El ejemplo de Pablo Ráez

Esta entrada también la publiqué en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado. Creo que la ocasión y el ejemplo merecen que se reproduzca en este blog. Pocas veces las redes sociales han sido un instrumento más adecuado para conocer a alguien con valores tan profundos. Aunque la suerte lo ha abandonado al final, ojalá que su vida y su muerte sirvan para hacernos mejores.

El ejemplo de Pablo Ráez

Es difícil mirar a la muerte de frente y mantenerse erguido, con dignidad, incluso con alegría o, al menos, sin caer en la desesperación, el miedo o el abatimiento. Aunque todos sabemos que la muerte forma parte de la vida son pocos los que tienen el valor de enfrentarse a esta idea, imaginarse cómo puede ser el momento del fin y sumergirse en la nada, en el vacío, en el no ser. La religión, la filosofía, la ciencia, todas ellas tienen a la muerte como uno de sus temas centrales, como no podía ser de otra manera, aunque cada uno con un punto de vista distinto. Esperanza para unos, transformación para otros, indiferencia o angustia, el final de la vida tiene un significado que muchos no se atreven a intentar descifrar.

La educación, como gran parte de la sociedad actual, vive de espaldas a la muerte. Sólo en contadas ocasiones se menciona, como cuando ocurre algún hecho excepcional, el fallecimiento de algún alumno o de algún padre, pero siempre desde un punto de vista lejano, con miedo de que se vaya a traumatizar o manchar la inocencia de la niñez o de la adolescencia. Hurtar esa realidad, sin embargo, no deja de ser un error. Tarde o temprano todos, niños o ancianos, hombres  y mujeres, ricos y pobres, tenemos que llegar al instante final y cuanto más preparados estemos, mejor. Si no negamos la realidad del sufrimiento, de las guerras, de la enfermedad o de la opresión, si intentamos concienciar a nuestros estudiantes de las injusticias, del hambre o de las persecuciones en el mundo y hablamos de todo ello en las tutorías, ¿por qué ocultar esa realidad que nos acompaña desde que nacemos?

Hace unos días fue noticia destacada la muerte de Pablo Ráez, un joven de veinte años que luchó con valentía contra la leucemia. Gracias a su entereza, a su espíritu de lucha, a su empeño para incrementar las donaciones de médula ósea, a su extraordinaria utilización de las redes de sociales para hacer visible su enfermedad, fue capaz de concienciar a sus semejantes de que hay que luchar, solidarizarse con los que sufren. Todo ello es un ejemplo, un espejo en el que contemplarnos y comprobar que la juventud actual no solo son botellonas, ninis, desencanto, abandono de estudios, falta de esfuerzo. Fue emocionante seguir su lucha en facebook, desde que en agosto de 2016 escribió una carta (Siempre fuerte, siempre) en la que daba a conocer la enfermedad y la necesidad que tenía que recibir un trasplante de médula. En las redes sociales, en radio y televisión su caso despertó enorme simpatía y cariño porque él era fundamentalmente simpático y cariñoso. Y fuerte y valiente. Por todo ello, porque Pablo se merece que lo conozcamos y lo admiremos, creo que no estaría de más dedicarle algún tiempo en las clases, para que su ejemplo nos sirva para ser mejores y para que siempre tengamos esperanza en nuestra juventud. Hay oportunidades que no se deben dejar pasar y ésta, por desgracia y también por suerte, es una de ellas.

El ajedrez y la libertad

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Hoy se ha publicado en la prensa que la campeona de ajedrez de Estados Unidos se niega a jugar con hiyab en Irán, país que organizará el mundial en 2017. Nazi Paikidze-Barnes, de origen georgiano, casada con un ingeniero estadounidense y residente en Las Vegas, ha comenzado una campaña para que la Federación Mundial de Ajedrez reconsidere su decisión de celebrar el campeonato mundial en Irán, basándose en que al hacerlo rompe con su principio de rechazar la discriminación política, religiosa o sexual. El incumplimiento de la obligación de cubrirse con el hiyab está penado en Irán con multas y prisión, y las jugadoras sufren restricciones en su libertad de expresión a favor de los derechos de las mujeres.

Paikidze-Barnes propone a la federación que cambie el escenario de la competición o garantice que utilizar el hiyab sea opcional y garantice que no existirá discriminación “basada en el género, nacionalidad y los derechos humanos”. La jugadora defiende que el asunto va más allá del ajedrez. “En Irán, los derechos de las mujeres están gravemente restringidos”, “esto es más que una prueba; es una lucha por los derechos de las mujeres”.

Para cualquier jugador o jugadora de ajedrez, participar en un campeonato del mundo es su máxima aspiración, para la que se preparan duramente durante años, por lo que no asistir supone un sacrificio considerable. Por eso es reconfortante el ejemplo de esta jugadora, que antepone la lucha por unos derechos que considera inalienables a sus intereses personales. Si la campaña diera como resultado que su propuesta fuera aceptada por la federación de ajedrez o por Irán, se habría dado un gran paso para mejorar la condición de la mujer y quizás cundiera el ejemplo y se extendiera a otros ámbitos. Una cosa es que las mujeres, desde su libertad y en países democráticos, decidan observar las reglas de su religión y quieran llevar hábito, velo, hiyab, cruces o cualquier otro símbolo o prenda, y otra cosa muy distinta es que lo hagan por miedo u obligación y puedan ser castigadas por no obedecer dichas reglas.

Por desgracia, estamos asistiendo a un falso debate sobre libertades civiles y libertades religiosas o culturales. Por intereses muchas veces ocultos, aunque económicos o políticos fundamentalmente, los países occidentales han consentido durante décadas y siguen permitiendo en la actualidad que naciones que desprecian los más elementales derechos humanos se beneficien de relaciones comerciales o de otra índole que mantienen a los ciudadanos en situaciones límite de pobreza, falta de libertad, opresión, persecución, etc. Pero ya sabemos que la hipocresía, por desgracia, subyace en muchos ámbitos de la política. Hay  numerosos ejemplos en nuestro país y en países de nuestro entorno que así lo demuestran. Y otro tema que daría para un debate mucho más amplio y complejo es el de la multiculturalidad y la interculturalidad. Si entendemos la multiculturalidad como la coexistencia de diferentes culturas que comparten el mismo espacio y tiempo y que admite manifestaciones de racismo, superioridad y segregación y la interculturalidad como la convivencia de varias culturas, basadas en el respeto y desde planos de igualdad, que parte del supuesto de que todas son igualmente dignas y valiosas, está claro que, o tenemos todavía complejos históricos, o no deberíamos permitir la multiculturidad (y aquí, creo, me voy a meter en un berenjenal).

Para terminar comentar que, a lo largo de la historia y aunque parezca un despropósito, la religión monoteísta (judíos, cristianos y musulmanes)  y muchos países, prohibieron el juego del ajedrez, quizás porque ayudaba a pensar y eso, para el poder, no es bueno. Podéis leer un artículo muy interesante en el siguiente enlace:

La prohibición de jugar al ajedrez

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La educación actual, a juicio

Aunque todos los que nos dedicamos a la educación lo sabemos, la profesión docente es una de las más difíciles de ejercer. Son tantos y tan complejos los factores que intervienen que es prácticamente imposible controlarlos todos. Incluso partiendo de una excelente preparación del profesorado y de unas condiciones materiales adecuadas, sigue siendo una tarea extremadamente difícil y de una enorme responsabilidad, y más si tenemos en cuenta la época que nos ha tocado vivir, en la que apenas se encuentran faros o balizas claras y nítidas que señalen la ruta, ya que son demasiadas y, a veces, esconden oscuros intereses (por ejemplo, intereses políticos, editoriales…). Y tampoco se encuentran caminos anchos y bien asfaltados por los que sea cómodo caminar, pues están sembrados de numerosos obstáculos, baches y trampas. Estos caminos tendrían que ser construidos por las administraciones educativas pero, ya veremos más adelante, que en lugar de carreteras o autopistas, construyen caminos de cabras o destruyen los que estaban ya bien hechos

Si empezamos por la preparación del profesorado, son numerosas las voces autorizadas que, desde hace décadas, claman en el desierto por la escasa formación didáctica, metodológica y práctica que se imparte en las facultades de educación. Hay excesivos contenidos teóricos que después tienen poca o nula aplicación en las aulas. Y eso con los maestros de primaria, porque con los futuros profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional el panorama es todavía peor. En la actualidad, los másteres de educación secundaria (MAES) se limitan a introducir, de manera burda y poco elaborada, algunos contenidos didácticos que sólo pretenden cubrir el expediente. La universidad todavía está muy lejos de poder implantar un protocolo y una estrategia capaz de conectar al futuro profesorado con la vida real de los centros educativos. Únicamente la experiencia, años de trabajo en colegios e institutos, el apoyo y la ayuda de los compañeros y de la dirección, y el esfuerzo y la dedicación personal, son las herramientas que sustituyen a la formación inicial del profesorado. Tampoco ayudan mucho, la verdad, los centros de profesores (centros del profesorado en Andalucía), que se han convertido en una extensión más de la administración educativa y que conectan mal con las necesidades reales de los docentes.

Otro obstáculo, todavía peor que los anteriores, es la administración educativa. Por si no fuera compleja la realidad de las aulas, muchas de ellas con excesivo número de alumnos, algunos con necesidades específicas de apoyo educativo, con dificultades de aprendizaje, con situaciones familiares extremas (paro, desarraigo, maltrato…), alumnado inmigrante, a veces el bullying, el uso inadecuado de las tic (en el caso de que éstas funcionen, claro), tengo que confesar que de mis cuarenta años de experiencia docente, los últimos los he vivido con auténtica desazón por la cantidad de horas que tenía que dedicarle a tareas burocráticas. Y lo peor es que la inspección, lejos de ayudar y de orientar al profesorado se ha dedicado, con honrosas excepciones, a vigilar y a comprobar que esas tareas estaban correctamente realizadas. Desconozco la situación de otras comunidades autónomas, pero en Andalucía sé de compañeros que tienen pesadillas con Séneca, la aplicación diseñada por la Consejería de Educación para llevar a cabo todo el proceso de gestión administrativa que conlleva la labor docente. Y aquí está el quid de la cuestión: ese proceso se ha multiplicado de tal forma que es incalculable el número de horas que hay que dedicarle para hacerlo correctamente: tutorías, entrevistas de padres, sesiones de evaluación, boletines de notas, programaciones docentes, comunicaciones a las familias… Aunque es lógico que exista control por parte de la administración, ya que es ella la que proporciona los medios, no es lógico que quiera controlarlo todo, pues impide la necesaria creatividad docente, que cada vez encuentra más dificultades para desarrollarse.

Leyes educativas cambiantes, currículos cada vez más cerrados, reválidas, evaluaciones de centros, menor inversión en educación, bajas que no se cubren, desinterés general por la educación tanto por parte de muchos padres como por los partidos políticos, que la utilizan como medio de atacar al adversario o de introducir determinadas ideologías. Así podríamos seguir páginas y páginas, horas y horas.

Aunque ya soy un profesor jubilado, me duele la situación actual de la educación. Se habla desde hace mucho tiempo de que hay que alcanzar un gran pacto por la educación, pero mientras se haga exclusivamente desde el ámbito político y no seamos capaces de implicar de manera efectiva a todos los que directamente están implicados en la enseñanza (profesorado, familias, alumnado, agentes sociales…), seguiremos lamentándonos y perdiendo un tiempo precioso.

Dejo para el final un vídeo impactante que refleja una parte, quizás la más importante, de la enseñanza: qué hacemos actualmente en las escuelas. ¿Preparamos realmente a los estudiantes para el futuro o seguimos mirando sólo al pasado, reproduciendo patrones y errores que sabemos que existen pero no somos capaces de evitar?

El gran procrastinador y su serendipia

Comenzaré confesando que las palabras procrastinar y serendipia eran dos desconocidas para mí hasta hace unos pocos años. Es lo que tiene dedicarse a leer autores clásicos durante la mayor parte de tu vida. Ni Homero, Cervantes, Rosalía de Castro o Pérez Galdós, que yo sepa, utilizaron estos términos. Serendipia porque es una creación reciente, un neologismo del siglo XVIII y de origen inglés. Si buscáis en Internet, y más concretamente en la Wikipedia, comprobaréis que significa “un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta…  En términos más generales se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente.” En castellano tenemos un término más coloquial y conocido que significa prácticamente lo mismo: chiripa. Como es lógico, a mí me gusta más este último, mucho más castizo y reconocible y sin tener que acudir a orígenes foráneos.

Procrastinar, aunque tiene un origen latino (proviene de procrastinare, diferir, aplazar) ha comenzado a utilizarse en castellano hace muy pocos años, concretamente entró en el DRAE en el año 1992, es decir, ayer por la mañana. La versión inglesa procastinate, de la que deriva el neologismo español, sí se usa con frecuencia en ese idioma, que se está convirtiendo en nuestra segunda lengua, sobre todo entre los más jóvenes. La procrastinación  es algo que solemos hacer con frecuencia por estos lares: vaguear, dejar las cosas para mañana, esperar que todo se resuelva por sí mismo. Cuando me dedicaba a mi última profesión conocida, la de orientador, una de las frases que repetía continuamente a los estudiantes era la de que dedicaran sus esfuerzos a planificar el trabajo, a priorizar las tareas y que no dejaran todo para última hora. Vanos consejos la mayor parte de las veces, porque debe estar en nuestros genes latino-árabes lo de intentar estirar el tiempo, aplazar las decisiones y, en definitiva, dedicarnos a la procrastinación. Darse atracones de estudiar un par de días antes de los exámenes o terminar los trabajos de prisa y corriendo es lo más habitual y lo que suelen encontrarse los docentes, aunque, si observamos a nuestro alrededor, también ocurre en otros aspectos de nuestras vidas, como esas obras que comienzan tarde y terminan convirtiéndose en chapuzas, esas llamadas o mensajes que teníamos que hacer y que los vamos dejando para cuando, en muchas ocasiones, ya no tienen sentido, dejar de fumar o de beber, hacer deporte, etc., etc.

Y ahora paso al meollo de la cuestión y a dar forma a lo que pretendo decir con el título de esta entrada, que también podría haber titulado “el gran vago y su chiripa”, por ejemplo, pero hubiera sido mucho más prosaico y algunos de los que lean esto no hubieran aprendido las dos nuevas palabras. Me refiero, claro está, a nuestro ínclito presidente del gobierno, don Mariano Rajoy Brey, conocido por su afición al descanso, a ver el deporte por televisión en lugar de practicarlo (aunque casi mejor que verlo andar con esos movimientos que sus correligionarios califican como peculiares y otros, los malos de la película, como estrambóticos o ridículos), y a dejar que los problemas se pudran o se resuelvan por sí solos. A muchos de los que trabajan con él les saca de quicio esa forma de enfrentarse a situaciones que a otros los llevarían a pasarse noches y días enteros sin descansar. Porque a él lo caricaturizan tumbado y fumando un puro no por casualidad, sino porque es una persona tranquila, otros dirían que indecisa, confiada en que el tiempo pone las cosas en su sitio y que es mejor no hacer nada que hacer algo equivocado.

Resultado de imagen de caricaturas de Mariano Rajoy Peridis

¿Que la mitad de los dirigentes de su partido en Madrid o Valencia están imputados o en la cárcel por corrupción? No pasa nada, me callo, miro para otro lado y digo que la cosa no va conmigo porque, o bien ya no son miembros de mi partido o lo hacían a título personal. Y como la justicia ya sabemos que funciona como funciona, pasarán los días, meses y años, fuese y no hubo nada, como dijo el príncipe de los ingenios. Y si hubo, que lo habrá, como no sabía nada, pues ojos que no ven, corazón que no siente y no tiene culpa, claro.

¿Que la economía está de pena, que la deuda crece de forma imparable, que las desigualdades se hacen cada vez más grandes, que se han destruido miles de puestos de trabajo y los que quedan son precarios y mal pagados, que los jóvenes tienen que salir en masa de nuestro país a buscarse las habichuelas fuera, que la educación y la sanidad están peor que hace veinte o treinta años? Eso es una visión equivocada e interesada y si hay algo de eso es por culpa de los pésimos gestores anteriores que nos dejaron una herencia terrible, pero nuestro buen hacer, nuestro sentido común, nuestra seriedad, nuestra experiencia, conseguirán que dentro de unos años ya no haya paro y España se convierta en la segunda o tercera potencia europea. Los españoles son pacientes, sumisos, aguantarán lo que sea y, además, tienen miedo de que alcancen el poder los podemitas, que nos dejarán hechos unos zorros y peor que en Venezuela, que ya vemos cómo está y ya nos encargamos nosotros de airearlo convenientemente.

¿Que los catalanes quieren irse y que los independentistas han crecido un veinte o un treinta por ciento desde que está Rajoy en el poder? Tranquilos, poco a poco eso se irá desinflando cuando se den cuenta de que todo es una maniobra política que lo único que intenta es ocultar los tejemanejes de los Pujol y de CIU, que como se pongan flamencos no les compramos ni el cava ni la butifarra y a ver después de qué van a comer. Y si no, ahí está el señor Fernández Díaz, que lo tiene todo atado y bien atado, con un ángel de la guarda que, además de ayudarlo a aparcar, también vigila a los sediciosos separatistas, a los que les está buscando todas las faltas, delitos y tropelías para perseguirlos o desprestigiarlos. Y cuando las saque a la luz, ya verás cómo los catalanes de bien volverán al redil y rendirán pleitesía al que les quitó la venda de los ojos.

¿Que ningún partido político, excepto Ciudadanos y estos con muchas reticencias, quiere pactar con ellos porque durante los cuatro años con mayoría absoluta quemó todos los puentes y actuó con una soberbia y una desfachatez inusitadas? Ya se enterarán, ya. Como siga habiendo elecciones, que es lo que más le interesa, vuelve a arrasar y después será peor, que la siguiente mayoría absoluta será el chirriar y el crujir de dientes, os vais a enterar.

Y lo malo o lo peor, es que a esa falta de acción, que parece que le está dando buenos resultados, sobre todo si miramos lo que ocurrió en las dos elecciones anteriores y lo que dicen todos los entendidos que puede pasar si hay unas terceras, se le suma la torpeza de sus contrincantes. Y aquí entra la serendipia, la chiripa que tiene mi paisano orquestada por sus contrincantes políticos, esos dirigentes que ya perdieron una oportunidad y van camino de perder otra. Cada uno enrocado en sus posiciones. Cuando no es por el pasado de unos es por el presente de otros o por el posible futuro de los de más allá, por sus alianzas, por sus pretensiones, por su falta de visión, por su estrechez de miras. O conmigo o contra mí, no hay términos medios. ¿Pactar con independentistas, con chavistas, con sociatas de eme, con figuritas, con figurines o con figurones? Anda ya, faltaría más, yo me debo a mis votantes y mis votantes no me votaron para eso, que yo los conozco bien, que para eso me pateo las calles, leo todos los twits, manejo todas las redes sociales, hablo con mis paisanos, con los bases y con los barones, con todo quisque si hace falta. Y escucho las tertulias radiofónicas y los editoriales de los periódicos y escribo artículos y salgo en televisión, que para eso Bertín o Susana me entrevistan y digo cosas muy guays.

Y mientras tanto, Mariano serendipetea o chiripetea y se sienta a la puerta de la sede de su partido, que está medio embargada y contempla, con su tranquilo y barbudo semblante, con el puro en una mano y el Marca en la otra, cómo pasan los cadáveres de sus enemigos. No le hace falta más. Ni menos.

Unos somos más contingentes que otros

Me dan ganas de dar un pequeño repaso a la filosofía. ¿Os acordáis cuando estudiábamos a Aristóteles y a Santo Tomás de Aquino? No hace años de eso. Todavía no se había inventado Internet, ni los móviles. Ni siquiera la democracia existía, era una quimera, una entelequia, una sombra en las paredes de la caverna. Pues resulta, si mal no recuerdo, que me costó gran trabajo entender el concepto de contingencia, que se oponía al de necesidad. Éste si se entendía bastante bien; por ejemplo, era necesario aprobar para poder salir los fines de semana o para no dar un palo al agua en la vacaciones, o bien, era necesario darle una leche al hermano pequeño para que te respetara un poco. Hasta ahí, todo perfecto, porque se podían encontrar una gran cantidad de situaciones que explicaban el concepto de necesidad.

Pero, ¿y el de contingencia? Ay, ese era otra cosa. Porque, vamos a ver. Algo que puede ser o no ser, existir o no existir, y que depende de otro algo para su esencia o su existencia, tiene su miga. Menos mal que el profe de filosofía, en lugar de hacernos leer la Summa Teológica de Santo Tomás, nos ponía ejemplos muy sencillos y así llegamos a comprender incluso a Kant. En esto de la contingencia, nos decía: imaginaos que un alumno no estudia mi asignatura, se dedica a jugar, a pasear, a escucharme de vez en cuando y el día del examen, lee las preguntas y no tiene ni pajolera idea de las respuestas. Sin embargo, el alumno piensa: ¿y si escribo lo que se me ocurra, de una manera original, razonadamente, sin decir grandes barbaridades, un sí pero no o quizás, que en eso consiste casi siempre la filosofía, y resulta que, sin yo quererlo, me sale un pensamiento filosófico original y digno de aparecer en los manuales? Puede ocurrir que apruebe o que no apruebe. Es decir, el aprobado es una contingencia que no depende necesariamente del estudio. Eso creímos entender y algunos lo aplicamos de manera rigurosa. Lo malo es que, tras varias pruebas fallidas, llegamos a la conclusión de que el estudio era necesario y el aprobado era contingente (pues había veces que, aún estudiando, se producía la contingencia de no aprobar). Cuando intentábamos explicarle los suspensos de esta manera a nuestros padres, me temo que no entendían mucho de filosofía y aplicaban el concepto arriba indicado de necesidad: no has estudiado, ergo no has aprobado ERGO no hay fin de semana o vacaciones. Así de claro.

En política, la necesidad y la contingencia se establecen habitualmente en las jerarquías de los partidos: los jefes se consideran necesarios y los afiliados y los votantes son considerados contingentes por los primeros. O sea, que el presidente o el secretario general de un partido, sea el que sea, se dice: con el trabajito que me ha costado llegar hasta aquí, las zancadillas que he tenido que poner, los navajazos, puntapiés, mentiras, promesas, etc. (estilo Frank Underwwod en House of Cards, serie que recomiendo encarecidamente), ahora voy y dejo que otro cualquiera ocupe mi lugar así, sin más ni más, y hago lo que me piden los votantes o los simpatizantes para que otros, más avispados, se lleven el gato al agua. Pues no señor, no hago eso. Si alguien quiere ser contingente, es decir, ser o no ser presidente o secretario, ganar o no ganar las elecciones, ser o no ser honrado, tener o no tener dignidad o cualquier otra que se les ocurra, pues que lo hagan. Pero yo no, dice el mencionado personaje. Yo quiero ser necesario. O mejor dicho, quiero necesariamente ser presidente, cueste lo que cueste.

Y en esa estamos. Hoy, 10 de abril de 2016, cautivo y desarmado el ejército de ciudadanos, con minúscula, los partidos políticos que han logrado escaños en el Congreso han alcanzado sus últimos objetivos (es decir, se han terminado riendo de todos nosotros). La paciencia se está terminando (iba a decir se ha terminado pero todavía nos queda una poquita).

Y para finalizar, recordar las mejores frases sobre la contingencia y la necesidad. La primera es de una película de culto, Amanece que no es poco, cuando uno de los vecinos le grita al alcalde en su recibimiento: Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario.

Y si queréis, escuchad también a Pablo Iglesias, que utiliza esta frase aplicada a Hugo Chávez.

Una mediocre democracia

Me hago eco de este artículo de Alfonso Lazo, publicado en el Diario de Sevilla. Introduce una serie de opiniones “políticamente incorrectas”, pues cuestiona la actual situación desde un punto de vista que podría ser tachado de reaccionario. Incluso pone en duda, de una manera sutil, el fundamento mismo de la democracia: un hombre, un voto. Pero, no nos engañemos ni engañemos a los demás. La democracia, según Churchill, es el menos malo de los sistemas políticos, pero siempre que los ciudadanos estén formados, tengan oportunidades de pensar de manera crítica y sean auténticamente libres. Porque si no tienen formación, no son capaces de pensar críticamente y su libertad está condicionada por la tiranía del mercado, por leyes injustas o por la manipulación de los medios de comunicación en manos del poder, no se puede hablar de auténtica democracia.

Una mediocre democracia


            Cuando hace mil años yo era un joven profesor de Historia en la Universidad de Sevilla, vivíamos bajo la dictadura de Franco y todos éramos de izquierda y nos decíamos marxistas; cuando aún no teníamos ordenadores ni existía internet, explicábamos a los alumnos que quizás en el futuro el avance de la técnica iba a permitir a los ciudadanos votar las leyes desde su casa con sólo apretar un botón. La “democracia formal”, así la llamábamos, daría paso a la verdadera democracia progresista, la democracia directa, primer escalón hacia la sociedad sin clases y el paraíso en la tierra. Pues bien, ya estamos ahí; aunque las puertas que se están abriendo no son las del edén sino las del purgatorio.


En su Diario íntimo Sören Kierkegaard anota el 1 de enero de 1838 lo que sigue: “El hombre no hace uso casi nunca de sus verdaderas libertades, por ejemplo de la libertad de pensamiento; en cambio, como compensación, exige la libertad de palabra”. Formidable. Basta curiosear por las redes sociales para comprobarlo: un vacío mental absoluto, un palabreo de ignorancia manifiesta, sectarismo, intolerancia, estupidez y mentiras. Kierkegaard era un genio, pero también un conservador al que horrorizaban las libertades revolucionarias de 1789 y 1830, así que continúa (24-1-1847): “Tenemos necesidad del silencio pitagórico. Son más necesarias las leyes prohibicionistas contra los diarios que contra las bebidas alcohólicas. Los libros son leídos por unos pocos, los periódicos por todos…, medios de información demasiado enormes”. Sin embargo, en el siglo XXI y entre nosotros los españoles, los periódicos sólo son leídos por unos pocos, los mismos pocos que leen los libros, mientras la inmensa mayoría se informa por internet y por televisiones embrutecidas. No son los diarios quienes marcan hoy la opinión y orientan el pensamiento; ahora es “la gente” desde sus máquinas digitales la que expresa su poder desterrando de facto cualquier disidencia: pobre del que se atreva a decir alguna cosa prohibida.

             Sin duda la democracia directa en el marco de la Unión Europea es por fortuna una utópica irrisión, pero no tiene nada de risible la mentalidad común que busca hacerla real; esto es, la mediocridad igualitarista convertida en mayoría: si no podemos gobernar todos directamente, y como nadie debe sacar su cabeza por encima de los otros, elijamos representantes de nuestra misma estatura. Ya en la democracia directa de Atenas se votaba el ostracismo, la expulsión de la ciudad, contra cualquier político que sobresaliese demasiado por su inteligencia, eficacia o virtudes militares. La excelencia y el mérito como peligros. Que los Estados Unidos de América sean desde sus orígenes una sociedad meritocrática puede explicar por qué son la primera potencia del mundo y la más estable y eficiente democracia representativa.


Cita Miguel d’Ors un texto de Luis García Montero: “Hay medios de persuasión que están homologando las conciencias individuales, que están haciendo que los individuos se sientan seguros sólo cuando se integran en modas (…) Muy poca gente pretende todavía seguir mirando con sus propios ojos, seguir apartándose del borreguismo y asumir la soledad de su conciencia”. García Montero es un poeta de izquierdas, incluso de extrema izquierda, pero aquí suena el tono de un aristócrata del espíritu que apuesta por el individuo frente a rebaños movidos a golpes de lugares comunes y frases hechas, frente a siglas de partidos y demagogos.

             De momento, fracasada la investidura de Sánchez y entretenidas las redes sociales con ilustrados debates acerca de titiriteros, profanadoras de iglesias y procesiones del Coño Insumiso, ya nadie se acuerda del separatismo en Cataluña que cada día da un paso más hacia la independencia completa. Es, pues, a partir de aquí, y si queremos la permanencia de España como nación, cuando urge reaccionar prescindiendo de una vez de Sánchez y de Rajoy. Busquen PP y PSOE cuanto antes nuevos líderes capaces de entenderse; no únicamente para un Gobierno de gran coalición, sino para un genuino Gobierno de salvación pública, sin cantamañanas. Por desgracia, lo veo difícil. La igualación por abajo que están propiciando las redes sociales (eso que nuestros señores de la Junta de Andalucía llaman pasión por la igualdad) nos lleva camino de que el 26 junio se haga otra vez realidad la terrible sentencia de Ortega: Los españoles elegimos siempre élites mediocres para vernos reflejados en ellas como en un espejo.

 Alfonso Lazo

Alfonso Lazo Díaz, nacido en Sevilla precisamente en 1936, profesor universitario que dio clases de historia a Alfonso Guerra, a Juan Carlos Rodríguez Ibarra y a muchos otros en la época del 68, es un socialista que perteneció al PSP de Tierno Galván. Fue diputado del PSOE en el Congreso (1977-1996), portavoz socialista en materia universitaria y presidente de la comisión del Defensor del Pueblo. Actualmente no ejerce labor política ni docente.

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/2239904/una/mediocre/democracia.html

NOTA:

            La libertad de pensamiento debe ser previa a la libertad de expresión. Quien no es capaz de cuestionar las ideas ajenas y las propias no se puede decir que sea libre de hacerlo, al estar cogido por una serie de creencia ajenas. Desde luego no es lo mismo cantar una canción que componerla. Aunque una vez compuesta hay que cantarla, para comprobar su eficacia en las mentes ajenas.

¿Y qué es peor que una crítica? – La crítica constructiva. La gente nunca te lo perdonará (Eliyahu M. Goldratt, La meta, Madrid, 1993, p. 251).

En tiempos de tribulación no hacer mudanza

Parece que algunos de nuestros políticos nunca han leído a Ignacio de Loyola, no han hecho ejercicios espirituales o no saben aplicar el dicho que da título a esta entrada del militar y religioso vasco que apela a la prudencia, a meditar lo que se dice y lo que se hace, a aguantar y esperar que pase la tormenta. Este país parece vivir en continua desolación o tribulación, cuando salimos de las llamas caemos en la brasas, tenemos la rara costumbre de tropezar siempre en la misma piedra. Aunque parezca lo contrario, esto no es una loa de nuestro presidente en funciones, el sr. Rajoy, que lo único que sabe hacer es estarse quieto como una estatua de sal, esperando que los problemas se solucionen solos. Problemas que en muchas ocasiones ha creado él mismo o su partido. Él aplica mejor el otro refrán que dice: “Soldado que huye sirve para otra guerra” (o, en palabras menos duras, el soldado que se esconde luchará en la próxima batalla). Prudencia o cobardía, desfachatez o ineptitud, inconsciencia o ignorancia, no se sabe bien a qué juega. La culpa siempre la tienen los demás, la herencia recibida, los jueces que persiguen a las buenas personas o la policía que está tomada por la izquierda, ya se sabe.

Lo malo es que en el otro lado tampoco son muy finos, oiga. Los partidos llamados tradicionales se pierden siempre en luchas intestinas por el poder, poniéndole la zancadilla al compañero, intentando acaparar cuotas y aplicando el rodillo o el cuchillo si es preciso. ¿Que eso perjudica al partido y beneficia al contrincante? Qué más da con tal de que los míos obtengan alguna sinecura en ayuntamientos, diputaciones, asesorías o similares.

Y qué decir de los nuevos, de aquellos surgidos de la ilusión del 15-M, de los que llenaban las plazas de alegría, de protesta, de reivindicación, que fueron la admiración del mundo y que exportó su movimiento a muchos países. Pues resulta que crearon un partido que fue capaz de aglutinar no sólo a los que protestaban en las plazas, a los indignados, sino también a los descontentos con las tropelías de unos y otros, a los desilusionados con los suyos. Poco a poco fueron ganando adeptos, introdujeron un lenguaje y unas formas nuevas, dieron voz a mucha gente que nunca la había tenido y que nunca se había interesado por la política o la había abandonado. Empezaron a obtener poder, a organizarse, provocaron el miedo y obligaron a los demás partidos a ir cambiando, a ir asimilando y adoptando algunas de sus ideas. Parecía que era posible un giro radical en la política, que se iba a hacer más humana, más cercana a las necesidades de los ciudadanos. En las últimas elecciones, sin obtener unos resultados demasiado brillantes, sí que consiguieron hacerse más visibles. Y comenzaron las negociaciones para formar gobierno. No es preciso que siga, todos sabéis cómo está la situación, cada vez más compleja. Se han aliado uno de los antiguos con uno de los nuevos, uno de centro derecha y otro de centro izquierda (es imposible llamarlo partido de izquierdas). Pero todavía tienen que pactar, y no lo van a conseguir según parece, con otros partidos hasta alcanzar una mayoría suficiente.

Y aquí es cuando vuelvo a la frase de Ignacio de Loyola. Estamos en tiempos convulsos, tanto dentro como fuera de España; PP y PSOE están hechos unos zorros con sus problemas de corrupción y luchas internas, IU, por ahora, no está ni se le espera, se ha convertido en un convidado de piedra. Y al único partido que podría modificar las cosas no se le ocurre otra cosa que hacer cambios, mudanzas: después del lío de Monedero, se han liado a tortas en Galicia, en Madrid, han echado de mala manera a su número tres, hay enfrentamientos con los anticapitalistas de Andalucía, etc. Es decir, están perdiendo las energías que tendrían que dedicar a convencer a propios y extraños de que su estrategia de negociación de cara a la formación de gobierno es la correcta, en hacer purgas y reorganizarse.

Si se me permite un consejo, dejen de salir tanto en la televisión, dejen de hacer gestos de cara a la galería, pónganse de acuerdo entre ustedes y comiencen a negociar en serio, sin cortapisas ni líneas rojas. Si es preciso, enciérrense en un convento, hagan ejercicios espirituales. No podemos permitirnos otras elecciones porque eso demostraría que la táctica se ha impuesto al sentido común y que los intereses partidistas también se han adueñado de la nueva política, lo que provocaría una enorme desafección en la ciudadanía, a la que ya sería muy difícil volver a ilusionar.