El día de los libros

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En Galicia, cada 17 de mayo se celebra el Día das Letras Galegas, que conmemora la publicación tal día como ese, en 1862, del primer ejemplar de Cantares Gallegos, de Rosalía de Castro. Y es festivo en toda la Comunidad Autónoma, lo que demuestra que, pese a todo, hay alguna esperanza. Quizás por eso, también debería ser festivo el 16 de enero, fecha en la que se publicó por primera vez, en 1605, El Quijote que, tomando el eslogan de un club al que no admiro precisamente, es “algo más que un libro”, el libro de todos los libros, el referente en el que se han mirado todos los escritores que en el mundo han sido desde que salió a la luz.

Hoy se celebra, más que el Día del Libro, recordando que el 23 de abril de 1606 fallecieron, y ya es casualidad, Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega, el día de los libros, esos amigos que, por desgracia, no suelen acompañar a una parte importante de la humanidad. Entre los que todavía son analfabetos funcionales y culturales, los que alardean de que nunca leen un libro, los que no pueden leerlo por sus circunstancias (estoy pensando, por ejemplo, en los millones de niños sirios y de otros países en guerra) o los que carecen de posibilidades de acceder a la lectura aunque sepan leer, son cientos de millones los que quizás no puedan leer un libro en su vida. Es tan triste no poder disfrutar del placer de la lectura, tener que anteponer el pan al libro, aunque Lorca dijera aquello de “Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.” A veces no se puede pedir porque no hay nadie a quien pedir o porque nadie quiere dar porque están sordos y ciegos.

Por desgracia, no podemos llegar a todos aquellos que no pueden leer. Podemos colaborar con organizaciones, prestar o donar libros, animar a la lectura, dar ejemplo a nuestros hijos, a nuestros alumnos, a todos aquellos que nos rodean. Las familias son importantes a la hora de crear hábitos de lectura, los profesores también. Si hay algo que he intentado siempre es que mis hijos disfruten leyendo y creo que lo he conseguido. Desde que eran muy pequeños les contaba cuentos, les regalaba libros, leía con ellos, me veían leer y comprar libros. Casi siempre, el día de reyes, de su cumpleaños o de su santo se encontraban con algún libro y ahora, cada uno, tiene su pequeña biblioteca y espero que la sigan ampliando.

Hace años, todos los 23 de abril compro libros. Previamente hago una pequeña lista que siempre se queda corta. ¡Son tantos los libros que me gustaría leer! Pero por mucho tiempo que dedique a la lectura, son demasiados los que se quedan atrás, en una cuneta cada vez más larga y más ancha. Me aterra la cifra de libros que se publican cada año en España: en el año 2016 la producción editorial en nuestro país fue de ¡86.000 libros! Supongo que muchos serán libros comerciales, de texto, de propaganda y que novela, poesía o ensayo, que es lo que leo, serán una pequeña parte, pero aun así, son demasiados. Si calculo cuántas páginas leo al día, no paso de treinta o cuarenta como mucho. Eso supone que si un libro tiene unas trescientas páginas, puedo leer un máximo de tres libros al mes, treinta y seis libros al año, aproximadamente. Y eso, ahora que tengo más tiempo, pero antes, diez o doce libros. Total, que he leído, como mucho, unos mil libros. ¡Sólo mil libros, por favor! Clásicos y modernos, poetas y ensayistas, dramaturgos, son tantos, tantos los que no puedo ni podré leer que me angustia, me da rabia, me apena.

Pero procuraré no agobiarme, que hoy es un día para disfrutar. Así que os diré, por si alguno lee esto hoy o alguna vez que he comprado cuatro libros y, como hay hacen descuento, me he ahorrado un diez por ciento. Y los libros son: Besos en el pan, de Almudena Grandes; Lolita, de Nabokov; El rumor del oleaje, de Mishima y El ruido y la furia, de Faulkner. Y todavía me quedan bastantes que compré o me regalaron y están en las estanterías de mi casa esperando que los atienda. Paciencia, amigos, que no os olvido.

 

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