Hasta las narices. Conversación sobre la política actual

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—Pero, ¿no te das cuenta de la enorme hipocresía de nuestros políticos, periodistas y ciudadanía en general? Todos, los de aquí y los de allende nuestras fronteras. Lo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, ¿te suena? Ya está bien de querer dar lecciones al yanki, al rubio colorado, a más de sesenta millones de votantes, que deben ser todos subnormales, incultos, desinformados, manipulados, indignados… Y él, el más xenófobo, deslenguado, machista, soberbio y todo lo que quieras achacarle. Mal le iría a EEUU si todo eso fuera cierto. Cuando lo votaron, ¿creían que eran bravuconadas o payasadas, estás seguro?

—No digo nada de eso. Claro que sabían lo que hacían. Como muchos en Francia, por ejemplo, que antes votaban al Partido Comunista y ahora votan a Le Pen. ¿Y por qué ese cambio tan radical? ¿Solo por desencanto o indignación, por la crisis económica, por el paro, por la corrupción…? Si fuera por esas u otras causas, más que votar a un antisistema habría que salir a las calles día y noche, plantarse delante del parlamento y de las sedes de los partidos políticos y obligarles a romper con todo lo anterior y crear leyes nuevas, echar a patadas a todos, todos los corruptos, no dejar títere con cabeza, empezando por los que están más arriba y continuando por sus amiguetes, asesores, paniaguados y petimetres que imitan a sus jefes y se arriman siempre a la sombra del poder, sea de la ideología que sea. Pero hay algo más sutil como es la emoción, las entrañas, el corazón, eso que arrasa en muchas ocasiones a la razón y al cálculo. Es más que indignación, es rechazo absoluto, no querer tocar nada que haya estado contaminado por la corrupción. Es alergia al poder actual porque el cuerpo se defiende contra aquello que cree que lo ataca o lo ha estado atacando. Y eso es lo que han hecho casi todos los partidos, atacar a los ciudadanos, hacer todo lo que fuera para alcanzar el poder y mantenerlo a toda costa, creyendo que aguantarían todo lo que ellos hicieran. Pero ahora muchos han dicho: hasta aquí hemos llegado. Es lo que ha pasado en las elecciones americanas y, en menor medida, lo que pasó en España con Podemos y lo que podría pasar en Francia, Alemania, Holanda…

—Vale, muy bien. Pero no compares lo que pasa en Europa con lo que sucede en Estados Unidos. Llevamos una hora discutiendo y no nos ponemos de acuerdo. Nuestra política, la española o la europea, y la norteamericana, no son comparables porque son sistemas y culturas distintas, parten de visiones casi contrapuestas de la sociedad. Por ejemplo, los partidos políticos y el sistema electoral. Aquí los partidos suelen ser estructuras muy cerradas, jerarquizadas, con fuerte carga ideológica, en los que es fácil comprar y vender adhesiones y favores para alcanzar la cúpula y el poder dentro del partido. El compromiso, al final, no es con los votantes, sino con el comité, al que se debe obediencia casi absoluta. En Estados Unidos, son las comunidades locales, las bases sociales las que eligen a sus candidatos y es a ellas y no al partido, que no suele tener una carga ideológica excesiva, a quien tienen que dar explicaciones y justificar sus decisiones. Los senadores y congresistas norteamericanos tienen un contacto mucho más directo con sus electores, aunque también dependen mucho de aquellos que les han proporcionado los medios para ganar las elecciones que, en algún momento, van a solicitarle su favor político. Vaya una cosa por la otra. En Europa hay mucha hipocresía, los políticos se dedican a hacer promesas que luego incumplen con la mayor desfachatez y no pasa nada. Siempre encuentran justificaciones, cuando no es culpa de la crisis global es por la herencia de los gobiernos precedentes…

—Vamos a ver, has hablado varias veces de hipocresía. No me digas que los americanos no son mucho más hipócritas, siempre con la familia por delante en todos los actos, jurando sobre la biblia defender la constitución, con la mano en el pecho cuando tocan el himno, con la bandera de las barras y estrellas en todas las casas. Pero son el pueblo más individualista y egoísta del mundo. Y les importa un bledo familia, religión y nación si se atacan sus derechos individuales. Todo lo público, sea sanidad, educación o transportes, es infame. Se aprecia mucho más lo privado, la capacidad de luchar machacando al otro, saltándose valores como la solidaridad, la tolerancia o el respeto al diferente, con honrosas excepciones. Te recuerdo que hasta hace muy poco, bien entrados los años setenta del siglo XX, los negros no tenían derechos. Luego hablaremos de Donald Trump, por supuesto. “Sálvese quién pueda”, así debería comenzar la letra de su himno.

—Me estoy dando cuenta de que en el fondo no estamos tan en desacuerdo. Ahora que mencionas a Trump, creo que lo que está haciendo en su país lo ha aprendido observando lo que hemos hecho aquí, que tenemos ejemplos para dar y tomar. ¿Es peor lo que quiere hacer con los inmigrantes, impidiendo la entrada de los musulmanes de ciertos países o construyendo un muro en la frontera con México, que lo que ha hecho Europa con los refugiados que se mueren cruzando el Mediterráneo, creando guetos en las ciudades y campamentos en Turquía, levantando muros en Ceuta y Melilla? ¿Que Trump quiere saltarse la ley aprobando leyes anticonstitucionales y diciendo que la justicia está politizada? Pues fíjate lo que hace el gobierno catalán, apoyado por bastantes partidos, que se salta a la torera la constitución y dice que los jueces están bajo las órdenes del gobierno español y que harán un referéndum digan lo que digan los jueces o el tribunal constitucional. ¿Que en Estados Unidos se va a desmantelar la sanidad y la educación públicas? Pues eso es lo que ha pasado en España y en otros países europeos. Así que de dar lecciones a los demás, nada.

—Total, que esto no hay quien lo arregle, visto lo visto este fin de semana en España con los congresos de PP y Podemos y lo que le puede suceder al PSOE. Cambalaches, posturitas, besitos y este cargo para mí, no te olvides. Y, mientras, empleos más precarios, “pero la economía va cada vez mejor”, juicios y condenas por corrupción “eso es cosa del pasado, ya no son de nuestro partido, el que la hace la paga, aguanta Luis, qué bueno es Manolo”, más mujeres muertas por violencia machista “toda la sociedad debe oponerse, llamar al 016 que no deja huella en la factura”, brecha cada vez más grande entre ricos y pobres “pero hay cada vez más millonarios en España”…

Y los dos amigos se levantaron de la mesa y gritaron al unísono, para que todos los que estaban en el bar los escucharan :

—¡Estamos hasta las narices! ¡Que viva el caos!

Salieron a la calle y se fueron de rebajas, que acaban la semana que viene.

Medio pan y un libro

Nueva entrada en el Blog de Orientación del IES Hermanos Machado. Como llevo un poco de tiempo alejado de la suerte y del destino y estoy cruzando los dedos esperando el desenlace de mañana en las elecciones yankis, pues nada, a repetir lo que dije en mi otro blog. Si los que piensan votar a Trump leyeran algo más, vieran un poco menos la televisión y se dedicaran al bonito deporte de andar y contemplar la naturaleza mientras piensan qué hacen en el mundo hartándose de hamburguesas y de Coca-Cola mientras su cuerpo adquiere dimensiones pantagruélicas, seguramente a ellos y probablemente a nosotros nos iría un poco mejor.

Lo malo es que no sabemos que lo está ocurriendo allí puede pasar aquí dentro de poco. La gente ya está cansada, muy cansada, de escuchar siempre lo mismo a los mismos y lo mismo a los nuevos mientras el común de los mortales sigue pasándolas canutas para llegar a fin de mes, carece de oportunidades, comprueba que los viejos y los nuevos partidos dedican la mayor parte de los esfuerzos a luchas de poder, a hacernos comer con ruedas de molino, a justificar a los suyos hagan lo que hagan. Así no hay manera. Luego nos quejaremos de por qué hay cada vez más jóvenes desencantados y alejados de la política, crean lo que crean unos y otros. Por eso, vuelvo a gritar con Lorca, ¡libros! ¡más libros! La cultura y la educación es lo único, repito, lo único, que nos puede salvar. Todavía no es demasiado tarde.

Medio pan y un libro: discurso pronunciado por Federico García Lorca en la inauguración de la biblioteca de Fuente Vaqueros, en 1931

Hace poco más de 85 años, concretamente en septiembre de 1931, Federico García Lorca dirigía un discurso a sus paisanos de Fuente Vaqueros con motivo de la inauguración de la biblioteca pública de su pueblo natal. La República dedicó un enorme esfuerzo para llevar la cultura a los más desfavorecidos invirtiendo en bibliotecas, escuelas, maestros, materiales… Tuvo demasiado poco tiempo para que este esfuerzo obtuviera recompensa pero en la memoria de todos, y a pesar del obligado silencio y de la pesada losa de la dictadura, han llegado hasta nuestros días muchos de sus logros (os lo dice con orgullo un nieto de maestro republicano).

Ahora que se habla mucho de invertir en tecnologías, en materiales digitales, en introducir los móviles en las aulas, creo que no debemos perder de vista que sin la lectura, sea en libros de papel o electrónicos, no existiría educación, seríamos más incultos, careceríamos de perspectiva, perderíamos uno de los más bellos placeres que podemos encontrar en la vida. Vivir la vida de los otros, imaginarnos mundos diferentes, revivir épocas pasadas, quedar absorbidos en historias que nos fascinan, no tiene precio. Me da pena que muchos de nuestros estudiantes no sean capaces de sentir el placer de la lectura, de buscar cualquier momento posible para dedicarse a leer aunque sea unas pocas páginas.

Tampoco es que tengamos que flagelarnos los docentes porque no toda la culpa es nuestra. A mí me inculcaron ese placer mis padres, que leían en casa y tenían una biblioteca razonable para la situación económica que vivían. Y yo he intentando inculcárselo a mis hijos, en los que creo que he inoculado ese dulce veneno que, seguro, les acompañará toda la vida, porque cuando se mete muy adentro ya no hay antídoto posible. Las familias son fundamentales para que los hijos adquieran estos hábitos desde pequeños. Se comienza contándoles cuentos, leyendo con ellos tebeos, regalándoles libros adaptados a las diferentes edades, leyendo delante de ellos en casa… Pero esto daría para un artículo mucho más largo. Así que os dejo con ese precioso discurso, resumido a continuación y que se puede leer íntegro en el enlace final.

Discurso pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros, en 1931

“Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro.”

Federico García Lorca

‎”Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.”

Discurso íntegro pronunciado por Federico Garcia Lorca en la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre del año 1931.

El gran procrastinador y su serendipia

Comenzaré confesando que las palabras procrastinar y serendipia eran dos desconocidas para mí hasta hace unos pocos años. Es lo que tiene dedicarse a leer autores clásicos durante la mayor parte de tu vida. Ni Homero, Cervantes, Rosalía de Castro o Pérez Galdós, que yo sepa, utilizaron estos términos. Serendipia porque es una creación reciente, un neologismo del siglo XVIII y de origen inglés. Si buscáis en Internet, y más concretamente en la Wikipedia, comprobaréis que significa “un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta…  En términos más generales se puede denominar así también a la casualidad, coincidencia o accidente.” En castellano tenemos un término más coloquial y conocido que significa prácticamente lo mismo: chiripa. Como es lógico, a mí me gusta más este último, mucho más castizo y reconocible y sin tener que acudir a orígenes foráneos.

Procrastinar, aunque tiene un origen latino (proviene de procrastinare, diferir, aplazar) ha comenzado a utilizarse en castellano hace muy pocos años, concretamente entró en el DRAE en el año 1992, es decir, ayer por la mañana. La versión inglesa procastinate, de la que deriva el neologismo español, sí se usa con frecuencia en ese idioma, que se está convirtiendo en nuestra segunda lengua, sobre todo entre los más jóvenes. La procrastinación  es algo que solemos hacer con frecuencia por estos lares: vaguear, dejar las cosas para mañana, esperar que todo se resuelva por sí mismo. Cuando me dedicaba a mi última profesión conocida, la de orientador, una de las frases que repetía continuamente a los estudiantes era la de que dedicaran sus esfuerzos a planificar el trabajo, a priorizar las tareas y que no dejaran todo para última hora. Vanos consejos la mayor parte de las veces, porque debe estar en nuestros genes latino-árabes lo de intentar estirar el tiempo, aplazar las decisiones y, en definitiva, dedicarnos a la procrastinación. Darse atracones de estudiar un par de días antes de los exámenes o terminar los trabajos de prisa y corriendo es lo más habitual y lo que suelen encontrarse los docentes, aunque, si observamos a nuestro alrededor, también ocurre en otros aspectos de nuestras vidas, como esas obras que comienzan tarde y terminan convirtiéndose en chapuzas, esas llamadas o mensajes que teníamos que hacer y que los vamos dejando para cuando, en muchas ocasiones, ya no tienen sentido, dejar de fumar o de beber, hacer deporte, etc., etc.

Y ahora paso al meollo de la cuestión y a dar forma a lo que pretendo decir con el título de esta entrada, que también podría haber titulado “el gran vago y su chiripa”, por ejemplo, pero hubiera sido mucho más prosaico y algunos de los que lean esto no hubieran aprendido las dos nuevas palabras. Me refiero, claro está, a nuestro ínclito presidente del gobierno, don Mariano Rajoy Brey, conocido por su afición al descanso, a ver el deporte por televisión en lugar de practicarlo (aunque casi mejor que verlo andar con esos movimientos que sus correligionarios califican como peculiares y otros, los malos de la película, como estrambóticos o ridículos), y a dejar que los problemas se pudran o se resuelvan por sí solos. A muchos de los que trabajan con él les saca de quicio esa forma de enfrentarse a situaciones que a otros los llevarían a pasarse noches y días enteros sin descansar. Porque a él lo caricaturizan tumbado y fumando un puro no por casualidad, sino porque es una persona tranquila, otros dirían que indecisa, confiada en que el tiempo pone las cosas en su sitio y que es mejor no hacer nada que hacer algo equivocado.

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¿Que la mitad de los dirigentes de su partido en Madrid o Valencia están imputados o en la cárcel por corrupción? No pasa nada, me callo, miro para otro lado y digo que la cosa no va conmigo porque, o bien ya no son miembros de mi partido o lo hacían a título personal. Y como la justicia ya sabemos que funciona como funciona, pasarán los días, meses y años, fuese y no hubo nada, como dijo el príncipe de los ingenios. Y si hubo, que lo habrá, como no sabía nada, pues ojos que no ven, corazón que no siente y no tiene culpa, claro.

¿Que la economía está de pena, que la deuda crece de forma imparable, que las desigualdades se hacen cada vez más grandes, que se han destruido miles de puestos de trabajo y los que quedan son precarios y mal pagados, que los jóvenes tienen que salir en masa de nuestro país a buscarse las habichuelas fuera, que la educación y la sanidad están peor que hace veinte o treinta años? Eso es una visión equivocada e interesada y si hay algo de eso es por culpa de los pésimos gestores anteriores que nos dejaron una herencia terrible, pero nuestro buen hacer, nuestro sentido común, nuestra seriedad, nuestra experiencia, conseguirán que dentro de unos años ya no haya paro y España se convierta en la segunda o tercera potencia europea. Los españoles son pacientes, sumisos, aguantarán lo que sea y, además, tienen miedo de que alcancen el poder los podemitas, que nos dejarán hechos unos zorros y peor que en Venezuela, que ya vemos cómo está y ya nos encargamos nosotros de airearlo convenientemente.

¿Que los catalanes quieren irse y que los independentistas han crecido un veinte o un treinta por ciento desde que está Rajoy en el poder? Tranquilos, poco a poco eso se irá desinflando cuando se den cuenta de que todo es una maniobra política que lo único que intenta es ocultar los tejemanejes de los Pujol y de CIU, que como se pongan flamencos no les compramos ni el cava ni la butifarra y a ver después de qué van a comer. Y si no, ahí está el señor Fernández Díaz, que lo tiene todo atado y bien atado, con un ángel de la guarda que, además de ayudarlo a aparcar, también vigila a los sediciosos separatistas, a los que les está buscando todas las faltas, delitos y tropelías para perseguirlos o desprestigiarlos. Y cuando las saque a la luz, ya verás cómo los catalanes de bien volverán al redil y rendirán pleitesía al que les quitó la venda de los ojos.

¿Que ningún partido político, excepto Ciudadanos y estos con muchas reticencias, quiere pactar con ellos porque durante los cuatro años con mayoría absoluta quemó todos los puentes y actuó con una soberbia y una desfachatez inusitadas? Ya se enterarán, ya. Como siga habiendo elecciones, que es lo que más le interesa, vuelve a arrasar y después será peor, que la siguiente mayoría absoluta será el chirriar y el crujir de dientes, os vais a enterar.

Y lo malo o lo peor, es que a esa falta de acción, que parece que le está dando buenos resultados, sobre todo si miramos lo que ocurrió en las dos elecciones anteriores y lo que dicen todos los entendidos que puede pasar si hay unas terceras, se le suma la torpeza de sus contrincantes. Y aquí entra la serendipia, la chiripa que tiene mi paisano orquestada por sus contrincantes políticos, esos dirigentes que ya perdieron una oportunidad y van camino de perder otra. Cada uno enrocado en sus posiciones. Cuando no es por el pasado de unos es por el presente de otros o por el posible futuro de los de más allá, por sus alianzas, por sus pretensiones, por su falta de visión, por su estrechez de miras. O conmigo o contra mí, no hay términos medios. ¿Pactar con independentistas, con chavistas, con sociatas de eme, con figuritas, con figurines o con figurones? Anda ya, faltaría más, yo me debo a mis votantes y mis votantes no me votaron para eso, que yo los conozco bien, que para eso me pateo las calles, leo todos los twits, manejo todas las redes sociales, hablo con mis paisanos, con los bases y con los barones, con todo quisque si hace falta. Y escucho las tertulias radiofónicas y los editoriales de los periódicos y escribo artículos y salgo en televisión, que para eso Bertín o Susana me entrevistan y digo cosas muy guays.

Y mientras tanto, Mariano serendipetea o chiripetea y se sienta a la puerta de la sede de su partido, que está medio embargada y contempla, con su tranquilo y barbudo semblante, con el puro en una mano y el Marca en la otra, cómo pasan los cadáveres de sus enemigos. No le hace falta más. Ni menos.

Querido votante…

Me alegra comprobar que mis hijos tienen criterio y que haber sido educados en la libertad, la tolerancia y la reflexión han dado sus frutos. Totalmente orgulloso.

Kimochi

Querido votante,

A dos días de las segundas elecciones generales estarás pensando ‘ya está el listo de turno soltándonos un discursito de moral política e intentando rascar votos para lo que él le gusta’. Obviamente objetivo no soy, por lo que aunque lo intente tendré mis ramalazos. Pero prometo que este post no lo he hecho intentando convencer a nadie de nada. Más que nada porque a dos días de votar, intuyo que ya tendrás tu voto decidido y que desde luego lo que yo te diga te la trae al pairo. Y haces bien.

Pero si eres de ese porcentaje de indecisos, que digo yo que alguno quedará, que no sabes qué hacer (o directamente si hacer algo) el domingo 26 de junio de 2016, a lo mejor te doy alguna idea. O incluso puede ser que hayas decidido tu voto, pero no estés muy convencido. O que digas “va…

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Unos somos más contingentes que otros

Me dan ganas de dar un pequeño repaso a la filosofía. ¿Os acordáis cuando estudiábamos a Aristóteles y a Santo Tomás de Aquino? No hace años de eso. Todavía no se había inventado Internet, ni los móviles. Ni siquiera la democracia existía, era una quimera, una entelequia, una sombra en las paredes de la caverna. Pues resulta, si mal no recuerdo, que me costó gran trabajo entender el concepto de contingencia, que se oponía al de necesidad. Éste si se entendía bastante bien; por ejemplo, era necesario aprobar para poder salir los fines de semana o para no dar un palo al agua en la vacaciones, o bien, era necesario darle una leche al hermano pequeño para que te respetara un poco. Hasta ahí, todo perfecto, porque se podían encontrar una gran cantidad de situaciones que explicaban el concepto de necesidad.

Pero, ¿y el de contingencia? Ay, ese era otra cosa. Porque, vamos a ver. Algo que puede ser o no ser, existir o no existir, y que depende de otro algo para su esencia o su existencia, tiene su miga. Menos mal que el profe de filosofía, en lugar de hacernos leer la Summa Teológica de Santo Tomás, nos ponía ejemplos muy sencillos y así llegamos a comprender incluso a Kant. En esto de la contingencia, nos decía: imaginaos que un alumno no estudia mi asignatura, se dedica a jugar, a pasear, a escucharme de vez en cuando y el día del examen, lee las preguntas y no tiene ni pajolera idea de las respuestas. Sin embargo, el alumno piensa: ¿y si escribo lo que se me ocurra, de una manera original, razonadamente, sin decir grandes barbaridades, un sí pero no o quizás, que en eso consiste casi siempre la filosofía, y resulta que, sin yo quererlo, me sale un pensamiento filosófico original y digno de aparecer en los manuales? Puede ocurrir que apruebe o que no apruebe. Es decir, el aprobado es una contingencia que no depende necesariamente del estudio. Eso creímos entender y algunos lo aplicamos de manera rigurosa. Lo malo es que, tras varias pruebas fallidas, llegamos a la conclusión de que el estudio era necesario y el aprobado era contingente (pues había veces que, aún estudiando, se producía la contingencia de no aprobar). Cuando intentábamos explicarle los suspensos de esta manera a nuestros padres, me temo que no entendían mucho de filosofía y aplicaban el concepto arriba indicado de necesidad: no has estudiado, ergo no has aprobado ERGO no hay fin de semana o vacaciones. Así de claro.

En política, la necesidad y la contingencia se establecen habitualmente en las jerarquías de los partidos: los jefes se consideran necesarios y los afiliados y los votantes son considerados contingentes por los primeros. O sea, que el presidente o el secretario general de un partido, sea el que sea, se dice: con el trabajito que me ha costado llegar hasta aquí, las zancadillas que he tenido que poner, los navajazos, puntapiés, mentiras, promesas, etc. (estilo Frank Underwwod en House of Cards, serie que recomiendo encarecidamente), ahora voy y dejo que otro cualquiera ocupe mi lugar así, sin más ni más, y hago lo que me piden los votantes o los simpatizantes para que otros, más avispados, se lleven el gato al agua. Pues no señor, no hago eso. Si alguien quiere ser contingente, es decir, ser o no ser presidente o secretario, ganar o no ganar las elecciones, ser o no ser honrado, tener o no tener dignidad o cualquier otra que se les ocurra, pues que lo hagan. Pero yo no, dice el mencionado personaje. Yo quiero ser necesario. O mejor dicho, quiero necesariamente ser presidente, cueste lo que cueste.

Y en esa estamos. Hoy, 10 de abril de 2016, cautivo y desarmado el ejército de ciudadanos, con minúscula, los partidos políticos que han logrado escaños en el Congreso han alcanzado sus últimos objetivos (es decir, se han terminado riendo de todos nosotros). La paciencia se está terminando (iba a decir se ha terminado pero todavía nos queda una poquita).

Y para finalizar, recordar las mejores frases sobre la contingencia y la necesidad. La primera es de una película de culto, Amanece que no es poco, cuando uno de los vecinos le grita al alcalde en su recibimiento: Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario.

Y si queréis, escuchad también a Pablo Iglesias, que utiliza esta frase aplicada a Hugo Chávez.

Una mediocre democracia

Me hago eco de este artículo de Alfonso Lazo, publicado en el Diario de Sevilla. Introduce una serie de opiniones “políticamente incorrectas”, pues cuestiona la actual situación desde un punto de vista que podría ser tachado de reaccionario. Incluso pone en duda, de una manera sutil, el fundamento mismo de la democracia: un hombre, un voto. Pero, no nos engañemos ni engañemos a los demás. La democracia, según Churchill, es el menos malo de los sistemas políticos, pero siempre que los ciudadanos estén formados, tengan oportunidades de pensar de manera crítica y sean auténticamente libres. Porque si no tienen formación, no son capaces de pensar críticamente y su libertad está condicionada por la tiranía del mercado, por leyes injustas o por la manipulación de los medios de comunicación en manos del poder, no se puede hablar de auténtica democracia.

Una mediocre democracia


            Cuando hace mil años yo era un joven profesor de Historia en la Universidad de Sevilla, vivíamos bajo la dictadura de Franco y todos éramos de izquierda y nos decíamos marxistas; cuando aún no teníamos ordenadores ni existía internet, explicábamos a los alumnos que quizás en el futuro el avance de la técnica iba a permitir a los ciudadanos votar las leyes desde su casa con sólo apretar un botón. La “democracia formal”, así la llamábamos, daría paso a la verdadera democracia progresista, la democracia directa, primer escalón hacia la sociedad sin clases y el paraíso en la tierra. Pues bien, ya estamos ahí; aunque las puertas que se están abriendo no son las del edén sino las del purgatorio.


En su Diario íntimo Sören Kierkegaard anota el 1 de enero de 1838 lo que sigue: “El hombre no hace uso casi nunca de sus verdaderas libertades, por ejemplo de la libertad de pensamiento; en cambio, como compensación, exige la libertad de palabra”. Formidable. Basta curiosear por las redes sociales para comprobarlo: un vacío mental absoluto, un palabreo de ignorancia manifiesta, sectarismo, intolerancia, estupidez y mentiras. Kierkegaard era un genio, pero también un conservador al que horrorizaban las libertades revolucionarias de 1789 y 1830, así que continúa (24-1-1847): “Tenemos necesidad del silencio pitagórico. Son más necesarias las leyes prohibicionistas contra los diarios que contra las bebidas alcohólicas. Los libros son leídos por unos pocos, los periódicos por todos…, medios de información demasiado enormes”. Sin embargo, en el siglo XXI y entre nosotros los españoles, los periódicos sólo son leídos por unos pocos, los mismos pocos que leen los libros, mientras la inmensa mayoría se informa por internet y por televisiones embrutecidas. No son los diarios quienes marcan hoy la opinión y orientan el pensamiento; ahora es “la gente” desde sus máquinas digitales la que expresa su poder desterrando de facto cualquier disidencia: pobre del que se atreva a decir alguna cosa prohibida.

             Sin duda la democracia directa en el marco de la Unión Europea es por fortuna una utópica irrisión, pero no tiene nada de risible la mentalidad común que busca hacerla real; esto es, la mediocridad igualitarista convertida en mayoría: si no podemos gobernar todos directamente, y como nadie debe sacar su cabeza por encima de los otros, elijamos representantes de nuestra misma estatura. Ya en la democracia directa de Atenas se votaba el ostracismo, la expulsión de la ciudad, contra cualquier político que sobresaliese demasiado por su inteligencia, eficacia o virtudes militares. La excelencia y el mérito como peligros. Que los Estados Unidos de América sean desde sus orígenes una sociedad meritocrática puede explicar por qué son la primera potencia del mundo y la más estable y eficiente democracia representativa.


Cita Miguel d’Ors un texto de Luis García Montero: “Hay medios de persuasión que están homologando las conciencias individuales, que están haciendo que los individuos se sientan seguros sólo cuando se integran en modas (…) Muy poca gente pretende todavía seguir mirando con sus propios ojos, seguir apartándose del borreguismo y asumir la soledad de su conciencia”. García Montero es un poeta de izquierdas, incluso de extrema izquierda, pero aquí suena el tono de un aristócrata del espíritu que apuesta por el individuo frente a rebaños movidos a golpes de lugares comunes y frases hechas, frente a siglas de partidos y demagogos.

             De momento, fracasada la investidura de Sánchez y entretenidas las redes sociales con ilustrados debates acerca de titiriteros, profanadoras de iglesias y procesiones del Coño Insumiso, ya nadie se acuerda del separatismo en Cataluña que cada día da un paso más hacia la independencia completa. Es, pues, a partir de aquí, y si queremos la permanencia de España como nación, cuando urge reaccionar prescindiendo de una vez de Sánchez y de Rajoy. Busquen PP y PSOE cuanto antes nuevos líderes capaces de entenderse; no únicamente para un Gobierno de gran coalición, sino para un genuino Gobierno de salvación pública, sin cantamañanas. Por desgracia, lo veo difícil. La igualación por abajo que están propiciando las redes sociales (eso que nuestros señores de la Junta de Andalucía llaman pasión por la igualdad) nos lleva camino de que el 26 junio se haga otra vez realidad la terrible sentencia de Ortega: Los españoles elegimos siempre élites mediocres para vernos reflejados en ellas como en un espejo.

 Alfonso Lazo

Alfonso Lazo Díaz, nacido en Sevilla precisamente en 1936, profesor universitario que dio clases de historia a Alfonso Guerra, a Juan Carlos Rodríguez Ibarra y a muchos otros en la época del 68, es un socialista que perteneció al PSP de Tierno Galván. Fue diputado del PSOE en el Congreso (1977-1996), portavoz socialista en materia universitaria y presidente de la comisión del Defensor del Pueblo. Actualmente no ejerce labor política ni docente.

http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/2239904/una/mediocre/democracia.html

NOTA:

            La libertad de pensamiento debe ser previa a la libertad de expresión. Quien no es capaz de cuestionar las ideas ajenas y las propias no se puede decir que sea libre de hacerlo, al estar cogido por una serie de creencia ajenas. Desde luego no es lo mismo cantar una canción que componerla. Aunque una vez compuesta hay que cantarla, para comprobar su eficacia en las mentes ajenas.

¿Y qué es peor que una crítica? – La crítica constructiva. La gente nunca te lo perdonará (Eliyahu M. Goldratt, La meta, Madrid, 1993, p. 251).

En tiempos de tribulación no hacer mudanza

Parece que algunos de nuestros políticos nunca han leído a Ignacio de Loyola, no han hecho ejercicios espirituales o no saben aplicar el dicho que da título a esta entrada del militar y religioso vasco que apela a la prudencia, a meditar lo que se dice y lo que se hace, a aguantar y esperar que pase la tormenta. Este país parece vivir en continua desolación o tribulación, cuando salimos de las llamas caemos en la brasas, tenemos la rara costumbre de tropezar siempre en la misma piedra. Aunque parezca lo contrario, esto no es una loa de nuestro presidente en funciones, el sr. Rajoy, que lo único que sabe hacer es estarse quieto como una estatua de sal, esperando que los problemas se solucionen solos. Problemas que en muchas ocasiones ha creado él mismo o su partido. Él aplica mejor el otro refrán que dice: “Soldado que huye sirve para otra guerra” (o, en palabras menos duras, el soldado que se esconde luchará en la próxima batalla). Prudencia o cobardía, desfachatez o ineptitud, inconsciencia o ignorancia, no se sabe bien a qué juega. La culpa siempre la tienen los demás, la herencia recibida, los jueces que persiguen a las buenas personas o la policía que está tomada por la izquierda, ya se sabe.

Lo malo es que en el otro lado tampoco son muy finos, oiga. Los partidos llamados tradicionales se pierden siempre en luchas intestinas por el poder, poniéndole la zancadilla al compañero, intentando acaparar cuotas y aplicando el rodillo o el cuchillo si es preciso. ¿Que eso perjudica al partido y beneficia al contrincante? Qué más da con tal de que los míos obtengan alguna sinecura en ayuntamientos, diputaciones, asesorías o similares.

Y qué decir de los nuevos, de aquellos surgidos de la ilusión del 15-M, de los que llenaban las plazas de alegría, de protesta, de reivindicación, que fueron la admiración del mundo y que exportó su movimiento a muchos países. Pues resulta que crearon un partido que fue capaz de aglutinar no sólo a los que protestaban en las plazas, a los indignados, sino también a los descontentos con las tropelías de unos y otros, a los desilusionados con los suyos. Poco a poco fueron ganando adeptos, introdujeron un lenguaje y unas formas nuevas, dieron voz a mucha gente que nunca la había tenido y que nunca se había interesado por la política o la había abandonado. Empezaron a obtener poder, a organizarse, provocaron el miedo y obligaron a los demás partidos a ir cambiando, a ir asimilando y adoptando algunas de sus ideas. Parecía que era posible un giro radical en la política, que se iba a hacer más humana, más cercana a las necesidades de los ciudadanos. En las últimas elecciones, sin obtener unos resultados demasiado brillantes, sí que consiguieron hacerse más visibles. Y comenzaron las negociaciones para formar gobierno. No es preciso que siga, todos sabéis cómo está la situación, cada vez más compleja. Se han aliado uno de los antiguos con uno de los nuevos, uno de centro derecha y otro de centro izquierda (es imposible llamarlo partido de izquierdas). Pero todavía tienen que pactar, y no lo van a conseguir según parece, con otros partidos hasta alcanzar una mayoría suficiente.

Y aquí es cuando vuelvo a la frase de Ignacio de Loyola. Estamos en tiempos convulsos, tanto dentro como fuera de España; PP y PSOE están hechos unos zorros con sus problemas de corrupción y luchas internas, IU, por ahora, no está ni se le espera, se ha convertido en un convidado de piedra. Y al único partido que podría modificar las cosas no se le ocurre otra cosa que hacer cambios, mudanzas: después del lío de Monedero, se han liado a tortas en Galicia, en Madrid, han echado de mala manera a su número tres, hay enfrentamientos con los anticapitalistas de Andalucía, etc. Es decir, están perdiendo las energías que tendrían que dedicar a convencer a propios y extraños de que su estrategia de negociación de cara a la formación de gobierno es la correcta, en hacer purgas y reorganizarse.

Si se me permite un consejo, dejen de salir tanto en la televisión, dejen de hacer gestos de cara a la galería, pónganse de acuerdo entre ustedes y comiencen a negociar en serio, sin cortapisas ni líneas rojas. Si es preciso, enciérrense en un convento, hagan ejercicios espirituales. No podemos permitirnos otras elecciones porque eso demostraría que la táctica se ha impuesto al sentido común y que los intereses partidistas también se han adueñado de la nueva política, lo que provocaría una enorme desafección en la ciudadanía, a la que ya sería muy difícil volver a ilusionar.

Carta abierta a Pablo Iglesias, por Santiago Castro

Puede ser que el amor de padre nos ciegue a veces, que veamos sólo la virtud y ocultemos los defectos de nuestros hijos. Pero reconozco que mi hijo Santiago escribe y se expresa muy bien y suscribo, casi en su totalidad, lo que ha escrito en su blog dirigiéndose a Pablo Iglesias. Espero que, ahora que Podemos tiene el poder en muchos pueblos y ciudades y esté a punto de influir mucho más en la vida política nacional, a Pablo Iglesias no le tiemble el pulso o le ciegue la soberbia. Sería una pena.

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Carta abierta a Pablo Iglesias, por Santiago Castro