Os rumorosos poden calar para sempre

Cuando Eduardo Pondal escribió allá por 1890 su poema Os Pinos (al que le puso música Pascual Veiga y se convirtió después en el himno gallego), poco podía imaginarse que “os rumorosos”, los pinos que representan al pueblo gallego, gritarían desesperados, desgarrados por lo que ha sucedido estos días en Galicia, en Portugal, en Asturias.

A la sequía, las altas temperaturas, el fuerte viento o la falta de humedad, que son las condiciones necesarias, pero no suficientes, para provocar los incendios, se han unido y conjurado las otras circunstancias por todos sabidas desde hace mucho tiempo pero que nunca se abordan debido, entre otras cosas a la desidia de unos políticos a los que se paga para planificar y prevenir y que sólo saben lamentarse y acusar a pirómanos o a “terroristas ambientales”.

Se sabe que el 95% de los incendios está provocado por la mano humana, bien por negligencia o descuido o por intereses económicos (madereras, asociaciones de caza, recalificaciones de terrenos, disputas o conflictos vecinales).

Y los políticos no es sólo que no sepan o no quieran planificar; es que tampoco quieren poner los medios suficientes para casos extremos como los que se han vivido estos días en Galicia: el despido de brigadistas (436 que se encargaban de labores de vigilancia y conducción de vehículos y otros 500 que se ocupaban de tareas de extinción) cuando todavía las condiciones climatológicas eran desfavorables, demuestran escasa sensibilidad y preocupación, porque podía haberse previsto que hasta que no llegaran las lluvias el desastre podía ocurrir en cualquier momento. ¿Tanto había que ahorrar? ¿Mereció la pena?

A todo lo anterior se puede añadir la mala planificación forestal y la prevención que no se están adaptando al calentamiento global y al cambio climático, que exigen un análisis de cómo actuar en cada ocasión. O la Ley de la Xunta sobre iniciativas empresariales, que justifica las expropiaciones de suelo para las eléctricas, que facilita los trámites a las empresas mineras para explorar el subsuelo gallego o que favorece la expansión de plantaciones de eucalipto, que propaga con mucha facilidad las llamas.

Para colmo, hay una investigación judicial que revela que en España y Portugal existe una mafia empresarial que ha conseguido 250 millones de euros públicos amañando concursos de extinción. Lo que faltaba, la corrupción también se ceba en el desastre medioambiental, quemando dinero público en España y Portugal. Recomiendo que se lean los dos reportajes siguientes para hacerse una idea de hasta dónde puede llegar la ambición y el fraude.

El cártel del fuego (I)

El cártel del fuego (y II)

En el himno gallego se quiere expresar que Galicia debe despertar de un sueño y emprender el camino de la libertad. En eso estamos pero esos rumorosos pinos que nos interpelan quieren ser acallados, calcinados por el fuego, y como no pongamos todo el empeño quizás algún día callen para siempre. Y el hogar de Breogán puede convertirse, más pronto que tarde, en un erial.

Himno de Galicia (en gallego)

Que din os rumorosos
na costa verdescente,
ao raio transparente
do prácido luar?

Que din as altas copas
de escuro arume arpado
co seu ben compasado
monótono fungar?

Do teu verdor cinguido
e de benignos astros,
confín dos verdes castros
e valeroso chan,

non des a esquecemento
da inxuria o rudo encono;
esperta do teu sono
Fogar de Breogán.

 

Himno de Galicia (en castellano)

¿Qué dicen los rumorosos,
en la costa verdeante
al rayo transparente
de la plácida luz de luna?


¿Qué dicen las altas copas
de oscuro follaje arpado
con su bien acompasado
monótono zumbar?

De tu verdor ceñido
y de benignos astros
confín de los verdes castros
y valeroso suelo.

No des al olvido
de la injuria el rudo encono;
despierta de tu sueño
Hogar de Breogán.

 

 

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Autoridad y sensatez

¿Por qué hoy me acuerdo de un artículo que escribí en el blog de orientación hace unos años, por qué será? Aunque ejercer la docencia no es lo mismo que ejercer la política (menos mal), hay una serie de principios que son similares y hay que recordar que aplicar el sentido común casi siempre es mejor que aplicar leyes y normas, porque muchas veces el legislador atiende a otros intereses. La negociación y el diálogo con el otro son siempre imprescindibles.
Aplíquese.

Autoridad y sensatez (entrada publicada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado el 3 de febrero de 2014)

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Imposible permanecer impasible

Es imposible permanecer impasible. Perdonad el juego de palabras, pero el momento o la encrucijada en la que estamos creo que merece una pequeña reflexión. No sé cuál sería mi postura y mi pensamiento si hubiera nacido, vivido y educado en Cataluña. O si mi familia y mis amigos fueran independentistas, si continuamente me estuvieran bombardeando con mensajes sobre la actuación mafiosa del Estado, su corrupción, la opresión sobre el pueblo catalán, la actuación conjunta de jueces, fiscales y policía y guardia civil que ocupan de manera ominosa las calles y ciudades catalanas. Seguramente sería independentista. Pero tengo la suerte, sí, la suerte, de poder observar lo que allí pasa con cierto desapasionamiento. Porque la pasión y la emoción son malas consejeras cuando hay que tomar decisiones. Todavía recuerdo los negros años en que ETA atentaba día sí y día también y muchos salían a la calle gritando y exigiendo que se volviera a implantar la pena de muerte. Se recogieron firmas, se realizaron manifestaciones, muchos tertulianos se postularon a favor de la pena máxima. Emocionalmente estábamos tocados y muchos se alegraban cuando la policía y la guardia civil mataba a un etarra. Si el gobierno (en aquella época UCD y después PSOE) se hubiera dejado guiar por lo que parecía la mayoría del pueblo español, se hubiera realizado un referéndum sobre la pena de muerte, quizás hubiera salido el sí. Pero los políticos deben permanecer en la sensatez, contar hasta diez o hasta un millón, aplacar ánimos, y eso fue lo que hicieron.

Lo que ocurre en Cataluña no viene de ahora aunque en estos últimos años los acontecimientos se han precipitado. En el año 2012, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo en un artículo titulado La movilización de las masas, analizaba la situación en Cataluña y ya advertía del peligro  de movilización de las masas y terminaba con una frase que resultó premonitoria: en política el inmovilismo origina muchos más problemas que la toma de contacto con la realidad. Espero que no caigan en la tentación de movilizar a las masas. Y en esas estamos.

Como dice Joan Tardá en el vídeo que pondré al final, ni los más optimistas de los independentistas podían pensar que este momento pudiera llegar tan pronto. Porque nadie podía creerse tampoco que el gobierno actual fuera tan torpe, tan rígido y con menos sensibilidad. Y no hablo solo del gobierno español, es que el gobierno catalán tampoco lo ha hecho mucho mejor. Rectifico, lo ha hecho muy bien para sus intereses, aunque habrá que ver si al final, y no lo digo pensando en lo que ocurra el 1-O, no le pasa factura. Porque se han utilizado los sentimientos y las emociones de las personas para alcanzar objetivos políticos. Y eso es lo que suelen hacer las dictaduras. Es curioso que una publicación como Cuba Debate, órgano de difusión en la, según parece dictadura cubana, define diez estrategias de manipulación mediática que en Cataluña se han utilizado de manera sistemática. Voy a referirme sólo a algunas que se pueden reconocer en lo que ocurre actualmente:

  1. La estrategia de la distracción: consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones, mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
  3.  Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
  4. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.

Y así hasta completar las diez estrategias. Eso es lo que se hace habitualmente, no sólo en las dictaduras, sino en otras sociedades democráticas que han permitido que los poderes fácticos intervengan y en ocasiones sustituyan a los representantes de los ciudadanos en las Cortes.

Sé que hay muchos que creen que el domingo será un día festivo más, que como el 9-N o las últimas Diadas la gente saldrá a la calle a manifestar sus deseos de independencia. Por cierto, aviados están si lo consiguen pues ya veremos cómo Esquerra y CiU son capaces de convivir con la CUP, adherirse a Europa, crear una moneda nueva, pagar la deuda, mantener en calma a los no independentistas que ahora están callados pero que quizás más adelante se movilicen y ya veremos de qué manera, vender sus productos en el resto de España (si ahora ya hay muchos que no compran productos catalanes, con la independencia no digamos), controlar sus fronteras, crear un ejército propio (no vaya a ser que España los invada). Y sobre todo, ¿cómo sobrellevarán una liga sin el Real Madrid o el Atlético? Porque me temo que las aficiones de esos equipos, si ya le pitan a Piqué sólo por sus manifestaciones, cuando se hagan independientes ni querrán ver al Barça y la Federación Española no creo que permita que un equipo de otro país juegue la liga española (el ejemplo del Mónaco no vale, y si no véase el siguiente artículo: ¿Por qué juega el Mónaco en la liga francesa?)

Es una pena que se haya producido tal hispanofobia en Cataluña y catalanofobia entre muchos españoles. Os puedo asegurar que no soy anticatalán, aunque me duelen muchas opiniones de catalanes, no sólo de políticos sino de ciudadanos de a pie, que por exaltar sus virtudes y sus valores, que los tienen y son muchos, se han dedicado a mentir y a insultar a andaluces, extremeños o gallegos. Y por la otra parte, igual, que da vergüenza escuchar a muchos de mis compatriotas.

No quiero que Cataluña se haga independiente. Incluso creo que podría y debería llegarse a un acuerdo para que se realice una consulta, después de que pase toda esta tormenta, se hayan calmado los ánimos y se debata en el Congreso y en el Senado, para ver cuál es el encaje de Cataluña en España. Ni eso va contra la soberanía española ni significa que el Estado se rompa.

Un ejemplo de cómo se puede debatir, cómo se pueden utilizar argumentos a favor de una o de otra postura se puede ver en el siguiente vídeo de TV3. Javier Nart, de Ciudadanos y Joan Tardá de Esquerra, exponen sus opiniones de manera civilizada. Aunque el Sr. Tardá habla en catalán creo que se entiende bastante bien. Podrán gustar más o menos los argumentos de uno o de otro, pero eso es lo que falta en estos momentos, debate y cordura.

Que el 1-O se desarrolle con tranquilidad y que no se le vaya de las manos a unos o a otros. Crucemos los dedos.

El ajedrez y la libertad

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Hoy se ha publicado en la prensa que la campeona de ajedrez de Estados Unidos se niega a jugar con hiyab en Irán, país que organizará el mundial en 2017. Nazi Paikidze-Barnes, de origen georgiano, casada con un ingeniero estadounidense y residente en Las Vegas, ha comenzado una campaña para que la Federación Mundial de Ajedrez reconsidere su decisión de celebrar el campeonato mundial en Irán, basándose en que al hacerlo rompe con su principio de rechazar la discriminación política, religiosa o sexual. El incumplimiento de la obligación de cubrirse con el hiyab está penado en Irán con multas y prisión, y las jugadoras sufren restricciones en su libertad de expresión a favor de los derechos de las mujeres.

Paikidze-Barnes propone a la federación que cambie el escenario de la competición o garantice que utilizar el hiyab sea opcional y garantice que no existirá discriminación “basada en el género, nacionalidad y los derechos humanos”. La jugadora defiende que el asunto va más allá del ajedrez. “En Irán, los derechos de las mujeres están gravemente restringidos”, “esto es más que una prueba; es una lucha por los derechos de las mujeres”.

Para cualquier jugador o jugadora de ajedrez, participar en un campeonato del mundo es su máxima aspiración, para la que se preparan duramente durante años, por lo que no asistir supone un sacrificio considerable. Por eso es reconfortante el ejemplo de esta jugadora, que antepone la lucha por unos derechos que considera inalienables a sus intereses personales. Si la campaña diera como resultado que su propuesta fuera aceptada por la federación de ajedrez o por Irán, se habría dado un gran paso para mejorar la condición de la mujer y quizás cundiera el ejemplo y se extendiera a otros ámbitos. Una cosa es que las mujeres, desde su libertad y en países democráticos, decidan observar las reglas de su religión y quieran llevar hábito, velo, hiyab, cruces o cualquier otro símbolo o prenda, y otra cosa muy distinta es que lo hagan por miedo u obligación y puedan ser castigadas por no obedecer dichas reglas.

Por desgracia, estamos asistiendo a un falso debate sobre libertades civiles y libertades religiosas o culturales. Por intereses muchas veces ocultos, aunque económicos o políticos fundamentalmente, los países occidentales han consentido durante décadas y siguen permitiendo en la actualidad que naciones que desprecian los más elementales derechos humanos se beneficien de relaciones comerciales o de otra índole que mantienen a los ciudadanos en situaciones límite de pobreza, falta de libertad, opresión, persecución, etc. Pero ya sabemos que la hipocresía, por desgracia, subyace en muchos ámbitos de la política. Hay  numerosos ejemplos en nuestro país y en países de nuestro entorno que así lo demuestran. Y otro tema que daría para un debate mucho más amplio y complejo es el de la multiculturalidad y la interculturalidad. Si entendemos la multiculturalidad como la coexistencia de diferentes culturas que comparten el mismo espacio y tiempo y que admite manifestaciones de racismo, superioridad y segregación y la interculturalidad como la convivencia de varias culturas, basadas en el respeto y desde planos de igualdad, que parte del supuesto de que todas son igualmente dignas y valiosas, está claro que, o tenemos todavía complejos históricos, o no deberíamos permitir la multiculturidad (y aquí, creo, me voy a meter en un berenjenal).

Para terminar comentar que, a lo largo de la historia y aunque parezca un despropósito, la religión monoteísta (judíos, cristianos y musulmanes)  y muchos países, prohibieron el juego del ajedrez, quizás porque ayudaba a pensar y eso, para el poder, no es bueno. Podéis leer un artículo muy interesante en el siguiente enlace:

La prohibición de jugar al ajedrez

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La educación actual, a juicio

Aunque todos los que nos dedicamos a la educación lo sabemos, la profesión docente es una de las más difíciles de ejercer. Son tantos y tan complejos los factores que intervienen que es prácticamente imposible controlarlos todos. Incluso partiendo de una excelente preparación del profesorado y de unas condiciones materiales adecuadas, sigue siendo una tarea extremadamente difícil y de una enorme responsabilidad, y más si tenemos en cuenta la época que nos ha tocado vivir, en la que apenas se encuentran faros o balizas claras y nítidas que señalen la ruta, ya que son demasiadas y, a veces, esconden oscuros intereses (por ejemplo, intereses políticos, editoriales…). Y tampoco se encuentran caminos anchos y bien asfaltados por los que sea cómodo caminar, pues están sembrados de numerosos obstáculos, baches y trampas. Estos caminos tendrían que ser construidos por las administraciones educativas pero, ya veremos más adelante, que en lugar de carreteras o autopistas, construyen caminos de cabras o destruyen los que estaban ya bien hechos

Si empezamos por la preparación del profesorado, son numerosas las voces autorizadas que, desde hace décadas, claman en el desierto por la escasa formación didáctica, metodológica y práctica que se imparte en las facultades de educación. Hay excesivos contenidos teóricos que después tienen poca o nula aplicación en las aulas. Y eso con los maestros de primaria, porque con los futuros profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional el panorama es todavía peor. En la actualidad, los másteres de educación secundaria (MAES) se limitan a introducir, de manera burda y poco elaborada, algunos contenidos didácticos que sólo pretenden cubrir el expediente. La universidad todavía está muy lejos de poder implantar un protocolo y una estrategia capaz de conectar al futuro profesorado con la vida real de los centros educativos. Únicamente la experiencia, años de trabajo en colegios e institutos, el apoyo y la ayuda de los compañeros y de la dirección, y el esfuerzo y la dedicación personal, son las herramientas que sustituyen a la formación inicial del profesorado. Tampoco ayudan mucho, la verdad, los centros de profesores (centros del profesorado en Andalucía), que se han convertido en una extensión más de la administración educativa y que conectan mal con las necesidades reales de los docentes.

Otro obstáculo, todavía peor que los anteriores, es la administración educativa. Por si no fuera compleja la realidad de las aulas, muchas de ellas con excesivo número de alumnos, algunos con necesidades específicas de apoyo educativo, con dificultades de aprendizaje, con situaciones familiares extremas (paro, desarraigo, maltrato…), alumnado inmigrante, a veces el bullying, el uso inadecuado de las tic (en el caso de que éstas funcionen, claro), tengo que confesar que de mis cuarenta años de experiencia docente, los últimos los he vivido con auténtica desazón por la cantidad de horas que tenía que dedicarle a tareas burocráticas. Y lo peor es que la inspección, lejos de ayudar y de orientar al profesorado se ha dedicado, con honrosas excepciones, a vigilar y a comprobar que esas tareas estaban correctamente realizadas. Desconozco la situación de otras comunidades autónomas, pero en Andalucía sé de compañeros que tienen pesadillas con Séneca, la aplicación diseñada por la Consejería de Educación para llevar a cabo todo el proceso de gestión administrativa que conlleva la labor docente. Y aquí está el quid de la cuestión: ese proceso se ha multiplicado de tal forma que es incalculable el número de horas que hay que dedicarle para hacerlo correctamente: tutorías, entrevistas de padres, sesiones de evaluación, boletines de notas, programaciones docentes, comunicaciones a las familias… Aunque es lógico que exista control por parte de la administración, ya que es ella la que proporciona los medios, no es lógico que quiera controlarlo todo, pues impide la necesaria creatividad docente, que cada vez encuentra más dificultades para desarrollarse.

Leyes educativas cambiantes, currículos cada vez más cerrados, reválidas, evaluaciones de centros, menor inversión en educación, bajas que no se cubren, desinterés general por la educación tanto por parte de muchos padres como por los partidos políticos, que la utilizan como medio de atacar al adversario o de introducir determinadas ideologías. Así podríamos seguir páginas y páginas, horas y horas.

Aunque ya soy un profesor jubilado, me duele la situación actual de la educación. Se habla desde hace mucho tiempo de que hay que alcanzar un gran pacto por la educación, pero mientras se haga exclusivamente desde el ámbito político y no seamos capaces de implicar de manera efectiva a todos los que directamente están implicados en la enseñanza (profesorado, familias, alumnado, agentes sociales…), seguiremos lamentándonos y perdiendo un tiempo precioso.

Dejo para el final un vídeo impactante que refleja una parte, quizás la más importante, de la enseñanza: qué hacemos actualmente en las escuelas. ¿Preparamos realmente a los estudiantes para el futuro o seguimos mirando sólo al pasado, reproduciendo patrones y errores que sabemos que existen pero no somos capaces de evitar?

El gran procrastinador y su serendipia

Comenzaré confesando que las palabras procrastinar y serendipia eran dos desconocidas para mí hasta hace unos pocos años. Es lo que tiene dedicarse a leer autores clásicos durante la mayor parte de tu vida. Ni Homero, Cervantes, Rosalía de Castro o Pérez Galdós, que yo sepa, utilizaron estos términos. Serendipia porque es una creación reciente, un neologismo del siglo XVIII y de origen inglés. Si buscáis en Internet, y más concretamente en la Wikipedia, comprobaréis que significa “un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta…  En términos más generales se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente.” En castellano tenemos un término más coloquial y conocido que significa prácticamente lo mismo: chiripa. Como es lógico, a mí me gusta más este último, mucho más castizo y reconocible y sin tener que acudir a orígenes foráneos.

Procrastinar, aunque tiene un origen latino (proviene de procrastinare, diferir, aplazar) ha comenzado a utilizarse en castellano hace muy pocos años, concretamente entró en el DRAE en el año 1992, es decir, ayer por la mañana. La versión inglesa procastinate, de la que deriva el neologismo español, sí se usa con frecuencia en ese idioma, que se está convirtiendo en nuestra segunda lengua, sobre todo entre los más jóvenes. La procrastinación  es algo que solemos hacer con frecuencia por estos lares: vaguear, dejar las cosas para mañana, esperar que todo se resuelva por sí mismo. Cuando me dedicaba a mi última profesión conocida, la de orientador, una de las frases que repetía continuamente a los estudiantes era la de que dedicaran sus esfuerzos a planificar el trabajo, a priorizar las tareas y que no dejaran todo para última hora. Vanos consejos la mayor parte de las veces, porque debe estar en nuestros genes latino-árabes lo de intentar estirar el tiempo, aplazar las decisiones y, en definitiva, dedicarnos a la procrastinación. Darse atracones de estudiar un par de días antes de los exámenes o terminar los trabajos de prisa y corriendo es lo más habitual y lo que suelen encontrarse los docentes, aunque, si observamos a nuestro alrededor, también ocurre en otros aspectos de nuestras vidas, como esas obras que comienzan tarde y terminan convirtiéndose en chapuzas, esas llamadas o mensajes que teníamos que hacer y que los vamos dejando para cuando, en muchas ocasiones, ya no tienen sentido, dejar de fumar o de beber, hacer deporte, etc., etc.

Y ahora paso al meollo de la cuestión y a dar forma a lo que pretendo decir con el título de esta entrada, que también podría haber titulado “el gran vago y su chiripa”, por ejemplo, pero hubiera sido mucho más prosaico y algunos de los que lean esto no hubieran aprendido las dos nuevas palabras. Me refiero, claro está, a nuestro ínclito presidente del gobierno, don Mariano Rajoy Brey, conocido por su afición al descanso, a ver el deporte por televisión en lugar de practicarlo (aunque casi mejor que verlo andar con esos movimientos que sus correligionarios califican como peculiares y otros, los malos de la película, como estrambóticos o ridículos), y a dejar que los problemas se pudran o se resuelvan por sí solos. A muchos de los que trabajan con él les saca de quicio esa forma de enfrentarse a situaciones que a otros los llevarían a pasarse noches y días enteros sin descansar. Porque a él lo caricaturizan tumbado y fumando un puro no por casualidad, sino porque es una persona tranquila, otros dirían que indecisa, confiada en que el tiempo pone las cosas en su sitio y que es mejor no hacer nada que hacer algo equivocado.

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¿Que la mitad de los dirigentes de su partido en Madrid o Valencia están imputados o en la cárcel por corrupción? No pasa nada, me callo, miro para otro lado y digo que la cosa no va conmigo porque, o bien ya no son miembros de mi partido o lo hacían a título personal. Y como la justicia ya sabemos que funciona como funciona, pasarán los días, meses y años, fuese y no hubo nada, como dijo el príncipe de los ingenios. Y si hubo, que lo habrá, como no sabía nada, pues ojos que no ven, corazón que no siente y no tiene culpa, claro.

¿Que la economía está de pena, que la deuda crece de forma imparable, que las desigualdades se hacen cada vez más grandes, que se han destruido miles de puestos de trabajo y los que quedan son precarios y mal pagados, que los jóvenes tienen que salir en masa de nuestro país a buscarse las habichuelas fuera, que la educación y la sanidad están peor que hace veinte o treinta años? Eso es una visión equivocada e interesada y si hay algo de eso es por culpa de los pésimos gestores anteriores que nos dejaron una herencia terrible, pero nuestro buen hacer, nuestro sentido común, nuestra seriedad, nuestra experiencia, conseguirán que dentro de unos años ya no haya paro y España se convierta en la segunda o tercera potencia europea. Los españoles son pacientes, sumisos, aguantarán lo que sea y, además, tienen miedo de que alcancen el poder los podemitas, que nos dejarán hechos unos zorros y peor que en Venezuela, que ya vemos cómo está y ya nos encargamos nosotros de airearlo convenientemente.

¿Que los catalanes quieren irse y que los independentistas han crecido un veinte o un treinta por ciento desde que está Rajoy en el poder? Tranquilos, poco a poco eso se irá desinflando cuando se den cuenta de que todo es una maniobra política que lo único que intenta es ocultar los tejemanejes de los Pujol y de CIU, que como se pongan flamencos no les compramos ni el cava ni la butifarra y a ver después de qué van a comer. Y si no, ahí está el señor Fernández Díaz, que lo tiene todo atado y bien atado, con un ángel de la guarda que, además de ayudarlo a aparcar, también vigila a los sediciosos separatistas, a los que les está buscando todas las faltas, delitos y tropelías para perseguirlos o desprestigiarlos. Y cuando las saque a la luz, ya verás cómo los catalanes de bien volverán al redil y rendirán pleitesía al que les quitó la venda de los ojos.

¿Que ningún partido político, excepto Ciudadanos y estos con muchas reticencias, quiere pactar con ellos porque durante los cuatro años con mayoría absoluta quemó todos los puentes y actuó con una soberbia y una desfachatez inusitadas? Ya se enterarán, ya. Como siga habiendo elecciones, que es lo que más le interesa, vuelve a arrasar y después será peor, que la siguiente mayoría absoluta será el chirriar y el crujir de dientes, os vais a enterar.

Y lo malo o lo peor, es que a esa falta de acción, que parece que le está dando buenos resultados, sobre todo si miramos lo que ocurrió en las dos elecciones anteriores y lo que dicen todos los entendidos que puede pasar si hay unas terceras, se le suma la torpeza de sus contrincantes. Y aquí entra la serendipia, la chiripa que tiene mi paisano orquestada por sus contrincantes políticos, esos dirigentes que ya perdieron una oportunidad y van camino de perder otra. Cada uno enrocado en sus posiciones. Cuando no es por el pasado de unos es por el presente de otros o por el posible futuro de los de más allá, por sus alianzas, por sus pretensiones, por su falta de visión, por su estrechez de miras. O conmigo o contra mí, no hay términos medios. ¿Pactar con independentistas, con chavistas, con sociatas de eme, con figuritas, con figurines o con figurones? Anda ya, faltaría más, yo me debo a mis votantes y mis votantes no me votaron para eso, que yo los conozco bien, que para eso me pateo las calles, leo todos los twits, manejo todas las redes sociales, hablo con mis paisanos, con los bases y con los barones, con todo quisque si hace falta. Y escucho las tertulias radiofónicas y los editoriales de los periódicos y escribo artículos y salgo en televisión, que para eso Bertín o Susana me entrevistan y digo cosas muy guays.

Y mientras tanto, Mariano serendipetea o chiripetea y se sienta a la puerta de la sede de su partido, que está medio embargada y contempla, con su tranquilo y barbudo semblante, con el puro en una mano y el Marca en la otra, cómo pasan los cadáveres de sus enemigos. No le hace falta más. Ni menos.

En tiempos de tribulación no hacer mudanza

Parece que algunos de nuestros políticos nunca han leído a Ignacio de Loyola, no han hecho ejercicios espirituales o no saben aplicar el dicho que da título a esta entrada del militar y religioso vasco que apela a la prudencia, a meditar lo que se dice y lo que se hace, a aguantar y esperar que pase la tormenta. Este país parece vivir en continua desolación o tribulación, cuando salimos de las llamas caemos en la brasas, tenemos la rara costumbre de tropezar siempre en la misma piedra. Aunque parezca lo contrario, esto no es una loa de nuestro presidente en funciones, el sr. Rajoy, que lo único que sabe hacer es estarse quieto como una estatua de sal, esperando que los problemas se solucionen solos. Problemas que en muchas ocasiones ha creado él mismo o su partido. Él aplica mejor el otro refrán que dice: “Soldado que huye sirve para otra guerra” (o, en palabras menos duras, el soldado que se esconde luchará en la próxima batalla). Prudencia o cobardía, desfachatez o ineptitud, inconsciencia o ignorancia, no se sabe bien a qué juega. La culpa siempre la tienen los demás, la herencia recibida, los jueces que persiguen a las buenas personas o la policía que está tomada por la izquierda, ya se sabe.

Lo malo es que en el otro lado tampoco son muy finos, oiga. Los partidos llamados tradicionales se pierden siempre en luchas intestinas por el poder, poniéndole la zancadilla al compañero, intentando acaparar cuotas y aplicando el rodillo o el cuchillo si es preciso. ¿Que eso perjudica al partido y beneficia al contrincante? Qué más da con tal de que los míos obtengan alguna sinecura en ayuntamientos, diputaciones, asesorías o similares.

Y qué decir de los nuevos, de aquellos surgidos de la ilusión del 15-M, de los que llenaban las plazas de alegría, de protesta, de reivindicación, que fueron la admiración del mundo y que exportó su movimiento a muchos países. Pues resulta que crearon un partido que fue capaz de aglutinar no sólo a los que protestaban en las plazas, a los indignados, sino también a los descontentos con las tropelías de unos y otros, a los desilusionados con los suyos. Poco a poco fueron ganando adeptos, introdujeron un lenguaje y unas formas nuevas, dieron voz a mucha gente que nunca la había tenido y que nunca se había interesado por la política o la había abandonado. Empezaron a obtener poder, a organizarse, provocaron el miedo y obligaron a los demás partidos a ir cambiando, a ir asimilando y adoptando algunas de sus ideas. Parecía que era posible un giro radical en la política, que se iba a hacer más humana, más cercana a las necesidades de los ciudadanos. En las últimas elecciones, sin obtener unos resultados demasiado brillantes, sí que consiguieron hacerse más visibles. Y comenzaron las negociaciones para formar gobierno. No es preciso que siga, todos sabéis cómo está la situación, cada vez más compleja. Se han aliado uno de los antiguos con uno de los nuevos, uno de centro derecha y otro de centro izquierda (es imposible llamarlo partido de izquierdas). Pero todavía tienen que pactar, y no lo van a conseguir según parece, con otros partidos hasta alcanzar una mayoría suficiente.

Y aquí es cuando vuelvo a la frase de Ignacio de Loyola. Estamos en tiempos convulsos, tanto dentro como fuera de España; PP y PSOE están hechos unos zorros con sus problemas de corrupción y luchas internas, IU, por ahora, no está ni se le espera, se ha convertido en un convidado de piedra. Y al único partido que podría modificar las cosas no se le ocurre otra cosa que hacer cambios, mudanzas: después del lío de Monedero, se han liado a tortas en Galicia, en Madrid, han echado de mala manera a su número tres, hay enfrentamientos con los anticapitalistas de Andalucía, etc. Es decir, están perdiendo las energías que tendrían que dedicar a convencer a propios y extraños de que su estrategia de negociación de cara a la formación de gobierno es la correcta, en hacer purgas y reorganizarse.

Si se me permite un consejo, dejen de salir tanto en la televisión, dejen de hacer gestos de cara a la galería, pónganse de acuerdo entre ustedes y comiencen a negociar en serio, sin cortapisas ni líneas rojas. Si es preciso, enciérrense en un convento, hagan ejercicios espirituales. No podemos permitirnos otras elecciones porque eso demostraría que la táctica se ha impuesto al sentido común y que los intereses partidistas también se han adueñado de la nueva política, lo que provocaría una enorme desafección en la ciudadanía, a la que ya sería muy difícil volver a ilusionar.

Cutrez (I). ¿Somos cutres los españoles?

Cutre: (1) adj. coloq. Tacaño, miserable. U. t. c. s. (2) adj. coloq. Pobre, descuidado, sucio o de mala calidad.

Este fin de semana se celebra en Madrid la V Edición del Cutrecon, festival de cine cutre que cada año congrega a miles de seguidores que tienen la oportunidad de disfrutar de unas películas que, sin yo saberlo, también me hicieron disfrutar en mi infancia e incluso en mi adolescencia. Existen auténticos frikis, apasionados y entendidos de este cine, seguidores fieles que han convertido estas malas películas en comedias de culto. Lo curioso es que para que sean catalogadas como cutres, deben ser rodadas sin que sus responsables sean conscientes de que están rodando una chapuza. Porque también hay productores y directores que se han especializado en crear películas e incluso sagas con el objetivo de que sean clasificadas como cutres, o de Serie B, como dicen los cinéfilos, del estilo de Sharknado, que han logrado un éxito clamoroso. Y no hablemos de conocidos directores, Peter Jackson, por ejemplo que, seguramente para sobrevivir o porque en aquellos momentos no lo sabían hacer mejor, rodaron películas como Tu madre se ha comido a mi perro, cuya visión aconsejo encarecidamente. Para saber más sobre el cine cutre, recomiendo la lectura del artículo Pasión por el cine cutre: cuanto peor sea una película, mejor.

Pero esta entrada no va sobre cine cutre o sobre mala literatura, cutre también, que la hay y mucha. Sin saber que hoy escribiría sobre la cutrez, leí hace unos meses un excelente artículo de Francisco Umbral que ahora me viene al pelo: El español y lo cutre. En su opinión “El español, en el fondo, ama lo cutre, porque se ha criado, generalmente, en la cutreidad”. Hay que tener en cuenta que ese artículo fue escrito hace 30 años, cuando muchos españoles, sobre todo los nacidos en los años cuarenta, cincuenta e incluso sesenta, crecieron en pueblos y ciudades sórdidas, sucias, en ambientes opresivos, oscuros, rencorosos, envidiosos. A finales de los ochenta, con una Constitución que poco a poco se iba asentando, con nuestra entrada en la Unión Europea, con un partido político que había pronosticado, según uno de sus máximos dirigentes, el día en que nos vayamos, a España no la va a conocer ni la madre que la parió, daba la impresión de que la sociedad iba superando y olvidando lo cutre, lo mezquino, de que podíamos mirarnos a los ojos con alegría y con orgullo, de que ya no éramos lumpen, sino nuevos ricos. Y ese fue el problema, que ni éramos nuevos, ni ricos. Porque España nunca fue nueva, ni siquiera en la época de los Reyes Católicos, en la que todos querían ser cristianos viejos. Y siempre nos hemos enorgullecido de nuestro pasado imperial, glorioso, y de nuestras más rancias tradiciones, tengan siglos o unos pocos lustros. Y así nos va. No es que esté en contra de todas las costumbres y raigambres, pero apelar constantemente a la bondad de los pasados tiempos es coquetear con la estulticia.

Llevamos muchos, demasiados años, instalados en la cutrez, sea en lo político o en lo social, en la estética o en la ética. La encontramos en todos los ámbitos de nuestra vida, pero últimamente, y de manera evidente, en la política. Porque cutres son esos políticos que llevan años practicando la mentira, engañando de manera miserable, robando a manos llenas, justificando lo injustificable, aprobando leyes injustas, oprimiendo a los más débiles. Y no hablo sólo de aquellos implicados en todas las tramas corruptas habidas y por haber, a los que los han apoyado y los apoyan, a los que no se enteraban ni se enteran si no salen en los periódicos. Porque en el fondo, aunque muchos digan eso de que “a mí no me interesa la política”, todos los ciudadanos somos políticos, lo queramos o no. Somos políticos cuando votamos a partidos que están de corrupción hasta el cuello o nos quedamos en casa el día de las votaciones y con nuestro silencio y el de otros muchos permitimos que gobiernen los de siempre; somos políticos cuando nos cruzamos de brazos o miramos hacia otro lado ante la injusticia, cuando no denunciamos o justificamos al que maltrata, cuando cobramos o pagamos sin iva, cuando engañamos… Y cuando luchamos por lo nuestro, por nuestra familia y nuestros amigos, cuando somos solidarios y justos y trabajadores, también somos políticos.

Se echa de menos a los intelectuales que, en momentos difíciles como el actual, eran capaces de realizar análisis profundos de la situación y críticas certeras, atacar a tirios y troyanos si era preciso, inmunes a los halagos y a las prebendas. Ahora se llama intelectual a cualquiera que tenga su minuto de gloria en cualquier tertulia radiofónica o televisiva, que vomita lugares comunes y frases incendiarias que calan en mentes acostumbradas a lo superficial, a lo inmediato, que apelan a lo visceral y emocional y se alejan de las razones y de las verdades. Se confunde información con formación o conocimiento con sabiduría. Siempre se quiere tener razón, olvidando el lema de que “si siempre quieres tener razón, nunca tendrás la verdad”.

 Continuará…