Laura Luelmo y la prisión permanente revisable

Rocío Wanninkhof, Diana Quer, el pequeño Gabriel, Laura Luelmo… Son algunos de los nombres que han estremecido al país por la crueldad de sus muertes. Y por la obscenidad con la que muchos medios de comunicación las han utilizado para exacerbar emociones, exponer sin escrúpulos teorías que, algunas ocasiones eran falsas, acusar sin pruebas, exigir venganza. Porque esto es, al final, lo que se pretende, no justicia, sino linchamiento. Aunque en el caso de Laura Luelmo (¡qué cruel destino!, tu juventud, tu ilusión, tu primer trabajo y tener la increíble mala suerte de alquilar una casa al lado de un asesino sin escrúpulos) casi no dio tiempo a realizar acusaciones en falso. Recordamos el caso de Rocío Wanninkhof y la acusación, juicio y declaración de culpabilidad de Dolores Vázquez. La histeria popular creada por los medios de comunicación entró en los anales de los errores judiciales y mediáticos. Con Diana Quer pasó algo parecido, aunque sin llegar a ese extremo: los señalados entonces fueron unos feriantes que se encontraban en el pueblo en el momento de la desaparición de la muchacha. Y lo mismo en el “caso Gabriel”, cuando durante muchos días se puso el foco sobre un antiguo acosador de la madre.

Todavía más obscena que la actuación de los medios es la utilización política de estas muertes. Aprovechar el sufrimiento para defender las ideas propias y atacar al adversario para obtener réditos electorales, que es lo que al final se pretende, es impúdico e indecente. Aunque ya estamos acostumbrados, por desgracia, a estas situaciones, no deja de causarme asco e indignación. La comparación con chacales o hienas, que me perdonen los amantes de los animales, es inevitable.

Puedo entender que una familia destrozada y traspasada por el dolor exija que todo el peso de la ley caiga sobre el delincuente. Es también lo que queremos todos. Pero siempre la ley y nada por encima de ella. No puedo ni quiero imaginarme pasar por una situación así o por la que pasaron los familiares de las víctimas de ETA o las de la matanza de Atocha. Pero también hay otras tan crueles y que no acaparan tantas páginas, como, por ejemplo, la muerte en accidente de tráfico causada por un energúmeno que va hasta las cejas de alcohol o de cualquier droga. El resultado para la víctima es el mismo y para sus familias y amigos un dolor infinito, inexplicable.

Eso no significa que no haya que establecer medidas legales y policiales contra aquellos a los que, por desgracia, es casi imposible reinsertar, porque reinciden y ponen en peligro la vida de los ciudadanos. No hay que hurtar un debate sobre qué hacer con esos individuos, un porcentaje mínimo si atendemos a las estadísticas, que no responden a la reinserción social. ¿Aislamiento, difusión de sus datos como se hace en algunos países, control una vez que salen de la cárcel? Pero, sobre todo, más medios, más preparación en jueces y policías, más prevención. Y más educación, más igualdad, menos pobreza, menos marginación.

Para terminar, es casi una obligación exponer datos, cifras que luchen contra la manipulación de los sentimientos. Eso es lo que tendrían que hacer los políticos, contrastar las ideas con la realidad, con los hechos. Me voy a limitar a reproducir leyes, artículos periodísticos, gráficos y datos. Y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Leyes, datos, cifras, hechos

El artículo 25.2 de la Constitución Española afirma lo siguiente:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.”

En el año 2015 el Parlamento español, con el único apoyo del PP, que contaba con mayoría absoluta, modificó el Código Penal para incluir la figura de la prisión permanente revisable. Los tribunales podrán aplicarla en algunos tipos agravados de asesinatos en los siguientes supuestos:

– Cuando la víctima sea menor de 16 años o se trate de una persona especialmente vulnerable.

– Cuando el asesinato se cometa después de un delito contra la libertad sexual.

– En los asesinatos múltiples.

– En los asesinatos cometidos por miembros de una organización criminal.

– Delitos contra la Corona.

– Delitos contra el Derecho de Gentes.

– Delitos de genocidio.

– Delitos de lesa humanidad.

Antes de la implantación de la prisión permanente revisable, había en España unas penas máximas de 25, 30 o 40 años de cárcel para casos de extrema gravedad. La prisión permanente lo que cambia es exigir que el criminal cumpla de forma íntegra entre 25 y 35 años de pena, dependiendo del tipo del delito y de si la pena es por uno o varios, tras lo cual se revisará. Si no se cumplen determinados requisitos para la libertad, el preso seguirá en prisión.

Cumplir 35 años, por cierto, no significa que vaya a estar en prisión todo ese tiempo. El penado puede solicitar permiso de salida ordinarios una vez haya cumplido un mínimo de ocho años de prisión, aunque lo cierto es que en el caso de asesinatos graves, bien por lo largo de su condena bien por la alarma social, lo más normal es que se les deniegue el tercer grado.

Hasta el momento este tipo de pena sólo se ha aplicado una vez. El 7 julio 2017 fue condenado por primera vez en España, el parricida de Pontevedra, David Oubel por degollar a sus hijas. El tribunal del jurado, por unanimidad, halló culpable a Oubel de asesinar con alevosía a las pequeñas de 4 y 9 años con una sierra eléctrica.

La implantación de la prisión permanente revisable en 2015 no impidió el asesinato de Diana Quer en 2016 ni el de Gabriel en 2018.

La pena de muerte en Estados Unidos no impide que haya casi ocho veces más homicidios y asesinatos que en España.

Muchos de los países en los que existe la pena de muerte o la cadena perpetua son también los que tienen un mayor índice de criminalidad.

Generalmente, a mayor nivel de vida, menor tasa de criminalidad. En los países desarrollados, son las zonas, las ciudades o los barrios más desfavorecidos los que concentran mayor número de delitos. Por tanto, la solución no consiste en tener más policías, más cárceles o leyes más duras, sino mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Las penas máximas en países de nuestro entorno

Francia. La pena más dura es “perpetuidad irreducible”. En casos excepcionales establece una prisión efectiva ilimitada. Este castigo se destina especialmente a los condenados por asesinato de una víctima menor de 15 años y cuya muerte estuviese “precedida o acompañada de una violación, de torturas o de actos de barbarie”.

Italia. La máxima pena de prisión prevista, de acuerdo a la legislación vigente, es la cadena perpetua. A partir del cumplimiento de al menos 20 años de prisión es posible la aplicación de beneficios penitenciarios, y cumplidos al menos 26 de la pena impuesta, se puede optar a la libertad condicional

Portugal. La máxima pena que recoge la ley es de 25 años de cárcel.

Reino Unido. El condenado puede optar a la libertad condicional después de un periodo de tiempo que fija el juez. En casos excepcionales el magistrado puede dictaminar que la condena sea “orden de toda la vida”, sin acceso a la libertad condicional.

Alemania. Contempla una permanencia en prisión que, tras un mínimo de 15 años, debe examinar un nuevo tribunal cada caso de manera individual.

Noruega y Dinamarca. Existe la figura de la “custodia” similar a la cadena perpetua revisable para personas que han cometido crímenes especialmente graves y cuando existe riesgo de que puedan repetirlos.

Bélgica. El preso tiene la posibilidad de solicitar la libertad condicional transcurridos 15 años desde su entrada en la cárcel.

Holanda. La prisión permanente cuenta con la posibilidad de revisión de la condena tras cumplirse 27 años de la pena y ante las sospechas de que se haya producido una injusticia por parte del tribunal.

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Tasa de criminalidad en Europa. Año 2016

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Países en los que está vigente la cadena perpetua

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Para terminar, no me resisto a incluir algunas frases de mi paisana, Concepción Arenal (El Ferrol, 1820-1893), que fue una auténtica adelantada a su tiempo y que muchos políticos tendrían que leer y tener como referencia más a menudo.

“Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas”.

“Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”.

“Odia el delito y compadece al delincuente”.

“Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente”.

 

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Me gusta la polémica

Me gusta polemizar, lo reconozco. La verdad es que hasta hace unos años prefería callar y dar la razón a los demás, aunque yo estuviera convencido de que mis ideas eran mejores o más sensatas o más realistas, antes que embarcarme en agrias discusiones, en disputas estériles, en enfados inútiles. Aunque en las grandes cuestiones (la libertad, la tolerancia, la igualdad, el respeto a los derechos de las personas, la defensa de lo público ante lo privado y algunas otras más) siempre he sido bastante inflexible y marcaba una línea roja que no quería traspasar, pues no concebía el menoscabo o el menosprecio de las mismas, en cuestiones menores no me costaba trabajo dar mi brazo a torcer. No se trataba de ser más o menos pusilánime, sino que priorizaba las relaciones, el estar a gusto con los demás, en ceder para llegar a acuerdos. A veces, sin embargo, después de un silencio o de una concesión demasiado rápida, llegaba el remordimiento por no haber dicho algo, por no haber defendido con más fuerza o vehemencia alguna idea. Y durante días no paraba de darle vueltas a la cabeza, arrepintiéndome de mi falta de valor o de reflejos para contrarrestar las razones de los demás.

Pero todo eso se ha terminado. Supongo que será por la edad y por la experiencia, porque ya no tengo necesidad de bajar la cabeza o mirar para otro lado o permanecer en silencio. Ahora casi busco la confrontación por la confrontación, como una forma de poner a prueba mi capacidad de persuasión, a veces de manipulación. Sigo defendiendo las mismas ideas, quizás de una manera un poco más radical, pero sin perder, todavía, las formas. Y también defiendo, por qué no, algunas ideas con las que, en el fondo, no estoy de acuerdo. Por poner un ejemplo, la cuestión catalana. Hace unos años yo era partidario de un referéndum consultivo (no vinculante) de autodeterminación en el País Vasco y ahora en Cataluña. Es bueno conocer lo que opina el pueblo, no mediante encuestas que pueden manipularse fácilmente y siempre que las preguntas sean las adecuadas. No poniendo a los ciudadanos en tesituras maniqueistas, en el estás conmigo o contra mí, en el todo o nada. Incluso podría estar de acuerdo con un referéndum vinculante, después de un amplio debate, sin dejarse llevar por las emociones, dando un tiempo prudencial para que todos pudieran, de una manera libre y sin coacciones de ningún tipo, dar sus argumentos y opiniones. Y la vinculación tendría que ser con unas premisas muy claras: un porcentaje de participación alto (no menos de un 70%) y un apoyo a la independencia también alto (nunca inferior al 70%). Si se dieran todas esas circunstancias, creo que podría llegarse a un acuerdo.

Por desgracia, las posiciones están demasiado alejadas. Por un lado, ha habido una falta de lealtad, una hipocresía y una enorme cantidad de mentiras, de sobreactuación, de manipulación y de confrontación con el Estado, fuera quien fuera el gobierno, en el lado de los independentistas, apoyados por una izquierda acomplejada, que no ha sido capaz de analizar con valentía la situación y que ha defendido ideas y valores muy alejados de lo que siempre ha sido esa izquierda. No todo vale, compañeros. Eso de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, aquí no se sostiene. Por otro lado, la derecha. ¿Cómo catalogar lo que han hecho PP y Ciudadanos en los últimos años? Se ha pasado de un apoyo al independentismo de aproximadamente el 25% a casi el 50% desde que Mariano Rajoy llegó al poder. Acordémonos de los tiempos de Aznar, ese que hablaba catalán en la intimidad y firmó con Pujol el Pacto del Majestic y que denominó a ETA Movimiento Vasco de Liberación Nacional, autorizó entablar negociaciones con ellos y liberó a más de doscientos etarras. Ahora Aznar es el máximo enemigo, el azote de catalanes y vascos. Cousas veredes, que decimos los gallegos.

Pues ahora, señoras y señores, estoy hasta las narices de los independentistas catalanes y, a pesar de que sigo pensando que tolerancia, libertad e igualdad son innegociables, discrepo con todo aquel que los defiende. Y polemizo, y discuto. Y ya me pueden llamar fascista, ese término que ha perdido su significado de tanto manipularlo. Llamar fascistas a la gente del PP o de Ciudadanos por ser de derechas es insultar a la memoria de mi abuelo Castro, ese al que unos fascistas, esos sí, estuvieron a punto de matar de una paliza cuando comenzó la guerra civil, y que sólo se libró del paredón gracias al párroco de Arteixo. Por eso me revienta que se utilice con tanta frivolidad. Por eso, me revienta que llamen fascista a Rivera, a Rajoy, a Serrat a Manuel Vicent o a cualquier otro que no piense como lo que, según determinados sectores del independentismo, e incluso de la izquierda, se debería pensar. Hay que ser mucho más serios.

Me gusta polemizar y discutir de política. En algunos casos como si yo fuera de derechas (pocas veces, como mucho, de Ciudadanos) y otras veces de izquierda, que lo soy, pero que no comulgo con determinados personajes, ni acepto la corrupción del PSOE ni sus maneras, a veces chulescas, ni con la actitud de Podemos y sus confluencias en relación con Cataluña o cuando pudo pactar con el PSOE para que gobernara la izquierda y no lo hizo, oportunidad que pocas veces se volverá a plantear, porque lo de ahora no tiene sentido. No tengo que pagar peajes.

Me gusta discutir de religión, respetando las creencias, pero poniendo en un brete a aquellos que intentan convencerme de las bondades de las misas y de la liturgia. Ha habido demasiados millones de muertos y demasiado sufrimiento por culpa de las religiones, y los sigue habiendo, como para que intenten convencerme de las bondades de seguir fervorosamente a un dios que, si realmente existiera, debería hacer algo más por un mundo tan injusto y tan cruel y no mirar para otro lado.

También me gusta polemizar y discutir, sobre todo con mi hijo Santiago, de fútbol. Aunque nunca he sido un talibán ni un radical futbolero, resulta que Santi me ha salido del Barça. Y eso, para uno que simpatiza con el Madrid y es seguidor del Dépor, es casi una herejía, porque recuerdo que mi equipo coruñés perdió una liga en el último minuto del último partido por culpa de un penalti fallado por Djukic. La liga se la llevó el Barcelona de Cruyf, que seguramente compró al portero, claro.

Y por último, las discusiones con mi mujer, sobre todos los temas anteriores y sobre muchas más cosas. Llevamos casados treinta y siete años y raro es el día que no discutimos sobre algo. Y esa es la salsa, el condimento que nos permite estar más unidos. Porque si no se discute, si no se discrepa, todo sería demasiado empalagoso y aburrido. Como ella casi nunca me lee, no podremos discutir sobre esto. Con mi hija Carmen apenas discuto, somos demasiado parecidos y pensamos igual en muchas cosas. Pero no somos inmunes a las discrepancias, no creáis. Son pocas, pero intensas.

Así que estoy dispuesto a discutir con quien sea y sobre lo que sea. Aquí me tenéis, estoy a vuestra disposición.

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¿Qué hemos hecho para merecer esto?

Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Don Juan Tenorio, de José Zorrilla

Noviembre es el mes de los difuntos. Hasta hace unos años era tradición representar Don Juan Tenorio en muchos teatros de España. generalmente el primero de noviembre, porque el acto final de la obra tiene lugar en la noche de Todos los Santos, víspera del Día de Difuntos, el 2 de noviembre. Ahora, en su lugar, influenciados como en muchas otras cosas por los norteamericanos y por las academias de inglés, todo hay que decirlo, celebramos Halloween. Creo que hemos perdido bastante.

Tenía pensado escribir sobre ese tema, sobre la pérdida de la identidad y de algunas tradiciones (aunque no es que yo esté demasiado apegado al pasado, la verdad), de la uniformización de costumbres y de modos de vida, casi siempre venidas de la otra parte del Atlántico. Volví a leer el comienzo de Don Juan Tenorio, por aquello de sumergirme en el tema, y cuando llegué a los versos que recita Don Juan y que reproduzco al principio, cambié de idea. Ya no me apetecía hablar de ese tema porque, inmediatamente, asocié las rimas a los políticos actuales, no a todos, pero sí a la mayoría. Eso de dejar en todas partes memoria amarga va unido, casi indefectiblemente, a Pablo, a Pedro, a Albert, a Mariano, a José Luis, a Quim, a Jordi, a Carles, a Artur… Podríamos seguir ad infinitum.

Y si analizamos lo que ocurre por el mundo, es para echarse a temblar. Primero Trump, después Salvini, ahora Bolsonaro. Y antes aun Hungría, Polonia. También Chile. Y Argentina. Las perspectivas tampoco son halagüeñas en muchos otros países, sobre todo en Europa. Espero que Vox no se nos suba a la cabeza. Se decía que los partidos políticos tradicionales habían colapsado, se habían convertido en máquinas de corrupción, de comprar y cautivar votos, de colocar a los suyos, de mirarse el ombligo y alejarse de los ciudadanos cuando llegan al poder. Es verdad, hay muchos ejemplos que lo corroboran. Pero el problema es que a los nuevos partidos les pasa lo mismo. Al poco tiempo de haberse creado con el objetivo, según dijeron en su momento, de cambiar la vida política, de traer aires nuevos, de acabar con la corrupción, de llevar la calle al Parlamento, caen en los mismos errores y siguen las mismas pautas que sus hermanos mayores.

Después de varios años en los que hemos podido comprobar cómo funcionaban, cómo trabajaban y luchaban para conseguir sus propósitos, cómo maniobraban en su lucha para socavar el poder de los dinosaurios que durante décadas se habían instalado en el poder, creo que, una vez más, se vuelve a cumplir la máxima del príncipe de Lampedusa (esa isla que intermitentemente es noticia por la llegada de inmigrantes) de que todo debe cambiar para que nada cambie. Podríamos pensar que con el final de bipartidismo la política española había entrado en una nueva etapa, que la corrupción sería perseguida sin tregua, que, ante la casi imposibilidad de que se lograran mayorías absolutas, las negociaciones y los pactos renovarían la fe de los ciudadanos en sus políticos. Pero me temo que nada de eso ha sucedido. Los nuevos partidos son una copia peor que sus hermanos mayores. Ciudadanos no mejora al PP y Podemos no mejora a IU ni al PSOE. Porque no sólo de palabras vive el hombre, sino, y sobre todo, de hechos.

Lo vivimos hace poco con la moción de censura que llevó al poder a Pedro Sánchez. Poner de acuerdo a partidos tan diferentes para, según dijeron en su momento, acabar con la corrupción del PP y encauzar la situación de Cataluña parecía el comienzo de una nueva era, en la que el sentido común y la honradez se iban a instalar por mucho tiempo en nuestro país. Además de las palabras, parecía que los hechos también acompañaban porque la composición del Consejo de Ministros y Ministras hacía albergar muchas esperanzas. La cosa comenzó a torcerse un poco con las dimisiones de Maxim Huerta y de Carmen Montón y las más recientes dificultades por las que han pasado Pedro Duque y Dolores Delgado. Pero teniendo en cuenta lo que había ocurrido en los anteriores gobiernos del PP, en los que los ministros, por cosas mucho peores, aguantaron en sus cargos mucho más tiempo, parecía que, efectivamente, los tiempos habían cambiado y ahora no se aceptaba ni la más leve sospecha ya no digo de corrupción, sino de utilización beneficiosa de la fiscalidad.

También parecía que los problemas en Cataluña iban mejorando, que el diálogo se había restablecido, que las aguas volvían al cauce político, aunque los independentistas nunca han facilitado las cosas, siempre han intentado doblar el brazo al Estado y apenas han dejado un resquicio en su discurso monolítico y excluyente. Ese es un problema muy complejo, difícil de resolver y los próximos meses, con el juicio a los líderes del “procés”, van a ser muy duros. Ahora lo estamos viendo con la negociación de los presupuestos. Si es difícil que IU-Podemos, PSOE y PNV se pongan de acuerdo para aprobarlos, resultará tarea casi imposible convencer a los catalanes, así que, si un milagro no lo impide, habrá otra vez prórroga de presupuestos o nuevas elecciones.

La elección de Pablo Casado como nuevo presidente del PP tampoco va a ayudar mucho a tranquilizar la vida política, teniendo en cuenta cómo está actuando. Creo que va a hacer bueno a Rajoy. De Albert Rivera poco se puede decir, porque cada día su posición es distinta, sólo se preocupa de las encuestas. Unas veces apoya al PSOE, otras a PP y pocas veces tiene un discurso claro.

Así que esa es la situación. Casi todos subieron a los palacios, algunos bajaron a las cabañas, quizás también escalaron claustros, si no de obra, sí de pensamiento, por lo del morbo, y todos dejaron o dejarán memoria amarga.

¿De verdad que los ciudadanos nos merecemos esto? ¿Habrá alguna manera pacífica de arreglar los desaguisados en que nos suelen meter esos tenorios de pacotilla? Porque otras maneras prefiero no mencionarlas porque ya se sabe, no se debe mentar al diablo, y menos en noviembre.

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Cincuenta años después

7 de junio de 1968. José Ángel Pardines Arcay, un guardia civil de tráfico, coruñés de Malpica, daba el alto en Villabona, Guipúzcoa, no se sabe si por casualidad o porque el vehículo había hecho alguna maniobra extraña,  a un seat 850 en el que viajaban dos personas para pedirles la documentación. La carretera estaba en obras, el coche se detuvo y cuando el guardia se acercó uno de los individuos le disparó un tiro en la cabeza. El etarra Txabi salió del coche y lo remató con cuatro disparos en el pecho. Fue el primer asesinato de ETA. 853 muertos después (otros dicen que 829), miles de heridos y otros muchos miles exiliados (esos sí que son exiliados de verdad) por las amenazas y el terror, hoy parece ser que ETA, 50 años después, dice adiós. Pero lo hace como siempre ha hecho, con una retórica que habla de conflicto, de lucha del pueblo, de liberación nacional, de responsabilidad y honestidad de su militancia, de activación popular.

Los que crecimos con los atentados diarios (recuerdo especialmente el de Miguel Ángel Blanco por su crueldad y cinismo, el de Carrero Blanco por su influencia en el final del régimen franquista, el de Hipercor en Barcelona o el de la casa-cuartel de Zaragoza, estos dos últimos por su indiscriminación,  entre otros muchos), con los funerales, con los reportajes sobre la opresión asfixiante que se vivía en el País Vasco, sobre todo en los pueblos pequeños y medianos en los que todo el mundo se conoce o con el testimonio de los familiares de las víctimas, llegamos a pensar que era imposible que esa situación se normalizara. Porque la memoria es frágil y selectiva, pero partidos que hoy rechazan e incluso abominan del terrorismo hubo un tiempo que miraban para otro lado y apenas lo condenaban. Estoy hablando del PNV, que durante muchos años se aprovechó del terror para intentar influir en la política nacional y del País Vasco. Recordamos la frase del presidente del PNV Xavier Arzallus: unos sacuden el árbol para que caigan las nueces y otros las recogen para repartirlas. Como se sabe, ETA nació en el seno de las juventudes católicas del PNV por lo que la iglesia vasca siempre vio con cierta condescendencia, a veces incluso con simpatía, a la banda terrorista. No hace falta más que recordar al obispo José María Setién que, entre otras cosas, se negó a celebrar el funeral del socialista asesinado Enrique Casas en la catedral. Y como él, bastantes sacerdotes que también negaban esa posibilidad en muchos pueblos cada vez que se producía un atentado.

También podríamos hablar de la ambigüedad que durante muchos años mantuvo la izquierda española, y sobre todo la de muchos países europeos y americanos, con ETA. Hasta no hace mucho tiempo, los terroristas podían campar a sus anchas por los países de nuestro entorno: Francia, Bélgica, Gran Bretaña, y sobre, todo, en latinoamérica: Cuba, Venezuela, Colombia o El Salvador eran paraísos donde los etarras eran acogidos casi como héroes. Por último, si no llega a ser por los atentados del 11S en Nueva York y del 11M en Madrid y la aparición del ISIS y su ola de atentados en todo el mundo, que mostraron en toda su crudeza la crueldad del terrorismo, quizás la historia y el final de ETA habría sido otro. Todos los países se dieron cuenta, unos antes que otros (por ejemplo, la colaboración de Francia a partir de los noventa, cuando Felipe González llegó a un acuerdo con François Mitterrand supuso un antes y un después en la lucha antiterrorista) del sufrimiento que suponía para la sociedad española en su conjunto el terrorismo de ETA y que la propaganda que ésta llevaba realizando durante décadas estaba basada en mentiras y en la deformación de la realidad, que apelaba a un pasado que no había existido y a una sociedad irreconocible.

Ahora, antes de intentar pasar página y de que el tiempo vaya curando heridas y permita la reconciliación, lo que no supone olvido ni perdón; ahora que muchos jóvenes no saben quién fue Miguel Ángel Blanco, ni saben nada de atentados, que viven en un País Vasco próspero y con grandes perspectivas; ahora que estamos asistiendo a otra construcción de una realidad y de un pasado y presente en Cataluña que provoca reparos ya que cierta izquierda está cayendo en el mismo error que cayó en el caso vasco, es necesario que la educación juegue un papel esencial, que desde todas las instancias se analice y se reescriba la historia para que no vuelvan a repetirse los mismos errores y las mismas barbaridades.

Termino este artículo recordando al guardia civil de Aroche, José Miguel Maestre Rodríguez, de 27 años de edad asesinado el 2 de mayo de 1979 junto con otro compañero en Villafranca de Ordicia, Guipuzcoa. Su muerte y la de tantos otros sólo sirvió para aumentar el sufrimiento de su familia y de sus amigos. Y todo esto, ¿para qué?

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Yo no sé leer ni escribir

Cuando yo nací, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, tres de cada diez personas de la edad que yo tengo actualmente eran analfabetas. En Galicia, país de emigrantes por excelencia, era frecuente que, cuando alguien quería comunicarse con un familiar que trabajaba allende los mares o más allá de los Pirineos, tuviera que acudir al cura o al maestro para que le escribiera las últimas novedades de la aldea: el parto de una vaca, la muerte de algún vecino, la compra o la venta de una leira, el viaje a la capital… Eran cartas sencillas, como sencillas eran las personas y las ideas. En muchas ocasiones, el cura o el maestro tenían que inventarse las frases, porque los vecinos apenas sabían comunicar lo que pensaban o sentían, entre otras cosas porque su lengua era el gallego y no podían expresarse en castellano, el idioma de los poderosos.

Han pasado más de sesenta años y yo me siento como aquellos aldeanos, porque me doy cuenta de que aunque leo mucho y escribo algo, no soy buen lector ni alcanzo a expresar con mediana claridad lo que pienso. Ahora que tengo mucho tiempo libre, una de mis ilusiones era la de dedicarme a escribir pequeños relatos, cuentos, historias basadas en experiencias personales o inventadas. Comencé con entusiasmo, pero me temo que en lugar de haber ido mejorando, los resultados son cada vez más flojos. Leo y releo las líneas que con trabajo fui capaz de pergeñar y no me dicen nada, como si las hubiera escrito alguien ajeno a mí, alejado de lo que pienso, de lo que siento, de lo que veo, de lo que imagino.

Y lo sé sin que nadie me haya escrito una crítica en algún suplemento cultural que apenas leen unos pocos. No hace falta ser un perspicaz o avieso buscador de gazapos, un frustrado cazador de recompensas o un manirroto embaucador de avecillas incautas que gorgotean felices ante cualquier pretendida originalidad en panfletos, artículos o discursos. No sé escribir. Repaso las pocas líneas que, con excesivo entusiasmo, me he atrevido a publicar en las redes sociales. Y no encuentro una sola frase, ni una, que merezca la pena. Como casi siempre ocurre en casos similares, la causa está en una deficiente selección de las lecturas que he realizado a lo largo de los años. En realidad, nunca he seleccionado los libros. Todo aquello que caía en mis manos lo leía con fruición. Y ahí está el error, porque ahora me gusta cualquier libro, cualquiera. Apenas sé distinguir un clásico de un best seller. Y  aquí surgen un montón de dudas y me hago muchas preguntas:

¿Qué es un clásico? ¿Todos los clásicos tienen calidad? ¿Lo que es clásico ahora será clásico dentro de unos siglos o lo fue en siglos pasados? ¿Todos los libros de éxito actuales son malos? ¿Se escribe demasiado o se publica demasiado a la ligera? ¿Ganar mucho dinero escribiendo es sinónimo de falta de calidad literaria?

Como no hay nadie que me conteste y yo no tengo una respuesta clara, aunque alguna sí podría dar, seguramente equivocada, continúo con mi lamento. No sé escribir, y bien que me pesa. Lo he intentado todo. En primer lugar, apuntarme a cursos de escritura creativa y poco más me han enseñado que lo que en su momento utilicé en las aulas: la Gramática de la Fantasía o los Cuentos para jugar, de Gianni Rodari. Puedo saber todo sobre el ritmo del discurso, la composición, el tratamiento del tema, el punto de vista del narrador, los personajes, los géneros… Mucha teoría, pero cuando me siento delante de una página en blanco, cuando creo que tengo un argumento que me gusta, lo desarrollo, describo las diferentes escenas y capítulos, los personajes que van a aparecer o cualquier otro material que se necesita en una novela, un relato o una obra de teatro (de la poesía ni hablo, porque está en un ámbito en el que ni siquiera me atrevo a pensar), todo se difumina.

Y me pregunto: ¿cuando Cervantes comenzó a escribir el Quijote, de verdad que ya tenía todo eso en su cabeza? ¿Pensó a grandes rasgos cómo quería que se desarrollaran las aventuras de un loco y de un analfabeto o comenzó a escribir sin más, dejando que su enorme imaginación, sus experiencias y su dominio del lenguaje hicieran todo lo demás, improvisando sobre la marcha? Supongo que habrá eruditos estudios que lo expliquen, pero no tengo ganas de leerlos.

Así que no es preciso que calléis ante mí, que miréis para otro lado. Seguiré leyendo, a veces a Tirso de Molina, a Delibes o a Bécquer y otras a Stephen King, a Dolores Redondo o a Carlos Ruiz Zafón, por ejemplo. No hace mucho fui a la consulta de un conocido médico sevillano y me llamó la atención la cantidad de diferentes ediciones que tenía del Quijote. Comenzamos a hablar de literatura y comentamos las últimas lecturas que habíamos hecho cada uno. Él me confesó que ya sólo se dedicaba a releer a los grandes escritores griegos y latinos y a los clásicos españoles, comenzando, claro está, por Cervantes, porque, según me dijo “lo que se escribe ahora es como la comida basura: entra por los ojos, tiene un agradable sabor y es barata, pero se digiera muy mal y, a largo plazo, sus efectos son perniciosos”. Apenas me atreví a balbucear que mis últimas lecturas eran de Pérez-Reverte y Dolores Redondo. Me miró con conmiseración y tuve que bajar los ojos, avergonzado.

Pero después, pasado el tiempo, me rebelé contra esas opiniones que, en el fondo, creo que ocultan una cierta envidia y frustración de escritores poco reconocidos y conocidos. Así que ya paso de críticas sesudas sobre la poca calidad de los escritores actuales, de su falta de profundidad en argumentos y personajes, en su escaso dominio del lenguaje, entre otras cosas, porque no me lo creo. Ahora hay mucha más cantidad de escritores, es cierto, se publica como nunca se ha publicado y entre tanto libro es lógico que haya mucha paja y poco trigo. Pero sigo disfrutando con los libros de éxito, con los que se venden a cientos de miles.

Y perdonad si, de vez en cuando, os castigo con alguna de esas tonterías que se me ocurre escribir y me atrevo a publicar. Ya sabéis que la ignorancia es muy osada.

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Autoridad y sensatez

¿Por qué hoy me acuerdo de un artículo que escribí en el blog de orientación hace unos años, por qué será? Aunque ejercer la docencia no es lo mismo que ejercer la política (menos mal), hay una serie de principios que son similares y hay que recordar que aplicar el sentido común casi siempre es mejor que aplicar leyes y normas, porque muchas veces el legislador atiende a otros intereses. La negociación y el diálogo con el otro son siempre imprescindibles.
Aplíquese.

Autoridad y sensatez (entrada publicada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado el 3 de febrero de 2014)

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Imposible permanecer impasible

Es imposible permanecer impasible. Perdonad el juego de palabras, pero el momento o la encrucijada en la que estamos creo que merece una pequeña reflexión. No sé cuál sería mi postura y mi pensamiento si hubiera nacido, vivido y educado en Cataluña. O si mi familia y mis amigos fueran independentistas, si continuamente me estuvieran bombardeando con mensajes sobre la actuación mafiosa del Estado, su corrupción, la opresión sobre el pueblo catalán, la actuación conjunta de jueces, fiscales y policía y guardia civil que ocupan de manera ominosa las calles y ciudades catalanas. Seguramente sería independentista. Pero tengo la suerte, sí, la suerte, de poder observar lo que allí pasa con cierto desapasionamiento. Porque la pasión y la emoción son malas consejeras cuando hay que tomar decisiones. Todavía recuerdo los negros años en que ETA atentaba día sí y día también y muchos salían a la calle gritando y exigiendo que se volviera a implantar la pena de muerte. Se recogieron firmas, se realizaron manifestaciones, muchos tertulianos se postularon a favor de la pena máxima. Emocionalmente estábamos tocados y muchos se alegraban cuando la policía y la guardia civil mataba a un etarra. Si el gobierno (en aquella época UCD y después PSOE) se hubiera dejado guiar por lo que parecía la mayoría del pueblo español, se hubiera realizado un referéndum sobre la pena de muerte, quizás hubiera salido el sí. Pero los políticos deben permanecer en la sensatez, contar hasta diez o hasta un millón, aplacar ánimos, y eso fue lo que hicieron.

Lo que ocurre en Cataluña no viene de ahora aunque en estos últimos años los acontecimientos se han precipitado. En el año 2012, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo en un artículo titulado La movilización de las masas, analizaba la situación en Cataluña y ya advertía del peligro  de movilización de las masas y terminaba con una frase que resultó premonitoria: en política el inmovilismo origina muchos más problemas que la toma de contacto con la realidad. Espero que no caigan en la tentación de movilizar a las masas. Y en esas estamos.

Como dice Joan Tardá en el vídeo que pondré al final, ni los más optimistas de los independentistas podían pensar que este momento pudiera llegar tan pronto. Porque nadie podía creerse tampoco que el gobierno actual fuera tan torpe, tan rígido y con menos sensibilidad. Y no hablo solo del gobierno español, es que el gobierno catalán tampoco lo ha hecho mucho mejor. Rectifico, lo ha hecho muy bien para sus intereses, aunque habrá que ver si al final, y no lo digo pensando en lo que ocurra el 1-O, no le pasa factura. Porque se han utilizado los sentimientos y las emociones de las personas para alcanzar objetivos políticos. Y eso es lo que suelen hacer las dictaduras. Es curioso que una publicación como Cuba Debate, órgano de difusión en la, según parece dictadura cubana, define diez estrategias de manipulación mediática que en Cataluña se han utilizado de manera sistemática. Voy a referirme sólo a algunas que se pueden reconocer en lo que ocurre actualmente:

  1. La estrategia de la distracción: consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones, mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
  3.  Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
  4. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.

Y así hasta completar las diez estrategias. Eso es lo que se hace habitualmente, no sólo en las dictaduras, sino en otras sociedades democráticas que han permitido que los poderes fácticos intervengan y en ocasiones sustituyan a los representantes de los ciudadanos en las Cortes.

Sé que hay muchos que creen que el domingo será un día festivo más, que como el 9-N o las últimas Diadas la gente saldrá a la calle a manifestar sus deseos de independencia. Por cierto, aviados están si lo consiguen pues ya veremos cómo Esquerra y CiU son capaces de convivir con la CUP, adherirse a Europa, crear una moneda nueva, pagar la deuda, mantener en calma a los no independentistas que ahora están callados pero que quizás más adelante se movilicen y ya veremos de qué manera, vender sus productos en el resto de España (si ahora ya hay muchos que no compran productos catalanes, con la independencia no digamos), controlar sus fronteras, crear un ejército propio (no vaya a ser que España los invada). Y sobre todo, ¿cómo sobrellevarán una liga sin el Real Madrid o el Atlético? Porque me temo que las aficiones de esos equipos, si ya le pitan a Piqué sólo por sus manifestaciones, cuando se hagan independientes ni querrán ver al Barça y la Federación Española no creo que permita que un equipo de otro país juegue la liga española (el ejemplo del Mónaco no vale, y si no véase el siguiente artículo: ¿Por qué juega el Mónaco en la liga francesa?)

Es una pena que se haya producido tal hispanofobia en Cataluña y catalanofobia entre muchos españoles. Os puedo asegurar que no soy anticatalán, aunque me duelen muchas opiniones de catalanes, no sólo de políticos sino de ciudadanos de a pie, que por exaltar sus virtudes y sus valores, que los tienen y son muchos, se han dedicado a mentir y a insultar a andaluces, extremeños o gallegos. Y por la otra parte, igual, que da vergüenza escuchar a muchos de mis compatriotas.

No quiero que Cataluña se haga independiente. Incluso creo que podría y debería llegarse a un acuerdo para que se realice una consulta, después de que pase toda esta tormenta, se hayan calmado los ánimos y se debata en el Congreso y en el Senado, para ver cuál es el encaje de Cataluña en España. Ni eso va contra la soberanía española ni significa que el Estado se rompa.

Un ejemplo de cómo se puede debatir, cómo se pueden utilizar argumentos a favor de una o de otra postura se puede ver en el siguiente vídeo de TV3. Javier Nart, de Ciudadanos y Joan Tardá de Esquerra, exponen sus opiniones de manera civilizada. Aunque el Sr. Tardá habla en catalán creo que se entiende bastante bien. Podrán gustar más o menos los argumentos de uno o de otro, pero eso es lo que falta en estos momentos, debate y cordura.

Que el 1-O se desarrolle con tranquilidad y que no se le vaya de las manos a unos o a otros. Crucemos los dedos.

Hasta las narices. Conversación sobre la política actual

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—Pero, ¿no te das cuenta de la enorme hipocresía de nuestros políticos, periodistas y ciudadanía en general? Todos, los de aquí y los de allende nuestras fronteras. Lo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, ¿te suena? Ya está bien de querer dar lecciones al yanki, al rubio colorado, a más de sesenta millones de votantes, que deben ser todos subnormales, incultos, desinformados, manipulados, indignados… Y él, el más xenófobo, deslenguado, machista, soberbio y todo lo que quieras achacarle. Mal le iría a EEUU si todo eso fuera cierto. Cuando lo votaron, ¿creían que eran bravuconadas o payasadas, estás seguro?

—No digo nada de eso. Claro que sabían lo que hacían. Como muchos en Francia, por ejemplo, que antes votaban al Partido Comunista y ahora votan a Le Pen. ¿Y por qué ese cambio tan radical? ¿Solo por desencanto o indignación, por la crisis económica, por el paro, por la corrupción…? Si fuera por esas u otras causas, más que votar a un antisistema habría que salir a las calles día y noche, plantarse delante del parlamento y de las sedes de los partidos políticos y obligarles a romper con todo lo anterior y crear leyes nuevas, echar a patadas a todos, todos los corruptos, no dejar títere con cabeza, empezando por los que están más arriba y continuando por sus amiguetes, asesores, paniaguados y petimetres que imitan a sus jefes y se arriman siempre a la sombra del poder, sea de la ideología que sea. Pero hay algo más sutil como es la emoción, las entrañas, el corazón, eso que arrasa en muchas ocasiones a la razón y al cálculo. Es más que indignación, es rechazo absoluto, no querer tocar nada que haya estado contaminado por la corrupción. Es alergia al poder actual porque el cuerpo se defiende contra aquello que cree que lo ataca o lo ha estado atacando. Y eso es lo que han hecho casi todos los partidos, atacar a los ciudadanos, hacer todo lo que fuera para alcanzar el poder y mantenerlo a toda costa, creyendo que aguantarían todo lo que ellos hicieran. Pero ahora muchos han dicho: hasta aquí hemos llegado. Es lo que ha pasado en las elecciones americanas y, en menor medida, lo que pasó en España con Podemos y lo que podría pasar en Francia, Alemania, Holanda…

—Vale, muy bien. Pero no compares lo que pasa en Europa con lo que sucede en Estados Unidos. Llevamos una hora discutiendo y no nos ponemos de acuerdo. Nuestra política, la española o la europea, y la norteamericana, no son comparables porque son sistemas y culturas distintas, parten de visiones casi contrapuestas de la sociedad. Por ejemplo, los partidos políticos y el sistema electoral. Aquí los partidos suelen ser estructuras muy cerradas, jerarquizadas, con fuerte carga ideológica, en los que es fácil comprar y vender adhesiones y favores para alcanzar la cúpula y el poder dentro del partido. El compromiso, al final, no es con los votantes, sino con el comité, al que se debe obediencia casi absoluta. En Estados Unidos, son las comunidades locales, las bases sociales las que eligen a sus candidatos y es a ellas y no al partido, que no suele tener una carga ideológica excesiva, a quien tienen que dar explicaciones y justificar sus decisiones. Los senadores y congresistas norteamericanos tienen un contacto mucho más directo con sus electores, aunque también dependen mucho de aquellos que les han proporcionado los medios para ganar las elecciones que, en algún momento, van a solicitarle su favor político. Vaya una cosa por la otra. En Europa hay mucha hipocresía, los políticos se dedican a hacer promesas que luego incumplen con la mayor desfachatez y no pasa nada. Siempre encuentran justificaciones, cuando no es culpa de la crisis global es por la herencia de los gobiernos precedentes…

—Vamos a ver, has hablado varias veces de hipocresía. No me digas que los americanos no son mucho más hipócritas, siempre con la familia por delante en todos los actos, jurando sobre la biblia defender la constitución, con la mano en el pecho cuando tocan el himno, con la bandera de las barras y estrellas en todas las casas. Pero son el pueblo más individualista y egoísta del mundo. Y les importa un bledo familia, religión y nación si se atacan sus derechos individuales. Todo lo público, sea sanidad, educación o transportes, es infame. Se aprecia mucho más lo privado, la capacidad de luchar machacando al otro, saltándose valores como la solidaridad, la tolerancia o el respeto al diferente, con honrosas excepciones. Te recuerdo que hasta hace muy poco, bien entrados los años setenta del siglo XX, los negros no tenían derechos. Luego hablaremos de Donald Trump, por supuesto. “Sálvese quién pueda”, así debería comenzar la letra de su himno.

—Me estoy dando cuenta de que en el fondo no estamos tan en desacuerdo. Ahora que mencionas a Trump, creo que lo que está haciendo en su país lo ha aprendido observando lo que hemos hecho aquí, que tenemos ejemplos para dar y tomar. ¿Es peor lo que quiere hacer con los inmigrantes, impidiendo la entrada de los musulmanes de ciertos países o construyendo un muro en la frontera con México, que lo que ha hecho Europa con los refugiados que se mueren cruzando el Mediterráneo, creando guetos en las ciudades y campamentos en Turquía, levantando muros en Ceuta y Melilla? ¿Que Trump quiere saltarse la ley aprobando leyes anticonstitucionales y diciendo que la justicia está politizada? Pues fíjate lo que hace el gobierno catalán, apoyado por bastantes partidos, que se salta a la torera la constitución y dice que los jueces están bajo las órdenes del gobierno español y que harán un referéndum digan lo que digan los jueces o el tribunal constitucional. ¿Que en Estados Unidos se va a desmantelar la sanidad y la educación públicas? Pues eso es lo que ha pasado en España y en otros países europeos. Así que de dar lecciones a los demás, nada.

—Total, que esto no hay quien lo arregle, visto lo visto este fin de semana en España con los congresos de PP y Podemos y lo que le puede suceder al PSOE. Cambalaches, posturitas, besitos y este cargo para mí, no te olvides. Y, mientras, empleos más precarios, “pero la economía va cada vez mejor”, juicios y condenas por corrupción “eso es cosa del pasado, ya no son de nuestro partido, el que la hace la paga, aguanta Luis, qué bueno es Manolo”, más mujeres muertas por violencia machista “toda la sociedad debe oponerse, llamar al 016 que no deja huella en la factura”, brecha cada vez más grande entre ricos y pobres “pero hay cada vez más millonarios en España”…

Y los dos amigos se levantaron de la mesa y gritaron al unísono, para que todos los que estaban en el bar los escucharan :

—¡Estamos hasta las narices! ¡Que viva el caos!

Salieron a la calle y se fueron de rebajas, que acaban la semana que viene.

(Vamos a) Educar al margen de las leyes (educativas)

(Publicado originalmente en el Blog del IES Hermanos Machado, que también administro, pero me parecía un tema interesante para publicarlo igualmente aquí)

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No nos va a quedar otra. O mejor dicho, no os va a quedar otra a los que todavía estáis al pie del cañón o en las trincheras, perdonad por los términos bélicos que estoy empleando en un ámbito tan poco guerrero como es o debería ser la educación, que trabajar al margen, cuando no contra, la normativa educativa. Supongo que la mayor parte de los docentes están ya hartos de los vaivenes a los que son sometidos diariamente desde las instancias superiores, llámense ministerio, consejería o delegación a base de instrucciones, reglamentos, órdenes, decretos o leyes educativas. Realmente me podéis creer si os confieso que terminé mi largo periplo como maestro y orientador cansado de tener que leerme diariamente la normativa que se publicaba, como si trabajara en un bufete de abogados o en una notaría. En los últimos años, lo primero que hacía era entrar en la página del BOJA o de la Consejería de Educación (o en la web de la inspección, que me permitía, además, saber si el Ministerio también había  tenido alguna ocurrencia) y cruzar los dedos o rezarle al santo o santa del día para que no hubiera novedades al respecto. Si no las había, ya podía respirar y trabajar tranquilo, procurando recordar lo último que se había publicado relativo a currículum, organización y funcionamiento, evaluación, titulación, acceso a la universidad, formación del profesorado, absentismo escolar, atención a la diversidad… Porque el orientador, por si no lo sabéis, abarca prácticamente todos los ámbitos en que se desenvuelve la acción escolar. Y raro era el día en que algún compañero no me venía preguntando cualquier cosa relativa a su responsabilidad docente, aunque también sobre concursos de traslados, comisiones de servicio, régimen disciplinario, permisos y licencias, etc., etc.

Cuando ya parecía que me había enterado de la última disposición surgida de la mente preclara de algún adscrito, jefe de sección, jefe de servicio, director general o consejero, y era capaz de decir de corrido el título, la fecha de publicación e incluso el número y el texto completo de algún artículo o disposición transitoria, ¡zas!, se publicaba una nueva que hacía inservible todo lo que ya sabía. Y aquí tengo que confesar que yo también formé parte durante algún tiempo de ese batallón que se dedicaba a elaborar normativa, porque trabajé como adscrito, jefe de subprograma y técnico, respectivamente, en varias direcciones generales de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y durante trece años, trece nada más y nada menos, una de mis funciones fue la de trabajar sobre instrucciones y órdenes de evaluación y formación del profesorado (alguna de la cual quizás siga en vigor, prefiero no comprobarlo).

Vuelvo al comienzo. Si hace unos años era agobiante trabajar en los centros ateniéndose a lo que emanaba de la normativa educativa, pues suponía en muchos casos tener las manos atadas para elaborar materiales, realizar actividades extraescolares, modificar horarios y agrupamientos, cambiar contenidos, etc., en la situación actual debe ser, y digo debe porque ya no lo vivo en primera persona, desesperante. Lo más cómodo es decirse que para qué voy a luchar contra molinos de viento y darme un trompazo con la realidad de falta de recursos personales y materiales, aumento de la ratio, incremento de la burocracia, cambios constantes en todo lo relacionado con la LOMCE, informes PISA…, así que bajo las manos y hago lo que me diga el inspector y la consejería. Pero eso significa perder el entusiasmo y dejar de creer en el valor de la educación como herramienta transformadora e impulsora de la sociedad.

Así que os propongo, viendo los toros desde la barrera de la jubilación, pero también desde la experiencia de cuarenta años trabajando en primera línea, que paséis de todo eso, que os tapéis los oídos y que pongáis en funcionamiento vuestra creatividad. Proponed a vuestros compañeros de departamento, al equipo directivo, un proyecto ambicioso, con entusiasmo, basado en lo que los estudiantes saben realmente y en lo que podrían llegar a saber con los medios con los que contáis (acordaos: Zona de Desarrollo Potencial). Preguntadle también a vuestros estudiantes: cómo os gustaría aprender, qué os gustaría aprender, para qué queréis aprender. Puede parecer una tontería, pero seguro que os encontraréis con sorpresas agradables. Y no os costaría mucho tiempo, una sesión de clase, quizás (ahora escucho a mis compañeros de bachillerato riéndose y preguntándome que qué hacen con la selectividad, pero eso es otro tema; yo estoy dirigiéndome, fundamentalmente, al profesorado de secundaria). Y por qué no, preguntar también a los padres. La mayor parte tiene interés en la educación de sus hijos, escuchan lo que les dicen en casa, tienen su propia experiencia. Con probar no se pierde nada.

Trabajar al margen de la ley no es ir contra las leyes, sino hacer como si no existieran, pensando fundamentalmente en el bien de nuestros estudiantes. El problema principal es que siempre estamos comparando y siendo comparados (me he negado esta vez a realizar comentario alguno sobre el último informe PISA), obviando que cada persona es distinta y que no se puede evaluar con los parámetros que se utilizan habitualmente, usando el mismo rasero para todos. Pero ahora me preguntaréis, ¿quién le pone el cascabel al gato?, ¿quién se atreve a ir contra corriente, modificando curriculum, cambiando horarios y agrupamientos, realizando propuestas novedosas? Pues ya hay muchos centros que lo hacen, que se niegan a bajar los brazos y la cabeza y que, a pesar de todo y de todos, están obteniendo excelentes resultados. Seguro que si buscáis, encontraréis muchos ejemplos como los que propongo a continuación:

Las pedagogías alternativas

El Aprendizaje Basado en Proyectos

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Se admiten sugerencias.

Medio pan y un libro

Nueva entrada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado. Como llevo un poco de tiempo alejado de la suerte y del destino y estoy cruzando los dedos esperando el desenlace de mañana en las elecciones yankis, pues nada, a repetir lo que dije en mi otro blog. Si los que piensan votar a Trump leyeran algo más, vieran un poco menos la televisión y se dedicaran al bonito deporte de andar y contemplar la naturaleza mientras piensan qué hacen en el mundo hartándose de hamburguesas y de Coca-Cola mientras su cuerpo adquiere dimensiones pantagruélicas, seguramente a ellos y probablemente a nosotros nos iría un poco mejor.

Lo malo es que no sabemos que lo está ocurriendo allí puede pasar aquí dentro de poco. La gente ya está cansada, muy cansada, de escuchar siempre lo mismo a los mismos y lo mismo a los nuevos mientras el común de los mortales sigue pasándolas canutas para llegar a fin de mes, carece de oportunidades, comprueba que los viejos y los nuevos partidos dedican la mayor parte de los esfuerzos a luchas de poder, a hacernos comer con ruedas de molino, a justificar a los suyos hagan lo que hagan. Así no hay manera. Luego nos quejaremos de por qué hay cada vez más jóvenes desencantados y alejados de la política, crean lo que crean unos y otros. Por eso, vuelvo a gritar con Lorca, ¡libros! ¡más libros! La cultura y la educación es lo único, repito, lo único, que nos puede salvar. Todavía no es demasiado tarde.

Medio pan y un libro: discurso pronunciado por Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, en 1931

Hace poco más de 85 años, concretamente en septiembre de 1931, Federico García Lorca dirigía un discurso a sus paisanos de Fuente Vaqueros con motivo de la inauguración de la biblioteca pública de su pueblo natal. La República dedicó un enorme esfuerzo para llevar la cultura a los más desfavorecidos invirtiendo en bibliotecas, escuelas, maestros, materiales… Tuvo demasiado poco tiempo para que este esfuerzo obtuviera recompensa pero en la memoria de todos, y a pesar del obligado silencio y de la pesada losa de la dictadura, han llegado hasta nuestros días muchos de sus logros (os lo dice con orgullo un nieto de maestro republicano).

Ahora que se habla mucho de invertir en tecnologías, en materiales digitales, en introducir los móviles en las aulas, creo que no debemos perder de vista que sin la lectura, sea en libros de papel o electrónicos, no existiría educación, seríamos más incultos, careceríamos de perspectiva, perderíamos uno de los más bellos placeres que podemos encontrar en la vida. Vivir la vida de los otros, imaginarnos mundos diferentes, revivir épocas pasadas, quedar absorbidos en historias que nos fascinan, no tiene precio. Me da pena que muchos de nuestros estudiantes no sean capaces de sentir el placer de la lectura, de buscar cualquier momento posible para dedicarse a leer aunque sea unas pocas páginas.

Tampoco es que tengamos que flagelarnos los docentes porque no toda la culpa es nuestra. A mí me inculcaron ese placer mis padres, que leían en casa y tenían una biblioteca razonable para la situación económica que vivían. Y yo he intentando inculcárselo a mis hijos, en los que creo que he inoculado ese dulce veneno que, seguro, les acompañará toda la vida, porque cuando se mete muy adentro ya no hay antídoto posible. Las familias son fundamentales para que los hijos adquieran estos hábitos desde pequeños. Se comienza contándoles cuentos, leyendo con ellos tebeos, regalándoles libros adaptados a las diferentes edades, leyendo delante de ellos en casa… Pero esto daría para un artículo mucho más largo. Así que os dejo con ese precioso discurso, resumido a continuación y que se puede leer íntegro en el enlace final.

Discurso pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, en 1931

“Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.”

Federico García Lorca

‎”Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.”

Discurso íntegro pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre del año 1931.