Otra más de Santiago

Mi hijo Santiago, Santi para la mayoría, sigue queriendo emularme y a fe que a veces lo consigue. No sé si tendrá tantos seguidores y admiradores como yo, pero va camino de ello. Dicen que nos parecemos, no en lo físico, claro, yo soy más guapo y atractivo, sino en la forma de ser. En su personalidad hay una mezcla, quizás podría calificarse de mezcolanza, entre Galicia y Andalucía, entre gusto por ir a la última moda, gastándose un dineral en ropa, y presumir de ser muy de izquierdas (sólo diré que vota a Podemos y justifica cualquier cosa que ese partido haga o diga), entre ser del Barça (creo que por llevarle la contraria a su padre) y vivir al lado del Bernabéu, ser un deportista y descontrolar los fines de semana… Así podría continuar, pero no quiero pasarme. Porque además de ser hijo mío, admiro su forma de ser y su capacidad para organizarse. No sé cómo tiene tiempo para trabajar doce o catorce horas diarias y hacer todo lo que hace: viajar, leer, ver series de televisión que luego me recomienda, ir al gimnasio, patearse Madrid, escribir… Porque todas las semanas escribe en su blog. Con lo que a mí me cuesta escribir dos párrafos seguidos y, sin embargo, él consigue escribir, y muy bien, relatos y opiniones que son un compendio de inteligencia, sensibilidad, madurez y calidad. Escribe sobre cualquier cosa porque tiene mucha facilidad para ello. Y si no, leed lo último que ha escrito hoy y disfrutad.

El humor, por Santiago Castro Vázquez, en su blog Kimochi.

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Algunas lecturas de 2017

Allí, en el absoluto silencio estival, subrayado por el rumor del agua, los ojos abiertos a una clara penumbra que realzaba la vida misteriosa de las cosas, he visto cómo las horas quedaban inmóviles, suspensas en el aire, tal la nube que oculta un dios, puras y aéreas, sin pasar.
El tiempo. Ocnos. Luis Cernuda

Después de releer ese maravilloso párrafo de Cernuda, rompí en mil pedazos la hoja en la que había comenzado a escribir un pequeño relato. Pero después me dije, José Manuel, no seas tan duro contigo mismo, no estás aspirando a vivir en el Parnaso de las letras, sólo eres un humilde escribidor como los miles y miles que en el mundo han sido y serán y que también tenemos derecho a poner nuestro granito de arena, sin más aspiración que leernos dentro de unos años, disfrutar imaginando historias, sonreír ante nuestra falta de pudor y ejercitar las neuronas que nos van quedando.

En mi anterior entrada escribí sobre mi falta de criterio para seleccionar las lecturas. Efectivamente, no tengo criterios, ni prioridades, ni nada que suponga un mínimo de planificación u organización. Repaso mi biblioteca, que tiene unos 700 u 800 libros, y me encuentro con muchos que compré hace tiempo porque me llamaron la atención o porque me los recomendaron y resulta que todavía no los he leído. Entre otras cosas porque no me apetece hacerlo, bien porque ya han cambiado mis gustos, porque el tema o el argumento o el autor ya no me interesa o porque le he cogido manía, vaya usted a saber por qué.

Pero una cosa es falta de criterio y otra muy diferente carecer de motivos, de la necesidad de leer. Con el tiempo me he dado cuenta de que esa necesidad nace de fuentes muy diferentes. A veces, la lectura de la novela de un autor que nunca había leído con anterioridad pero que alguien que sí lo ha hecho y del que te fías y te lo recomienda, te descubre facetas, estilos o temas que te gustan. Me pasó, por ejemplo, con Carlos Ruiz Zafón y su primer gran éxito, La sombra del viento. He leído su tetralogía de El cementerio de los libros olvidados y, aunque ya ha cerrado el círculo de esa serie, seguro que escribirá otra y volveré a engancharme sin remisión. Una vez que te aficionas a un escritor, ya no puedes dejar de leerlo. Es lo que me pasa con otros tres escritores actuales más: Dolores Redondo, Almudena Grandes y Arturo Pérez-Reverte. Cada vez que publican un libro tengo que comprarlo. Y rara vez me arrepiento, porque han sabido crear mundos y lenguajes que, por alguna misteriosa razón, han conseguido interesarme. Sé que en esto de las lecturas hay mucho hooligan, aprecios y desprecios que no se basan en criterios racionales, sino en afinidades o enemistades que pueden provenir de ámbitos muy diversos. Por ejemplo, nunca se me olvidará el razonamiento que me dio una compañera de trabajo, doctora en lengua castellana y literatura, que me espetó, así, sin anestesia, que ella no había leído y nunca leería a Mario Vargas Llosa, “por ser un facha”. Toma del frasco, Carrasco. Y estoy seguro de que otros y otras, personas todas ellas formadas y educadas, tampoco leerán a Gabriel García Márquez, por “ser izquierdista”. Ellos se lo pierden. Si leemos o dejamos de leer a alguien por su adscripción política es que el mundo se ha vuelto realmente loco (aquí tampoco me dejo de acordar de alguien que llamó machista a Aristóteles: hay gente que no es más tonta porque no entrena).

Durante este año 2017 podréis comprobar que mi bagaje lector no ha sido demasiado extenso. Aunque según un estudio del CIS estoy en la parte alta de la clasificación, pues me encuentro dentro del 5,5% de españoles que lee entre 9 y 12 libros al año, eso no me consuela, pues estoy seguro que podría organizarme mejor y leer más. Ahora que tengo mucho tiempo libre, resulta que lo malgasto, o no, que no estoy demasiado seguro, de mala manera. Cuando no estoy jugando una partida de ajedrez o de Apalabrados con mis amigos estoy viajando, escribiendo chorradas como ésta, viendo series de televisión, haciendo deporte, caminando por las calles de Sevilla, escuchando la radio y, sobre todo, cabreándome mucho con lo de Cataluña. La de horas que le habré dedicado a las tertulias sobre este tema tan cansino. Menos mal que ya sólo quedan un par de días para las elecciones. Lo malo es que eso no va a mejorar mi dedicación a menesteres más sensatos, como sería entregarme en cuerpo y alma a escribir una novela que ganara el Planeta y me sacara de pobre. Porque luego viene la noche electoral, el análisis de los resultados, las opiniones de los políticos y de los tertulianos, las posibles coaliciones, las coaliciones reales, el cabreo del gobierno con los independentistas y de los indepes con el gobierno, la frustración de la mayoría que ha ganado pero no va a resolver el problema, etc., etc.

Así que antes de que vuelva a perder más tiempo os voy a decir qué es lo que he leído este año y me dejo de otras tonterías. La verdad es que no sé a quién le puede interesar esto, como no sea a una empresa que se dedique a analizar los gustos lectores de los españoles, pero así me acuerdo de las lecturas y, quizás, a alguien le entre el gusanillo de leer alguno de los libros que aquí reflejo. El orden no significa nada, ni preeminencia porque me hayan gustado más, porque los recuerde mejor o porque hayan sido los últimos en llegar a mis manos. Seguro que me he dejado alguno, sobre todo los que leí a comienzos de año, pero será porque no han dejado huella o porque la memoria ya no es todo lo fiable que debiera ser. Los años no pasan en balde. Además, he añadido alguna relectura de libros a los que merece la pena volver de vez en cuando.

El laberinto de los espíritus, de Carlos Ruiz Zafón. Final de la serie El cementerio de los libros olvidados. Junto con el primero, La sombra del viento, el mejor para mi gusto. La recreación de ambientes y personajes es insuperable y, como toda buena novela, los últimos capítulos los fui leyendo con premura, paladeando las palabras, pues sabía que cuando lo terminara me iba a dar mucha pena, como así fue.

El monarca de las sombras, de Javier Cercas. Tiene cierta similitud con Soldados de Salamina. En la búsqueda de la verdad sobre la muerte en la guerra civil de un tío abuelo suyo, Javier Cercas se desenvuelve con auténtica maestría, acercando el pasado investigado con datos, fechas, documentos y entrevistas con personas que lo conocieron, y el presente, la duda entre realizar un relato novelado o reflejar sin más un hecho que fue historia de su familia y la de muchas familias más.

El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes. Esta escritoria se desenvuelve con una facilidad que pasma por el mundo de la guerra civil y de la posguerra. La mirada de un niño que vive en un cuartel de la guardia civil en un pueblo de la sierra jiennense se desliza entre aquellos que han ganado la guerra pero no tienen motivos para celebrarlo y aquellos otros que la han perdido pero muestran su orgullo y su dignidad sin abdicar de sus ideas.

Rabos de lagartija, de Juan Marsé. Hacía muchos años que no leía a Juan Marsé y en esta novela se muestra como uno de los grandes escritores del siglo XX. Ahora que ha sido uno de los damnificados por su postura ante el independentismo recomiendo su lectura para que admiremos su dominio del lenguaje y su amor por todo lo catalán.

A Sangre y fuego, de Manuel Chaves Nogales. Todo un descubrimiento. A partir de unas jornadas celebradas en Sevilla sobre la literatura y la guerra civil, coordinadas por Arturo Pérez-Reverte, he conocido a este extraordinario periodista y escritor. El prólogo de este libro debería ser lectura obligatoria en ESO y Bachillerato. Pocas veces he leído un texto que con tanta claridad y certeza describa lo que, seguramente, sentiría la mayoría silenciosa de españoles que se vieron arrastrados a una guerra tan despiadada.

Todo esto te daré, de Dolores Redondo. No sé si será porque la novela se desarrolla en mi tierra, concretamente en la Ribeira Sacra, pero reconozco que me mantuvo enganchado durante toda su lectura. Se nota que domina, como ya lo demostró en su trilogía del Baztán, que también me encantó, el mundo de la investigación policial. Sin grandes aspiraciones, esta novela es una digna ganadora del Premio Planeta.

Patria, de Fernando Aramburu. Me la habían recomendado muchas personas y, realmente, no decepciona. Inquieta saber hasta qué punto puede llegar a degradarse el ser humano y cómo el ambiente opresor de un pequeño pueblo puede destrozar las vidas de las familias y las amistades. Sin embargo, a pesar de todo el sufrimiento que viven los protagonistas o la obsesión por mantener unas ideas que en el fondo saben que son injustas y equivocadas, nos queda la esperanza de que, al final, siempre podemos encontrar una salida

Gog, de Giovanni Papini. Extraña novela que describe a un multimillonario eogísta, sin escrúpulos y que sólo busca su felicidad a cualquier precio, que se entrevista con los personajes más importantes de su época: Gandhi, Freud, Einstein, Edison…, con objeto de conocer cuáles son los males y problemas de la sociedad. Aunque late un curioso  sentido del humor a lo largo de toda la novela, reconozco que su lectura dejó en mí un regusto amargo y que no sé si volvería a leer.

Africanus, el hijo del cónsul, de Santiago Posteguillo. Es la novela que estoy leyendo actualmente. Me gusta la novela histórica y ésta contiene todo lo que busco en este tipo de lecturas: personajes bien trazados y perfilados, hechos que he estudiado en los libros de historia pero que aquí se describen de una manera mucho más cercana, lenguaje sencillo pero bien estructurado, etc. Los dos personajes principales, Aníbal y Publio Cornelio Escipión, el Africano, muestran su valor y su inteligencia a lo largo de setecientas páginas que se leen con gran facilidad.

Olas de levante, de Magdalena Gómez Amores. Dejo para el final esta novela de mi amiga Magdalena. Con su primera obra, El temblor de las estrellas, la escritora reflejó la sociedad española de los años veinte y treinta del pasado siglo en un pequeño pueblo de Castellón. Mientras que “las dos Españas” van enconando sus posiciones hasta desembocar en la guerra civil, las mujeres tienen que enfrentarse a un mundo hostil en el que ellas tienen que luchar y demostrar su valía sin ayuda de ningún tipo. En su segunda novela, Olas de levante, las mujeres vuelven a ser las protagonistas. La acción se desarrolla durante los años 30 en Ceuta, ciudad que ella conoce bien pues allí nació y vivió durante su adolescencia y a la que vuelve cada vez que puede. Con un estilo ágil y un lenguaje cada vez más sólido, fluido y maduro a medida que va adquiriendo la experiencia del escritor, Magdalena desentraña la historia de dos mujeres que bien pueden ser la cara y cruz de dos vidas que, en el fondo, no son tan diferentes, sino que los acontecimientos y las circunstancias, además de la personalidad, van marcando a fuego. En una, la utopía y la valentía, en otra, la tradición y el pragmatismo, pero siempre la lucha, la resistencia, el dolor.

Relecturas. Casi nunca releo un libro completo, sino que lo abro al azar y dejo que la casualidad o la suerte me lleve a algún párrafo que me evoque otros instantes de feliz lectura. Y casi siempre la suerte me acompaña.

Ocnos, de Luis Cernuda. Hacía años que no volvía a leer a este extraordinario poeta sevillano. Ocnos es autobiografía lírica, poesía en prosa, llena de nostalgia porque fue escrita en el exilio. Una infancia y una juventud que se desarrollaron en una Sevilla, en un ambiente, que ya casi no reconocemos. Imprescindible.

Algunos capítulos de El Quijote, de Cervantes. Siempre hay que volver al caballero de la triste figura y a su compañero Sancho. Cada frase encierra un mundo literario que nunca ha sido superado.

También he vuelto a un maestro, Juan de Mairena, de Antonio Machado. No deja de sorprenderme su capacidad para la “filosofía práctica” que subyace en cualquier sentencia de este profesor. Abro el libro por cualquier página y me encuentro, por ejemplo, con perlas como estas:

“El reloj es, en efecto, una prueba indirecta de la creencia del hombre en su mortalidad. Porque sólo un tiempo finito puede medirse”.

“─Hay hombres, decía mi maestro, que van de la poética a la filosofía; otros que van de la filosofía a la poética. Lo inevitable es ir de lo uno a lo otro, en esto, como en todo”.

“Aprendió tantas cosas –escribía mi maestro, a la muerte de un amigo erudito–, que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas”

“Ayudadme a comprender lo que os digo, y os lo explicaré más despacio”.

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Carta a los Reyes Magos

Desde hace muchos años, quizás desde que mis dos hijos estaban todavía en la adolescencia, por estas fechas tenemos la costumbre en casa de escribir una carta dirigida a los Reyes Magos y pegarla en la puerta del frigorífico para que todos podamos leerla, una tradición que espero que se mantenga durante muchos años más, porque eso significaría que todavía conservamos intacta una ilusión que, como muchas otras, tiende a desaparecer. La verdad es que eso nos ha facilitado las cosas a la hora de seleccionar los regalos, ya que así se evitan errores que, con anterioridad, se producían con cierta frecuencia. Como aquella vez que alguien recibió un disco CD que ya tenía o un libro que ya había leído. Así que ahora es más difícil que sus majestades metan la pata.

Voy a transcribir mi carta de este año, para que os hagáis una idea del tono que suelen tener y que no se limitan a una simple enumeración de regalos y a lo bien que nos hemos portado, como es habitual en este tipo de misivas, sino que suelen hacer referencia a sucesos de actualidad o a deseos menos materiales.

“Queridos Reyes Magos.

Cada vez lo tenéis más difícil. Primero porque venís de una zona que hace unos cuantos milenios tenía su aquel y era la admiración del mundo y lo dominaba (Persia, Mesopotamia, Babilonia…) pero ahora está hecha unos zorros y si no, fijaos cómo están Irán, Irak o Afganistán, por poner sólo un ejemplo de los modernos países que sustituyeron a aquellos imperios. Así que podíais dedicaros a arreglar primero aquello, evitar que la gente se mate por unos dioses o unas ideas que no difieren tanto y no tengan que atravesar desiertos, pagar a mafias o atravesar el mar en pateras. Pero, claro, como vosotros venís en camellos y sois magos, no tenéis ese problema.

Pero es que, además, os han salido unos competidores tremendos: que si el Black Friday, que si Papá Noel, que si las rebajas de Zara  y El Corte Inglés. No sé ni cómo os atrevéis a venir por estos lares. Por cierto, ya que, a pesar de todo, vais a hacer el viaje, a ver si podéis hacer algo con lo de Cataluña, que estamos ya un poco hartos.

Como sabéis de años anteriores, soy poco ambicioso. Con algo de salud y de dinero para toda la familia y un buen trabajo y autonomía para Carmen y Santiago, voy que chuto. Pero si queréis tener un detalle, con un par de libros me conformo: el último de Paul Auster, el último de Almudena Grandes o los dos últimos de Pérez-Reverte, por ejemplo. Pero sólo un par, repito, que después vendrán las rebajas y os evito que carguéis con tanto peso u os gastéis un dineral.

Y ya de paso, si podéis hacer algo con Putin, Trump y el Kin Jong Un ese, tampoco estaría mal. A Puigdemón, Junqueras, Rajoy, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y compañía, dadles un toque, aunque sea pequeño, a ver si espabilan.

Y nada más. Salud, compañeros. Un saludo

Vuestro fiel seguidor,

José Manuel”

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Propósitos para 2017

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No voy a esperar al 31 de diciembre para acometer la ardua y casi siempre inútil tarea de elaborar una lista de propósitos para el próximo año. No es que yo sea muy original, pero no creo recordar una sola vez que me haya propuesto hacer o conseguir algo en fechas determinadas, y menos el último día de cualquier año. Bastante tengo con sobrellevar la nochebuena, la navidad, el fin de año, el año nuevo,,, y todo en una semana, como también detenerme a pensar en qué me propongo hacer los próximos trescientos sesenta y cinco o sesenta y seis días. Pero este año voy a hacer una excepción.

Como la lista es muy corta, porque si algo me dicta la experiencia es que no se debe ser demasiado ambicioso, la resumiré en pocas líneas.

1. Comenzar a escribir dos libros, seguramente relatos cortos (como diría mi hijo Santi, no uno ni dos, sino dos). Para ser más precisos diré que ya tengo el argumento, las principales ideas y los personajes de los dos, e incluso ya he escrito alguna página, pero no sé si seré capaz de terminarlos. Como me he vuelto una persona muy tranquila y no quiero estresarme ahora que ya me ha bajado bastante la tensión, lo tomaré con calma, escribiendo cuando realmente me apetezca o cuando las musas tengan a bien. No quiero hacerme un esclavo ni un burócrata de la escritura, ni seré capaz de escribir 14 o 15 páginas diarias como dicen que hacía Galdós, y encima de gran calidad; yo con una o dos me conformo. Así que ya iré contando cómo me va (por cierto, este deseo quizás provenga de envidiar a mi amiga Magdalena, que ha escrito ya dos libros en dos años).

2. Retomar el aprendizaje del inglés. Y no porque quiera comunicarme con los hijos de la pérfida Albión y con aquellos que votaron al más pérfido Trump. Es por simple necesidad de enterarme bien cuando veo las series americanas o inglesas que me gustan. Son mucho mejores en el idioma original y eso de tener que estar leyendo continuamente los subtítulos llega a cansar.

3. A poder ser, y con permiso de mi señora esposa, cuyos planes son totalmente herméticos e imposibles de adivinar, viajar un poquito más. Este año hemos hecho nuestro primer viaje del Imserso y he conseguido convencerla para ir a Nueva York, todo un éxito. Y mi intención era, además, haber ido a otra ciudad, esta vez europea y más concretamente, Berlín. Pero diversas circunstancias no han facilitado la tarea. Así que ahí queda esta propuesta.

Y ya está. No son muchas, aunque ahora que las vuelvo a leer, retiro lo de que no debía ser muy ambicioso. Creo que me he pasado, pero lo escrito, escrito está.

Volver

Para comenzar este nuevo curso, qué digo, este segundo año de jubileo, una preciosa canción, un tango que cantado por Estrella Morente en el tema principal de la película de Almodóvar Volver, recoge nostalgia, recuerdo, dolor…, pero también esperanza, deseo de avanzar hacia el futuro. No la he elegido al azar, sino porque pertenece a una de las películas que más me gustan de un director que, después de tantos años y de tantas películas, mantiene una frescura y una delicadeza en su cine que es envidiable (si no habéis visto su última obra, Julieta, os recomiendo que no la dejéis de ver). Y eso es lo que yo pretendo, mantener en este blog un tono fresco, divertido, poliédrico y, siempre que pueda, sorprendente. De todas formas, no prometo nada. Reconozco que el tiempo es traicionero y no se deja atrapar, por mucho que pretendo organizarme, planificar los días, cada vez me cuesta más.

La realidad que nos rodea tampoco ayuda. El bochorno atmosférico y el aún más bochornoso espectáculo político me tienen anonadado, así que tendremos que esperar a que venga el frío y se vayan estos estafermos, sobre todo mi paisano, para que la imaginación pueda trabajar sin sobresaltos.

Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
 Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor.
 Y aunque no quise el regreso
siempre se vuelve
al primer amor.
 La vieja calle
donde me cobijo
tuya es su vida
tuyo es su querer.
 Bajo el burlón
mirar de las estrellas
que con indiferencia
hoy me ven volver.
 Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
 Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
 Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
 Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
 Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenen mi sonar.
 Pero el viajero que huye
tarde o temprano
detiene su andar.
 Y aunque el olvido
que todo destruye
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida
una esperanza humilde
que es toda la fortuna
de mi corazón.
 Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
 Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.

Que digo yo que…

Que digo yo que para qué me voy a romper la cabeza escribiendo relatos, comentarios políticos o sobre cualquier tema de actualidad, sentado horas delante del ordenador (en realidad no son tantas, pero bueno) para llenar el espacio de este blog, cuando tengo un hijo que lo hace bastante bien, tiene gracia y sigue claramente las huellas del padre, todo hay que decirlo. Así que, en lugar de continuar con una historia que comencé hace un mes y que no sé ni por donde meterle mano, ni seguir otra que todavía es más antigua (la primera sobre un escritor de éxito con su primera obra, quizás sea una premonición, y la segunda sobre un viajero que sufre lo indecible en una venta aislada de un pueblo de Andalucía), voy a enlazar la última entrada de Santiago en su blog y paso palabra.

A todo esto, y no es por poner una excusa, estoy recuperándome de un virus o algo similar, que me ha tenido hecho una piltrafa desde hace cinco días, sin apenas comer y perdiendo más de tres kilos. Así que alguna disculpa tengo para mi desgana y mi astenia. Disfrutad con la lectura.

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El post del viernes (XLVI)

En tiempos de tribulación no hacer mudanza

Parece que algunos de nuestros políticos nunca han leído a Ignacio de Loyola, no han hecho ejercicios espirituales o no saben aplicar el dicho que da título a esta entrada del militar y religioso vasco que apela a la prudencia, a meditar lo que se dice y lo que se hace, a aguantar y esperar que pase la tormenta. Este país parece vivir en continua desolación o tribulación, cuando salimos de las llamas caemos en la brasas, tenemos la rara costumbre de tropezar siempre en la misma piedra. Aunque parezca lo contrario, esto no es una loa de nuestro presidente en funciones, el sr. Rajoy, que lo único que sabe hacer es estarse quieto como una estatua de sal, esperando que los problemas se solucionen solos. Problemas que en muchas ocasiones ha creado él mismo o su partido. Él aplica mejor el otro refrán que dice: “Soldado que huye sirve para otra guerra” (o, en palabras menos duras, el soldado que se esconde luchará en la próxima batalla). Prudencia o cobardía, desfachatez o ineptitud, inconsciencia o ignorancia, no se sabe bien a qué juega. La culpa siempre la tienen los demás, la herencia recibida, los jueces que persiguen a las buenas personas o la policía que está tomada por la izquierda, ya se sabe.

Lo malo es que en el otro lado tampoco son muy finos, oiga. Los partidos llamados tradicionales se pierden siempre en luchas intestinas por el poder, poniéndole la zancadilla al compañero, intentando acaparar cuotas y aplicando el rodillo o el cuchillo si es preciso. ¿Que eso perjudica al partido y beneficia al contrincante? Qué más da con tal de que los míos obtengan alguna sinecura en ayuntamientos, diputaciones, asesorías o similares.

Y qué decir de los nuevos, de aquellos surgidos de la ilusión del 15-M, de los que llenaban las plazas de alegría, de protesta, de reivindicación, que fueron la admiración del mundo y que exportó su movimiento a muchos países. Pues resulta que crearon un partido que fue capaz de aglutinar no sólo a los que protestaban en las plazas, a los indignados, sino también a los descontentos con las tropelías de unos y otros, a los desilusionados con los suyos. Poco a poco fueron ganando adeptos, introdujeron un lenguaje y unas formas nuevas, dieron voz a mucha gente que nunca la había tenido y que nunca se había interesado por la política o la había abandonado. Empezaron a obtener poder, a organizarse, provocaron el miedo y obligaron a los demás partidos a ir cambiando, a ir asimilando y adoptando algunas de sus ideas. Parecía que era posible un giro radical en la política, que se iba a hacer más humana, más cercana a las necesidades de los ciudadanos. En las últimas elecciones, sin obtener unos resultados demasiado brillantes, sí que consiguieron hacerse más visibles. Y comenzaron las negociaciones para formar gobierno. No es preciso que siga, todos sabéis cómo está la situación, cada vez más compleja. Se han aliado uno de los antiguos con uno de los nuevos, uno de centro derecha y otro de centro izquierda (es imposible llamarlo partido de izquierdas). Pero todavía tienen que pactar, y no lo van a conseguir según parece, con otros partidos hasta alcanzar una mayoría suficiente.

Y aquí es cuando vuelvo a la frase de Ignacio de Loyola. Estamos en tiempos convulsos, tanto dentro como fuera de España; PP y PSOE están hechos unos zorros con sus problemas de corrupción y luchas internas, IU, por ahora, no está ni se le espera, se ha convertido en un convidado de piedra. Y al único partido que podría modificar las cosas no se le ocurre otra cosa que hacer cambios, mudanzas: después del lío de Monedero, se han liado a tortas en Galicia, en Madrid, han echado de mala manera a su número tres, hay enfrentamientos con los anticapitalistas de Andalucía, etc. Es decir, están perdiendo las energías que tendrían que dedicar a convencer a propios y extraños de que su estrategia de negociación de cara a la formación de gobierno es la correcta, en hacer purgas y reorganizarse.

Si se me permite un consejo, dejen de salir tanto en la televisión, dejen de hacer gestos de cara a la galería, pónganse de acuerdo entre ustedes y comiencen a negociar en serio, sin cortapisas ni líneas rojas. Si es preciso, enciérrense en un convento, hagan ejercicios espirituales. No podemos permitirnos otras elecciones porque eso demostraría que la táctica se ha impuesto al sentido común y que los intereses partidistas también se han adueñado de la nueva política, lo que provocaría una enorme desafección en la ciudadanía, a la que ya sería muy difícil volver a ilusionar.

La fotografía

world

(c) Rudi Steenbruggen, Holanda, categoría abierta, 2015 Sony World Photography Awards

Siempre me ha gustado la fotografía pero nunca he sido un buen fotógrafo. No sé si es porque no tengo alma de artista, porque no he tenido buenas cámaras, porque desconocía la técnica o por todo esto a la vez. Los dos últimos aspectos se pueden solventar con dinero y con tiempo, pero el primero es más difícil. Con una buena técnica se puede suplir la falta de aptitudes artísticas, pero nunca se podrá alcanzar la excelencia. Tampoco lo pretendo, pero ahora que ya dispongo de una cámara aceptable (una Nikon D5200) que para un aficionado es una buena opción, ya “sólo me falta” realizar algún curso de fotografía que me ayude a dar los primeros pasos y dedicarle tiempo para sacar el mayor partido.

He comenzado buscando en Google información sobre los mejores blogs de fotografía y me he encontrado con una gran cantidad, muchos de los cuales incluyen cursos de fotografía online y gratuitos y numerosos consejos. Cuando ya tenga algunas imágenes medianamente dignas, las iré exponiendo aquí. Por lo pronto, inserto dos enlaces que pueden servir de ejemplo:

Los 25 mejores blogs de fotografía en español

Los 100 mejores blogs de fotografía en español

(c) Bao Vu, Vietnam Categoría abierta del Concurso Mundial de Fotografía de Sony 2015 (2015 Sony World Photography Awards)