y ha aprobado el ingreso mínimo vital para aquellas familias más desprotegidas y que peor lo están pasando durante esta pandemia. La medida aliviará la situación de unas 850.000 familias.

Fuera de nuestros países la pandemia sigue fuera de control en muchas zonas, sobre todo en América, además de repuntes en el sudeste asiático. En Estados Unidos, por si fuera poco lo que tienen encima, un policía mata a un hombre negro, George Floyd, en Minneapolis poniéndole una rodilla en el cuello y asfixiándolo. Altercados y saqueos en muchos lugares del país y Trump, como siempre, echando gasolina al fuego con sus tuits.

22 de mayo de 2020

Las estadísticas de la pandemia en España vuelven a la senda de los fuertes descensos en vísperas de que el Gobierno avance en la desescalada. Pero las cifras conocidas este jueves, en realidad, no valen de mucho porque Cataluña no notificó sus casos, distorsionando toda la estadística nacional en un momento clave en el que Sanidad esperaba conocer el estado real de esa comunidad y del resto del país. Así las cosas, y a falta de los datos de la Govern, los decesos en las últimas horas fueron 48. Hay que remontarse al jueves 12 de marzo, dos días del confinamiento del país para encontrar una cifra menor.

Se confirma que Madrid y Barcelona pasan a la Fase 1 de la desescalada. Coincidiendo con ello, ambas zonas reportan positivos no contabilizados antes.

23 de mayo de 2020

Pedro Sánchez, presidente del gobierno, afirma que se permitirá el turismo extranjero a partir de julio. Se aprueba el ingreso mínimo vital. Se desarrollan manifestaciones en coche contra la gestión del gobierno, convocadas por el partido Vox.
Llevamos ya varios días con mucho calor. ¿Se hará realidad aquella previsión que pronosticaba que el calor casi acabará con el Covid-19? Eso se verá en una o dos semanas, sobre todo en las provincias en las que el calor aprieta como si estuviéramos en pleno verano.

24 de mayo de 2020

Muchas CCAA exigen no premiar a Bildu y ERC en la reconstrucción y, además, esperan salir del estado de alarma en pocos días. Por otro lado, tras las últimas propuestas del Gobierno, se espera que la sanidad primaria, el primer muro contra el Covid-19, sufra un colapso cuando venga un segundo brote.

25 de mayo de 2020

Sanidad rectifica la cifra total de fallecidos: elimina casi 2000 y sitúa el número de muertos en 26.834. En las últimas 24 horas se han producido 132 nuevos contagios, una cifra que muestra un claro descenso en la curva. Con esos datos, el número total de contagiados desde que comenzó el recuento es de 235.400 casos confirmados de Covid-19, de los que 122.439 pacientes han sido hospitalizados.

La vía sueca contra el coronavirus, que no acertó demasiado en la lucha contra la pandemia, tampoco acierta en lo económico: la caída del PIB puede llegar al 10% y la tasa de desempleo podría alcanzar el 13%. No es un consuelo, pero se puede comprobar que ninguna de las recetas que se han puesto en practica en Europa es totalmente eficaz. Quizás los casos de Grecia o de Portugal sean una excepción.
Otro lío a la vista: El Ministro de Interior, Marlaska, cesa al jefe de la Guardia Civil en Madrid que investigaba la marcha del 8M por “perdida de confianza”. PP, Ciudadanos y Vox se frotan las manos y ya piden la comparecencia del ministro en el Congreso. La juez cita a declarar como imputado al delegado del Gobierno en Madrid por la marcha del 8M.

26 de mayo de 2020

El lío de Marlaska va en aumento. Ahora dimite el número dos de la Guardia Civil tras el cese de Pérez de los Cobos. El informe que ha causado todo el jaleo, el que se envió a la jueza sin antes ser visto por Marlaska, asegura que el Gobierno era consciente del peligro que suponían las manifestaciones. Dicha juez del 8M envía un escrito a Interior para advertir de que la Guardia Civil sólo debe informarle a ella. La oposición está frotándose las manos. ¿Habrá dimisiones en el Gobierno? ¿Llegará Pedro Sánchez a comerse el turrón en Navidad? No quiero ni pensar que se celebren pronto nuevas elecciones. Después de lo que estamos pasando, el cuerpo no está para estos trotes.

Por otro lado, existen muchas dudas sobre cómo se contabilizan los contagios y las muertes. Se han producido muchos cambios de criterio y esto deja perpleja a la ciudadanía, a los expertos, a los medios de comunicación. Si hace unos días se había elevado la cifra de contagios y de muertos, debido, según parece, a problemas con la contabilización de Cataluña, ahora ha sido al revés: de una tacada han “desaparecido” casi dos mil muertos. Esta situación está deteriorando la figura de Fernando Simón, que es cuestionado en muchas instancias. Y también en determinados países, que ven con suspicacia lo que aquí ocurre y pueden poner trabas a que sus ciudadanos hagan turismo en nuestro país.

27 de mayo de 2020

El comienzo de los diez días de luto decretados por el Gobierno no podía empezar de peor manera. El Congreso de los Diputados vive en una realidad paralela, cada vez más alejado de los problemas reales de los ciudadanos. No importan los muertos, los contagios, el abismo del paro galopante, de la desaparición de empresas. Sólo importa, ahora, las destituciones en la Guardia Civil, como si en ello nos fuera la vida. Con esta oposición, el PSOE no tendrá problemas para mantenerse en el poder, porque los ciudadanos ven a un Gobierno que, aunque con fallos y errores, está intentando buscar salidas, aunque algunos piensen lo contrario. Lo vivido hoy en la sesión de control al Gobierno, con los ataques a Marlaska, los insultos de Álvarez de Toledo a Pablo Iglesias (“usted es el hijo de un terrorista”), las intervenciones de Teodoro García Egea y de Vox… Siento vergüenza por lo que estamos presenciando. No nos merecemos a unos políticos que están dando un ejemplo tan lamentable. ¿Dónde están las propuestas para intentar levantar el país? ¿Qué hay de la famosa Comisión de Reconstrucción? El hemiciclo se parece cada vez más a un circo, pero no al de leones, payasos y acróbatas, sino al circo romano, con gladiadores que esperan degollar al contrario.

Mientras tanto el baile de cifras y los cambios de criterio en la contabilización de muertes y contagios impide que se pueda hacer, o que yo pueda hacer, un análisis estadístico. La curva se ha convertido en una montaña rusa, en la que aparecen y desaparecen contagiados y fallecidos como si asistiéramos a un espectáculo de magia. El Gobierno ha aprobado ya cinco formas diferentes de contabilizar los casos en el estado de alarma. Según se explica desde el Ministerio de Sanidad, lo que se persigue es utilizar indicadores cada vez más cualitativos y fiables. Será eso. Pero Sanidad vuelve a corregir la cifra total y la sitúa 27.118 fallecidos, 39 en la última semana. Por otro lado, la actualización del Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo), dependiente del Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), ha aflorado 13.250 decesos que aún no se habían incluido hasta ahora por los retrasos en los registros civiles durante los peores momentos de la pandemia., lo que es un dato preocupante y quizás nos acerque a la cifra real de muertes, unas 43.000 debidas, de forma directa o indirecta, al Covid-19.

28 de mayo de 2020

Nissan cierra su planta de Barcelona, casi 3.000 puestos directos a la calle y muchos más indirectos también afectados. Alcoa, fábrica de aluminio en el norte de Lugo, también anuncia un cierre parcial, con 500 despidos, Ryanair recortará plantilla y sueldos en España… Noticias desalentadoras que muestran el problema más importante, después del sanitario, que tenemos en nuestro país: la desaparición de empleos y el enorme incremento de parados.

Sanidad notifica un muerto más que ayer y 38 fallecidos en la última semana. Con la continua revisión de datos, las cifras diarias están dando saltos. Resumiendo: afectados desde que estalló la pandemia, 237.906; fallecidos, 27.119 y el número de curados, 150.376.

Hoy prefiero no informar nada sobre política. He enviado metafóricamente (qué más quisiera yo que poderlo hacer en realidad) a los políticos al rincón de pensar, aunque esta debe ser una actividad a la que no están acostumbrados.

29 de mayo de 2020

El Consejo de Ministros de hoy ha aprobado el ingreso mínimo vital para 850.000 hogares en extrema pobreza, agravada por la pandemia. Es una de las políticas más ambiciosas de la historia de España. Siguen los ecos de la sesión de control al Gobierno del miércoles: Aznar apoya a Álvarez de Toledo y Feijóo dice que fue un error perder los papeles; supongo que eso serán las distintas sensibilidades dentro del PP.

Los casos de contagios y de fallecidos por coronavirus siguen a la baja: Fernando Simón informa de que en las últimas 24 horas se han registrado 184 nuevos casos (de los que 61 han sido comunicados por Madrid y 47 por Cataluña) y dos muertes. Aunque las curvas de contagios y fallecidos están claramente en descenso, el doctor Simón avisa de que hay que ser muy prudentes pues en algunos lugares se están produciendo repuntes. También confirmó que hay 51. 482 sanitarios contagiados, el 85% dados de alta, y 63 fallecidos. Las cifras totales en nuestro país son: 238.564 contagiados, 27.121 fallecidos y 150.376 recuperados (no me cuadran los contagios con los datos del día anterior, pero es lo que hay).

30 de mayo de 2020

El Gobierno consigue que ERC se abstenga en la próxima votación sobre la prórroga del Estado de Alarma por 15 días. Se comprometen a que ésta sea la última prolongación y a gestionar la desescalada con el Govern de la Generalitat. Según algunos medios, Sánchez cede a Catalunya la gestión del ingreso mínimo vital a cambio de la citada abstención.
Los contagios por coronavirus repuntan: 271 casos en 24 horas, la mayoría en Madrid y Barcelona (95 y 88 casos, respectivamente). Sanidad comunica también cuatro muertes en 24 horas y 43 en la última semana. Un caso muy llamativo ha sido el del príncipe Joaquín de Bélgica que, con Covid-19, se saltó la cuarentena e infectó a 30 personas en una fiesta en Córdoba. Esto se soluciona metiéndolo en la cárcel y después con un intercambio del príncipe por Puigdemont. Así de fácil.

31 de mayo de 2020

El presidente del Gobierno, todos los domingos por la mañana desde que se implantó el Estado de Alarma, se entrevista mediante videoconferencia con los presidentes autonómicos. En ella les explica cuáles son planes del Gobierno y les pide opinión. Pocas veces se ponen de acuerdo y en la mayoría de las ocasiones, las peticiones autonómicas son desmesuradas o poco razonables. Cada uno va a lo suyo y suele primar el egoísmo, el sálvese quién pueda o a ver quién saca más tajada. La mayor parte de las ocasiones, los presidentes autonómicos se dedicaban a solicitar cambiar de fase antes de tiempo, a pedir más material o a criticar la labor del Ministerio de Sanidad. En esta ocasión, cuando parece que Sánchez va a solicitar por última vez la prórroga del Estado de Alarma, el presidente les ha comunicado que en la Fase 3, las comunidades van a ser la última autoridad y el Estado se limitará a controlar la movilidad de los ciudadanos. Por otro lado, varias comunidades (Madrid, Andalucía, Galicia, la Comunidad Valenciana, Aragón, Cantabria y Castilla y León) piden gestionar el ingreso mínimo vital que aprobó el último Consejo de Ministros. Esa gestión ya está aprobada para el País Vasco y Navarra.

Sigue la desescalada con un buen rumbo: bajan a 96 los nuevos contagios por coronavirus, con dos muertes notificadas en las últimas 24 horas. El número total se casos se eleva a 239.429, 198 más que el recuento del sábado y el de muertos a 27.127. El problema es que sigue el baile de cifras, pues se revisan los datos acumulados de casos y fallecidos con coronavirus, lo que provoca saltos diarios en las cifras. Lo que sí está claro es que la mitad de los casos que se producen últimamente en España se producen en Madrid y en Cataluña. Curiosamente, es la presidenta madrileña, Ayuso, una de las mas beligerantes para que su comunidad pase de fase. Lo mejor de todo es que la curva de fallecidos mantiene la tendencia descendente y los pacientes que han superado la enfermedad superan ampliamente a los nuevos contagiados: el 18 de mayo, el último que Sanidad ofreció datos de recuperados, se notificaron 800 altas, de forma que el número de curados asciende a 150.376, esto es, el 62,8% de quienes han contraído el SARS-CoV-2.

Coronavirus España: última hora y noticias en directo hoy

Diario del coronavirus (VIII). Tercera semana de mayo

Desescalada coronavirus España | Última hora del desconfinamiento ...

En esta semana se destacan dos cosas. Primero, que el número de fallecidos baja de 100 diarios durante cinco jornadas seguidas Y segundo, el continuo goteo en los apoyos al Gobierno para mantener el Estado de Alerta. De todas formas, sigo sin ver qué alternativas hay para evitar la movilidad de los ciudadanos y que volvamos a la situación del principio, cuando la pandemia se extendía con una fuerza y una mortalidad imposible de parar. Por mucho que los partidos de la oposición se empeñen en criticar la labor del Gobierno, para eso es oposición y está en todo su derecho, me falta la explicación de alternativas razonables. Viendo lo que ocurre en los países de nuestro entorno, no encuentro soluciones muy diferentes a las de nuestro país. Quizás nos interese seguir los pasos de Brasil o de EE UU, claro.

Sin embargo, la inmensa mayoría de la ciudadanía, aunque ya está agotada y en situación límite debido al confinamiento, cree que es la mejor solución para luchar contra la pandemia y apoya en eso al Gobierno.

El día de la votación para aprobar la prórroga del Estado de Alarma se vuelve a producir un problema de comunicación en relación con la firma del acuerdo para derogar la reforma laboral del PP: unos dicen que el acuerdo implica la derogación íntegra (Podemos y Bildu), mientras que el PSOE dice que sólo se derogarán algunos aspectos. Tenemos otro lío en marcha, por si no eran suficientes los problemas.

15 de mayo de 2020

El desconfinamiento avanza. Madrid, Barcelona y parte de Castilla y León no alcanzan aún la Fase 1, pero se suaviza su Fase 0 (algunos periódicos, sobre todos los conservadores, hablan de “boicot” o “penalización” a Madrid). Siguen las protestas en algunos puntos de España, las más numerosas en Madrid, exigiendo la dimisión de Sánchez y el fin del Estado de Alarma.

16 de mayo de 2020

Fallece Julio Anguita, el eterno califa rojo. Primer alcalde democrático de Córdoba, líder de Izquierda Unida y referente de la izquierda. Unanimidad en todos los partidos políticos recordando su figura y alabando su coherencia, su honradez y la apasionada defensa de sus ideas.

El presidente del Gobierno quiere una última prórroga de un mes del Estado de Alarma para la desescalada, pero con un mando único limitado y con mayor cogobernación con las Comunidades Autónomas. El PP y Vox, totalmente en contra de apoyar al Gobierno. Ciudadano podría apoyar esta medida, pero por menos tiempo de prórroga.

17 de mayo de 2020

Día das Letras Galegas, este año dedicado a Ricardo Carballo Calero, con celebración virtual debido a la situación de pandemia. Figura imprescindible para normalizar la cultura y la gramática gallega, una lástima que no se pudiera homenajear como se merecía.

Desciende de manera notable el número de fallecidos por coronavirus, 87, la cifra más baja en dos meses.

18 de mayo de 2020

Sigue descendiendo de manera notable el número de fallecidos. Parece que esta tendencia es definitiva, aunque de vez en cuando haya algunos repuntes.

Va a ser difícil, por no decir imposible, que el Gobierno pueda prorrogar el Estado de Alarma un mes más. Como mucho, otros quince días con el apoyo de Ciudadanos. Ahora se ha sabido que los expertos de la Unión Europea estimaron “bajo” el riesgo del coronavirus poco antes del estallido de la pandemia, según las actas de la reunión celebrada el pasado 18 de febrero en Estocolmo por una treintena de miembros del consejo asesor del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades. Me parece que los expertos en pandemias son como los expertos en economía: saben explicar muy bien el pasado, pero no tienen ni idea de cómo prever el futuro porque se equivocan casi siempre.

19 de mayo de 2020

El apoyo al Gobierno por su gestión de la pandemia retrocede, pero el PSOE volvería a ganar las elecciones generales. Así lo señala el estudio del CIS presentado hoy que constata un retroceso del apoyo a la política de Pedro Sánchez para hacer frente a la Covid-19. El 48,4 desconfía de su trabajo, seis décimas más que en abril, por un 46% que confía, medio punto menos que hace un mes. Unos datos que no se reflejan en la intención de voto porque los socialistas volverían a ganar las elecciones con el 31% de las papeletas, casi once puntos por encima del PP, que llegaría al 20,3%.

En el plano económico, la deuda pública se dispara en 22.500 millones en marzo por el coronavirus y roza el 100% del PIB. Y en el de la salud, este 19 de mayo el coronavirus se ha cobrado 83 nuevas vidas.

20 de mayo de 2020

Sánchez logra otra prórroga del Estado de Alarma, hasta el 7 de junio, esta vez con el apoyo de Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria. Se descuelga ERC, que piensa ya en las elecciones y que, según los sondeos, ganará de calle en Cataluña. Por cuarto día consecutivo, menos de 100 muertes diarios en España, aunque hay un ligero repunte, 95 en 24 horas, el 40% en Cataluña, donde se ven imágenes poco ejemplares en las playas de Barcelona.

Se publica en el BOE la obligatoriedad de llevar mascarillas en sitios públicos cerrados o en lugares donde no sea posible mantener la distancia de seguridad de dos metros. Dicha obligatoriedad es para los mayores de 6 años y será efectiva a partir del jueves 21 de mayo.

A última hora se conoce el acuerdo entre PSOE, Podemos y Bildu para derogar la reforma laboral y empiezan a surgir los primeros problemas de comunicación: que si sólo es una derogación parcial, que si es una derogación íntegra, que si se esperó al final de la sesión donde se aprobó la prórroga del Estado de Alarma para no dificultar el apoyo de Ciudadanos. Tenemos otro lío a la vista.

21 de mayo de 2020

Como era de esperar, la comunicación a última hora del acuerdo entre PSOE, Unidas Podemos y Bildu para derogar la reforma laboral de 2012 ha causado malestar e indignación entre los partidos de la oposición y también de la patronal, que abandona las negociaciones con el Gobierno y con los Sindicatos. Parece ser que la ministra de Economía, Nadia Calviño, frenó el acuerdo para la derogación íntegra y forzó la rectificación del PSOE (la ministra carga contra la posibilidad de derogar toda la reforma laboral: “Sería absurdo y contraproducente”). Es lo que tiene mantener un Gobierno en minoría y la necesidad de establecer acuerdos puntuales. Es la negociación, son los pactos a los que no estamos acostumbrados, claro. Lo que a unos les parece traición o bajada de pantalones, a otros les parece capacidad de llegar a acuerdos, como llegar a pactar el mismo día con Ciudadanos por un lado y con Bildu con otro. El tiempo dirá si esto le pasa factura a Pedro Sánchez y al PSOE.

Hoy es el primer día de mascarillas obligatorias para los mayores de 6 años en espacios públicos cerrados o sin posibilidad de mantener la distancia de dos metros. Sanidad Informa de 48 muertos diarios, la cifra más baja desde que se decretó el Estado de Alarma, pero sin incluir los datos de Cataluña, aunque Fernando Simón señala que la cifra de contagiados estará alrededor de 400 y la de fallecidos sobre el medio centenar.

Número de muertos y contagios con coronavirus hoy