Cartas a los Reyes Magos

A pesar de estar sentados, se puede adivinar que el primer hombre, el que está de espaldas al ventanal que ocupa todo el lateral de la gran nave, es el más alto. Tiene la espalda encorvada, como si soportara un enorme peso que le obligara a mirar constantemente al suelo. Respira con dificultad y se frota las manos para espantar el frío, un gesto que sus dos compañeros repiten con frecuencia. El primer hombre viste con un traje marrón de tres piezas, pasado de moda, con hombreras, grandes solapas en la chaqueta y pantalones anchos. La ropa está arrugada pero limpia. Cuando mira al compañero que está a su izquierda sonríe con tristeza, apenas un pequeño movimiento de la comisura de sus labios, entrecerrando sus ojos azules, rodeados de arrugas, como la frente y el dorso de las manos. Apenas se le ve el rostro, pues tiene el pelo cano y una barba blanca que le llega casi hasta el pecho. Sin embargo, todo en él refleja amargura, desolación, cansancio. Con un movimiento lento, desganado, ha cogido una carta del saco que tiene a sus pies y comienza a leerla. Nada más echar un vistazo al encabezado, parece que quiere entregársela al tercer hombre, el que está sentado frente a él, un hombre de pelo cano y tez oscura, zamarra de lana y camisa estridente, llena de colorido, que mira sonriendo a su alrededor. Sin embargo, el primer hombre detiene el gesto y en lugar de entregar la carta, sigue leyendo, parece que algo le ha llamado la atención. Después de unos segundos, su rostro se ilumina, la sonrisa se convierte en una risa franca, casi una carcajada. Esos instantes han bastado para cambiar su fisonomía. Tarda unos minutos en leer todo el texto y riendo como hacía mucho tiempo que no reía, entrega la hoja a su compañero. Toma, es para ti, seguro que te va a gustar. La escribe un tal Santiago. Me temo que no está muy contento con nosotros con todo lo que ha pasado este año, como si tuviéramos la culpa de que la gente sea tan descerebrada. Seguro que es un republicano y vota a Podemos.

El hombre que está sentado a su izquierda parece un poco más joven, quizás un par de cientos de años menos que los otros dos. Lo único destacado en su figura es una especie de corona que lleva sobre su cabeza, así como una barba de color castaño, como su pelo, con algunas hebras blancas o grises. Esta barba es más corta y está más cuidada que la de su compañero. Él también está leyendo una carta que le ha llamado la atención porque casi toda está ocupada por dos grandes palabras: SALUD y TRABAJO. En el resto de la carta las peticiones son muy humildes y fáciles de realizar. El hombre murmura en voz baja, se intentará, pero cada vez está más complicado, Carmen; como siga esto de la pandemia, aviados estamos todos, empezando por nosotros, que cada vez tenemos más riesgo por mor de la edad; entre la Covid-19, los políticos y los científicos, cada uno por su lado y sin ponerse de acuerdo, los que ponen muros y barreras, los negacionistas, los que no atienden a las normas, etc., esto va para largo.

Los tres hombres llevan varios días leyendo cartas, unas cartas que les entregan en enormes sacos varios personajes que van vestidos de manera muy curiosa, al estilo oriental, con turbantes, chaquetillas sin mangas y amplias camisolas, pantalones abombados y babuchas. Los sacos se van acumulando al fondo de la gran sala y los tres hombres cada vez están más agobiados. El único que parece más tranquilo y risueño es el negro, mejor dicho, la persona de color, no vaya a ofenderse alguien. De todas formas, seamos políticamente correctos o no, hay que ser sinceros, ese personaje tiene el color de la piel negro, muy negro. Ahora se está riendo a carcajada limpia, dándose golpes en la rodilla con las manos. Ha dejado la carta a un lado, sobre la enorme mesa que ocupa todo el centro de la nave, junto a otras dos o tres más que ha seleccionado. Eso puede significar dos cosas: que son cartas que hay que tener en cuenta para intentar que se cumplan todos los deseos que en ella figuran o, por el contrario, que serán quemadas en la inmensa chimenea que ocupa uno de los laterales, pero que en este momento está apagada.

El primer hombre, el de la barba blanca, vuelve a meter la mano en el saco y saca una pequeña hoja manuscrita que contiene apenas diez o doce líneas. Las primeras palabras dicen así: “Queridos Reyes Magos, a ver si sois capaces de arreglar este desaguisado, que la cosa está muy mal”. Lo de siempre, piensa el hombre, la gente no se da cuenta de que nosotros no somos la Virgen de Lourdes, diríjanse a otro departamento. Y sigue leyendo “El coronavirus lo ha estropeado todo este año y creo que de esto no tenéis la culpa. Yo no es que me queje, tengo salud, una buena pensión y una familia unida y, dentro de lo que cabe, feliz, aunque podría mejorar en algunos aspectos (el trabajo de mi hija, algún nieto que otro, que no hay equilibrio, unos tantos y otros tan pocos…). Ya se sabe que nunca estamos satisfechos del todo. Así que os voy a pedir sólo un par de cosas: que se termine la pandemia, que mi hija apruebe las oposiciones o encuentre un buen trabajo (esto lo llevo diciendo hace un par de años y no hay manera) y que la familia siga estando unida y feliz. Para qué pedir más. Bueno sí, que no se me siga cayendo el pelo, que voy a ser una vergüenza para la familia y algo más material, para que no os rompáis demasiado la cabeza, tres libros, que ahora tengo mucho tiempo para leer: La ciudad de vapor, de Carlos Ruiz Zafón, Emocionarte, la doble vida de los cuadros, de Carlos del Amor y Mientras escribo, de Stephen King. Y si pudiera ser, también un bolso, de esos de hombre, no de los otros, no os vayáis a confundir. Lo demás ya me lo compraré yo cuando pueda salir sin impedimentos”. Se hará lo que se pueda, aunque lo del pelo está complicado, usa Minoxidil todos los días, Xosé Manoel, qué nombre tan raro, pensó. Esta hoja también fue apartada y puesta encima de un pequeño montón que se había ido formando a lo largo de las últimas semanas.

NOTA: Los tres hombres continuaron leyendo hasta que llegó el día 5 de enero de 2021. Esa vez no hubo cabalgatas, ni caramelos, ni caras de sorpresa y de ilusión en niños y mayores. Fue una noche de Reyes especial, pero, por una vez, gran parte de los deseos de esas personas se cumplieron en 2021.

Queridos Melchor y Gaspar Black Friday

Dos cosas. Primero, no me olvido de Baltasar, no. Me cae simpático, suele ser el preferido de los niños y también de mi familia, pero tiene cada vez más complicada la cosa esa de atravesar el Mediterráneo si no vas en crucero o en un yate de superlujo. Salvini ya no está en Italia, aunque ahora Berlusconi, que es incombustible, se ha sacado de la manga, como buen prestidigitador que es, la idea de crear un ejército europeo que reciba a cañonazos a aquellos que se atrevan a asomar la cabeza de manera ilegal a la vieja Europa. Como a Italia no tenéis que ir, que allí os hace la competencia la buena y anciana bruja Befana, no tendréis problema.  Pero aquí ha llegado Vox, que tampoco es moco de pavo. Y en este momento es cuando, para seguir con la tradición iniciada por mi hijo Santiago de añadir expresiones de este tipo para así alargar los textos y tener que romperse menos la cabeza, viene la explicación del origen de esta expresión tan castellana:

Se emplea la expresión “no es moco de pavo” para indicar que algo tiene más valor o trascendencia de la que parece. Habitualmente se utiliza para hacer hincapié en el valor de algo que otra persona no tiene en cuenta.

Se dice que el origen de este modismo proviene de la España del siglo XVI, cuando era común y extendido el uso de relojes de bolsillo, que los rufianes se dedicaban a robar. Para robarlos más fácilmente, los ladrones separaban la esfera del reloj de la cadena a la que iban sujetos, que estaba a su vez fijada a un botón en las ropas de sus víctimas. La cadena quedaba entonces colgando, pero sin reloj. Estos ladrones llamaban “pavo” a sus víctimas, siendo el “moco” la cadena sin valor que dejaban colgando de sus ropas, haciendo alusión a la membrana flácida que posee el mencionado animal sobre su pico. Una vez robado, la cadena era “moco de pavo”, es decir, algo que colgaba sin valor. De ahí que cuando se dice que algo “no es moco de pavo”, quiere decir que no se trata de algo sin valor, sino de algo importante (explicación sacada del periódico Las Provincias).

Segundo. Lo del apellido Black Friday es por el tema de la crisis que se avecina y que, según todos los astrólogos y comentaristas políticos de la Cope, Okdiario, PeriodistaDigital y similares, está a la vuelta de la esquina. Sobre todo, si Pedro y Pablo consiguen formar gobierno con el apoyo de independentistas y demás ralea, según los mencionados diarios, y los Eres de Andalucía no lo impiden. Así que habrá que aprovechar que nos hemos vuelto locos con estos inventos americanos, pero que, si sirven para ahorrar, bienvenidos sean. A vosotros os vendrá bien, ya que la realeza está de capa caída (aquí no me extenderé en explicar de dónde viene esta expresión también muy castiza, porque proviene de la tauromaquia y a mí, la verdad sea dicha, no me atrae ese llamado arte), véase si no el annus horribilis de la casa real inglesa, y tendréis que ahorrar para la jubilación que, según se pronostica, cada vez será más precaria.

OS RECUERDO que el tema político lo lleváis muy mal, a pesar de que hace tiempo que os lo pido: seguimos igual, yo diría peor, que hace un año. Ni más gobierno ni menos independentismo y, por supuesto, mucho más Vox. Así que me dirigiré en este tema a la Bruja Befana, a San Nicolás o a Papá Noel (no, a este no, que es de la Coca-Cola). Por si acaso esta vez  queréis trabajar en ese tema sólo os pido una cosa: que no haya nuevas elecciones, por favor. Porque si no, Vox será el partido más votado y Abascal el nuevo presidente. Así que no os arriendo las ganancias: sois inmigrantes que venís de Asia, pasáis por África y cruzáis el estrecho en compañía de un negro. Milagro sería que Abascal no se uniera con Berlusconi y os fusilaran ipso facto, sin juicio ni nada.

Por tanto, pediré lo de siempre: salud, mucho amor y buenos trabajos para mis hijos, aunque Santiago no se puede quejar, así que a él dejadlo estar como está en lo del trabajo y presentadle a una muchacha que le convenga; a Carmen, lo de siempre, que tampoco ayudáis demasiado en este tema: o le buscáis un novio que la quiera mucho, rico, joven y guapo (si no puede ser todo, por lo menos las dos primera características), que apruebe las oposiciones y un buen trabajo (esto último seguramente vendría aparejado con lo de las oposiciones, pero si hay una alternativa mejor, no lo dudéis, un buen trabajo, que le guste, se gane mucho y sea de por vida).

Para mí, lo de siempre: libros para leer y una buena librería donde colocarlos, que ya apenas tengo sitio. Libros que me gustaría leer: el ganador y el finalista del Premio Planeta, o sea, Terra Alta, de Javier Cercas y Alegría, de Manuel Vilas. Son dos de los escritores actuales que más me gustan. Tampoco me importaría el último de Dolores Redondo, La cara norte del corazón, que es la precuela de la trilogía del Baztán que tanto me gustó, o Malaherba, de Manuel Jabois. Pero creo que son muchos libros, así que habrá que dejar alguno para el santo, el cumpleaños o el día del libro.

Me despido con un deseo que hago extensivo a todo el mundo: sed felices, aunque vosotros lo tenéis fácil porque siempre es más feliz quien hace feliz a los demás.

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Queridos Melchor y Gaspar

Como en mi familia el Rey Mago favorito es Baltasar, por aquello del exotismo, de la multiculturalidad o de ponerse de lado del más débil, que según parece ser negro es signo de debilidad, véase el negro del WhatsApp, no quiero que al pobre se le acumule el trabajo y tenga que hacer horas extras mientras sus dos compañeros se rascan la barriga. Así que la carta va dirigida expresamente al Rey Mago rubio, Gaspar y al de pelo blanco, Melchor. Como a mí me gusta documentarme, he leído la historia, en este caso leyenda, de los tres reyes magos, que según parece no eran reyes ni eran magos, sino astrólogos que seguían un cometa. Pero no quiero entrar en disquisiciones teológicas así que me limitaré a realizar las tradicionales peticiones, a ver si mis queridos reyes se acuerdan de este humilde ciudadano, que no súbdito.

Si la memoria no me falla, los reyes pasados estuvieron muy bien con los regalos personales, yo diría que inmejorables, pero me fallasteis en lo demás, es decir, en lo de Putin, Trump, el tema catalán… Y para colmo, ahora tenemos a Casado, a la Italia de Salvini, más muertes en el Mediterráneo, etc. Como no os espabiléis, aquí puede ganar hasta Vox. Parecía que la cosa se había arreglado con Pedro Sánchez pero no sé, no sé, algunas expectativas se están desmoronando.

Así que, para concretar, hay que arreglar primero el tema político aquí en España, porque ya me diréis cómo va uno a dormir tranquilo. Haced el favor de no mirar para otro lado, que si no, ni tendremos presupuestos ni ná. Encima, tengo amigos y amigas que no dejan de enviarme Whatsapp con todas las chorradas que se le ocurrieron decir antes de ser presidente del gobierno, que no tienen nada que ver con lo que ahora hace y dice. Lo curioso es que los y las que me envían esas cosas ven la paja en el ojo ajeno pero no quieren ver las barbaridades que hicieron y dijeron los otros que, por supuesto, fueron bastante peores. A un lado y a otro del espectro político, por cierto. Tampoco os olvidéis de los otros países, algunos de los cuales están hechos unos zorros, expresión que viene, por cierto, del utensilio usado para limpiar el polvo (lo que en la actualidad llamaríamos ‘plumero’) y que se componía de un mango al que se le unía unas tiras de piel, unos trozos de tejido basto o la cola de un animal (frecuentemente la del zorro o cordero). Como el susodicho objeto terminaba hecho una porquería, de ahí la expresión (dedicado todo esto a mi hijo Santiago, al que le gusta explicar de vez en cuando el origen de las expresiones). Ni os olvidéis de las guerras olvidadas (véase el fino juego de palabras y de ideas), ni de los inmigrantes. Eso sí que sería un punto, que pudierais arreglar, aunque sólo fuera en parte, esos problemas.

Y para mí, lo de siempre: salud, amor y ayudarme a ahorrar algo, que últimamente se me va el dinero de las manos, porque no paran de estropearse cosas y no dejamos de hacer obras en casa. De Hacienda ni hablo. Para terminar, si puede ser, el último libro de Pérez-Reverte, uno de mis escritores favoritos, que se llama Sabotaje. Otros libros que me han recomendado son Ordesa, de Manuel Vilas o El rey recibe, de Eduardo Mendoza… Ahora que tengo tiempo para leer, los libros son el mejor regalo. Lo único malo es que ocupan mucho lugar y cada vez nos queda menos espacio. El tema ropa, para las rebajas.

Así que, queridos Melchor y Gaspar, a ver si os estiráis algo con lo primero que os he pedido. Recuerdos a Baltasar y que alguien también os lleve regalos a vosotros, que no todo va a ser dar y repartir ilusión. Sería curioso saber qué cosas pedirías vosotros. Otro día a ver si se me ocurre algo sobre eso y lo escribo.

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Carta a los Reyes Magos

Desde hace muchos años, quizás desde que mis dos hijos estaban todavía en la adolescencia, por estas fechas tenemos la costumbre en casa de escribir una carta dirigida a los Reyes Magos y pegarla en la puerta del frigorífico para que todos podamos leerla, una tradición que espero que se mantenga durante muchos años más, porque eso significaría que todavía conservamos intacta una ilusión que, como muchas otras, tiende a desaparecer. La verdad es que eso nos ha facilitado las cosas a la hora de seleccionar los regalos, ya que así se evitan errores que, con anterioridad, se producían con cierta frecuencia. Como aquella vez que alguien recibió un disco CD que ya tenía o un libro que ya había leído. Así que ahora es más difícil que sus majestades metan la pata.

Voy a transcribir mi carta de este año, para que os hagáis una idea del tono que suelen tener y que no se limitan a una simple enumeración de regalos y a lo bien que nos hemos portado, como es habitual en este tipo de misivas, sino que suelen hacer referencia a sucesos de actualidad o a deseos menos materiales.

“Queridos Reyes Magos.

Cada vez lo tenéis más difícil. Primero porque venís de una zona que hace unos cuantos milenios tenía su aquel y era la admiración del mundo y lo dominaba (Persia, Mesopotamia, Babilonia…) pero ahora está hecha unos zorros y si no, fijaos cómo están Irán, Irak o Afganistán, por poner sólo un ejemplo de los modernos países que sustituyeron a aquellos imperios. Así que podíais dedicaros a arreglar primero aquello, evitar que la gente se mate por unos dioses o unas ideas que no difieren tanto y no tengan que atravesar desiertos, pagar a mafias o atravesar el mar en pateras. Pero, claro, como vosotros venís en camellos y sois magos, no tenéis ese problema.

Pero es que, además, os han salido unos competidores tremendos: que si el Black Friday, que si Papá Noel, que si las rebajas de Zara  y El Corte Inglés. No sé ni cómo os atrevéis a venir por estos lares. Por cierto, ya que, a pesar de todo, vais a hacer el viaje, a ver si podéis hacer algo con lo de Cataluña, que estamos ya un poco hartos.

Como sabéis de años anteriores, soy poco ambicioso. Con algo de salud y de dinero para toda la familia y un buen trabajo y autonomía para Carmen y Santiago, voy que chuto. Pero si queréis tener un detalle, con un par de libros me conformo: el último de Paul Auster, el último de Almudena Grandes o los dos últimos de Pérez-Reverte, por ejemplo. Pero sólo un par, repito, que después vendrán las rebajas y os evito que carguéis con tanto peso u os gastéis un dineral.

Y ya de paso, si podéis hacer algo con Putin, Trump y el Kin Jong Un ese, tampoco estaría mal. A Puigdemón, Junqueras, Rajoy, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y compañía, dadles un toque, aunque sea pequeño, a ver si espabilan.

Y nada más. Salud, compañeros. Un saludo

Vuestro fiel seguidor,

José Manuel”

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