Relato VII: Reflexiones delante del televisor

Acabo de sentarme delante del televisor con una cerveza muy fría por delante que previamente había metido durante media hora en el congelador, y con unos frutos secos, que según unos son beneficiosos porque incrementan el colesterol bueno y según otros son perjudiciales porque engordan. Pensándolo bien, me importa un bledo lo que piensen estos últimos. Me gustan la cerveza y los frutos secos y tengo ya una edad en la que puedo tomar casi siempre decisiones con libertad. Repito, casi siempre.

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Hoy voy a comer solo, porque mis hijos están trabajando y mi mujer ha salido de compras con sus hermanas y tapearán por el centro. La mañana ha sido muy tranquila, una hora de ejercicio en el gimnasio, solucionar unos asuntos en el banco, comprar el pan y revisar los periódicos digitales. También me ha dado tiempo a leer un poco el libro con el que llevo ya tres semanas y al que no soy capaz de engancharme, y a jugar al ajedrez en una página que suelo visitar con frecuencia y que me permite mantener engrasados los engranajes neuronales, así que, como veis, practico en cierta medida lo de mens sana in corpore sano. Partida de ajedrez, por cierto, desastrosa. Jugué una de mis defensas favoritas, la Caro Kan, que suele dar partidas tranquilas, pero cometí un error de principiante en la décima jugada que me dejó en una posición claramente desfavorable y en la jugada veintitrés tuve que abandonar. El otro quiso darme la revancha, pero me negué porque comprendí que hoy no era mi mejor día y esas cosas hay que saber reconocerlas. No tengo el defecto de la soberbia y suelo perder con elegancia, creo. No siempre ha sido así, ya que cuando era algo más joven me fastidiaba perder  e intentaba ganar a toda costa, incluso haciendo trampas. Pero he comprendido con el tiempo que eso no me producía placer alguno, por lo que ahora, si gano en el ajedrez o en otros juegos es por méritos propios y no acudiendo a artimañas.

Volvamos a la televisión. A esta hora comienzan casi todos los informativos y aunque ya sé de qué van a hablar, siempre queda la esperanza de que haya alguna sorpresa que me permita salir del letargo en el que suelo sumergirme cada vez que veo las noticias. Comienzo en una cadena nacional que da un repaso a la actualidad: la crisis del PSOE, los juicios por las tarjetas black y el caso Gürtel, la investidura de Rajoy (hace falta ser torpe, meterse en luchas fratricidas justo cuando van a juzgar a muchos de los personajes que en su día tuvieron poder en el PP y que podrían haberlo hundido, pero eso, son muy torpes, ya se sabe que la derecha es una y que la izquierda son muchas y cabreadas entre ellas), las elecciones de Estados Unidos (la papeleta que tienen los norteamericanos es menuda, elegir entre un impresentable xenófobo, machista y mentiroso, y una antipática que tragó sapos y culebras con lo de su marido, luego nos quejamos de lo que tenemos por aquí), la guerra en Siria, huracanes y tifones varios, un volcán en erupción, inmigrantes que se mueren en el Mediterráneo… Total, lo de siempre. Cambio de canal y lo mismo, con alguna pequeña diferencia. En la cadena autonómica hay una ligera modificación pues, además de casi todo lo anterior, dedican más tiempo a hablar de flamenco, de la presidenta inaugurando unas jornadas gastronómicas, de que el paro ha subido menos que en el resto de comunidades gracias al buen hacer de su gobierno y a pesar de las zancadilla del gobierno central, que el turismo este año está que se sale, aunque claro, será bueno para los empresarios, porque los empleados trabajan más pero ganan lo mismo o incluso menos. Esta comunidad es la leche, no sé qué hace el resto y no se vienen todos a vivir aquí. Sobre todo los catalanes, que hay que ver la que están liando con lo de la independencia. Pero si ningún país los va a reconocer, como no sea Venezuela o Corea del Norte, que ya me dirán para qué quieren eso. Y como sigan en ese plan, nos vamos a cabrear los demás y los vamos echar nosotros a patadas, que están todo el día quejándose. Mira que creerse todas las chorradas que les cuentan sus dirigentes, que si tienen un pasado glorioso, que si la lengua, que si en España hay corrupción (no, si lo de los Pujol, el tres por ciento, la Banca Catalana o el Palau de la Música son mentira e invenciones de las cloacas del Estado), que si los estamos explotando… Nosotros explotando a los catalanes, hay que ver, cuando media Andalucía, media Extremadura y media Galicia tuvieron que emigrar allí porque aquí nos moríamos de hambre y ellos sí que nos explotaban, con sueldos de miseria y horarios inacabables para que pudieran enriquecerse y dedicarse a bailar sardanas, comer espetec y hacer castellets. Que no nos cabreen, que mandamos a la cabra de la legión. Y no hablo de Piqué, el del Barça, que me enciendo todavía más.

Vuelvo a la cadena nacional y me encuentro con las imágenes de unos voluntarios rescatando a decenas de personas en el mar. Una de ellas es un niño que está sin conocimiento, extenuado, según informa la voz en off del periodista que explica las penurias que habrá tenido que pasar durante su travesía por ciudades en guerra, sin agua ni comida. Perdió a un hermano hace varios días y sus padres, sollozando, sólo quieren que algún país se apiade de ellos y los acoja. Europa es su esperanza y yo pienso que algo habría que hacer con esta gente. Se me ha terminado la cerveza y ahora me echo un poco de vino tinto, un Ribera del Duero crianza que tiene un color rojo cereza oscuro, con reflejos granate, un intenso aroma de frutos silvestres en el que se pueden apreciar notas de café y que en boca es aterciopelado y redondeado. Marida perfectamente con un poco de queso y de lomo que estoy cortando mientras escucho las noticias sobre el huracán Matthew, que ha destrozado gran parte de Haití, castigando las zonas más deprimidas que todavía no se habían recuperado del terremoto del año 2010. Ya van 900 muertos y se teme que la cosa empeore con enfermedades como el cólera o la disentería. La verdad es que el tinto y el queso funcionan a las mil maravillas. ¿Pero es que los países ricos no pueden ayudar a estos desgraciados? Envío un SMS a un número para ayudar con un par de euros, hay que tranquilizar un poco la conciencia. Cada vez me gusta más este vino y lleno un poco más el vaso. Hace algunos años habría cambiado de canal para no ver estas imágenes o no escuchar noticias tan desagradables, pero hay que tener humanidad y conocer los problemas, no mirar para otro lado. El caso es que de vez en cuando tengo un poco de remordimiento pensando que, a lo mejor, podría hacer algo más. Pero me digo ¿tengo yo la culpa de los desastres naturales, de los intereses de las multinacionales, de las guerras que provocan los gobiernos en función de sus intereses? ¿Tengo yo la culpa del hambre en el mundo y del egoísmo, que es una característica básica del ser humano que sólo busca su bienestar y su felicidad?

Vaya, se me acaba de terminar otra vez el vino y ya me queda poco queso. Me levanto y esta vez me traigo unas patatas fritas de bolsa que he encontrado en la despensa. Pensándolo bien, voy a comer así, a base de tapitas y de picoteo mientras sigo viendo la televisión y se me encoge el corazón un poco con la hambruna que padecen en Etiopía. ¿Es que queda algún ser vivo allí? Creo que los periodistas se recrean en la suerte y en el morbo de mostrar a niños escuálidos, con barrigas hinchadas, ojos enormes y moscas que sobrevuelas sus caritas, como si fueran buitres esperando que se mueran y poder abalanzarse sobre ellos para destriparlos. La verdad es que no hay derecho a que pongan estas imágenes a la hora de comer, que se le quitan a uno las ganas. Podrían ponerlas en otra franja horaria, digo yo, pero nada, siempre a la hora de comer y a la de cenar. A ver quién es el guapo que se mete un bocado en la boca viendo tanta miseria, tanta guerra y tantos políticos quitándonos nuestro dinero. Al final voy a terminar votando a Podemos como sigan en este plan.Si ya sabemos que en el mundo hay mucha miseria, que la llevo viendo desde que era un niño, cuando los televisores eran en blanco y negro y también había noticias de este tipo. Desde que el mundo es mundo, creo yo, siempre ha habido pobres y ricos, personas felices y desgraciadas, unos que sufren y otros que se divierten. Pero nosotros, que hemos tenido la suerte de nacer en un país civilizado, que acogemos a los que vienen en pateras y les damos mantas y de comer y nos preocupamos de que duerman en lugares bien acondicionados con camas, aunque luego, según dicen, los devolvemos a sus países de origen, no faltaría más ya que si no fuera así aquí no cabríamos todos y todos nos invadirían y ya no sería un país tan civilizado, no tendríamos trabajo, perderíamos nuestros derechos, nuestras pensiones y eso sí que no, nosotros, digo, no tenemos la culpa, bastante hacemos, los españoles somos muy caritativos, que yo le doy dinero a Cáritas y a la Cruz Roja y los domingos, en misa, siempre dejo un par de euros en el cepillo que está debajo de la imagen de San Antonio, que me mira con sus ojos bondadosos y me bendice por mi buena acción semanal.

Por cierto, tengo que buscar una oferta para hacer un viaje a Italia, que en este tiempo los vuelos y los hoteles salen muy baratos. Venecia y Padua son dos ciudades que visité hace muchos años, en un aniversario de boda, y me encantaron. Aunque ahora no sé si me gustarían como entonces, que debe haber mucho inmigrante por allí y tiene que ser muy desagradable estar todo el día cruzándote con familias afganas, sirias y pakistaníes, con negros que te miran con caras de pocos amigos, con gitanos rumanos que tienen fama de estar robando todo el día. Lo consultaré con mi mujer, que por cierto ya está tardando mucho, no sé qué narices estará comprando o qué estará haciendo, hace más de cuatro horas que salió y no ha mandado ni un whatsapp ni una foto, el dueño de El Corte Inglés debe estar tocando palmas con las orejas.

Ahora anuncian que esta noche van a emitir un reportaje sobre las ONG que trabajan en el Mediterráneo y sobre los desastres del huracán Matthew  ¿Pero es que no pueden hablar sobre otro tema? Me estoy hartando ya, con la de problemas que hay en este país, que si el paro, la corrupción, la sequía que viene… Ahora sale la del tiempo, menos mal. Esta semana tampoco va a llover y los pantanos están casi vacíos. No, si todavía vamos a tener restricciones, como en los años setenta y ochenta. Menos mal que el generalísimo inauguró un montón de pantanos, que si no, a ver qué íbamos a hacer ahora. Que yo sepa o me acuerde, desde que hay democracia pocos pantanos se han hecho, porque con eso del impacto medioambiental no hay quien se atreva a inundar pueblos o valles, que salen los ecologistas y los de izquierdas y montan unas campañas de no te menees. Pero, claro, como tampoco se pueden hacer desaladoras porque incrementan la salinidad, a ver qué solución encuentran, porque todos quieren tener agua cuando abren el grifo. Y si no la hay, la culpa es del gobierno de Rajoy, claro.

Anda, me acabo de enterar que se ha muerto el actor del Jovencito Frankestein. Me gustaba a mí el tipo, con ese pelo rubio que parecía de paja y decía eso de ¡qué buen par de aldabas! y la muchacha, en sus brazos, le decía gracias doctor, pero no se refería a ella, sino a las dos enormes aldabas con las que se llamaba a la puerta del castillo, mientras el enano estrábico y jorobado los miraba o miraba a la cámara o las dos cosas a la vez. La muerte, voy a tener que pensar en serio sobre ese tema, que siempre me ha dado un poco de escalofríos y me entra como un vacío en el estómago. Los curas siempre hablan de la resurrección, del más allá, del paraíso y del infierno… Ah, no que ahora creo que el infierno y el purgatorio no existen, que es sólo un estado de depresión del alma. Pues nada, con una par de pastillas pasamos la eternidad y tan panchos. Pero, en ese caso, ya me dirán qué gracia tiene ser bueno en este mundo y sufrir y padecer si, al final, Hitler y Bin Laden van a tener la misma recompensa que la madre Teresa de Calcuta, por poner un ejemplo. Anda que se iban a reír poco. Y eso, en el caso de que haya algo después de palmarla, que no lo tengo yo muy claro. Porque reconozco que estoy hecho un lío con esto de la fe y la razón. Lo de creerse las cosas porque sí, porque lo dice la Biblia o el Corán, no es algo muy seguro ni muy de fiar, que hay que ver la de barbaridades que se dicen en esos libros, aunque según los entendidos en la materia, no se pueden tomar las cosas que allí se describen al pie de la letra, que son como cuentos para que la gente de aquellos tiempos entendiera lo que se quería decir. Lo malo es que algunos se lo han tomado muy en serio y se lo siguen tomando y por culpa de eso se han declarado guerras, se ha quemado a la gente, se ha torturado, se ha matado, todo en nombre de Dios o de Alá, que si existieran ya habrían hecho algo, digo yo.

Después de todo lo que he comido y bebido, de todo lo que he visto en la tele, de que mi mujer no ha llegado ni me ha llamado, de que son las cinco de tarde y no me he dormido la siesta, estoy como para pensar en la muerte y en el más allá. Dejaré estas cosas tan serias para otro día. Me voy a hacer un café y comerme unos dulces, que eso nunca lo perdono. Hoy me he pasado con las reflexiones, casi estoy por escribir un libro o un ensayo con todo lo que he pensado en un momento. Si alguna vez me pusiera a escribir en serio…

El ajedrez y la libertad

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Hoy se ha publicado en la prensa que la campeona de ajedrez de Estados Unidos se niega a jugar con hiyab en Irán, país que organizará el mundial en 2017. Nazi Paikidze-Barnes, de origen georgiano, casada con un ingeniero estadounidense y residente en Las Vegas, ha comenzado una campaña para que la Federación Mundial de Ajedrez reconsidere su decisión de celebrar el campeonato mundial en Irán, basándose en que al hacerlo rompe con su principio de rechazar la discriminación política, religiosa o sexual. El incumplimiento de la obligación de cubrirse con el hiyab está penado en Irán con multas y prisión, y las jugadoras sufren restricciones en su libertad de expresión a favor de los derechos de las mujeres.

Paikidze-Barnes propone a la federación que cambie el escenario de la competición o garantice que utilizar el hiyab sea opcional y garantice que no existirá discriminación “basada en el género, nacionalidad y los derechos humanos”. La jugadora defiende que el asunto va más allá del ajedrez. “En Irán, los derechos de las mujeres están gravemente restringidos”, “esto es más que una prueba; es una lucha por los derechos de las mujeres”.

Para cualquier jugador o jugadora de ajedrez, participar en un campeonato del mundo es su máxima aspiración, para la que se preparan duramente durante años, por lo que no asistir supone un sacrificio considerable. Por eso es reconfortante el ejemplo de esta jugadora, que antepone la lucha por unos derechos que considera inalienables a sus intereses personales. Si la campaña diera como resultado que su propuesta fuera aceptada por la federación de ajedrez o por Irán, se habría dado un gran paso para mejorar la condición de la mujer y quizás cundiera el ejemplo y se extendiera a otros ámbitos. Una cosa es que las mujeres, desde su libertad y en países democráticos, decidan observar las reglas de su religión y quieran llevar hábito, velo, hiyab, cruces o cualquier otro símbolo o prenda, y otra cosa muy distinta es que lo hagan por miedo u obligación y puedan ser castigadas por no obedecer dichas reglas.

Por desgracia, estamos asistiendo a un falso debate sobre libertades civiles y libertades religiosas o culturales. Por intereses muchas veces ocultos, aunque económicos o políticos fundamentalmente, los países occidentales han consentido durante décadas y siguen permitiendo en la actualidad que naciones que desprecian los más elementales derechos humanos se beneficien de relaciones comerciales o de otra índole que mantienen a los ciudadanos en situaciones límite de pobreza, falta de libertad, opresión, persecución, etc. Pero ya sabemos que la hipocresía, por desgracia, subyace en muchos ámbitos de la política. Hay  numerosos ejemplos en nuestro país y en países de nuestro entorno que así lo demuestran. Y otro tema que daría para un debate mucho más amplio y complejo es el de la multiculturalidad y la interculturalidad. Si entendemos la multiculturalidad como la coexistencia de diferentes culturas que comparten el mismo espacio y tiempo y que admite manifestaciones de racismo, superioridad y segregación y la interculturalidad como la convivencia de varias culturas, basadas en el respeto y desde planos de igualdad, que parte del supuesto de que todas son igualmente dignas y valiosas, está claro que, o tenemos todavía complejos históricos, o no deberíamos permitir la multiculturidad (y aquí, creo, me voy a meter en un berenjenal).

Para terminar comentar que, a lo largo de la historia y aunque parezca un despropósito, la religión monoteísta (judíos, cristianos y musulmanes)  y muchos países, prohibieron el juego del ajedrez, quizás porque ayudaba a pensar y eso, para el poder, no es bueno. Podéis leer un artículo muy interesante en el siguiente enlace:

La prohibición de jugar al ajedrez

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La educación actual, a juicio

Aunque todos los que nos dedicamos a la educación lo sabemos, la profesión docente es una de las más difíciles de ejercer. Son tantos y tan complejos los factores que intervienen que es prácticamente imposible controlarlos todos. Incluso partiendo de una excelente preparación del profesorado y de unas condiciones materiales adecuadas, sigue siendo una tarea extremadamente difícil y de una enorme responsabilidad, y más si tenemos en cuenta la época que nos ha tocado vivir, en la que apenas se encuentran faros o balizas claras y nítidas que señalen la ruta, ya que son demasiadas y, a veces, esconden oscuros intereses (por ejemplo, intereses políticos, editoriales…). Y tampoco se encuentran caminos anchos y bien asfaltados por los que sea cómodo caminar, pues están sembrados de numerosos obstáculos, baches y trampas. Estos caminos tendrían que ser construidos por las administraciones educativas pero, ya veremos más adelante, que en lugar de carreteras o autopistas, construyen caminos de cabras o destruyen los que estaban ya bien hechos

Si empezamos por la preparación del profesorado, son numerosas las voces autorizadas que, desde hace décadas, claman en el desierto por la escasa formación didáctica, metodológica y práctica que se imparte en las facultades de educación. Hay excesivos contenidos teóricos que después tienen poca o nula aplicación en las aulas. Y eso con los maestros de primaria, porque con los futuros profesores de secundaria, bachillerato y formación profesional el panorama es todavía peor. En la actualidad, los másteres de educación secundaria (MAES) se limitan a introducir, de manera burda y poco elaborada, algunos contenidos didácticos que sólo pretenden cubrir el expediente. La universidad todavía está muy lejos de poder implantar un protocolo y una estrategia capaz de conectar al futuro profesorado con la vida real de los centros educativos. Únicamente la experiencia, años de trabajo en colegios e institutos, el apoyo y la ayuda de los compañeros y de la dirección, y el esfuerzo y la dedicación personal, son las herramientas que sustituyen a la formación inicial del profesorado. Tampoco ayudan mucho, la verdad, los centros de profesores (centros del profesorado en Andalucía), que se han convertido en una extensión más de la administración educativa y que conectan mal con las necesidades reales de los docentes.

Otro obstáculo, todavía peor que los anteriores, es la administración educativa. Por si no fuera compleja la realidad de las aulas, muchas de ellas con excesivo número de alumnos, algunos con necesidades específicas de apoyo educativo, con dificultades de aprendizaje, con situaciones familiares extremas (paro, desarraigo, maltrato…), alumnado inmigrante, a veces el bullying, el uso inadecuado de las tic (en el caso de que éstas funcionen, claro), tengo que confesar que de mis cuarenta años de experiencia docente, los últimos los he vivido con auténtica desazón por la cantidad de horas que tenía que dedicarle a tareas burocráticas. Y lo peor es que la inspección, lejos de ayudar y de orientar al profesorado se ha dedicado, con honrosas excepciones, a vigilar y a comprobar que esas tareas estaban correctamente realizadas. Desconozco la situación de otras comunidades autónomas, pero en Andalucía sé de compañeros que tienen pesadillas con Séneca, la aplicación diseñada por la Consejería de Educación para llevar a cabo todo el proceso de gestión administrativa que conlleva la labor docente. Y aquí está el quid de la cuestión: ese proceso se ha multiplicado de tal forma que es incalculable el número de horas que hay que dedicarle para hacerlo correctamente: tutorías, entrevistas de padres, sesiones de evaluación, boletines de notas, programaciones docentes, comunicaciones a las familias… Aunque es lógico que exista control por parte de la administración, ya que es ella la que proporciona los medios, no es lógico que quiera controlarlo todo, pues impide la necesaria creatividad docente, que cada vez encuentra más dificultades para desarrollarse.

Leyes educativas cambiantes, currículos cada vez más cerrados, reválidas, evaluaciones de centros, menor inversión en educación, bajas que no se cubren, desinterés general por la educación tanto por parte de muchos padres como por los partidos políticos, que la utilizan como medio de atacar al adversario o de introducir determinadas ideologías. Así podríamos seguir páginas y páginas, horas y horas.

Aunque ya soy un profesor jubilado, me duele la situación actual de la educación. Se habla desde hace mucho tiempo de que hay que alcanzar un gran pacto por la educación, pero mientras se haga exclusivamente desde el ámbito político y no seamos capaces de implicar de manera efectiva a todos los que directamente están implicados en la enseñanza (profesorado, familias, alumnado, agentes sociales…), seguiremos lamentándonos y perdiendo un tiempo precioso.

Dejo para el final un vídeo impactante que refleja una parte, quizás la más importante, de la enseñanza: qué hacemos actualmente en las escuelas. ¿Preparamos realmente a los estudiantes para el futuro o seguimos mirando sólo al pasado, reproduciendo patrones y errores que sabemos que existen pero no somos capaces de evitar?