Jornada de reflexión y Ensayo sobre la lucidez

Han pasado un par de días desde el lamentable espectáculo que nos ofrecieron en el debate los candidatos a las elecciones del próximo día 10. Lo único que se salvó, a mi modo de ver, fue la intervención de Ana Blanco, la presentadora de Televisión Española, viendo lo que tenía delante y teniendo en cuenta uno de los temas a tratar en el siguiente bloque, la igualdad: cinco hombres y ninguna mujer.

Cuando quedan menos de 72 horas para que se abran las urnas, no me resisto a compartir una reflexión de mi antiguo compañero de Instituto, José María González-Serna acerca de lo que pudimos ver y oír en ese debate. A muchos se nos cayó la cara de vergüenza ante el clamoroso silencio de los candidatos, sobre todo Sánchez e Iglesias,  que tendrían que haber replicado con dureza, ante las mentiras y barbaridades que soltó Abascal. Aunque me duela decirlo ninguno, repito, ninguno, de los cinco candidatos, merece presidir el próximo gobierno. Sé que no hay alternativa y que Sánchez o Casado serán presidentes, pero si hubiera justicia divina, que no la hay, eso no debería suceder.

Sé que es una utopía, pero me gustaría que se cumpliera lo que José Saramago escribió en su novela Ensayo sobre la lucidez. En algún momento todos nuestros políticos, sin excepción, tendrían que recibir una soberana lección. Y una de las maneras, ya sabéis, es mostrando nuestra indignación con un mayoritario voto en blanco. De todas formas, aunque no os lo creáis, todavía no sé lo que voy a hacer el próximo domingo porque, sin duda, nos jugamos mucho.

José María González-Serna comienza su artículo así:

“Hace un par de días hubo debate electoral. Ya saben: cinco candidatos representando a otros tantos partidos, de la derecha a la izquierda; cinco mensajes; cinco actitudes, más o menos diferentes; cinco posibilidades. Subyacía la idea de que había que elegir; flotaba en el ambiente que, si no decidías, serías culpable de lo que pasase.
Uno de ellos, Santiago Abascal, el líder de Vox, coloca su mensaje: sereno, sin estridencias, mirando a cámara, que es como mirarnos a todos a los ojos. Dice que hay miles -¿Ochenta mil? No recuerdo- de denuncias de mujeres por violencia machista archivadas en los juzgados. Silencio. El resto de los candidatos -de la derecha a la izquierda- callan, miran sus papeles, hacen como que anotan, buscan en sus maletines, no sé. Espero la réplica de alguno de ellos. Silencio de nuevo. Se cambia de tema. Un rato después, el mismo Abascal vuelve a disponer de la palabra. Ahora se centra en los MENAS, ya saben, esas siglas con las que ahora parece que hay que referirse a los menores -niños y niñas, no olvidemos- inmigrantes sin papeles. Mediante una anécdota que alude a un centro de atención de Madrid, creo, vincula con determinación la inseguridad ciudadana y la presencia de estos niños. Silencio atronador tras su intervención. Los otros políticos presentes siguen leyendo, anotando, buscando en el baúl de los recuerdos. Estoy anonado. Sigue hablando el tal Abascal: protección de la mujer contra violadores inmigrantes en manada que se van de rositas. Y sigue y sigue, mientras los demás también siguen empeñados en un disimulo melancólico que podría arrancarnos una sonrisa si no fuera tan trágica la situación…”

Seguid leyendo en el siguiente enlace, porque merece la pena.

Jornada de reflexión (por José María González-Serna).

 

Dos meses intensos

Diez de abril. Son las seis de la tarde. He terminado de leer un capítulo de La forja, la primera de las novelas biográficas que componen la trilogía La forja de un rebelde, de Arturo Barea. Llevaba mucho tiempo queriendo leer esta obra, pero siempre encontraba una excusa, alguna lectura que alguien me recomendaba, me prestaba o me regalaba, algún éxito literario que sobresalía de la mediocridad y que me llamaba poderosamente la atención, alguna crítica que me encandilaba o cierta entrevista a un autor que vendía con habilidad su último éxito. Pero esta vez ya no lo he dejado pasar. Los primeros capítulos me han enganchado describiendo la infancia de un niño de principios del XX en Madrid, una ciudad pobre, provinciana, con personajes humildes, sencillos, que pasan penurias y calamidades, pero que viven con intensidad cada instante.

Me caliento en el microondas un poco de café descafeinado con leche semidesnatada y mojo en la taza una galleta mientras leo en el ordenador las últimas noticias que giran, desde hace mucho tiempo, sobre dos grandes temas: el juicio del procés (pronúnciese prucés) y la eterna precampaña electoral que amenaza con engullir nuestras vidas y dejarnos exhaustos, aunque hoy, cosa rara, casi todos los periódicos y noticieros de televisión vespertinos abren con una noticia científica: la primera foto de un agujero negro que, según los periodistas y los expertos en física cuántica, demuestran que Einstein vuelve a tener razón, por si quedaba alguna duda.

El juicio ha caído en una cierta monotonía con las declaraciones de policías y guardias civiles que describen los momentos de tensión que vivieron en la jornada del 1-O. Los fiscales se frotan las manos, aunque es difícil que puedan demostrar que lo ocurrido fue una rebelión o una sedición. Hace unas semanas habían declarado los mossos, que según parece, son menos independentistas que Santiago Abascal. Y no detuvieron a Puigdemont porque nadie se lo dijo, si no ahora estaría entre rejas y delante de Marchena, que se está convirtiendo en un juez estrella, como antes lo fueron Garzón, Gómez Bermúdez o Pablo Ruz. Para que aprenden los americanos, que parecía que tenían la exclusiva de las películas sobre juicios (véase Vencedores o vencidos o Matar a un ruiseñor, dos películas que nunca me canso de ver). La realidad siempre supera a la ficción. Lo único malo es que hay testigos que son muy aburridos y después de casi dos meses de juicio es difícil que ya nos sorprenda algo.

Los que sí nos sorprenden son los políticos. ¿Para qué queremos humoristas o monologuistas con personajes como los que quieren gobernar este país? Esos sí que se superan día a día. Si uno dice una barbaridad otro le gana por una cabeza y el de más allá, que no quiere quedarse atrás, inventa una sandez mayor. El caso es llenar titulares, competir por las frases más absurdas y peregrinas. Que si los neandertales eran expertos en abortos, que si en Nueva York se mata a los niños que ya han nacido (o sea, ya no es aborto, es directamente infanticidio… si Adolfo Suárez, el verdadero, levantara la cabeza), que si todos los españoles de bien deberíamos llevar armas, que si el adversario prefiere tener las manos manchadas de sangre que pintadas de blanco, y otras lindezas por el estilo. Yo creo que lo hacen a propósito, que les pagan a sus asesores para que se inventen las barbaridades y puedan llenar páginas en los periódicos y minutos en los telediarios. Y ahora, con esto de los fichajes estrella (periodistas, toreros, actores, militares…) el Congreso va a ser mucho más divertido. Antes nos sorprendíamos con la política italiana, que solía llevarse la palma en ese sentido: actrices porno, cantantes, estrellas del humor, pero ya les vamos ganando, no íbamos a ser menos que ellos. Me imagino a un militar franquista y a un torero defendiendo los presupuestos generales del estado o una ley educativa. Si las cadenas de televisión o las radios no le sacan partido a eso es que no se merecen el sueldo. 

Quedan sesenta días intensos: Semana Santa, campaña electoral, elecciones generales el 28 de abril, Feria de Sevilla del 4 al 11 de mayo, mi cumpleaños y el de Santiago el 9 de mayo, jueves de feria, otra campaña electoral que empieza cuando termina la feria, elecciones municipales, europeas y autonómicas el 26 de mayo, la romería de Aroche el 31 de mayo y el 1 y el 2 de junio, la exhumación de Franco (si el PP y Vox no lo impiden) el 10 de junio. Eso sin contar con las oposiciones de mi hija Carmen, que empezaron el 6 de abril y que, con una poca de suerte, las aprobará en junio. Así, sin descanso ni dejando respirar. Y yo con un tratamiento de queratosis actínica que me ha puesto la frente como un ecce homo. Resulta que me recetaron una pomada que se llama Zyclara que es una bomba, que arrasa todo lo que toca. Su componente principal debe ser el ácido sulfúrico, o similar. A ver quién sale a la calle lleno de costras como si me hubiera caído de una moto. Cuando voy andando los niños me señalan con el dedo y le preguntan a sus madres ¿qué le ha pasado a ese señor? Y yo pongo cara de pena y de sufrimiento, como si me doliera mucho. No va a quedar bien que me ponga chaqueta y corbata en Semana Santa y en Feria y la gente, en lugar de admirar mi porte elegante, sólo se fije en mi frente. Y cuando vaya a votar, el presidente de la mesa dudará entre pedirme el carnet de identidad o un certificado médico de que lo mío no es contagioso.

Sólo quedan dos meses. Y después, los pactos. Pero ese será otro tema.

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Acuerdo histórico

Aunque parezca increíble, todos los partidos políticos del arco parlamentario catalán, sí, todos, desde el PP a la CUP, se han puesto de acuerdo en una cosa: no utilizar la inmigración, el racismo y la xenofobia como arma electoral. Además de los partidos políticos, también se han sumado el Ayuntamiento de Barcelona, la Asociación Catalana de Municipios, la Sindicatura de Greuges (el defensor del pueblo catalán) y cincuenta entidades más. Esta noticia, que tendría que abrir los telediarios, los titulares de los periódicos y de las radios y llenara los espacios de las tertulias políticas, ha pasado casi desapercibida. De hecho, la he encontrado por casualidad, porque tengo la costumbre, sana costumbre, de hacer un recorrido matinal por los periódicos, tanto los nacionales como los nacionalistas y los digitales. Y mira por dónde, leyendo un periódico digital, ahí estaba la noticia. 

Lo que ocurre es que en la misma noticia nos encontramos con algunas incongruencias, desde mi punto de vista. Por ejemplo, cuando el presidente Torra dice que  “Catalunya es, ha sido y será una tierra de acogida y solidaridad” y que es un “país de adhesión y no de oposición”. Bueno, vale, el problema es que las palabras son muy bonitas pero después la realidad es muy otra. Lo de tierra de acogida y solidaridad, teniendo en cuenta la situación de millones de catalanes no independentistas y el concepto que los independentistas tienen de otras comunidades de España, como Andalucía, Murcia, Extremadura, etc., desmienten estas palabras. Y ya el colmo es que diga que Catalunya es un país de adhesión y no de oposición. Hombre, o yo desconozco algún significado oculto en el término adhesión o alguien que quiere separarse muy adherente no es.

Pero bueno, dejemos la fiesta en paz y celebremos que, aunque sólo sea por una vez, los políticos de este país, sobre todo los catalanes, estén de acuerdo en algo. A ver si cunde el ejemplo.

Acuerdo para un debate responsable sobre inmigración y contra el racismo y la xenofobia

El derecho a decidir y la Reconquista

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Se van a relatar los hechos de la manera más aséptica y objetiva posible. Es inevitable, por motivos de espacio y de claridad, obviar algunas situaciones ya que las circunstancias y los acontecimientos son conocidos por todos. Así que, sin más dilación, comenzamos la narración.

La Audiencia Nacional sentencia en mayo de 2018 que el Partido Popular se ha beneficiado del esquema de sobornos ilegales para contratos, el conocido como caso Gürtel. Los tribunales confirman así, en primera instancia, la existencia de una estructura de contabilidad y financiación ilegal que se desarrolló en paralelo con la oficial desde el momento de la fundación del partido en 1989.

Pedro Sánchez, secretario general del Partido Socialista Obrero Español, presenta una moción de censura que se desarrolla entre el 31 de mayo y el 1 de junio de 2018.

Pedro Sánchez es investido presidente del gobierno, con 180 votos a favor, procedentes de su propio partido, de Podemos y de los partidos nacionalistas, 169 en contra, de los partidos de la derecha, y 1 abstención, prometiendo su cargo el 2 de junio de 2018.

Por primera vez en España, el número de ministras es superior al de ministros. Sin embargo, a los pocos días empiezan a aparecer los primeros problemas ya que algunos de los recién nombrados tienen que dimitir debido a diferentes problemas con Hacienda o por culpa de títulos universitarios poco claros.

Por otro lado, en Cataluña las cosas se complican. El conocido como Caso Palau había provocado la desaparición de Convergencia Democrática de Cataluña, se deshizo la coalición con Unió, Artur Más dimitió y fue nombrado sucesor Carles Puigdemont, el movimiento secesionista catalán tomó impulso con la creación de una coalición Junts per Cataluña…

Carles Puigdemont intenta declarar la independencia de Cataluña, pero tras las resoluciones del Tribunal Constitucional, se echa para atrás y convoca nuevas elecciones, a pesar de que es tildado de traidor por muchos políticos catalanes, entre ellos el miembro de Esquerra Republicana, Gabriel Rufián.

Aunque las elecciones son ganadas por Ciudadanos, el gobierno catalán queda en manos de Junts pel Sí con el apoyo de la CUP, que logran la mayoría en el Parlament, pero no en el número de votantes, que sólo es del 47%. Dicho gobierno tiene como objetivo inmediato la independencia de Cataluña, pero espera a que la base social que la apoye se acerque al 60%.

Pedro Sánchez no logra aprobar los presupuestos de 2019 pues la derecha y los partidos catalanes no los apoyan, estos últimos porque el presidente español no acepta la celebración de un referéndum de independencia.

Pedro Sánchez se ve obligado a convocar elecciones, que se celebran el 28 de abril de 2019.

El PSOE gana las elecciones, pero no es capaz de lograr mayoría absoluta a pesar del apoyo de Podemos y de otros partidos. Sin embargo, la suma de diputados de PP, Ciudadanos y Vox, que entra con fuerza en el Parlamento español, permite que Pablo Casado sea elegido presidente de gobierno.

El partido Vox, que ha realizado una campaña electoral muy directa con el lema “Hacia la Reconquista de España”, presiona para que se realice un referéndum con el objetivo de eliminar las comunidades autónomas y convertir España en un país centralizado, como fue en época de Franco o lo es actualmente en Francia.

PP, Ciudadanos y Vox presentan diferentes proyectos de ley: eliminación de las autonomías, prohibición del aborto, que sólo se permite en casos excepcionales, privatización de la sanidad y de determinados servicios públicos, restricción a la entrada de emigrantes, etc.

PSOE, Podemos y los partidos nacionalistas se oponen con dureza, pero la mayoría parlamentaria de la derecha, a pesar de los informes desfavorables de los letrados de la cámara, aprueba la Ley Orgánica de Refundación del Estado Nacional Español, la LORENE que deberá ser aprobada mediante referéndum.

La oposición presenta un recurso ante el Tribunal Constitucional, que en muy pocos días declara inconstitucional la LORENE. A pesar de eso, el tripartito presenta ante el Congreso de los Diputados una Ley de Consultas entre las que se encuentran la derogación del aborto y la anulación de las autonomías, entre otras muchas.

La oposición se niega a debatir la Ley de Consultas y no participa en las votaciones. Dicha Ley fue aprobada el 11 de octubre de 2019, un día antes de la Fiesta del Pilar, ahora llamado Día de la Raza por Decreto del gobierno a iniciativa de Vox.

Se presenta un nuevo recurso de inconstitucionalidad, que vuelve a ser aceptado por el Tribunal Constitucional, con la amenaza de severas sanciones a los miembros del gobierno que apoyen o desarrollen la mencionada Ley.

El gobierno presenta la Ley del referéndum de supresión de las autonomías, desoyendo todas las advertencias del TC e informes desfavorables de los letrados de la cámara. Dicha Ley es debatida y aprobada los días 7 y 8 de septiembre de 2020, con el voto de PP, Ciudadanos y Vox y la ausencia del resto de partidos, excepto Foro Navarro y Coalición Canaria, que se abstienen en la votación.

La fecha prevista para la realización del referéndum es el 1 de octubre de 2020. En la campaña, a pesar de las prohibiciones del TC, participan miles de ciudadanos que, enardecidos, gritan continuamente “Sus, y a por ellos”, “Alibote, alibote, rojo el que no bote (o vote, que aquí no hay acuerdo según las fuentes que se consulten)”. “A la reconquista por las buenas o las malas”, “España, una y no cincuenta y una”, y otras similares.

Casado, Rivera y Abascal dicen que no es delito votar, que hay que dejar que la gente se exprese, que, si no se deja, España no será nunca un país democrático, que la voluntad popular está por encima de la Constitución. Vox llega a decir que hay que derogar la Constitución y comenzar un proceso constituyente que ilegalice o impida la creación de partidos independentistas, que elimine las televisiones públicas, que reconozca a la religión católica como la única permitida, que restrinja la llegada de inmigrantes, que se elimine la igualdad entre los sexos.

Las fuerzas del orden están divididas y no saben lo que hacer. Por un lado, el gobierno dice que él es quien manda y que deben obedecer las órdenes del ministro del Interior, Javier Ortega Smith; por otro, el TC y muchos mandos de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, están en contra.

El Rey permanece callado y la reina también: hace tiempo que no sale en las revistas o en la televisión luciendo modelitos de Uterqüe.

A pesar de todos los intentos, el día 1 de octubre se celebra el referéndum. Tanto la Ertzaintza como los Mossos de Escuadra y muchos policías permiten la colocación de urnas. En otros lugares se impide y se realizan cargas violentas contra los que quieren votar. PP, Ciudadanos y Vox dirigen sus voces a Europa señalando la represión y clamando contra la falta de libertades. Europa se hace la sueca.

La participación en el referéndum, a pesar de todas las dificultades, se acerca al 40% y gana abrumadoramente el sí a la supresión de las autonomías.

El día 10 de octubre de 2020, el presidente Casado proclama solemnemente en el Congreso la supresión de las comunidades autónomas, aunque unos segundos después propone suspender el efecto de esta supresión para negociar con todos los partidos políticos una solución al problema de las autonomías.

Nos saltaremos el resto de los sucesos: manifestaciones a favor y en contra del gobierno, discurso del Rey llamando a la concordia y solicitando la celebración de nuevas elecciones el 21 de diciembre, la querella del fiscal general acusando de delitos de rebelión al gobierno y sus ministros, la instrucción del juez Llarena contra Casado y Abascal y contra el resto de los miembros del gobierno, la encarcelación de la presidenta del Parlamento, Inés Arrimadas y del Vicepresidente del Gobierno, Albert Rivera (hoy Alberto Rivera) y otros ministros, la huida de Casado y de Abascal a Bélgica y Suiza, respectivamente, etc.

Ayer, día 12 de febrero de 2021, comenzó el juicio de la Reconquista, como se conoce entre los ciudadanos y los medios de comunicación. Los portavoces en el congreso de PP, Ciudadanos y Vox manifiestan que ellos ponen la voluntad de la gente por delante la ley, que votar nunca es delito, que España se está retratando ante el mundo como una república bananera, que en España ni hay justicia ni democracia ni hay ná, que la Leyenda Negra va a ser un cuento para niños al lado de la que se va a desarrollar a partir de ahora…

Y en esas estamos. Como dijo D. Antonio Machado, “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.

Laura Luelmo y la prisión permanente revisable

Rocío Wanninkhof, Diana Quer, el pequeño Gabriel, Laura Luelmo… Son algunos de los nombres que han estremecido al país por la crueldad de sus muertes. Y por la obscenidad con la que muchos medios de comunicación las han utilizado para exacerbar emociones, exponer sin escrúpulos teorías que, algunas ocasiones eran falsas, acusar sin pruebas, exigir venganza. Porque esto es, al final, lo que se pretende, no justicia, sino linchamiento. Aunque en el caso de Laura Luelmo (¡qué cruel destino!, tu juventud, tu ilusión, tu primer trabajo y tener la increíble mala suerte de alquilar una casa al lado de un asesino sin escrúpulos) casi no dio tiempo a realizar acusaciones en falso. Recordamos el caso de Rocío Wanninkhof y la acusación, juicio y declaración de culpabilidad de Dolores Vázquez. La histeria popular creada por los medios de comunicación entró en los anales de los errores judiciales y mediáticos. Con Diana Quer pasó algo parecido, aunque sin llegar a ese extremo: los señalados entonces fueron unos feriantes que se encontraban en el pueblo en el momento de la desaparición de la muchacha. Y lo mismo en el “caso Gabriel”, cuando durante muchos días se puso el foco sobre un antiguo acosador de la madre.

Todavía más obscena que la actuación de los medios es la utilización política de estas muertes. Aprovechar el sufrimiento para defender las ideas propias y atacar al adversario para obtener réditos electorales, que es lo que al final se pretende, es impúdico e indecente. Aunque ya estamos acostumbrados, por desgracia, a estas situaciones, no deja de causarme asco e indignación. La comparación con chacales o hienas, que me perdonen los amantes de los animales, es inevitable.

Puedo entender que una familia destrozada y traspasada por el dolor exija que todo el peso de la ley caiga sobre el delincuente. Es también lo que queremos todos. Pero siempre la ley y nada por encima de ella. No puedo ni quiero imaginarme pasar por una situación así o por la que pasaron los familiares de las víctimas de ETA o las de la matanza de Atocha. Pero también hay otras tan crueles y que no acaparan tantas páginas, como, por ejemplo, la muerte en accidente de tráfico causada por un energúmeno que va hasta las cejas de alcohol o de cualquier droga. El resultado para la víctima es el mismo y para sus familias y amigos un dolor infinito, inexplicable.

Eso no significa que no haya que establecer medidas legales y policiales contra aquellos a los que, por desgracia, es casi imposible reinsertar, porque reinciden y ponen en peligro la vida de los ciudadanos. No hay que hurtar un debate sobre qué hacer con esos individuos, un porcentaje mínimo si atendemos a las estadísticas, que no responden a la reinserción social. ¿Aislamiento, difusión de sus datos como se hace en algunos países, control una vez que salen de la cárcel? Pero, sobre todo, más medios, más preparación en jueces y policías, más prevención. Y más educación, más igualdad, menos pobreza, menos marginación.

Para terminar, es casi una obligación exponer datos, cifras que luchen contra la manipulación de los sentimientos. Eso es lo que tendrían que hacer los políticos, contrastar las ideas con la realidad, con los hechos. Me voy a limitar a reproducir leyes, artículos periodísticos, gráficos y datos. Y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Leyes, datos, cifras, hechos

El artículo 25.2 de la Constitución Española afirma lo siguiente:

“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.”

En el año 2015 el Parlamento español, con el único apoyo del PP, que contaba con mayoría absoluta, modificó el Código Penal para incluir la figura de la prisión permanente revisable. Los tribunales podrán aplicarla en algunos tipos agravados de asesinatos en los siguientes supuestos:

– Cuando la víctima sea menor de 16 años o se trate de una persona especialmente vulnerable.

– Cuando el asesinato se cometa después de un delito contra la libertad sexual.

– En los asesinatos múltiples.

– En los asesinatos cometidos por miembros de una organización criminal.

– Delitos contra la Corona.

– Delitos contra el Derecho de Gentes.

– Delitos de genocidio.

– Delitos de lesa humanidad.

Antes de la implantación de la prisión permanente revisable, había en España unas penas máximas de 25, 30 o 40 años de cárcel para casos de extrema gravedad. La prisión permanente lo que cambia es exigir que el criminal cumpla de forma íntegra entre 25 y 35 años de pena, dependiendo del tipo del delito y de si la pena es por uno o varios, tras lo cual se revisará. Si no se cumplen determinados requisitos para la libertad, el preso seguirá en prisión.

Cumplir 35 años, por cierto, no significa que vaya a estar en prisión todo ese tiempo. El penado puede solicitar permiso de salida ordinarios una vez haya cumplido un mínimo de ocho años de prisión, aunque lo cierto es que en el caso de asesinatos graves, bien por lo largo de su condena bien por la alarma social, lo más normal es que se les deniegue el tercer grado.

Hasta el momento este tipo de pena sólo se ha aplicado una vez. El 7 julio 2017 fue condenado por primera vez en España, el parricida de Pontevedra, David Oubel por degollar a sus hijas. El tribunal del jurado, por unanimidad, halló culpable a Oubel de asesinar con alevosía a las pequeñas de 4 y 9 años con una sierra eléctrica.

La implantación de la prisión permanente revisable en 2015 no impidió el asesinato de Diana Quer en 2016 ni el de Gabriel en 2018.

La pena de muerte en Estados Unidos no impide que haya casi ocho veces más homicidios y asesinatos que en España.

Muchos de los países en los que existe la pena de muerte o la cadena perpetua son también los que tienen un mayor índice de criminalidad.

Generalmente, a mayor nivel de vida, menor tasa de criminalidad. En los países desarrollados, son las zonas, las ciudades o los barrios más desfavorecidos los que concentran mayor número de delitos. Por tanto, la solución no consiste en tener más policías, más cárceles o leyes más duras, sino mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Las penas máximas en países de nuestro entorno

Francia. La pena más dura es “perpetuidad irreducible”. En casos excepcionales establece una prisión efectiva ilimitada. Este castigo se destina especialmente a los condenados por asesinato de una víctima menor de 15 años y cuya muerte estuviese “precedida o acompañada de una violación, de torturas o de actos de barbarie”.

Italia. La máxima pena de prisión prevista, de acuerdo a la legislación vigente, es la cadena perpetua. A partir del cumplimiento de al menos 20 años de prisión es posible la aplicación de beneficios penitenciarios, y cumplidos al menos 26 de la pena impuesta, se puede optar a la libertad condicional

Portugal. La máxima pena que recoge la ley es de 25 años de cárcel.

Reino Unido. El condenado puede optar a la libertad condicional después de un periodo de tiempo que fija el juez. En casos excepcionales el magistrado puede dictaminar que la condena sea “orden de toda la vida”, sin acceso a la libertad condicional.

Alemania. Contempla una permanencia en prisión que, tras un mínimo de 15 años, debe examinar un nuevo tribunal cada caso de manera individual.

Noruega y Dinamarca. Existe la figura de la “custodia” similar a la cadena perpetua revisable para personas que han cometido crímenes especialmente graves y cuando existe riesgo de que puedan repetirlos.

Bélgica. El preso tiene la posibilidad de solicitar la libertad condicional transcurridos 15 años desde su entrada en la cárcel.

Holanda. La prisión permanente cuenta con la posibilidad de revisión de la condena tras cumplirse 27 años de la pena y ante las sospechas de que se haya producido una injusticia por parte del tribunal.

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Tasa de criminalidad en Europa. Año 2016

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Países en los que está vigente la cadena perpetua

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Para terminar, no me resisto a incluir algunas frases de mi paisana, Concepción Arenal (El Ferrol, 1820-1893), que fue una auténtica adelantada a su tiempo y que muchos políticos tendrían que leer y tener como referencia más a menudo.

“Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas”.

“Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”.

“Odia el delito y compadece al delincuente”.

“Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente”.

 

Me gusta la polémica

Me gusta polemizar, lo reconozco. La verdad es que hasta hace unos años prefería callar y dar la razón a los demás, aunque yo estuviera convencido de que mis ideas eran mejores o más sensatas o más realistas, antes que embarcarme en agrias discusiones, en disputas estériles, en enfados inútiles. Aunque en las grandes cuestiones (la libertad, la tolerancia, la igualdad, el respeto a los derechos de las personas, la defensa de lo público ante lo privado y algunas otras más) siempre he sido bastante inflexible y marcaba una línea roja que no quería traspasar, pues no concebía el menoscabo o el menosprecio de las mismas, en cuestiones menores no me costaba trabajo dar mi brazo a torcer. No se trataba de ser más o menos pusilánime, sino que priorizaba las relaciones, el estar a gusto con los demás, en ceder para llegar a acuerdos. A veces, sin embargo, después de un silencio o de una concesión demasiado rápida, llegaba el remordimiento por no haber dicho algo, por no haber defendido con más fuerza o vehemencia alguna idea. Y durante días no paraba de darle vueltas a la cabeza, arrepintiéndome de mi falta de valor o de reflejos para contrarrestar las razones de los demás.

Pero todo eso se ha terminado. Supongo que será por la edad y por la experiencia, porque ya no tengo necesidad de bajar la cabeza o mirar para otro lado o permanecer en silencio. Ahora casi busco la confrontación por la confrontación, como una forma de poner a prueba mi capacidad de persuasión, a veces de manipulación. Sigo defendiendo las mismas ideas, quizás de una manera un poco más radical, pero sin perder, todavía, las formas. Y también defiendo, por qué no, algunas ideas con las que, en el fondo, no estoy de acuerdo. Por poner un ejemplo, la cuestión catalana. Hace unos años yo era partidario de un referéndum consultivo (no vinculante) de autodeterminación en el País Vasco y ahora en Cataluña. Es bueno conocer lo que opina el pueblo, no mediante encuestas que pueden manipularse fácilmente y siempre que las preguntas sean las adecuadas. No poniendo a los ciudadanos en tesituras maniqueistas, en el estás conmigo o contra mí, en el todo o nada. Incluso podría estar de acuerdo con un referéndum vinculante, después de un amplio debate, sin dejarse llevar por las emociones, dando un tiempo prudencial para que todos pudieran, de una manera libre y sin coacciones de ningún tipo, dar sus argumentos y opiniones. Y la vinculación tendría que ser con unas premisas muy claras: un porcentaje de participación alto (no menos de un 70%) y un apoyo a la independencia también alto (nunca inferior al 70%). Si se dieran todas esas circunstancias, creo que podría llegarse a un acuerdo.

Por desgracia, las posiciones están demasiado alejadas. Por un lado, ha habido una falta de lealtad, una hipocresía y una enorme cantidad de mentiras, de sobreactuación, de manipulación y de confrontación con el Estado, fuera quien fuera el gobierno, en el lado de los independentistas, apoyados por una izquierda acomplejada, que no ha sido capaz de analizar con valentía la situación y que ha defendido ideas y valores muy alejados de lo que siempre ha sido esa izquierda. No todo vale, compañeros. Eso de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, aquí no se sostiene. Por otro lado, la derecha. ¿Cómo catalogar lo que han hecho PP y Ciudadanos en los últimos años? Se ha pasado de un apoyo al independentismo de aproximadamente el 25% a casi el 50% desde que Mariano Rajoy llegó al poder. Acordémonos de los tiempos de Aznar, ese que hablaba catalán en la intimidad y firmó con Pujol el Pacto del Majestic y que denominó a ETA Movimiento Vasco de Liberación Nacional, autorizó entablar negociaciones con ellos y liberó a más de doscientos etarras. Ahora Aznar es el máximo enemigo, el azote de catalanes y vascos. Cousas veredes, que decimos los gallegos.

Pues ahora, señoras y señores, estoy hasta las narices de los independentistas catalanes y, a pesar de que sigo pensando que tolerancia, libertad e igualdad son innegociables, discrepo con todo aquel que los defiende. Y polemizo, y discuto. Y ya me pueden llamar fascista, ese término que ha perdido su significado de tanto manipularlo. Llamar fascistas a la gente del PP o de Ciudadanos por ser de derechas es insultar a la memoria de mi abuelo Castro, ese al que unos fascistas, esos sí, estuvieron a punto de matar de una paliza cuando comenzó la guerra civil, y que sólo se libró del paredón gracias al párroco de Arteixo. Por eso me revienta que se utilice con tanta frivolidad. Por eso, me revienta que llamen fascista a Rivera, a Rajoy, a Serrat a Manuel Vicent o a cualquier otro que no piense como lo que, según determinados sectores del independentismo, e incluso de la izquierda, se debería pensar. Hay que ser mucho más serios.

Me gusta polemizar y discutir de política. En algunos casos como si yo fuera de derechas (pocas veces, como mucho, de Ciudadanos) y otras veces de izquierda, que lo soy, pero que no comulgo con determinados personajes, ni acepto la corrupción del PSOE ni sus maneras, a veces chulescas, ni con la actitud de Podemos y sus confluencias en relación con Cataluña o cuando pudo pactar con el PSOE para que gobernara la izquierda y no lo hizo, oportunidad que pocas veces se volverá a plantear, porque lo de ahora no tiene sentido. No tengo que pagar peajes.

Me gusta discutir de religión, respetando las creencias, pero poniendo en un brete a aquellos que intentan convencerme de las bondades de las misas y de la liturgia. Ha habido demasiados millones de muertos y demasiado sufrimiento por culpa de las religiones, y los sigue habiendo, como para que intenten convencerme de las bondades de seguir fervorosamente a un dios que, si realmente existiera, debería hacer algo más por un mundo tan injusto y tan cruel y no mirar para otro lado.

También me gusta polemizar y discutir, sobre todo con mi hijo Santiago, de fútbol. Aunque nunca he sido un talibán ni un radical futbolero, resulta que Santi me ha salido del Barça. Y eso, para uno que simpatiza con el Madrid y es seguidor del Dépor, es casi una herejía, porque recuerdo que mi equipo coruñés perdió una liga en el último minuto del último partido por culpa de un penalti fallado por Djukic. La liga se la llevó el Barcelona de Cruyf, que seguramente compró al portero, claro.

Y por último, las discusiones con mi mujer, sobre todos los temas anteriores y sobre muchas más cosas. Llevamos casados treinta y siete años y raro es el día que no discutimos sobre algo. Y esa es la salsa, el condimento que nos permite estar más unidos. Porque si no se discute, si no se discrepa, todo sería demasiado empalagoso y aburrido. Como ella casi nunca me lee, no podremos discutir sobre esto. Con mi hija Carmen apenas discuto, somos demasiado parecidos y pensamos igual en muchas cosas. Pero no somos inmunes a las discrepancias, no creáis. Son pocas, pero intensas.

Así que estoy dispuesto a discutir con quien sea y sobre lo que sea. Aquí me tenéis, estoy a vuestra disposición.

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¿Qué hemos hecho para merecer esto?

Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Don Juan Tenorio, de José Zorrilla

Noviembre es el mes de los difuntos. Hasta hace unos años era tradición representar Don Juan Tenorio en muchos teatros de España. generalmente el primero de noviembre, porque el acto final de la obra tiene lugar en la noche de Todos los Santos, víspera del Día de Difuntos, el 2 de noviembre. Ahora, en su lugar, influenciados como en muchas otras cosas por los norteamericanos y por las academias de inglés, todo hay que decirlo, celebramos Halloween. Creo que hemos perdido bastante.

Tenía pensado escribir sobre ese tema, sobre la pérdida de la identidad y de algunas tradiciones (aunque no es que yo esté demasiado apegado al pasado, la verdad), de la uniformización de costumbres y de modos de vida, casi siempre venidas de la otra parte del Atlántico. Volví a leer el comienzo de Don Juan Tenorio, por aquello de sumergirme en el tema, y cuando llegué a los versos que recita Don Juan y que reproduzco al principio, cambié de idea. Ya no me apetecía hablar de ese tema porque, inmediatamente, asocié las rimas a los políticos actuales, no a todos, pero sí a la mayoría. Eso de dejar en todas partes memoria amarga va unido, casi indefectiblemente, a Pablo, a Pedro, a Albert, a Mariano, a José Luis, a Quim, a Jordi, a Carles, a Artur… Podríamos seguir ad infinitum.

Y si analizamos lo que ocurre por el mundo, es para echarse a temblar. Primero Trump, después Salvini, ahora Bolsonaro. Y antes aun Hungría, Polonia. También Chile. Y Argentina. Las perspectivas tampoco son halagüeñas en muchos otros países, sobre todo en Europa. Espero que Vox no se nos suba a la cabeza. Se decía que los partidos políticos tradicionales habían colapsado, se habían convertido en máquinas de corrupción, de comprar y cautivar votos, de colocar a los suyos, de mirarse el ombligo y alejarse de los ciudadanos cuando llegan al poder. Es verdad, hay muchos ejemplos que lo corroboran. Pero el problema es que a los nuevos partidos les pasa lo mismo. Al poco tiempo de haberse creado con el objetivo, según dijeron en su momento, de cambiar la vida política, de traer aires nuevos, de acabar con la corrupción, de llevar la calle al Parlamento, caen en los mismos errores y siguen las mismas pautas que sus hermanos mayores.

Después de varios años en los que hemos podido comprobar cómo funcionaban, cómo trabajaban y luchaban para conseguir sus propósitos, cómo maniobraban en su lucha para socavar el poder de los dinosaurios que durante décadas se habían instalado en el poder, creo que, una vez más, se vuelve a cumplir la máxima del príncipe de Lampedusa (esa isla que intermitentemente es noticia por la llegada de inmigrantes) de que todo debe cambiar para que nada cambie. Podríamos pensar que con el final de bipartidismo la política española había entrado en una nueva etapa, que la corrupción sería perseguida sin tregua, que, ante la casi imposibilidad de que se lograran mayorías absolutas, las negociaciones y los pactos renovarían la fe de los ciudadanos en sus políticos. Pero me temo que nada de eso ha sucedido. Los nuevos partidos son una copia peor que sus hermanos mayores. Ciudadanos no mejora al PP y Podemos no mejora a IU ni al PSOE. Porque no sólo de palabras vive el hombre, sino, y sobre todo, de hechos.

Lo vivimos hace poco con la moción de censura que llevó al poder a Pedro Sánchez. Poner de acuerdo a partidos tan diferentes para, según dijeron en su momento, acabar con la corrupción del PP y encauzar la situación de Cataluña parecía el comienzo de una nueva era, en la que el sentido común y la honradez se iban a instalar por mucho tiempo en nuestro país. Además de las palabras, parecía que los hechos también acompañaban porque la composición del Consejo de Ministros y Ministras hacía albergar muchas esperanzas. La cosa comenzó a torcerse un poco con las dimisiones de Maxim Huerta y de Carmen Montón y las más recientes dificultades por las que han pasado Pedro Duque y Dolores Delgado. Pero teniendo en cuenta lo que había ocurrido en los anteriores gobiernos del PP, en los que los ministros, por cosas mucho peores, aguantaron en sus cargos mucho más tiempo, parecía que, efectivamente, los tiempos habían cambiado y ahora no se aceptaba ni la más leve sospecha ya no digo de corrupción, sino de utilización beneficiosa de la fiscalidad.

También parecía que los problemas en Cataluña iban mejorando, que el diálogo se había restablecido, que las aguas volvían al cauce político, aunque los independentistas nunca han facilitado las cosas, siempre han intentado doblar el brazo al Estado y apenas han dejado un resquicio en su discurso monolítico y excluyente. Ese es un problema muy complejo, difícil de resolver y los próximos meses, con el juicio a los líderes del “procés”, van a ser muy duros. Ahora lo estamos viendo con la negociación de los presupuestos. Si es difícil que IU-Podemos, PSOE y PNV se pongan de acuerdo para aprobarlos, resultará tarea casi imposible convencer a los catalanes, así que, si un milagro no lo impide, habrá otra vez prórroga de presupuestos o nuevas elecciones.

La elección de Pablo Casado como nuevo presidente del PP tampoco va a ayudar mucho a tranquilizar la vida política, teniendo en cuenta cómo está actuando. Creo que va a hacer bueno a Rajoy. De Albert Rivera poco se puede decir, porque cada día su posición es distinta, sólo se preocupa de las encuestas. Unas veces apoya al PSOE, otras a PP y pocas veces tiene un discurso claro.

Así que esa es la situación. Casi todos subieron a los palacios, algunos bajaron a las cabañas, quizás también escalaron claustros, si no de obra, sí de pensamiento, por lo del morbo, y todos dejaron o dejarán memoria amarga.

¿De verdad que los ciudadanos nos merecemos esto? ¿Habrá alguna manera pacífica de arreglar los desaguisados en que nos suelen meter esos tenorios de pacotilla? Porque otras maneras prefiero no mencionarlas porque ya se sabe, no se debe mentar al diablo, y menos en noviembre.

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Cincuenta años después

7 de junio de 1968. José Ángel Pardines Arcay, un guardia civil de tráfico, coruñés de Malpica, daba el alto en Villabona, Guipúzcoa, no se sabe si por casualidad o porque el vehículo había hecho alguna maniobra extraña,  a un seat 850 en el que viajaban dos personas para pedirles la documentación. La carretera estaba en obras, el coche se detuvo y cuando el guardia se acercó uno de los individuos le disparó un tiro en la cabeza. El etarra Txabi salió del coche y lo remató con cuatro disparos en el pecho. Fue el primer asesinato de ETA. 853 muertos después (otros dicen que 829), miles de heridos y otros muchos miles exiliados (esos sí que son exiliados de verdad) por las amenazas y el terror, hoy parece ser que ETA, 50 años después, dice adiós. Pero lo hace como siempre ha hecho, con una retórica que habla de conflicto, de lucha del pueblo, de liberación nacional, de responsabilidad y honestidad de su militancia, de activación popular.

Los que crecimos con los atentados diarios (recuerdo especialmente el de Miguel Ángel Blanco por su crueldad y cinismo, el de Carrero Blanco por su influencia en el final del régimen franquista, el de Hipercor en Barcelona o el de la casa-cuartel de Zaragoza, estos dos últimos por su indiscriminación,  entre otros muchos), con los funerales, con los reportajes sobre la opresión asfixiante que se vivía en el País Vasco, sobre todo en los pueblos pequeños y medianos en los que todo el mundo se conoce o con el testimonio de los familiares de las víctimas, llegamos a pensar que era imposible que esa situación se normalizara. Porque la memoria es frágil y selectiva, pero partidos que hoy rechazan e incluso abominan del terrorismo hubo un tiempo que miraban para otro lado y apenas lo condenaban. Estoy hablando del PNV, que durante muchos años se aprovechó del terror para intentar influir en la política nacional y del País Vasco. Recordamos la frase del presidente del PNV Xavier Arzallus: unos sacuden el árbol para que caigan las nueces y otros las recogen para repartirlas. Como se sabe, ETA nació en el seno de las juventudes católicas del PNV por lo que la iglesia vasca siempre vio con cierta condescendencia, a veces incluso con simpatía, a la banda terrorista. No hace falta más que recordar al obispo José María Setién que, entre otras cosas, se negó a celebrar el funeral del socialista asesinado Enrique Casas en la catedral. Y como él, bastantes sacerdotes que también negaban esa posibilidad en muchos pueblos cada vez que se producía un atentado.

También podríamos hablar de la ambigüedad que durante muchos años mantuvo la izquierda española, y sobre todo la de muchos países europeos y americanos, con ETA. Hasta no hace mucho tiempo, los terroristas podían campar a sus anchas por los países de nuestro entorno: Francia, Bélgica, Gran Bretaña, y sobre, todo, en latinoamérica: Cuba, Venezuela, Colombia o El Salvador eran paraísos donde los etarras eran acogidos casi como héroes. Por último, si no llega a ser por los atentados del 11S en Nueva York y del 11M en Madrid y la aparición del ISIS y su ola de atentados en todo el mundo, que mostraron en toda su crudeza la crueldad del terrorismo, quizás la historia y el final de ETA habría sido otro. Todos los países se dieron cuenta, unos antes que otros (por ejemplo, la colaboración de Francia a partir de los noventa, cuando Felipe González llegó a un acuerdo con François Mitterrand supuso un antes y un después en la lucha antiterrorista) del sufrimiento que suponía para la sociedad española en su conjunto el terrorismo de ETA y que la propaganda que ésta llevaba realizando durante décadas estaba basada en mentiras y en la deformación de la realidad, que apelaba a un pasado que no había existido y a una sociedad irreconocible.

Ahora, antes de intentar pasar página y de que el tiempo vaya curando heridas y permita la reconciliación, lo que no supone olvido ni perdón; ahora que muchos jóvenes no saben quién fue Miguel Ángel Blanco, ni saben nada de atentados, que viven en un País Vasco próspero y con grandes perspectivas; ahora que estamos asistiendo a otra construcción de una realidad y de un pasado y presente en Cataluña que provoca reparos ya que cierta izquierda está cayendo en el mismo error que cayó en el caso vasco, es necesario que la educación juegue un papel esencial, que desde todas las instancias se analice y se reescriba la historia para que no vuelvan a repetirse los mismos errores y las mismas barbaridades.

Termino este artículo recordando al guardia civil de Aroche, José Miguel Maestre Rodríguez, de 27 años de edad asesinado el 2 de mayo de 1979 junto con otro compañero en Villafranca de Ordicia, Guipuzcoa. Su muerte y la de tantos otros sólo sirvió para aumentar el sufrimiento de su familia y de sus amigos. Y todo esto, ¿para qué?

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Autoridad y sensatez

¿Por qué hoy me acuerdo de un artículo que escribí en el blog de orientación hace unos años, por qué será? Aunque ejercer la docencia no es lo mismo que ejercer la política (menos mal), hay una serie de principios que son similares y hay que recordar que aplicar el sentido común casi siempre es mejor que aplicar leyes y normas, porque muchas veces el legislador atiende a otros intereses. La negociación y el diálogo con el otro son siempre imprescindibles.
Aplíquese.

Autoridad y sensatez (entrada publicada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado el 3 de febrero de 2014)

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Imposible permanecer impasible

Es imposible permanecer impasible. Perdonad el juego de palabras, pero el momento o la encrucijada en la que estamos creo que merece una pequeña reflexión. No sé cuál sería mi postura y mi pensamiento si hubiera nacido, vivido y educado en Cataluña. O si mi familia y mis amigos fueran independentistas, si continuamente me estuvieran bombardeando con mensajes sobre la actuación mafiosa del Estado, su corrupción, la opresión sobre el pueblo catalán, la actuación conjunta de jueces, fiscales y policía y guardia civil que ocupan de manera ominosa las calles y ciudades catalanas. Seguramente sería independentista. Pero tengo la suerte, sí, la suerte, de poder observar lo que allí pasa con cierto desapasionamiento. Porque la pasión y la emoción son malas consejeras cuando hay que tomar decisiones. Todavía recuerdo los negros años en que ETA atentaba día sí y día también y muchos salían a la calle gritando y exigiendo que se volviera a implantar la pena de muerte. Se recogieron firmas, se realizaron manifestaciones, muchos tertulianos se postularon a favor de la pena máxima. Emocionalmente estábamos tocados y muchos se alegraban cuando la policía y la guardia civil mataba a un etarra. Si el gobierno (en aquella época UCD y después PSOE) se hubiera dejado guiar por lo que parecía la mayoría del pueblo español, se hubiera realizado un referéndum sobre la pena de muerte, quizás hubiera salido el sí. Pero los políticos deben permanecer en la sensatez, contar hasta diez o hasta un millón, aplacar ánimos, y eso fue lo que hicieron.

Lo que ocurre en Cataluña no viene de ahora aunque en estos últimos años los acontecimientos se han precipitado. En el año 2012, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo en un artículo titulado La movilización de las masas, analizaba la situación en Cataluña y ya advertía del peligro  de movilización de las masas y terminaba con una frase que resultó premonitoria: en política el inmovilismo origina muchos más problemas que la toma de contacto con la realidad. Espero que no caigan en la tentación de movilizar a las masas. Y en esas estamos.

Como dice Joan Tardá en el vídeo que pondré al final, ni los más optimistas de los independentistas podían pensar que este momento pudiera llegar tan pronto. Porque nadie podía creerse tampoco que el gobierno actual fuera tan torpe, tan rígido y con menos sensibilidad. Y no hablo solo del gobierno español, es que el gobierno catalán tampoco lo ha hecho mucho mejor. Rectifico, lo ha hecho muy bien para sus intereses, aunque habrá que ver si al final, y no lo digo pensando en lo que ocurra el 1-O, no le pasa factura. Porque se han utilizado los sentimientos y las emociones de las personas para alcanzar objetivos políticos. Y eso es lo que suelen hacer las dictaduras. Es curioso que una publicación como Cuba Debate, órgano de difusión en la, según parece dictadura cubana, define diez estrategias de manipulación mediática que en Cataluña se han utilizado de manera sistemática. Voy a referirme sólo a algunas que se pueden reconocer en lo que ocurre actualmente:

  1. La estrategia de la distracción: consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones, mantener la atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales.
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.
  3.  Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…
  4. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.

Y así hasta completar las diez estrategias. Eso es lo que se hace habitualmente, no sólo en las dictaduras, sino en otras sociedades democráticas que han permitido que los poderes fácticos intervengan y en ocasiones sustituyan a los representantes de los ciudadanos en las Cortes.

Sé que hay muchos que creen que el domingo será un día festivo más, que como el 9-N o las últimas Diadas la gente saldrá a la calle a manifestar sus deseos de independencia. Por cierto, aviados están si lo consiguen pues ya veremos cómo Esquerra y CiU son capaces de convivir con la CUP, adherirse a Europa, crear una moneda nueva, pagar la deuda, mantener en calma a los no independentistas que ahora están callados pero que quizás más adelante se movilicen y ya veremos de qué manera, vender sus productos en el resto de España (si ahora ya hay muchos que no compran productos catalanes, con la independencia no digamos), controlar sus fronteras, crear un ejército propio (no vaya a ser que España los invada). Y sobre todo, ¿cómo sobrellevarán una liga sin el Real Madrid o el Atlético? Porque me temo que las aficiones de esos equipos, si ya le pitan a Piqué sólo por sus manifestaciones, cuando se hagan independientes ni querrán ver al Barça y la Federación Española no creo que permita que un equipo de otro país juegue la liga española (el ejemplo del Mónaco no vale, y si no véase el siguiente artículo: ¿Por qué juega el Mónaco en la liga francesa?)

Es una pena que se haya producido tal hispanofobia en Cataluña y catalanofobia entre muchos españoles. Os puedo asegurar que no soy anticatalán, aunque me duelen muchas opiniones de catalanes, no sólo de políticos sino de ciudadanos de a pie, que por exaltar sus virtudes y sus valores, que los tienen y son muchos, se han dedicado a mentir y a insultar a andaluces, extremeños o gallegos. Y por la otra parte, igual, que da vergüenza escuchar a muchos de mis compatriotas.

No quiero que Cataluña se haga independiente. Incluso creo que podría y debería llegarse a un acuerdo para que se realice una consulta, después de que pase toda esta tormenta, se hayan calmado los ánimos y se debata en el Congreso y en el Senado, para ver cuál es el encaje de Cataluña en España. Ni eso va contra la soberanía española ni significa que el Estado se rompa.

Un ejemplo de cómo se puede debatir, cómo se pueden utilizar argumentos a favor de una o de otra postura se puede ver en el siguiente vídeo de TV3. Javier Nart, de Ciudadanos y Joan Tardá de Esquerra, exponen sus opiniones de manera civilizada. Aunque el Sr. Tardá habla en catalán creo que se entiende bastante bien. Podrán gustar más o menos los argumentos de uno o de otro, pero eso es lo que falta en estos momentos, debate y cordura.

Que el 1-O se desarrolle con tranquilidad y que no se le vaya de las manos a unos o a otros. Crucemos los dedos.